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BURBUJAS DE PAZ

Sylvia Comas

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Fragmento

TESTIMONIOS

Montse Julià Barnadas. Coordinadora del equipo directivo del CCE Montessori-Palau, Girona.

Conocí el Mindfulness Based Stress Reduction (MBSR) en el Congreso «Brain Development and Learning» que se celebró en Vancouver en 2010, en la ponencia del profesor Kabat-Zinn. Me interesó el rigor y la base científica y nos pareció que era adecuado para niños. Iniciamos el programa cuatro personas y, más tarde, se sumaron treinta profesores. Personalmente he introducido el programa en mi vida y la práctica regular me ha permitido mejorar parámetros objetivos relacionados con mi salud. La aplicación en el colegio está en proceso de mejora y es útil para el bienestar de los niños. Tenemos en proyecto iniciar una investigación en este tema.

Manuel Vidal-Quadras (39 años). Empresario, Barcelona. Padre de cuatro fantásticos niños.

Tuve la suerte de participar en un seminario de mindfulness con Sylvia y fue una experiencia que cambió mi vida. Mindfulness me ha ayudado a parar, dar más valor a lo que tengo, sonreír y mirar al futuro con serenidad y alegría. Sigo esforzándome por practicar más porque sé que cuanto más practico mejores son los resultados para mí y para los que me rodean, especialmente mi mujer y mis hijos. ¡Gracias, Sylvia, por mostrarme ese camino!

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Lidia Crespo (56 años). Profesora de Literatura española y directora de Estudios Españoles del Liceo Francés, Barcelona. Madre de dos hijos.

Hace algo más de tres años que el mindfulness entró en mi vida, como de casualidad, de la mano de Sylvia, que impartía un curso de MBSR en el centro escolar donde trabajo desde hace más de treinta años. Hoy en día el mindfulness no solo forma parte esencial de mi vida, sino que estoy convencida de que ha de ser uno de los pilares de la educación. Por eso, la idea de Sylvia me encantó: padres e hijos, tíos y sobrinos, abuelos y nietos, maestros y niños o adolescentes, aprendiendo juntos algo tan sencillo como respirar, conscientes de lo que hacemos. Como educadora me parece esencial ofrecerles a los niños y jóvenes esta oportunidad: enseñarles a vivir de otra manera.

Albert Verdaguer (65 años). Médico. Barcelona.

La práctica de la conciencia plena me ha ayudado a conocerme mejor, desarrollar la atención, la escucha atenta, la conexión con mis emociones y la suspensión de los juicios de manera que ahora vivo en el presente de forma más plena, facilitándome una mejor relación con los demás.

Pero además, y esto es fundamental, mindfulness ha abierto mi mente a mi corazón. En este camino de apertura fluye naturalmente la compasión y el amor. Agradezco a Sylvia su guía, su implicación y el acompañamiento en esta senda. Deseo que estas burbujas de paz puedan alcanzar a muchas personas.

Genoveva Rosa Gregori (46 años). Vicedecana de Ordenación Académica y adjunto al decano Facultad de Educación Social y Trabajo Social Pere Tarrés, Barcelona. Madre de dos hijos.

La práctica de mindfulness me ha servido personalmente para la gestión del estrés en mi día a día así como de herramienta de trabajo con los estudiantes de la universidad en asignaturas relacionadas con el coaching, la gestión de emociones y la inteligencia emocional.

Asimismo, me sirve para enfocarme en las tareas que realizo y para gestionar las cavilaciones que entorpecen muchas veces la toma de decisiones.

A nivel familiar, me ha aportado el aprender a disfrutar más del aquí y ahora en los momentos que comparto con mi familia, aprendiendo a enfocarme en el presente y a disfrutar cada instante en su máxima esencia.

Roberto Arístegui (61 años). Psicólogo clínico, especialista en psicoterapia. Doctor en Filosofía y en Ciencias Sociales. Profesor titular en la Escuela de Psicología Universidad Adolfo Ibáñez (UAI), Santiago de Chile. Director del Diploma en Mindfulness Relacional, Escuela de Psicología UAI. Padre de una hija.

El principal efecto de mindfulness en mi vida ha sido contar con un recurso para poder acceder una y otra vez a una sensación de estar en el mundo junto con otros. Además de permitirme sentir que efectivamente es posible estar presente en momentos de práctica, con una sensación de autonomía, me ha hecho experimentar apertura y empatía hacia las personas con quienes convivo y me encuentro. Me ha abierto una vía de un modo de ser o estar en relación conmigo mismo y con los demás en la vida cotidiana.

Maria Salut Renom Llonch (45 años). Profesora de Lengua y Literatura Catalana de secundaria y bachillerato, Colegio Jesuitas, Barcelona. Madre de una hija preciosa de 8 años.

Mindfulness ha sido para mí un camino de reencuentro conmigo misma. Una mirada amable y compasiva hacia mí y los otros, con todo el proceso de aceptación de la vulnerabilidad y fortaleza que caracterizan al ser humano. ¿Qué me ha regalado este redescubrimiento? Una ventana abierta por la que entra la brisa suave de la mañana y que te insta a andar con humildad hacia este aprendizaje del vivir y observar el presente, desde tu plenitud y en su plenitud. Un camino personal que también trasciende al profesional. Porque esta conciencia de unidad y equilibro de mente, cuerpo y corazón en el presente, me ofrece una nueva mirada hacia los alumnos, a quienes tanto respeto, y me ayuda a posicionarme con serenidad ante ellos. Cultivar el mindfulness es como haber encontrado a un amigo que te acompañará a lo largo de la vida.

Alicia Melero Mascaray (51 años). Médico anestesiólogo. Hospital Germans Trias y Pujol. Badalona. Madre de Adriana (18 años), que hizo el programa MBSR con ella.

Mindfulness ha supuesto un descubrimiento que me ha aportado otra perspectiva de mi vida y de mi relación con el mundo, me ha abierto la mente; ya no me juzgo tan duramente y me conformo más con lo que hay y con lo que soy.

El haber compartido el curso con mi hija ha sido una experiencia muy positiva, ya que me ha ayudado a conocerla mejor, en algunos aspectos ha sido una sorpresa. Además ahora podemos seguir compartiendo mindfulness.

Elvira Reche (39 años). Gestora de proyectos de investigación de AGAUR, Agència de Gestió d’Ajuts Universitaris i de Recerca, Generalitat de Cataluña, Barcelona.

El impacto del mindfulness en mi vida ha sido para mí como cuando aprendí a nadar.

Cuanto más empeño ponía, más difícil se me hacía coordinar los movimientos que me llevarían a conseguir transitar por el agua sin cogerme tensa al bordillo sintiéndome fracasada. Me costó. Aún recuerdo el momento en que, cansada de luchar contra el agua, descubrí que, si me colocaba boca arriba, podía mantenerme a flote casi sin esfuerzo. Sonrisa, paz, ligereza, bienestar. Además, resulta que eso lo podía hacer siempre que quisiera cuando estuviera apurada o lejos el bordillo. Qué truco más fácil.

¿Por qué no lo explican el primer día de todos los cursos?

Fernando García de Palau García-Faria (49 años). Abogado en ejercicio y profesor universitario, Barcelona. Padre de dos hijos adolescentes.

Mi experiencia personal es que la atención plena y sus preciadas herramientas me han abierto las puertas para estar presente en todos los ámbitos de mi vida, como hijo, padre, marido, amigo y profesional. El «efecto mindful» alimenta cotidianamente mi autenticidad y mi amabilidad, y me nutre de sabiduría para actuar en lugar de reaccionar de forma desenfrenada. Me ha ayudado a aceptar la vida con más ecuanimidad y sin juicios insanos.

Kima Guitart (68 años). Artista textil, Barcelona. Madre de una hija.

Hice por primera vez un curso de mindfulness hace cinco años.

Desde entonces, la práctica de meditación se ha convertido en algo básico para mí, un refugio, un espacio de silencio donde poder parar el incesante runrún de la mente.

Mi primer retiro de cinco días fue hace dos años y, cuando acabó, supe que se había terminado una etapa de mi vida y empezaba otra. No sabía todavía qué era lo que iba a cambiar, pero a nivel profundo me sentía con fuerza y serenidad para afrontar cambios y tomar decisiones.

No siempre logro «estar presente» continuamente, pero poseer la herramienta que me ayuda a conseguirlo hace que me sienta más segura y más feliz.

Pablo Antón Cortés (54 años). Consultor de marca, Sant Cugat del Vallés. Padre de dos hijos.

Asistir al curso de mindfulness conducido por Sylvia ha sido como un viaje al mundo de la reflexión y a un espacio íntimo de contacto conmigo mismo, más allá de los pensamientos improductivos que nos impiden disfrutar del presente, del aquí y ahora. También asistí para compartir esta experiencia con mi hija Paula, que iniciaba un largo viaje de todo un año al extranjero, y que podía llevar consigo esta especial herramienta para que la ayudara a superar las numerosas dificultades del camino. Ha sido una valiosa experiencia al interior de mí mismo y una oportunidad única para compartir estos momentos mágicos con mi hija.

Paula Antón Corberó (17 años). Estudiante. Sant Cugat del Vallés.

Cuando mi padre me preguntó si quería hacer con él el curso de mindfulness, le dije que sí, más por la idea de hacer algo juntos que por el propio objetivo del curso. Una vez finalizado el curso, y tras haber vivido con sus enseñanzas durante más de un año, puedo decir que el beneficio del mindfulness es evidente: me ha hecho más paciente, he obtenido recursos que me permiten estar más en contacto con la realidad, puedo manejar mejor las dificultades de la vida y me ha permitido compartir con mi padre unos momentos muy especiales que me han acercado a él todavía más de lo que ya estaba.

Cristina Pinto Isern (50 años). Pedagoga, directora de Servicios Educativos del Ayuntamiento de Lloret de Mar, Girona. Madre de dos hijos.

Pasé mucho tiempo sin contemplar mi angustia, el nerviosismo diario que invadía mi vida. Tenía como un piloto automático activado durante toda mi vigilia, que solo pude descubrir cuando caí enferma con migrañas frecuentes, en aquel momento diagnosticadas como crónicas.

Fue por entonces cuando, después de un proceso de coaching, llegué a la conclusión de que mi angustia y mis migrañas, cada vez más frecuentes, estaban motivadas por el espiral de estrés que vivía en mi trabajo. Me arrastraba un temporal de emociones y estallaba enfermando.

Conocer el mindfulness con Sylvia fue como encontrar el clic de «pausa» y así poder observar la situación y reconducirla, sin ir en contra del temporal, sino aprendiendo a navegar con las emociones de mi vida. Para esto tenía que encontrar una práctica, una técnica. Empecé por observar mi respiración y entré en la meditación despacio, pero cada vez más serenamente.

Meditar me produce la misma sensación que cuando llego a casa exhausta, me tumbo en el sofá para que el cuerpo y la mente encuentren paz, tranquilidad y acepto mi actitud con comprensión, abrazando los sentimientos que afloran en cada momento, perdonándome cualquier reproche. Es tan agradable esta sensación que más práctica produce en mí más descanso, más tranquilidad, más equilibrio.

Puedo garantizar que las repercusiones en mi vida personal y profesional han sido múltiples. Saboreo todo lo que ocurre en mi vida, a veces sabores más amargos, a veces más dulces, pero siempre con una mente abierta, presente y generosa, sin juicios. La presencia me aporta lo necesario, elimina lo superfluo y deja en mi mente lo esencial.

INTRODUCCIÓN

Tal y como afirma el dicho, los temas serios e importantes deberían tratarse con ligereza y los temas ligeros y sin importancia con seriedad. Así que vaya por delante que esta es una introducción seria para un libro aparentemente ligero.

Hace unos años facilité un curso de mindfulness a un colectivo de profesionales de la salud en un centro de atención primaria (CAP) de la periferia industrial de Barcelona. El nivel de estrés y de malestar de todos esos médicos y enfermeras era elevado. Por un lado, los casos que atendían eran casi siempre de gran dureza y dificultad humana. Por otro lado, disponían de muy poco tiempo para cada paciente (entre 7 y 10 minutos) y tenían listas interminables de visitas al día, lo que suponía una presión enorme para ellos.

Aunque la mayoría de los participantes eran mujeres, el grupo incluía también un par de hombres, uno de los cuales era un joven pediatra llamado Sergio que acababa de ser padre por primera vez hacía un año. Durante las dos primeras semanas del programa Sergio realizó un gran descubrimiento que compartió con el grupo. Nos contó que se había dado cuenta de que, aunque quería mucho al niño y había deseado mucho su nacimiento, en realidad no disfrutaba de los momentos en los que se ocupaba de su hijo. Había notado hasta qué punto llegaba a casa agotado y con poca paciencia y cómo eso tenía un impacto negativo en la relación con el pequeño. Cuando lo cogía en brazos, si el niño lloraba —y eso ocurría con frecuencia—, él se sentía mal y quería que se calmara. Cuanto más quería que se calmara, más lloraba el niño y más nervioso se ponía él. Cuando lo llevaba en el cochecito a dar una vuelta o a jugar al parque, soportaba mal que su hijo no quisiera jugar en ese momento o que durante el trayecto se durmiera o se distrajera con otras cosas y retrasara los planes que él había «previsto». En realidad, los momentos con su hijo nunca transcurrían como él deseaba o había planeado. Hasta que comprendió que el niño era una persona independiente, que tenía su propio ritmo, que cualquier cosa era potencialmente nueva e interesante para él y que su única forma de expresar incomodidad era llorando. Entendió que simplemente podía «estar» con su hijo sin tener que hacer nada especial, relacionándose con él y aceptando su estado —fuera el que fuese— sin tener que cambiarlo y dándole todo su cariño y atención. Al cambiar su actitud y centrar su esfuerzo no tanto en lo que tenía que hacer su hijo, sino en mantenerse él mismo calmado y dispuesto a disfrutar de su tiempo con el bebé, pasara lo que pasase, todo empezó a ir mejor. La práctica de mindfulness lo ayudó a crear cotidianamente pequeñas pausas o burbujas de paz en las que recuperar energía y cuidarse, durante el trabajo y también al llegar a casa. De hecho, el niño empezó a estar mucho más tranquilo cuando estaba con su padre y él comenzó a crear un verdadero vínculo con su hijo.

Tal y como le ocurrió a Sergio, a todos en algún momento nos resulta difícil manejar la vida, incluso cuando tienen lugar acontecimientos que hemos deseado intensamente, como tener un hijo o empezar un nuevo trabajo. Se aprende a ser padres, a tener pareja, a capear períodos de dificultad o a enfrentarse a los retos mientras se produce el propio proceso. Es lo que en inglés se denomina learning by doing y que en castellano se podría traducir como «aprender haciendo».

En el colegio y en la universidad nos enseñan a escribir, a leer, a contar y muchos otros conocimientos técnicos, ciertamente interesantes, como las derivadas o el logaritmo neperiano, muchos de los cuales nunca vamos a necesitar. Sin embargo, no nos enseñan cosas tan importantes como:

• Manejar de forma adecuada las emociones aflictivas que surgen en momentos de dificultad, recuperando la calma y el equilibro con rapidez.

• Prestar atención de forma deliberada y sostenida a aquello que está ocurriendo, sin distraernos, sobre todo si es importante.

• Cultivar el autocontrol y una perspectiva positiva incluso en situaciones difíciles.

• Conectar con los demás desde el corazón, con amabilidad y compasión, creando lazos y vínculos de confianza.

• O, simplemente, permanecer presente en el aquí y ahora.

Personalmente, la mayoría de estas cosas las he tenido que ir aprendiendo de mayor, a base de ensayo y error y con una buena dosis de sufrimiento, tanto personal como profesional, en el camino. Es una pena porque en realidad son habilidades que todos los seres humanos tenemos y que pueden entrenarse de forma sencilla.

Si consideramos que el propósito de la educación es favorecer que el niño o adolescente vaya dándole sentido al mundo y al lugar que ocupa en él, está claro que abordar desde la infancia el desarrollo del SER, y no solo del SABER o del HACER, es algo esencial. SER humano es el camino de toda una vida.

Mindfulness —o, como se traduce en español, atención plena o plena conciencia— es sencillamente una forma de SER, de estar presente, prestando atención al aquí y al ahora, con amabilidad y curiosidad. Es una forma de vivir la vida tal y como es, momento a momento, de manera más plena y positiva, pudiendo elegir el comportamiento más adecuado en cada situación. Eso es algo que va mucho más allá de los momentos concretos de prácticas o ejercicios formales que se puedan realizar para entrenar esa capacidad y que presentaré en este libro.

Es también una forma de desarrollar un mejor autoconocimiento y una mayor autoconciencia. Por eso, como decía en 1890 el psicólogo William James, considerado el padre de la psicología contemporánea, «la capacidad de volver a traer de forma voluntaria, una y otra vez, una atención errante es la base del discernimiento, del carácter y de la voluntad. Nadie es compos sui (dueño de sí mismo) si no la tiene. Una educación que mejorase esa capacidad sería la educación por excelencia».

La intención de este libro es presentar de manera sencilla y lúdica de qué forma se puede ir cultivando intencionalmente mindfulness o la atención plena en el entorno familiar, de manera que adultos y niños o jóvenes puedan practicarlo juntos y experimentar el impacto beneficioso que tiene. Es un libro dirigido a padres, futuros padres, educadores y otros profesionales que trabajan con niños y jóvenes. De forma más amplia, es un libro dirigido a cualquier persona a la que le gusten los niños y que disfrute de su compañía. Es también una propuesta que puede atraer a aquellas personas que quieren conectar con su niño interior y quizá iniciarse en la práctica de mindfulness poco a poco, de forma ligera, casi jugando. Observando y atesorando las burbujas de paz que pueden ir surgiendo en su vida.

Hay numerosas evidencias de que una paternidad más mindful, más consciente, tiene un impacto beneficioso tanto en los padres como en los niños.

Hoy en día mindfulness es algo todavía más necesario y útil si consideramos el entorno en el que están inmersas la mayoría de las familias. Vivimos momentos de complejidad y cambio crecientes, de gran incertidumbre y ambigüedad en todos los niveles.

A muchas personas nos preocupa el planeta que van a heredar de nosotros las próximas generaciones y deseamos contribuir a que la Tierra sea un buen lugar para vivir, a que el mundo sea mejor. Precisamente por eso resulta particularmente importante reflexionar de forma consciente sobre las actitudes y habilidades que sería deseable que las nuevas generaciones cultivaran desde la infancia para abordar el mundo en el que van vivir de ...