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DISEñA TU FUTURO

Jaume Gurt

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Fragmento

INTRODUCCIÓN

Este soy yo y esta es mi vida

Querido lector, gracias por elegir este libro. Mi nombre es Jaume Gurt, estoy divorciado y tengo un hijo maravilloso de diecinueve años que llena mi vida desde que llegó a este mundo. Vivo con una mujer fantástica que tiene mellizos, un niño y una niña de diez años iguales pero muy distintos; dos seres extraordinarios que me enseñan algo cada día. Entre todos formamos una familia flexible: algunos días parecemos unos jovencitos que empiezan a vivir en pareja, otras veces somos una familia numerosa con tres hijos, y en ocasiones solo tenemos uno o dos hijos en casa; todo un abanico de experiencias que me permiten llevar una vida familiar con muchos matices.

Mi padre, ingeniero industrial, gran amante de las matemáticas y admirador del tesón, la planificación y la eficacia germánicos, era quien traía los ingresos a casa. Yo le admiraba por lo que había logrado y por cómo era, y de alguna forma trataba de imitarlo. Mi madre se encargaba de la casa y del trabajo diario de criar a cinco hijos. Ella me enseñó lo que es la entrega. Mis abuelas y mi tía me regalaron la vivencia del amor incondicional y mis abuelos, el esfuerzo, la paz interior y el amor por la naturaleza. Yo, como hijo mayor, desarrollé entre otras muchas cosas la responsabilidad y la obligación hacia el grupo que formábamos, porque el grupo era lo prioritario.

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Estudié Ingeniería de Telecomunicaciones en Barcelona, influenciado por la formación y el carácter de mi padre. También cursé un posgrado en el IESE (un PDD o Programa de Desarrollo Directo) cuando ya trabajaba como director comercial en InfoJobs, lo que me proporcionó una visión global de la empresa, me aportó elementos para el análisis de situaciones y mejoró mi toma de decisiones.

Con dieciocho años, mientras estudiaba en la facultad, empecé a trabajar como profesor de informática (1982) en un centro de FP y también formando a directivos en aplicaciones ofimáticas en sus empresas. Con el tiempo descubrí que aquella experiencia de formar a altos cargos a tan temprana edad me regaló una visión humana y desmitificada de los mismos. Comprendí que son como tú y como yo pero con unas responsabilidades laborales mayores.

Un día decidí buscar un trabajo que me proporcionase mayor estabilidad y así es como llegué al mundo de las ventas, con mi timidez e inexperiencia pero también con muchas ganas de aprender y de hacerlo bien. Empecé vendiendo impresoras láser y ordenadores para Canon España en la calle, mediante la llamada «puerta fría», es decir, llamando a la puerta de un particular o de una empresa de la zona que se me había asignado para ofrecerles el producto sin haber concertado antes una cita. En aquella empresa aprendí los primeros conceptos de venta, los más básicos, y también lo difícil que es vender y lo que supone: muchas horas de dedicación, malas respuestas en infinidad de ocasiones y escasos resultados. La experiencia como vendedor y, en especial, la venta a puerta fría me ayudaron a desarrollar la resiliencia, que según la Real Academia de la Lengua es «la capacidad humana de asumir con flexibilidad situaciones límite y sobreponerse a ellas».

De aquella gran multinacional pasé a trabajar para una empresa familiar de doce personas, donde empecé con la venta de proyectos y a trabajar con grandes empresas. Pero, sobre todo, lo que perseguía era que me tratasen como a una persona y no como a un número. Luego entré en una empresa familiar mediana (las personas tampoco eran consideradas un número), donde definitivamente aprendí a vender y pude trabajar con importantes empresas, desarrollé la comercialización de grandes proyectos y llegué a liderar dos de sus oficinas. Después trabajé en una multinacional de la fibra óptica (qué fácil es para el ser humano tropezar dos veces con la misma piedra) y finalmente en InfoJobs.

Con cada cambio perseguía crecer y madurar y, como consecuencia de las experiencias que adquiría, mi salario mejoraba. Nunca a la inversa.

Todo mi entorno me llevaba a la técnica, los números, la eficacia, los métodos… Pero hubo un hecho que cambió el rumbo de mi vida y mi forma de ver las cosas. Cuando me separé en el año 2000, sentí que perdía lo más precioso que tenía: mi hijo y mi familia. Allí empezó una búsqueda de algo que no lograba encontrar, una búsqueda de respuestas acerca de mi propio ser interior. Y en ese caminar conocí la autoayuda, el apoyo de los amigos, el deporte, la naturaleza, el coaching, la terapia… El camino largo y tedioso me llevó a formarme en yoga y meditación, en el eneagrama de la personalidad y las constelaciones familiares, en técnicas de coaching y en Programación Neurolingüística (PNL); un camino para desprenderme de la armadura que me había puesto y hacer emerger esa sensibilidad que reside en el interior de todos nosotros; un camino donde me descubrí a mí mismo, donde abrí mi corazón, donde recuperé mis emociones, donde comprendí un poco mejor este juego de la vida; un camino para transformarme, para tomar las riendas de mi existencia y disfrutarla.

La serenidad que esto aportó a mi vida personal me permitió adquirir una mirada distinta de la vida profesional y todo se transformó para unirse y formar una sola cosa. Todas las herramientas que necesité para encontrar las respuestas que mi vida personal me había formulado empecé a aplicarlas en el trabajo, invitando a las personas que me rodeaban a recorrer su propio camino con ellas. Primero lo hice en mi equipo de ventas, como director comercial de InfoJobs, y más tarde en toda la organización como director general. Las personas y la organización se transformaron para convertirse en algo precioso y único.

Era el año 2002, la burbuja de internet había explotado y las personas y los bancos abandonaban el sector sin apenas esperanzas. Mi llegada a InfoJobs como director comercial significó abandonar el sector seguro de las telecomunicaciones, donde tenía un buen salario, muchos y excelentes contactos (la vida me había tratado bien) y gozaba de gran prestigio.

Dejé atrás todo lo que había logrado en mi carrera profesional para incorporarme a un proyecto joven, por la mitad del salario, sin dinero (los socios habían agotado ya todas sus reservas), con un jefe de veinticuatro años (yo tenía treinta y nueve), sin tener experiencia en liderar organizaciones y en una empresa con treinta empleados.

Lo único que teníamos era mucha ilusión, una opción de futuro si lo hacíamos bien o la muerte si fracasábamos, y un gran reto: desarrollar el modelo de negocio y lograr que las ventas se dispararan para ganar suficiente dinero y hacer que la empresa creciese. Mi primer equipo estaba formado por cinco comerciales con una media de veinticuatro años. Hoy somos 240 personas en España, con oficinas en Italia y Brasil. Pertenecemos a la multinacional noruega Schibsted, con presencia en treinta países, y casi seis millones de personas nos visitan todos los meses en España para depositar su ilusión en un trabajo nuevo. 70.000 empresas trabajan c ...