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El comensal (Caballo de Troya 2015, 6)

CABALLO DE TROYA, Septiembre 2015

Una novela autobiográfica en la que la autora trata de comprender su relación con la muerte y la familia a través del análisis de dos sucesos: el asesinato de su abuelo a manos de ETA y el fallecimiento de su madre.

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Sinopsis

«Una novela cuya atmósfera nos proporciona un alivio semejante al que siente un pez devuelto al agua después de haber sido capturado. [...] Leyéndola se asiste una vez más a ese misterio por el que la vida de otro, que poco o nada tiene que ver con la tuya, deviene en una cuestión de orden personal. Como si más que una novela, se tratara de una carta dirigida a ti.»
Juan José Millás, Diarios del Grupo

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Las reseñas de los lectores

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    Una lectura conmovedora, sorprendente y sobria

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    Hace un par de días recibí este libro autobiográfico desde Penguin Random House. Por una parte, me hizo muchísima ilusión acoger una novela de esta editorial pero, por otro lado, entraba en un terreno desconocido ya que nunca había tenido en mis manos una obra de este género. Antes que nada, quise buscar más información de la autora, Gabriela Ybarra, para saber qué tipo de lectura podría encontrarme. Así que, después de una tarde haciendo de detective, solo llegué a saber que El comensal era su primera obra. ¡Vaya sabuesa estoy hecha...! Justamente en la primera página del libro ya lo decía... Ybarra nos deja esta lectura llena de madurez, sobriedad y, aunque me cueste admitirlo, deja un toque enigmático en cada capítulo. Además, no dejó de sorprenderme ya que era una novela que ascendía, es decir, cada vez iba mejorando y la historia se iba reforzando más y más. Sin embargo, tengo que reconocer que al principio me costaba leer el libro, tenía que ser yo la que me obligaba a leerlo ya que la historia no acababa de cuajar. Pero ya os digo, eso fue al comienzo, después la trama ya cogió velocidad. El comensal, como he dicho anteriormente, es una novela autobiográfica en la que la muerte pasa a ser la figura principal de la obra. Está narrado de forma en que se puede percibir perfectamente el dolor y la rabia, e incluso la soledad. Una novela que habla de aceptación y trata de comprender y alcanzar la estrecha relación que existe entre la familia y la muerte. Por esa razón, se analiza detalladamente dos grandes y trágicos sucesos de la vida de Gabriela Ybarra: el asesinato de su abuelo a manos de ETA en el 77 y el fallecimiento de su madre debido a un cáncer en 2011. El libro se divide en dos partes. En la primera, la autora reconstruye el secuestro y el homicidio de Javier de Ybarra, su abuelo. Nos cuenta su historia laboral y, sobretodo, personal. En la segunda parte, vemos un análisis profundo de la enfermedad de su madre y la investigación de su fallecimiento. La protagonista nos deja entrar y ponernos en su piel; podemos vivir el cáncer a primera línea. Esta lectura fue un gran desafío, me lo tomé como si fuera un reto. Nunca antes había leído un libro autobiográfico, así que, gracias a este libro le daré una oportunidad a este género ya que este en concreto me gustó bastante. Algo que me gusta de esta historia es que Gabriela Ybarra nos dejé entrar en su vida y nos enseñe un pedazo de esta de una manera muy sutil y neutral. También, me llamó la atención de cómo ve la realidad, Ybarra quiere entender el motivo de la muerte de sus dos seres queridos. Quiere mostrarnos esa situación de la forma más objetiva posible. Además, retrocede al lugar donde su madre y su abuelo fallecieron, el hospital y el bosque, respectivamente.
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    Opinión: El Comensal

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    Empezaré hablando de la portada que me fascina mil. Uno porque es de color rojo y sin el forro con el que suelo cubrir mis libros se ve mucho mejor. Además el tamaño de la letra es perfecto y con el espacio adecuado entre línea y línea. Inclusive, en la foto de arriba el libro ya llevaba forro y se ve como si no lo tuviera <3 Este es un libro autobiográfico narrado desde la voz y perspectiva de la misma Gabriela Ybarra. Ella nos contará la muerte de su madre a causa de un cáncer de colon y el fallecimiento de su abuelo paterno en manos del grupo terrorista ETA con el fin de poder comprender su relación entre la muerte y la familia, a través del análisis de estos dos sucesos. La autora, nos contará cómo vivió y sobrellevó estos dos fatídicos acontecimientos entre España y Estados Unidos, en los que también se verán incluidos familiares cercanos como su padre y sus tíos. ?Cuentan que en mi familia siempre se sienta un comensal de más en cada comida. Es invisible, pero está ahí. Tiene plato, vaso y cubiertos. De vez en cuando aparece, proyecta su sombra sobre la mesa y borra a alguno de los presentes? Este libro es uno de los pocos que me ha hecho sentir muy cómoda mientras lo leía porque como podemos ver en la sinopsis, la autora nos narra un tema privado y a la vez triste y no sabía cómo me iba a sentir leyéndolo o cuánto detalle daría la autora sobre los hechos. Sin embargo, para mi sorpresa la manera en que lo ha narrado es muy ligera, clara y amena. Además de que no usa un lenguaje pretencioso. En mi caso, no me distraje del tema principal por detalles poco relevantes lo cual es muy bueno ya que me he topado con libros inflados que hacen que el lector se pierda en la lectura. Al empezar la lectura las palabras son muy crudas y firmes, lo cual me impactó muchísimo. A lo largo de la historia me sentí atrapada completamente con todos los sucesos; sin embargo, ya llegando el final esperé un poco más de profundidad de parte de la autora sobre la muerte, lo cual no sucedió. Este punto creo que es cosa de gustos porque tal vez esperaba algo más tirando a novela. Pero ahora que lo pienso, la obra está libre de sus sentimientos, ella se ha enfocado más en los hechos para poder reflexionar en ellos y tal vez buscar una respuesta a lo sucedido. Este es un libro que lo recomiendo altamente, me encantó la manera de escribir de esta autora. No había leído nada igual y para ser su primera novela lo ha hecho demasiado bien. Espero que siga escribiendo y poderme cruzar con sus futuras publicaciones. Si lo ven en alguna librería, no duden en comprarlo, no se arrepentirán. Si les gustó la reseña no se olviden de darle +G y compartirla. Estaré leyéndolos ¡Hasta prontos!
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    El Comensal

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    Cuando leí la sinopsis del libro, inmediatamente me interesé en leerlo porque toca un tema del que no he leído casi nada pero que siempre quise empezar a leer: la muerte. Aunque nunca había escuchado de Gabriela Ybarra, quise leerla por la forma en que su libro está presentado y siendo muy honesta, el libro me gustó. Pero siento la necesidad de dividir está reseña en dos partes: 1. OPINIÓN SUBJETIVA: El libro me gustó por una razón específica: me sentí identificada con la escritora. Digamos que estoy pasando por un duelo similar al que narra Gabriela, así que comparto las emociones que describe la autora, sin describirlas, en el libro. 2. OPINIÓN OBJETIVA Siendo sincera, el libro me gustó por lo que acabé de describir, sin embargo siento que el libro no transmite mucho si no se ha estado en esa situación y puedo decir que el libro se convierte en una simple narración de cómo transcurrió durante los últimos días de vida de su madre, pero nada profundo. Cuenta con detalle lo que hicieron desde que se enteraron de que su mamá tenía cáncer hasta el día que falleció y cómo había estado transcurriendo su vida un año después del triste suceso. Pero suponiendo que el tema principal era la muerte, la verdad es que esto se toca por los laditos y ya. El libro es plano y no transmite mucho (pero esto es una opinión muy subjetiva) y, a pesar de que el libro me hizo llorar, no fue por la emotividad o el alcance de la historia, sino porque la misma historia hizo que reviviera recuerdos un tanto dolorosos. ¿Qué me gustó? Que abordara un tema un tanto complejo como lo es la violencia vivida en España por el grupo armado ETA. Me refiero a que entiendo ese sentimiento de abatimiento y de estar viviendo en sitios fingiendo que no sucede nada, cuando a unos pocos kilómetros de la casa se están matando unos a otros. Me gustó la forma en que está escrita la novela. A pesar de que es un poco plana, es sencilla de leer y no abruma al lector. En resumen, el libro toca un tema importante que es la forma en que las personas llevan el duelo de la desaparición de un ser querido y reconozco que la historia es bastante personal y el libro tiene un valor agregado y es que la historia se siente cercana y real por la forma en que está escrito, pero siendo muy honesta, esperaba algo diferente. No siendo más, me despido no sin antes agradecerles de antemano que me lean y me compartan sus opiniones. Un abrazo grande y nos leemos luego. Ju
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    Reseña: El Comensal

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    Su lectura me ha parecido: breve, conmovedora, estremecedora, ligera, atrayente, sobria, profunda, sorprendente...Muy pocas veces, lectores y lectoras, y eso lo comento desde la voz de la experiencia, suceden cosas sorprendentes, las cuales, deberían haber sucedido mucho antes, pero por lo menos, más vale tarde que nunca. Hace unos meses tuve el placer de ver la impresionante y necesaria película Sufragistas, la cual, no sólo acercó al gran público el tema del sufragismo en Inglaterra, sino también el hecho de que por fin, se ha dedicado exclusivamente una película a tratar un tema como fue el acceso al voto femenino, un aspecto que por otro lado, sobretodo en el terreno cinematográfico hacía mucha falta. Pues amigos y amigas, algo muy parecido, pero en otro contexto y en otras circunstancias, me sucedió con este libro que hoy reseñamos, el cual no se a día de hoy como definirlo, si novela, si autobiografía, si novela de urgencia, terapéutica, social o un conjunto de todas ellas. A veces, la sociedad necesita, y en algunos casos muy urgentemente, aproximación a ciertos temas históricos, literarios, sociales, políticos, filosóficos, judiciales...Y en el caso que hoy nos ocupa, creo que su autora, desde la más absoluta de las sinceridades, ha hecho un gran trabajo en ese sentido, la sociedad necesitaba un libro así, en el que se desmitifica, se habla, se discute, se piensa, se reflexiona, se apartan tabúes, y ella lo ha logrado. El Comensal: el escrito de la controversia hecha natural. La historia de como El Comensal, esta novela autobiográfica, novela de auto ayuda, novela de confesión...Llegó a mis manos, y de paso a mi adorada estantería, fue de la forma más casual. Sinceramente, desconocía este libro, y os lo digo con toda la confianza del mundo, además, al ser la primera novela de esta autora, pues tristemente es más difícil que llegue a oídos de mucha gente. No obstante, y a raíz de mi reciente inicio de colaboración con el grupo editorial Penguin Random House, descubrí El Comensal. Éste era uno de los libros que la editorial ofertaba para los críticos, de hecho, me acuerdo que sólo quedaban dos ejemplares por adjudicar. Eché un vistazo al resto de novedades y finalmente, después de meditarlo durante unos minutos eternos, acabé pidiendo El Comensal. Cuando el libro, por fin, llegó a mis manos, mi sorpresa fue mayúscula, pues era más fino de lo que una servidora se esperaba, por lo que me dije con una sonrisa que podría llevármelo a todas partes, a todas las que quisiese. Y así sucedió. Su lectura me tuvo tan atrapada y tan ensimismada que no había día que me lo llevase de casa para que acompañase y amenizase mis trayectos en bus, mis esperas en la parada, mis descansos entre clase y clase...Incluso me ha llegado a acompañar a algún sitio poco convencional. En resumidas cuentas, cuando llegó el día en el que di por finalizada su lectura, sentí como si lo que acababa de leer tenía su importancia, y más en los tiempos que corren. Adentrándonos en la crítica al libro que hoy tengo delante, lo primero que quiero señalar es que ésta, El Comensal, no es una novela de fácil clasificación, se que a veces resulta un poco frívolo etiquetar a un libro de un determinado género, pero siempre, siempre, siempre lo hacemos, y además de forma continua, una servidora es un ejemplo claro de ello.Sin embargo, como he comentado antes, y para la mayor de mis satisfacciones, El Comensal no responde a una etiqueta clara ni a un género concreto, estando a caballo siempre entre autobiografía, novela e incluso ensayo, algo que sin duda, se convierte en un punto a favor. Por otro lado, y ya adentrándonos en la forma y en el estilo, El Comensal presenta una lectura intimista, pequeña, sobria, como si quisiera marcar distancia, pero también encontramos puntos donde la autora parece como bucear entre su propia historia, entre sus recuerdos, entre lo que se dice, entre lo vivido, entre lo experimentado; y es en ellos donde el lector parece meterse de lleno, acompañando a la autora en ese viaje que inicia por necesidad emocional, en busca de respuestas y alivio. Por ello, y no me cansaré de decirlo, digo que esta novela se podría adecuar perfectamente al género de auto ayuda, ese desahogo, ese derrame de sentimientos, esa muestra de emociones están a flor de piel y eso de palpa a lo largo del escrito. Por último y para finalizar, comentar un aspecto muy importante, como es la desmitificación y la ausencia de elementos que puedan reprimir ciertos temas que hoy por hoy la sociedad los califica como tabúes, por ello el uso de los recortes de prensa o las capturas de pantalla del Google son tan importantes, de ahí que ésta se convierta hoy por hoy, en una lectura de urgencia y necesaria para la sociedad. Finalmente, en el tradicional apartado destinado a la reflexión, siempre necesaria cuando uno finaliza una lectura, retomaremos el tema de los tabúes para debatir y discutir. Algo bueno que tiene esta novela es que las reflexiones salen por si solas, no tienes la necesidad de detenerte unos minutos a pensar qué has sacado de ella, algo que resulta fantástico para cualquier crítico literario. Podría, en esta ocasión, y os aseguro que el contexto es el más idóneo, para hablar sobre la ETA y un poco como se ha convertido con el paso del tiempo en un tabú, a la vez que se ha banalizado, no hace falta que os recuerde a que me refiero con ésto, hace unas semanas no se hablaba de otra cosa. Sin embargo, una servidora ha optado por reflexionar sobre, seguramente, el tabú más grande, que más acapara, que ha acompañado al hombre desde que es hombre y que en El Comensal está muy presente como es la muerte. Si amigos y amigas, la muerte, parece muy fuerte hablar de ella, sobretodo teniendo en cuenta lo arraigado que está su concepción en las sociedades sobretodo occidentales, además de porque es algo serio y del que cuesta hablar. Precisamente por ello, por el temor que los seres humanos le tenemos a pronunciar si quiera la palabra, por el que cabría detenernos unos momentos a pensar por qué, por qué la sociedad conceptualiza de este modo la muerte. Una servidora piensa que tras años de tradiciones ancestrales, las cuales se podrían remontar a la época antigua, que digo a la antigua, a la prehistoria por lo menos, la gente se ha acostumbrado a unos rituales en los que la muerte se trata de forma recogida, en casa, y que en el exterior tiene su representación en las iglesias y en los cementerios, y eso ha favorecido que se vea a la muerte como un hecho nada atractivo en cualquier conversación. En El Comensal, con gran acierto, Ybarra nos acerca el tema de la muerte como algo natural, despojándole de todo victimismo, de sentimentalismo y de toda esa aura de teatralidad procedente de la tradición, acercándola a un terreno más realista. En ocasiones, deberíamos despojarnos de muchos de los tabúes que actualmente están enrrocados en la sociedad, aunque sea solamente para ver la vida con otros ojos, a lo mejor, incluso, llegamos hasta sorprendernos. El Comensal: una historia de recuerdo, familia, reencuentro, heridas cerradas, avance, desahogo, pasado...Un libro necesario para una sociedad falta de reflexiones y de progresos. Frases o párrafos favoritos: "Cuentan que en mi familia siempre se sienta un comensal de más en cada comida. Es invisible pero está ahí. Tiene plato, vaso y cubiertos. De vez en cuando aparece, proyecta su sombra sobre la mesa y borra a alguno de los presentes."  
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    El comensal de Gabriela Ybarra

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    El libro que traigo hoy tiene una portada con un resumen que deja poco a la imaginación, algo que no me gusta demasiado. Me llaman las sinopsis de los libros que insinúan, no que cuentan tanto. Y como dice, se trata de una historia autobiográfica, en la que la protagonista Gabriela Ybarra, se acerca a la muerte de dos seres queridos que han marcado su vida. La muerte de su madre por cáncer hace que ella y los suyos se vean enfrentados a un suceso que no creen probable, que pensaban que los esquivaría, y ella tratando de entender el proceso de duelo y la muerte, se irá hacia atrás en busca de los recuerdos de su padre en la muerte de su abuelo. Googleando, internet estará presente a lo largo de toda la narración, como es lógico en una chica de la generación de las redes sociales, irá al pasado y a camino entre diario y crónica periodística nos contará el secuestro de su abuelo. El 20 de mayo de 1977 a punta de pistola un comando de ETA formado por cuatro personas secuestraba al industrial Javier Ybarra en presencia de toda su familia. Pidieron a cambio de su vida una cantidad desorbitada de dinero para aquella época, 1000 millones de pesetas, que les resultó imposible reunir. El posterior asesinato de su abuelo, las veladas amenazas, el ambiente inquietante, de miedo rasposo y gélido a un nuevo secuestro o asesinato hace que tras tener que vivir rodeados de escoltas, decidan dejar Neguri y trasladarse a Madrid en 1995. Cuando ella está viviendo en Nueva York con una libertad que hasta ahora no había notado, se tiene que enfrentar como una bofetada al diagnóstico de cáncer de colon de su madre, un cáncer que no admiten desde el principio, ni su madre, tan sólo tiene 52 años, como la familia. No va a ocurrir nada será el mantra que los envolverá. Pero la negación no será suficiente y su madre morirá. Gabriela con un ejercicio de contención y de evasión se centrará en buscar una vez más en san google información sobre el muchacho que envió un paquete bomba a su padre. Son hechos que le causan dolor y estupefacción a la vez, porque los nota ajenos, ella no parece sentir ni odio ni rencor, realmente no sé si éso supone perdón. Supongo que sí. Como parte del proceso de duelo realizará al año siguiente un periplo por todos los lugares que compartió en los últimos días de su madre. Lo que más me ha sorprendido en este libro ha sido la frialdad, la distancia, no he logrado conectar con la protagonista porque me ha parecido demasiado contenida, demasiado medida en los sentimientos. Hay un dolor sordo y mantenido, lleno de silencios, abrupto, desgarrador pero me ha resultado ajeno. Por todo lo demás, un debut muy interesante, la escritura es limpia, pulcra y bien trazada. Los temas tanto el ambiente del País Vasco, el abandono de la lucha armada y la nueva sociedad, el cáncer y la superación de miedos y dolores muy interesantes. Me gustaría mucho conocer otras opiniones sobre el libro, de gente de a pie. A nivel mediático ha tenido una gran cobertura. ?Durante los años más duros de principios de los ochenta, los llamados de plomo, los vecinos simulan que no pasa nada: juegan al tenis, toman el aperitivo, salen a navegar y visitan los merenderos de Berango. La tensión se esconde. Un coche en llamas, un muerto y a las pocas horas todo vuelve a parecer normal?
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    El comensal, brutal relato sobre la muerte

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    Escribir sobre la muerte en la ficción tiene que resultar difícil. Escribir sobre la muerte y que ésta haya sido real, todavía tiene que serlo mucho más. La muerte siempre es un tema tabú, algo que si no nos ha tocado de cerca parece resultar lejano y ajeno, cuando tarde o temprano a todos nos implica. La muerte de un ser querido cercano siempre es dolorosa, siempre trastoca nuestro orden vital. Pero quizás es mucho más difícil ponerse en el lugar de alguien que ha vivido una muerte violenta e inesperada. Al abuelo de Gabriela Ybarra lo asesinó ETA en 1977 y este hecho marcó la vida de toda su familia, aunque ella todavía no había nacido. Pero será el fallecimiento de su madre a causa de un cáncer en 2011 lo que le hará conectar ambos sucesos y relatar, a modo de reconstrucción casi autobiográfica, aquellas dolorosas anécdotas que marcaron ambas muertes. Así surge El comensal, una ópera prima que publicó hace unos meses la editorial Caballo de Troya y que me ha removido un montón de sensaciones en apenas algo más de 150 páginas. Gabriela Ybarra reconstruye el trágico asesinato de su abuelo a manos de ETA mediante los recuerdos de su familia, intercalando en el relato recortes de periódico y menciones que la prensa hizo sobre este suceso. Todos estos elementos toman forma narrativa gracias a una voz potente y sincera pero nada estridente, una voz cuya intensidad radica en la sencillez con la que describe un hecho tan brutal y cercano, que ella no vivió en sus carnes porque no había nacido pero que dejó una huella imborrable en toda su familia. La violenta muerte de su abuelo volverá a estar aún más presente cuando a Gabriela le toque vivir muy de cerca otra pérdida, la de su madre, que fallecerá en 2011 tras seis meses luchando contra el cáncer. En este sentido, la primera parte de El comensal nos traslada a los años 70, cuando ETA secuestró a su abuelo paterno, el empresario Javier de Ybarra. En el relato se nos describe cómo unos encapuchados entran en la casa familiar en Bilbao, la entereza y tranquilidad de su abuelo al ser secuestrado y el fervor religioso que caracterizará a gran parte de sus familiares, los cuales intentarán por todos los medios conseguir el dinero que les pedirán los terroristas para su rescate. Mediante una prosa directa y ligera, la autora huye del victimismo y del odio hacia los terroristas para centrarse en el hecho, narrarlo con sosiego y llevarnos hasta las consecuencias que éste suceso generó en toda su familia, hasta el lamentable final.
    \"Mi padre se despertó al sentir algo frío rozándole la pierna. Abrió los ojos y se encontró a un hombre levantando su sábana con el cañón de su arma. Al fondo de la habitación, una mujer repetía que estuviera tranquilo, que nadie le iba a hacer daño. Después la chica avanzó despacio hasta la cama, agarró sus muñecas y las esposó al cabecero. El hombre y la mujer salieron del cuarto, dejando a mi padre solo, maniatado, con el torso descubierto y la cabeza girada hacia arriba\".
    Ya en la segunda parte, Gabriela nos habla de su madre, del momento en que ésta le llamó para decirle: «Gabriela, tengo cáncer, pero no es nada». Por aquel entonces la autora vivía y trabajaba en Nueva York y fue hasta allí donde se desplazó su madre, en 2011, para recibir tratamiento en el hospital Memorial Sloan Kettering. A lo largo de estas páginas, el lector asiste al duro proceso que supone una enfermedad en un ser querido, a los altibajos, las esperanzas y las falsas esperanzas, la sensación de que esa persona se marcha sin que tú puedas hacer nada por evitarlo. Un año después, Gabriela seguirá intentando reorganizar su vida sin su madre, volverá a las frías salas de espera mientras escribe en un cuaderno sobre los pacientes o familiares que allí ve, rememorará lo que ella compartió con su madre, los seis meses que lo cambiaron todo y la llevaron a desahogarse escribiendo El comensal, vinculando el fallecimiento de su madre con aquel otro episodio, el del secuestro y el posterior asesinato de su abuelo.
    \"Mi madre no tardó en empezar a esconder su enfermedad. Cuando paseábamos por Manhattan en los días que no tenía consulta, ella trataba siempre de caminar más deprisa que yo. Si le decía que necesitaba parar para descansar, ella me incitaba a seguir. No creo que lo hiciera de forma consciente. Si alguien le hubiera preguntado que si tenía cáncer, hubiera contestado que sí. Sin embargo, cada vez que alguien decía: «¿Qué tal estás?», ella siempre respondía: «Fenomenal». Daba igual que aquella mañana la hubiera pasado vomitando en el baño o que se acabara de quedar estéril tras la radioterapia. Su reacción frente a la enfermedad fue la resistencia. Aquí no pasa nada. Eso no me mata. Mirad cómo me encuentro de bien. Yo me lo creía a ratos\".
    La lectura de El comensal me ha conmovido gracias a la desnudez con la que Gabriela Ybarra nos relata dos sucesos que han marcado su vida. La muerte de un ser querido, el duelo y vacío que ello provoca se hacen aún más palpables y cercanos gracias a la certeza de palabra escrita,  indeleble. Un relato que ahonda en las anécdotas de la enfermedad de la madre y en cómo vivieron este proceso. La palabra «cáncer» se visibiliza con los detalles que Gabriela describe sobre su madre: cómo ese cáncer le afectaba, cómo luchaba y cómo, desgraciadamente, al final le ganó la batalla. Sinceridad también para introducirnos en la intimidad de la autora, en el estado de ánimo y en las consecuencias que la enfermedad y el duelo generaron en ella, que acabó trasladándose a Madrid. Y todo ello enlazado e intercalado magníficamente con un episodio aún más brutal:  el secuestro, la tortura y el asesinato injustificado por unos ideales. En definitiva, la ópera prima de Gabriela Ybarra construye, desde una prosa limpia y certera, un sincero relato sobre la muerte y el duelo. Una breve novela autobiográfica que se aleja del victimismo y no se recrea en el dramatismo sino que se centra en la necesidad que la autora tiene de sacar aquellos duros hechos que vivió, de utilizar la palabra para desahogarse mostrándonos de primera mano, sin tabúes, como puede trastocar nuestra vida el que tu madre fallezca a los seis meses de cáncer o que, además, tu abuelo fuera una de las primeras víctimas de ETA en plena democracia. A destacar: La naturalidad y sencillez con la que Ybarra visibiliza el cáncer que padeció su madre. Título: El comensal Autor: Gabriela Ybarra Editorial: Caballo de Troya Páginas: 171 Precio: 15,90 ? Valoración: 4/5
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    “EL COMENSAL” de Gabriela Ybarra

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    Las 176 páginas de esta novela rezuman sinceridad, humanidad y emotividad. Gabriela Ybarra sabe mantener la equidistancia con aquello que relata: experiencias durísimas vividas por miembros de su familia y, en cuanto testigo de ellas o familiar directo de alguno de sus protagonistas, sufridas por ella misma. Esta joven escritora bilbaína de poco más de 30 años presenta en su primera novela, dos experiencias distantes en el tiempo y en su vivencia personal: la primera la conoció por boca de sus padres cuando ella tenía sólo 8 años, aunque previamente en el colegio del barrio bilbaíno de Neguri al que acudía algo le había llegado a través de niñas amigas cuyos padres o abuelos habían participado, dada su profesión de médicos o juristas, tangencialmente en el suceso: el secuestro y posterior asesinato por obra de ETA el 22 de junio de 1977 de su abuelo, el industrial Javier Ybarra. Gabriela Ybarra volverá a pensar en este brutal hecho acaecido seis años antes de su nacimiento cuando viva de cerca la terrible y rápida enfermedad que se llevaría a su madre en pocos meses. Cuando se presenta en la mesa familiar ese comensal no invitado ella observa a su padre diciendo frases aparentemente absurdas pero que, comprueba, eran rescoldos del fortísimo shock padecido por él hacía 34 años. Fallecida la madre en 2011, Gabriela indagará sobre el asesinato del abuelo y escribirá este interesante relato en el que de forma paralela hablará de una y otra pérdida Una novela en dos partes.
    •  En la primera de poco más de 50 páginas se cuenta el secuestro del industrial Javier Ybarra realizado el 20 de mayo de 1977 a punta de pistola por un comando de ETA formado por cuatro personas. Pidieron a cambio de la vida del industrial una cantidad inasumible incluso para una familia adinerada: 1000 millones de pesetas.  Esta parte finaliza cuando por motivos de seguridad la familia decide abandonar el País Vasco y trasladarse a Madrid en 1995 al estar el padre de Gabriela amenazado de muerte. 
    De esta primera parte destacaría la denuncia de la cotidianidad hipócrita con que se vivía la violencia en el barrio de Neguri durante los denominados años de plomo (la década de los ochenta):
    ?Durante los años más duros de principios de los ochenta, los llamados de plomo, los vecinos simulan que no pasa nada: juegan al tenis, toman el aperitivo, salen a navegar y visitan los merenderos de Berango. La tensión se esconde. Un coche en llamas, un muerto y a las pocas horas todo vuelve a parecer normal? (pág. 54)
    •  La segunda parte refiere el proceso del cáncer de colon diagnosticado a la madre, que tuvo una evolución rapidísima y que conmocionó a toda la familia, en especial a la narradora que lo vivió en primera línea. Alterna durante unas páginas la enfermedad de la madre con el juicio al etarra responsable de un paquete bomba que la banda envió al padre en 2002. Del mismo modo que Gabriela ?googlea? sobre la enfermedad que invade el cuerpo de la madre, investiga en Internet sobre la personalidad del chico que quiso matar a su padre y al que ella conocía del barrio. Ambos sucesos ?la brutal enfermedad y el brutal deseo de asesinar- se le presentan en su mente cual si de elementos ficcionales se tratase:
    ?Sus retratos [se refiere al chico, a quien llama Miguel, que envió la bomba al padre] me provocan sensaciones similares a las imágenes de las células del cáncer. No pienso en la amenaza, sino en la ficción que sugieren. Las fotos de los tumores parecen galaxias, al verlas fabulo con el espacio. Cuando veo a Miguel sacando la lengua y levantando el brazo en el juicio por el paquete bomba que envió a mi padre, siento que no es a mí a quien quiere llamar la atención? (pág. 88)
    Toda esta segunda parte hace referencia al libro de Robert Walser  ?El paseo?. Al igual que el escritor suizo pasea y los espacios que visita le sirven para reflexionar sobre el espectáculo del gran teatro del mundo, Gabriela Ybarra, que cuando recibió en Nueva York la noticia de que su madre estaba gravemente enferma leía este libro, decide en 2012, desaparecida ya ésta, revisitar los lugares por donde aquella ?paseó? su enfermedad. Así la escritora deambulará  por el Hospital neoyorquino donde la atendieron, se asomará a la habitación 1539 donde su madre vivió los duros tratamientos de quimio y radioterapia exigidos para combatir el mal que padecía, acudirá al cementerio de Pozuelo de Alarcón donde recibió sepultura? Del mismo modo, en la indagación sobre su abuelo, Gabriela necesitará pasear por el bosque donde le descerrajaron tres tiros en la cabeza. Aunque tarde, ella lleva a cabo, en la persona de su abuelo, lo que su padre le dijo en el tanatorio donde yacía el cuerpo de la madre:
    ?Me habló sobre el cadáver de mi abuelo: ?Yo lo vi?, me dijo. Entonces no presté mucha atención a lo que decía, pero creo que hoy entiendo la importancia que para él tuvo ver a su padre muerto. Le ayudó a mantenerse cuerdo. Mi padre quería que yo viera ahora a mi madre para superar mejor su tránsito? (pág. 135)
    Un libro sobre la asunción de la pena En esta estupenda novela, hacia el final de la misma, escribe su autora esta reflexión que me parece muy reveladora:
     "Miro fotos de etarras e investigo sus vidas. Me cuesta aceptarles, porque asumir su humanidad significa reconocer que yo también podría hacer algo así.  Mi conciencia estaba más tranquila cuando imaginaba que eran locos o que no eran personas. Marcianos. Ficción." (pág. 159)
    Esta reentrada en la dura realidad, este escapar de la locura, paradójicamente mediante el uso de la memoria ficcionalizada, es lo que para la escritora ha supuesto la escritura de esta novela. A través de la indagación interna y externa que ha realizado se ha dado cuenta de que lo que Rafael Sánchez Mazas le dijera a su abuelo asesinado en el prólogo que le escribió a un libro suyo publicado en 1947 (?Mientras en toda España y en casi toda Europa la política se iba convirtiendo en una política de individuos, en Vizcaya todavía era una política de familias?), aunque hayan pasado ya muchos años desde el asesinato de 1977 y aunque la industria y los industriales de Neguri hayan desaparecido o evolucionado
    ?el símbolo de Neguri y de mi apellido aún perduran. Mi intimidad aún es política. La muerte de mi madre también. El lenguaje, los silencios, las casas, la convivencia, los sentimientos? Todo es política. Incluso la literatura? (pág. 140)
    Es en este momento, al llegar aquí cuando encuentro el verdadero sentido que la escritora ha querido dar a esos dos versos sacados del poema ?Las encinas? de Antonio Machado bajo los que se acoge todo el relato: ?¿Quién no ha visto sin temblar  / un hayedo en un pinar??. Entiendo que Gabriela Ybarra ha construido partiendo de la dura realidad que le ha tocado vivir un relato que le ha servido para asumirla, y aunque esta ficcionalización la ha perturbado seriamente, le ha servido para poder superar -o al menos intentarlo- ese duelo silencioso que desde hacía tantos años ella, y sobre todo su padre, arrastraban interiormente sin poderlo manifestar. Final Hace muy pocos días que leí y reseñé otra obra que hablaba sobre la necesidad de superar el duelo, la pena. Me refiero a "Lo que no tiene nombre" de la colombiana Piedad Bonnett [ver reseña aquí]. Aunque nacidas de motivaciones muy distintas, ambas coinciden en las bondades que la escritura encierra para la asunción de la realidad, abandonando con éxito el natural estadio de pena y de duelo al que la muerte de los seres más queridos nos arroja.  
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    EL COMENSAL de Gabriela Ybarra

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    Es una narración autobiográfica hecha en primera persona, pero como desde la lejanía. Cuenta un dolor que si no parece próximo, si es familiar. El libro está estructurado en dos partes bien diferenciadas. La primera narra la historia del secuestro del abuelo de la autora, Javier de Ybarra, un personaje político y empresarial del País Vasco en el tardofranquismo y el apogeo de la banda terrorista ETA. Este hombre es secuestrado en su casa y asesinado en medio de un monte. A lo largo de esta primera parte, Gabriela muestra el ambiente y sentimiento de su familia y recrea el dolor que supuso a su familia, así como a los sociedad vasca; dando entrada a la segunda parte, en la que el dolor sigue presente en su vida, ahora mucho más de cerca y narrando con mayor vehemencia las experiencias y vicisitudes que vive la protagonista, ella, con la enfermedad de su madre. Convierte esta segunda parte en una especie de diario, en el que se cuenta el día  día de ver como se consume su madre y la sensación de soledad que va dejando en ella, al tiempo que interrelaciona la enfermedad con la persecución que sufre su familia que le obliga a trasladarse a Madrid, el envió de un paquete bomba a su padre y el juicio posterior del terrorista. ¿La obsesión con la muerte? Puede ser. Al final la protagonista necesita regresar a los lugares que vieron morir a su madre y el monte donde apareció el cadáver de su abuelo. Conclusión final: Sin ser psicólogo, ni pretenderlo, adivino en la autora como ansía escribir esta autobiografía para sacar de su alma la angustia que le supuso esos seis meses de enfermedad de su madre. Quizás, también, esa necesidad le lleva a escribir demasiado deprisa. Una reflexión más pausada le hubiese venido mejor al final de la novela. Es agradable de leer, pues resulta fácil de seguir su escritura y gustará a aquellas personas que quieran sumergirse en el mundo del dolor que produce la muerte de un ser querido.        
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    El comensal / Gabriela Ybarra

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    «El comensal» nos cuenta la historia de la familia de la autora, Gabriela Ybarra, principalmente la de su abuelo asesinado por ETA y la de su madre, que falleció víctima de un cáncer. Javier Ybarra, político y empresario vasco, fue secuestrado en su propia casa y ante los ojos de sus hijos. Después de que los terroristas pidieran un rescate millonario por él, lo asesinaron con un tiro en la cabeza en un bosque cercano. Gabriela no recuerda nada de todo eso, ya que ella no había nacido, pero siempre había tenido en la cabeza que algo había pasado con el abuelo. Además su familia no era una familia normal, siempre tenían encima la sombra de las amenazas de ETA y debían llevar escolta. La otra parte de la historia trata sobre la madre de Gabriela, diagnosticada con un cáncer que en un principio parecía que desaparecería de un modo rápido pero que murió pocos meses después. Las dos historias se entrelazan a través del otro Javier Ybarra, el padre de Gabriela, que al ver cómo su mujer se consume por el cáncer, revive en su interior los últimos momentos con vida de su padre.

    A pesar de que la autora se toma ciertas licencias al contar la historia (cambia algunos nombres y modifica o imagina algunas escenas), todo se siente tan cercano como realmente lo fue. Debo reconocer que me tocó más la fibra sensible el relato de la enfermedad de su madre. En los últimos años me he dado cuenta de que me siento atraída por las historias que tratan el tema del duelo, y cómo la muerte afecta a las personas que se quedan. Ya me pasó con «La ridícula idea de no volver a verte» de Rosa Montero, que me encantó de principio a fin.

    Otro aspecto que me gustó del libro es que Gabriela Ybarra no entra a juzgar a quienes secuestraron y asesinaron a su abuelo. Tan sólo expone lo que hicieron y cómo afectó a su padre y a sus tíos, sin caer en victimismos ni regocijarse en el odio. Gracias a los dioses vivimos en una España donde ya no se vive con el temor de oír ?ETA ha puesto otra bomba? o ?ETA ha asesinado a alguien?, como recuerdo en mi infancia. Aunque ahora tenemos otras bombas y otros asesinos.

    Resumiendo, me ha parecido una lectura muy recomendable sobre la muerte en el seno de la familia y cómo, aunque hayan pasado los años, sigue perturbándonos más de lo que pensamos.

Ficha técnica

  • Título: El comensal (Caballo de Troya 2015, 6)
  • Autor (es): Gabriela Ybarra
  • Traductor:  
  • Sello: CABALLO DE TROYA
  • Precio sin IVA: 3.30 €
  • Precio con IVA: 3.99 €
  • Fecha publicación: 09/2015
  • Idioma: Español
  • Formato, páginas: E-BOOK EPUB, 176
  • Medidas:   mm
  • ISBN: 9788415451631
  • EAN:  
  • Temáticas: Contemporánea
  • Colección: Caballo de troya
  • Edad recomendada: Adultos