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EL MONJE URBANO

Pedram Shojai

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Fragmento

INTRODUCCIÓN

¿Te has sentido alguna vez culpable por no haber ido al gimnasio?

¿O por no haber ido a clase de yoga?

¿Aprendiste a meditar en algún momento de tu vida y luego dejaste de hacerlo?

¿Te arrepientes de no dedicarles más tiempo a tus hijos, tu pareja, tus amigos o tus cada vez más ancianos padres?

¿Tienes una pila de libros en la mesita del dormitorio a los que miras cada noche preguntándote cuándo empezarás a leerlos?

¿Alguna vez has vuelto de unas vacaciones sintiéndote más agotado y con menos fuerzas para afrontar la vida que cuando te fuiste?

¿Te sientes estresado, cansado o totalmente aburrido de tu rutina?

Bienvenido al mundo moderno.

Las cosas no siempre fueron así. Nuestros antepasados tenían más tiempo en su vida. Tenían más espacio. Caminaban por el mundo y respiraban aire fresco. Pasaban tiempo preparando comidas y disfrutándolas con sus seres queridos. Estaban más expuestos a la naturaleza y a los elementos. La vida era menos estresante, estaba menos cargada de cosas. Vivían rodeados de su familia y pertenecían a una extensa tribu.

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Ahora, tenemos facturas. Nos bombardean con millones de informaciones cada minuto. Las noticias sobre extremistas que intentan matarnos suelen ir acompañadas de un aumento en los índices de cáncer y de desplomes económicos. Nuestros hijos están a merced de los intereses comerciales y los casquetes polares se están derritiendo. Todo cuesta más de lo que quisiéramos y nos encontramos corriendo de un lado para otro como locos intentando que este grotesco espectáculo siga adelante.

¿Y para qué?

Somos el blanco de cientos de balas y no contamos con las herramientas necesarias para esquivarlas: en eso consiste la crisis de la población urbana o suburbana moderna. Vivimos estresados, cansados, sin energía y perdidos. Algunos de nosotros inconscientemente pensamos que los milenarios secretos orientales eran la solución a nuestros problemas. Después de que los Beatles nos descubrieran a Maharishi y los gurús empezaran a volver de Asia, pensamos que el yoga, la meditación, el ayuno, el taichí y las prácticas zen iban a salvarnos. Ahora, nos encontramos sumidos en plena tormenta y ni siquiera nos acordamos de estos ejercicios cuando más los necesitamos.

Hay quien se aferra a la religión e intenta participar en la vida de su comunidad. A algunos les funciona; otros acaban desilusionados y decepcionados. Muchas de las viejas instituciones no han sabido adaptarse con la suficiente rapidez a estos tiempos cambiantes y mucha gente siente que estas instituciones se han quedado anticuadas, que no entienden nuestros problemas.

Nos dicen que el deporte es bueno para la salud, así que probamos con el gimnasio. Nos obligamos a soportar el apestoso aire viciado y la muchedumbre que se admira en el espejo... ¡Puaj! Sabemos que tenemos que movernos, pero el mero hecho de ir al gimnasio ya supone una ardua batalla para muchos de nosotros. ¿Movernos?, ¿qué es eso? La mayoría de nosotros nos pasamos una hora al día de camino al trabajo y otras buenas ocho horas sentados en la oficina. Cuando llegamos a casa, estamos de mal humor, cansados y no muy dispuestos precisamente a hacer deporte.

Si algo de esto te suena familiar, estás en el lugar adecuado. Este libro ha sido especialmente escrito para alguien como tú. ¿Por qué? Pues porque he viajado por todo el mundo aprendiendo de los maestros espirituales, y gente profesional me ha enseñado diferentes técnicas curativas. Me he entrenado para poder aportar equilibrio y paz al mundo del que vengo. Cuando volví de los Himalayas, tardé muy poco en darme cuenta de que mis pacientes, gente trabajadora normal y corriente que vivía en Los Ángeles, no iban a hacer lo que yo hice. No iban a asistir a un retiro de meditación de un mes, ni a practicar chi kung varias horas al día, ni a recorrer el mundo en un futuro próximo. Estaba claro que no iban a cambiar de vida ni a convertirse en monjes. Tampoco iban a afeitarse la cabeza ni a emprender un viaje hacia las montañas sagradas en busca de Dios. Tenían hijos, facturas, perros y marrones en su día a día, y ahí es donde necesitaban la ayuda. Necesitan ayuda aquí en la tierra.

He dedicado toda mi carrera profesional a acercar la sabiduría ancestral de Oriente a la gente normal y corriente que vive en los pueblos y ciudades, aquí en la tierra. Este libro es el resultado de miles de sesiones de éxito con distintos pacientes. Lo que descubrí después de todos estos años es que Occidente ha sido víctima de un terrible malentendido, cuyas consecuencias sufren miles de millones de personas.

El problema es que la mayoría de las prácticas esotéricas importadas desde China, el Tíbet y la India tenían un origen ascético, pero eran llevadas a cabo por los cabezas de familia occidentales.

Los ascetas han renunciado al mundo. Viven en la renuncia del dinero, el sexo, la familia y otras actividades mundanas en busca de una conexión más profunda con lo Divino, el Tao, la naturaleza de Buda o cualquier otra corriente de la que beban. Aceptan la austeridad y una serie de prácticas muy específicas que requieren, año tras año, un compromiso diario de varias horas. Ese es el camino elegido y, sinceramente, me alegro por ellos.

Pero ¿qué pasa con nosotros? Nos sentimos culpables por no ir a clase de yoga porque el partido de fútbol de nuestro hijo llegó hasta la prórroga. Nos prometemos que vamos a meditar por la noche, pero luego nos quedamos dormidos porque nos hemos pasado todo el día devanándonos los sesos sentados en la oficina. Intentamos comer bien, pero la comida del aeropuerto no es precisamente lo que comen los monjes. Intentamos sacar lo mejor de la desastrosa vida que llevamos, pero hay un error fundamental en todo este planteamiento. Los ascetas han renunciado al mundo; nosotros tenemos hipotecas, plazos del coche, matrículas universitarias y depósitos de gasolina que tenemos que llenar. Necesitamos un conjunto de principios rectores que nos ayuden a navegar por un mundo con dinero, estrés, compresión temporal y muchas personas que solicitan nuestra atención. Vivimos en un mundo poco tranquilo y lleno de tensiones, ¿cómo podemos encontrar la calma y no perder los malditos papeles en un lugar así?

SUMÉRGETE EN EL MONJE URBANO

Este libro incluye valiosos ejercicios que podrás utilizar en tu día a día, aquí y ahora, para encontrar paz y tener más energía. En vez de enfadarte con la señora que va antes de ti en la tienda por andar rebuscando céntimos en el monedero, deberías darle las gracias porque te ha regalado el valioso don del tiempo: ahora tienes cinco minutos para practicar los ejercicios de respiración y beber de esta infinita fuente de energía y paz que es tuya por derecho.

Mientras estudiaba un curso preparatorio en Medicina en la UCLA, descubrí el taichí. Gracias a eso, conocí a un abad taoísta que me enseñó kungfú y chi kung. Me convertí en un monje taoísta y viajé por todo el mundo; conocí a distintos maestros y me he dedicado a estudiar diferentes prácticas esotéricas desde entonces. Sin embargo, me crie en Los Ángeles, tuve amigos normales y fui a una escuela corriente. Me he ido de fiesta con estrellas del rock y me he sentado en cabañas amazónicas con los mejores. Me hice doctor en Medicina Oriental y he tratado a miles de pacientes que me han ayudado a entender el sufrimiento humano, no de manera abstracta y moderna, sino en su versión más real. He ayudado a gente normal a superar crisis reales durante años: parejas que se divorcian, personas que se mueren, hijos que tienen problemas con las drogas, mujeres que no pueden quedarse embarazadas... Esa es la vida real aquí abajo, en la ciudad, y es aquí donde necesitamos ayuda. Olvidémonos de la sublime espiritualidad por un momento y pongamos los pies en la tierra. Una vez que hayamos solucionado todos nuestros problemas en casa, entonces sí podremos explorar el maravilloso reino místico, pero el punto de partida debe ser nuestra situación actual, la que nos hace sufrir.

Yo tengo mujer e hijos, soy un padre de familia. También tengo perros y una hipoteca, así que te entiendo. También soy el fundador de Well.org, hago películas y tengo una gran empresa que requiere atención constante. Sé que ...