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ÉXTASIS (CELEBRITY 3)

M. S. Force

0


Fragmento

1

Flynn

No me puedo creer que me haya dejado. ¡Joder! —Estoy en la casa de Marlowe en Malibú, paseándome de un lado a otro de la terraza, sin prestar ninguna atención a las excepcionales vistas del Pacífico. Me siento como si me hubieran arrancado el corazón y me hubiera arrollado un todoterreno. Natalie se ha ido y el dolor es insoportable—. ¡Me ha dejado! Me prometió que nunca lo haría. Me lo prometió, Mo.

—Flynn, tienes que calmarte.

—¿Calmarme? ¿Cómo voy a calmarme cuando mi mujer me ha dejado?

—Me da miedo que te dé un infarto o algo parecido. Tienes la cara congestionada y estás sudando.

Me restriego el pecho. Realmente me siento como si estuviera sufriendo un infarto.

—¿Qué voy a hacer, Mo? Dime qué debo hacer.

Solo le he contado que Natalie me ha pillado en una mentira y se ha marchado.

Marlowe me mira a los ojos durante un buen rato antes de volverse para contemplar el mar infinito.

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—No lo sé. No sabría decirte.

Me dejo caer en la silla contigua a la suya. Estoy agotado y desanimado, y no puedo seguir deambulando de un lado a otro. No concibo pasar una hora sin Natalie, y no digamos ya una semana o más. Es el tiempo que ha dicho que necesita para pensar antes de llamarme. ¡Una semana! Es una eternidad.

—He roto una ventana de mi casa.

—¿Cuándo?

—Esta mañana, cuando se ha ido.

—¿Has llamado a alguien para que la arreglen?

Niego con la cabeza. La ventana ha sido la menor de mis preocupaciones, porque el puto FBI se ha presentado cinco minutos después de que Natalie se marchara en dirección al aeropuerto.

Marlowe coge el móvil y hace una llamada.

—Addie, soy Marlowe. Flynn está aquí y no puede ponerse. Me ha pedido que te diga que ha roto una ventana de su casa hace un rato. Una de las grandes de la parte de atrás. ¿Puedes llamar a alguien para que vaya a cambiarla? —Escucha en silencio—. Se lo pregunto. —Me da el móvil—. Quiere hablar contigo.

Estoy tentado de negarme. La única persona con la que quiero hablar es con mi mujer, pero eso no es posible. Alargo la mano para coger el móvil de Marlowe.

—Hola.

—¿Qué pasa? —Como fiel ayudante mía desde hace cinco años, Addie ya sabe que ocurre algo grave—. El piloto me ha llamado para decirme que Natalie se ha ido sola a Colorado en el avión con el que pensabais viajar México y no me coge el teléfono.

De modo que ha ido a ver a su hermana Candace. No me sorprende. Eso también me recuerda que el FBI tiene mi móvil, y hasta que no me lo devuelva Natalie no tiene forma de llamarme. Lo resolveré en cuanto pueda.

—Yo, bueno… —No quiero decirlo en voz alta. Si lo hago, será real—. Hemos cambiado de planes.

—De acuerdo ¿qué pasa entonces?

—Natalie y yo… Ella… Nosotros… Ha vuelto a Nueva York pasando por Colorado para ver a su hermana.

—¿Por qué? ¿Durante cuánto tiempo?

—Es largo de contar, y no lo sé.

—¿Puedo hacer algo? —pregunta después de un silencio.

—¿Encargarte de que arreglen la ventana?

—Ya está hecho. He enviado un mensaje desde el ordenador mientras hablábamos. Iré a tu casa para recibir a los trabajadores.

—Gracias.

—¿Qué más?

—Aún no lo sé.

—Cuenta conmigo cuando te decidas.

—Gracias.

—Flynn… No la dejes marchar. Sea lo que sea, no la dejes marchar.

—No lo haré.

No he terminado de decirlo cuando me atenaza el terror de que haya podido irse para siempre.

—¿Qué quería el FBI de ti esta mañana? —continúa Addie.

—¿Cómo te has enterado?

—Antes han venido al despacho.

—Por lo visto, la mujer de Rogers les ha dicho a los agentes que investigan el asesinato que yo le había amenazado y que le preocupaba su integridad física.

—Tú lo amenazaste con llevarlo a juicio, no con hacerle daño.

—Eso es lo que le he dicho a Vickers.

—¿Se ha quedado convencido?

—Supongo. Se ha marchado, al menos de momento. Tengo el mal presentimiento de que están intentando cargarme el muerto a mí.

—Que lo intenten. Todos sabemos que no has sido tú. Los aplastarás.

—No he sido yo, pero no por falta de ganas.

—Tener ganas no es lo mismo que asesinar a alguien. ¿Te ha dicho cuándo van a devolverte el móvil?

—Me aseguraron que me lo enviarían al despacho a lo largo del día de hoy.

—Te aviso en cuanto llegue.

—Gracias.

—No te des por vencido. Lo que ha pasado entre Natalie y tú, sea lo que sea, puede arreglarse. Vosotros sois lo que verdaderamente importa. No te des por vencido.

Me aferro a su confianza en que podemos arreglar las cosas, pero no las tengo todas conmigo.

—La he jodido bien, Addie.

—Está loca por ti. Pasara lo que pasara, no lo olvides.

—Eso intento.

—Iré a tu casa para que te arreglen la ventana y te llevaré el móvil en cuanto llegue.

—Ahora estoy con Mo, pero luego volveré a casa.

—Nos vemos luego. Aguanta, ¿vale?

—De acuerdo.

¿Qué otra cosa puedo hacer? Natalie no me ha dejado más alternativa que esperar hasta que haya asimilado lo sucedido esta mañana. Cuelgo y le devuelvo el móvil a Marlowe.

—Se ha enterado de lo del BDSM, ¿verdad? —pregunta. Es como mi cuarta hermana, pero es la única de ellas que sabe lo del BDSM.

—Sí. La puta de Valerie se lo ha contado. ¿Te lo puedes creer?

Me gustaría buscar a la bruja vengativa de mi ex mujer y matarla de todas las formas que se me ocurran.

—Oh.

—Yo lo he empeorado al mentirle. Valerie ya le había dicho dónde estaba mi cuarto de juegos, así que ha sabido que no le decía la verdad. —Reanudo mi paseo de un lado a otro—. Sé que he hecho lo correcto, Mo. Nunca me convencerás de lo contrario. Era imposible que entendiera esta faceta mía después de lo que le ocurrió a los quince años, así que se la oculté, la elegí a ella antes que ese estilo de vida.

—¿Qué pensabas hacer cuando ya no pudieras seguir escondiéndoselo?

Voy a responder, pero ella levanta la mano para detenerme.

—No es una opción, Flynn. Es lo que eres, lo que siempre has sido, y ya has arruinado un matrimonio al intentar ser otra persona.

—Esto era distinto. Natalie no es Valerie.

—No, no lo es. Es mucho mejor persona. Valerie solo podría soñar con ser una pizca de lo que es Natalie.

—Entonces, ¿a qué te refieres?

—Si no puedes ser tú mismo con ella, por completo, no es la persona ideal para ti. Todos hemos intentado tener relaciones convencionales, y todas han acabado mal porque ninguno podemos negar quiénes y qué somos. Tú lo sabes.

—La amo. La quiero como jamás he querido a nadie. La amo más que a mí mismo y por eso he renunciado a este mundo por ella. Aún pienso que es lo mejor para Natalie.

—Pero ¿es lo mejor para ti? Tú también cuentas en esta relación.

—Ella cuenta más.

—Flynn… Vamos.

—Tengo que irme.

No puedo seguir más tiempo aquí, paseándome por su terraza. Me siento como un tigre enjaulado que necesita echar a correr y rugir de rabia y miedo por lo que le está sucediendo.

Marlowe entra en la casa detrás de mí.

—No te vayas. No deberías estar solo en un momento como este.

—No puedo quedarme sentado. Tengo que hacer algo.

—Por favor, no hagas nada que tengas que lamentar después.

—¿Qué podría ser peor que mentir y ahuyentar a mi mujer?

—Montones de cosas. —Señala la Ducati aparcada delante de su casa—. Por ejemplo, estamparte contra un poste de teléfonos o salirte de la autopista del Pacífico.

Le doy un beso en la frente.

—No haré ninguna de las dos cosas. Te lo prometo. Gracias por escucharme.

—Llámame luego, necesito saber cómo estás.

—Lo haré.

Me alejo en la moto, decidido a cumplir mi promesa de ser prudente, pero casi cedo a la tentación de poner rumbo a uno de los escarpados acantilados que bordean la carretera. Si he perdido a Natalie para siempre, prefería estar muerto a tener que vivir sin ella.

Natalie

He llorado durante todo el trayecto al aeropuerto de Los Ángeles, donde me subo al avión que tenía que llevarnos a Flynn y a mí a México para nuestra luna de miel. Mis guardaespaldas no quieren ni oír hablar de que viaje en un vuelo comercial, y casi es mejor así, porque ya he agotado el crédito de mi tarjeta.

Josh y Seth, dos de los escoltas de Flynn, han insistido en acompañarme a pesar de que les he dicho que no era necesario. Aseguran que tienen órdenes de hacerlo y que yo no puedo evitarlo.

Estupendo. Como parece que no tengo forma de librarme de ellos, decido ignorar su imponente presencia mientras nos preparamos para el despegue. Intento concentrarme en la perspectiva de volver a ver a mi hermana Candace por primera vez en ocho años. Si solo pienso en ella y en nada más, puedo respirar. Si me permito pensar en Flynn y en lo que ha ocurrido esta mañana en su casa, comienza a dolerme el pecho y solo quiero llorar.

Llevo pocas horas separada de él y ya lo echo de menos como si no lo hubiera visto en un año. No obstante, he hecho lo correcto. Me niego a formar parte de un matrimonio basado en mentiras. Lleva semanas mintiéndome. Se casó conmigo sin decirme que es un dominante sexual. Lo más duro es que entiendo por qué lo ha hecho e incluso se lo agradezco.

Pensaba en mi doloroso pasado como superviviente de una agresión sexual. El episodio de nuestra noche de bodas, durante el que rememoré la violación cuando me inmovilizó agarrándome por las manos, le afectó profundamente. Grité hasta desgañitarme y él se quedó conmigo de principio a fin. Lo amo. Amo todos los momentos que he pasado con él, incluso los difíciles, pero no soporto que esta mañana me mirara a los ojos y me mintiera cuando yo ya había descubierto la verdad sobre sus apetencias sexuales, gracias a su rencorosa ex mujer. Nunca en la vida había estado tan desconcertada. Mi corazón le necesita con urgencia, pero mi sentido común me pide un tiempo de reflexión para decidir cómo abordo esta faceta de mi marido sin que su apabullante presencia influya en todos mis pensamientos.

Me enjugo en el acto las lágrimas que ruedan por mis mejillas. Aunque confío en los guardaespaldas que Flynn ha contratado, recelo de lo que podrían hacer por dinero incluso los mejores profesionales. No puedo permitir que nadie me vea llorando cuando hace tan poco tiempo que me he casado. No puedo hacerle eso, de modo que me esfuerzo por mantener la calma.

Intento no pensar en la última vez que volé con él ni en cómo hicimos el amor en el dormitorio del avión privado. Esta vez viajo sola, con la única compañía de Fluff sobre mi regazo.

Encontramos turbulencias en el trayecto a Colorado y el auxiliar de vuelo no puede levantarse para atendernos. No dejo de pensar en Flynn y yo cogidos de la mano durante los accidentados aterrizajes en Teterboro y en el aeropuerto de Los Ángeles, ni en cuánto me tranquilizó tenerlo tan cerca. Ahora no tengo ese consuelo, de modo que, además de triste, también estoy petrificada.

Aterrizamos en el aeropuerto de Fort Collins-Loveland dos horas y media después. Estoy hecha un manojo de nervios y es evidente que no estoy en condiciones de reencontrarme con mi hermana después de ocho años, pero nada va a impedirme que la vea ahora que por fin estamos en el mismo lugar, al mismo tiempo.

Josh y Seth se colocan delante y detrás de mí; me siento ridícula. Nadie me reconocerá en un lugar en el que no esperan verme. ¿Por qué iba a venir? Mi vida con Flynn está en Nueva York y en Los Ángeles, no en Colorado.

Estoy mareada por las turbulencias del vuelo, y porque no he probado bocado desde anoche, aunque tampoco habría podido comer nada de haberlo intentado. Pensar en comida h ...