Loading...

MY DILEMMA IS YOU. SIEMPRE CONTIGO (SERIE MY DILEMMA IS YOU 3)

Cristina Chiperi

5


Fragmento

1

Por fin! ¡Creía que te habías muerto! —exclama Trevor tocándome el hombro con un palito de madera que ha encontrado en el suelo.

—¡Trevor! ¡Qué cosas tan horribles dices! —lo regaña Cass—. ¿Estás bien, Cris?

Me llevo una mano a la cabeza para asegurarme de que no es nada grave. El dolor es insoportable.

—Creo que sí —alcanzo a responder con un hilo de voz.

—¿Qué ha sucedido? —pregunta Trevor. Por la expresión de su cara se ve que está preocupado.

—Yo… —empiezo a decir, pero no sé cómo continuar, porque no recuerdo nada. Hace un instante estaba corriendo, luego abrí los ojos y vi a mis dos amigos tratando de despertarme—. Creo que me caí y que me di un golpe en la cabeza con algo —prosigo un poco aturdida.

El dolor en la nuca se acrecienta y cuando me miro la mano veo que tengo una mancha roja en la palma.

—¡Dios mío! —exclama Cass.

—¡Qué guay! Es sangre, ¿verdad?

Recibe antes que nadie historias como ésta

—¡Trevor! —lo riñe de nuevo ella.

—¿Podéis bajar la voz? Me duele la cabeza —protesto, tratando de ponerme en pie.

—¡Tenemos que hacer algo! —Cass mira alrededor con nerviosismo buscando ayuda.

—Llamemos a una ambulancia —sugiere Trevor.

—¡Jamás harán caso a unos niños de seis años! —lo regaña Cass.

—Por favor, ¿podéis ayudarme a levantarme? —pregunto, y los dos me tienden los brazos para que me ponga en pie.

Respiro hondo y hago acopio de las pocas fuerzas que me quedan para levantarme y mantener el equilibrio, pero en un abrir y cerrar de ojos el mundo que me rodea empieza a dar vueltas y se me nubla la mirada.

—¿Cris? —pregunta Cass haciendo un ademán para que Trevor me tumbe de nuevo en el suelo con cuidado.

Encima de mí el cielo se tiñe de negro, las caras de mis amigos se alejan y las veo cada vez más pequeñas.

—¡Ve a pedir ayuda, Cass! —grita Trevor—. ¡Aguanta, Cris! —susurra después, apretándome con fuerza la mano—. ¡Por favor! ¡No me abandones, quédate conmigo!

Una descarga de adrenalina sacude mi cuerpo mientras la voz de Trevor se va haciendo más fuerte; sus palabras retumban cada vez más deprisa en mi cabeza.

Al abrir los ojos comprendo decepcionada que solo es uno de mis numerosos recuerdos infantiles.

Las briznas de hierba me hacen cosquillas en la piel mientras trato de comprender dónde estoy.

Las imágenes de la noche pasan por mi mente: la fiesta de cumpleaños, las felicitaciones de mis amigos, la noticia de Susan, la búsqueda de Cameron y, por último, el coche de Austin.

No puedo creer que haya sido capaz de hacer algo semejante.

En una ocasión, hablando de la historia de Carly, Austin me tranquilizó asegurándome que nunca me ocurriría lo mismo, y hace apenas una hora se despidió de mí dándome las gracias por el fantástico año que habíamos pasado juntos.

Entonces, ¿por qué lo hizo? ¿Por qué intentó atropellarme?

Cuando trato de moverme el dolor de cabeza casi me hace llorar. Inspiro hondo y me quedo quieta unos minutos antes de intentar levantarme de nuevo. Al mirar alrededor veo una escena que me deja de piedra. Las lágrimas me empañan la vista mientras me acerco a Trevor, que yace inmóvil en el suelo. Comprendo de repente lo sucedido en el accidente: el coche de Austin corría a toda velocidad hacia mí y Trevor me empujó para apartarme, arriesgando su vida.

—¡Trevor! —grito acariciándole la cara. Apoyo una oreja en su pecho para comprobar si su corazón sigue latiendo, pero no oigo nada—. ¡No, Trevor! ¡Te lo ruego, no te mueras! ¡No me dejes tú también!

Hago un esfuerzo para recuperar la calma y buscar una solución.

—¡Socorro! ¡Que alguien nos ayude! —intento gritar, pero no hay nadie alrededor de nosotros, solo la oscuridad y el silencio. A unos metros de distancia, en el asfalto, veo su móvil destrozado.

Desesperada, me inclino de nuevo hacia él y me concentro en sus latidos.

—Cris…

Levanto de inmediato la cabeza para comprobar si el susurro solo es fruto de mi imaginación.

—¡Trevor!

Su cabeza se mueve imperceptiblemente.

—¡Shhh! ¡No te muevas! —susurro mientras una leve sonrisa se abre espacio entre las lágrimas. Trato de dominarme y de razonar.

A pesar de que no quiero dejarlo solo, comprendo que no hay alternativa. Tengo que buscar ayuda, alguien debe socorrer a Trevor.

—No te muevas, Trevor, vuelvo enseguida. —Me pongo de pie y corro como puedo hacia el gimnasio al mismo tiempo que por mi mente pasan las imágenes de los momentos que hemos compartido. Hace tiempo perdí a Cass y ahora tengo miedo de perderlo a él también. No puedo consentirlo.

Por fin veo a Lindsay acercándose a toda prisa hacia nosotros.

—¡Llama a una ambulancia! ¡Rápido! ¡Han atropellado a Trevor! —grito con todas mis fuerzas. Por suerte, Lindsay comprende la gravedad de la situación y se precipita hacia el gimnasio.

Vuelvo al lado de Trevor.

—Cris… —dice con los ojos cerrados.

—Sí, aquí estoy.

—Austin no te ha hecho daño, ¿verdad?

—No, no me ha hecho nada —respondo acariciándole la cara—. Gracias a ti.

Abre lentamente los ojos y nuestras miradas se cruzan.

—No deberías haberlo hecho —añado acariciándole una mejilla.

—Te equivocas, hice lo que debía.

—Shhh… Lo siento mucho, Trevor.

No soporto verlo en este estado. ¿Por qué tarda tanto Lindsay?

—No debes sentirlo. Está bien así. —Haciendo un esfuerzo, esboza una leve sonrisa y vuelve a cerrar los ojos.

—Aguanta un poco, dentro de nada estarás mejor —le susurro.

Ojalá sea cierto. Sus heridas parecen más graves que las mías.

—Está llegando una ambulancia, dentro de unos minutos estará aquí —anuncia Lindsay jadeando mientras se acerca a nosotros a toda prisa.

Exhalo un suspiro de alivio.

—¿Qué ha pasado? —pregunta.

—Austin intentó atropellarme y Trevor se interpuso. —Tengo que hacer un esfuerzo enorme para no romper a llorar.

—¡¿Austin?! ¿Estás segura de que fue él? ¿No será que…?

—¡No! Estoy segura. ¡Era su coche y él iba al volante! —Al recordar la mirada asesina de Austin me estremezco.

—¡No es posible! ¡¿Austin?! Vamos, todos lo conocemos —dice ella.

—Lindsay, fue él —insisto recalcando las palabras—. Sé que es difícil de creer, a mí también me gustaría que no fuera verdad, pero estoy segura de que lo vi.

Su amistad, su amabilidad… eran falsas. Ha intentado matarme como, quizá, hizo con Carly. Y ninguno de nosotros sospechó nunca de él.

—No sé qué decir. ¿Cómo es posible que no me diera cuenta esa noche? —pregunta Lindsay negando con la cabeza.

Es cierto, ella estaba presente cuando atropellaron a Carly.

—Estaba convencida de que había sido Susan —prosigue.

—Da igual, Lindsay. Lo único que importa ahora es que Trevor se salve.

Trevor se mueve hacia un lado y empieza a quejarse por el dolor.

Me vuelvo y veo llegar la ambulancia.

—¡Aquí está, Trevor! —Le aferro una mano—. ¡Resiste, están llegando!

—¿Qué ha sucedido? —me pregunta un médico mientras dos ayudantes levantan a Trevor y lo tumban en una camilla.

—Me empujó para evitar que me atropellara un coche, pero al caer perdí el conocimiento. No puedo decirle nada más. No sé si el coche lo arrolló. —Aún estoy aturdida y me siento completamente inútil.

—Las heridas no parecen graves —dice el médico examinando a Trevor antes de que se lo lleven—. ¿Cómo estás tú? ¿Eres de su familia?

—Estoy bien. No, soy una amiga.

—De acuerdo, en ese caso llama a sus padres y diles que vayan al hospital.

Asiento con la cabeza mientras el médico sube a la ambulancia, que arranca haciendo sonar la sirena.

Estallo en sollozos.

—Cris, Cris… —Lindsay me sacude un brazo para que vuelva a la realidad—. Tenemos que volver a entrar y contar lo que ha sucedido.

—¡Cris! —grita Cameron corriendo hacia nosotras—. ¿Estás bien? ¿Qué hacía aquí la ambulancia? —Mira con aire preocupado mi cara llena de lágrimas, el pelo enmarañado y el vestido sucio y desgarrado.

Lo miro sin contestar, incapaz de pronunciar una sola frase.

—¡Cris! ¿Qué ha ocurrido? —Cam apoya las manos en mis hombros y observa mi cara como si quisiera analizarla.

Inclino la cabeza y lo abrazo con fuerza al tiempo que me abandono a un llanto desesperado. A continuación, sin embargo, me muevo con rapidez.

—Volvamos dentro —logro decir mirando a Lindsay—, tenemos que avisar a los padres de Trevor.

Los dos me siguen sin pronunciar palabra.

2

En toda la noche no me he podido quitar de la cabeza la imagen de Trevor tumbado en el asfalto.

Estoy segura de que sus padres han pasado la noche en el hospital, y yo lo habría hecho también si los míos me hubieran dado permiso para quedarme. La verdad es que me dejan hacer de todo, pero cuando se trata de cosas importantes como esta su respuesta es siempre «no».

No los soporto cuando se comportan así.

Por fin esta mañana puedo visitar a Trevor. Espero que los demás no vayan también, no sé cómo reaccionaría si los veo. Aún estoy destrozada por lo que sucedió anoche, y ver a Cam y a los demás me pondría aún más nerviosa.

Por desgracia, todavía no tengo coche y mis padres han tenido que ir al gimnasio para poner orden tras el desastre de ayer. Dado que no tengo ningunas ganas de hablar con Cameron, la única alternativa es utilizar el transporte público.

Al abrir la puerta de casa para salir veo a Cam con el brazo extendido hacia el timbre. Cuando nos miramos tengo la impresión de que ya no oigo nada, como si a mi alrededor solo existiéramos él y yo. Detesto que me produzca este efecto.

—Hola —dice sonriendo.

Respiro hondo y hago un esfuerzo para ignorarlo mientras salgo de casa y cierro la puerta. Lo rebaso y cruzo el jardín esperando que no me siga, aunque estoy segura de que lo hará.

—¡Yo también me alegro de verte! —oigo que dice a mi espalda mientras me alejo.

—¿Qué quieres? —Me paro y me vuelvo hacia él.

—¿Que qué quiero? Anoche, cuando vine a ver cómo estabas, parecías distante. Por no hablar de las llamadas a las que no te has dignado a contestar —dice acercándose a mí—. ¿Qué pasa, Cris?

Callo.

—¿Es por Trevor? Pequeña, tú no tienes ninguna culpa —añade acariciándome una mejilla.

Retrocedo.

—Sí, es por Trevor. Será mejor que tú y los demás no os acerquéis a mí durante una temporada.

Cam arquea una ceja, pero luego parece comprender por qué le he respondido así.

—Espero que no estés pensando que Trevor ha acabado en el hospital por nuestra culpa —dice dando un paso atrás.

—La maldita historia de Carly, el pasado que, por lo visto, se repite. No sé, creo que si hubiera sabido desde un principio lo que sucedió, qué personas estaban involucradas y por qué, quizá…

—¿Quizá qué? ¿Te habrías dado cuenta de que el culpable era Austin?

—No digo eso. —Cruzo los brazos sobre el pecho—. Si hubiera sabido algo más sobre esa historia quizá me habría alejado de Austin y puede que también de vosotros.

—Ni se te ocurra decir que no te lo advertí. Desde principios de año no he dejado de repetirte que no te acercaras a él —replica.

—Porque estabas celoso de nuestra amistad.

—Aunque así fuera, no puedes echarnos la culpa a nosotros. Estábamos convencidos de que la culpable era Susan.

—Esta conversación no nos llevará a ninguna parte, lo único que estoy haciendo es perder un tiempo precioso. Tengo que marcharme —digo volviéndome, pero él me aferra una muñeca.

—Te lo ruego, Cris. Recuerda lo que te he repetido una y otra vez: solo intentábamos protegerte.

—De una persona que no era culpable —respondo desasiéndome de él.

—Cris, eres muy importante para nosotros y no soportaría que te marcharas.

—No lo entiendo. ¿Qué puede apartarme de vosotros? —pregunto casi en un susurro—. ¿Tiene algo que ver con Carly?

Él desvía la mirada.

—Cam… —añado en tono dulce—. ¿Qué ha pasado? ¿Qué habéis hecho?

Por fin alza los ojos y nuestras miradas se cruzan. Si algo he aprendido en estos meses es que para obtener algo de Cameron hay que usar la ternura.

Suspira y me agarra una mano.

—Júrame que cuando te lo diga no escaparás y que escucharás la historia hasta el final.

Asiento con la cabeza.

—En ese caso…

Lo interrumpe el sonido de un móvil, el mío.

Es Fanny, la madre de Trevor. Anoche le rogué que me tuviera al corriente sobre su estado y esta es la primera vez que me llama.

—Señora Square…—respondo aterrorizada.

—Disculpa la hora, Cris. ¿Estabas durmiendo? —pregunta con dulzura.

—No, claro que no. ¿Hay alguna novedad?

—¡Sí, Cris, Trevor se ha despertado y ha preguntado por ti! —exclama contenta.

—Dios mío… ¡Es una noticia estupenda! ¡Ahora estoy en casa, pero tardaré menos de un cuarto de hora en llegar!

—Entonces, hasta luego.

Cuelgo.

—Tengo que marcharme, Cam.

—Por supuesto, nos vemos más tarde en el hospital —dice dándome un fugaz beso en la frente.

Jamás habría imaginado que iba a ser capaz de correr tanto para coger un autobús. Por suerte llego a tiempo para subir un segundo antes de que arranque.

Se para justo delante del hospital. Corriendo como alma que lleva el diablo, alcanzo la entrada y me precipito hacia el ascensor.

La subida hasta el tercer piso se me hace eterna, los segundos parecen horas y cuando las puertas del ascensor se abren la situación no mejora. Ante mí se abre un largo pasillo con una infinidad de puertas.

Paro a un médico.

—Perdone, ¿puede decirme cuál es la habitación de Trevor Square? Ingresó anoche y…

—Al fondo del pasillo, a la izquierda. Su madre debe de estar allí. —Sonríe mientras me señala la dirección.

—Muchas gracias.

Cruzo el pasillo apretando el paso y al doblar la esquina distingo a Fanny. En cuanto me ve sale corriendo a mi encuentro y me abraza.

—¿Cómo está? —le pregunto con voz trémula.

—Ahora están los médicos dentro —me explica mientras nos sentamos delante de la habitación de Trevor.

— ¿Cuál es la situación?

—Por suerte está fuera de peligro. El coche que lo atropelló no debía de ir a mucha velocidad. Por la razón que fuera, el chico que lo conducía frenó y eso disminuyó los daños.

—Trevor no estaría aquí si yo no hubiera salido del gimnasio —balbuceo en voz baja.

—No debes sentirte culpable, Cris. Ya sabes que Trevor haría lo que fuera por las personas a las que quiere, y esta terrible historia no hace sino confirmar que mi hijo es una persona estupenda —dice la señora Square conmovida. Callamos unos segundos y acto seguido retoma la conversación—: Pese a que ha cambiado mucho en estos años, hay algo que sigue siendo igual.

—¿Qué?

—El afecto que siente por ti. —Sonríe mirándome.

Lo sabe.

—¿Se lo ha dicho él?

—No, pero una madre se da cuenta de ciertas cosas.

La señora Square se endereza en la silla y coge el móvil para ver la hora. Luego, mirándome de forma extraña, me pregunta:

—¿Crees que Trevor tiene alguna posibilidad? Es decir, contigo.

Para mí Trevor siempre ha sido como un hermano mayor, atento y protector, un puerto seguro donde encontrar consuelo y comprensión. Lo quiero muchísimo, pero el amor es otra cosa y no creo que pueda sentir nunca algo así por él.

—La verdad es que no lo sé —respondo con timidez—. Siempre lo he considerado un amigo.

Sé que con ella puedo ser sincera, la señora Square ha sido como una segunda madre para mí.

—Te entiendo, pero ¿quién sabe? A veces la vida nos sorprende y, si puedo ser franca, Cris, me gustaría mucho que fueras la novia de mi hijo. ¡Al menos sabría que está en buenas manos! —Sonríe y yo me echo a reír.

Hacía mucho que no charlaba con la señora Square y ahora me doy cuenta de lo mucho que la he echado de menos.

La puerta de la habitación de Trevor se abre y salen los médicos.

3

Y bien? —pregunta la señora Square angustiada.

—Estamos haciendo más pruebas, pero, por suerte, las heridas no son preocupantes. Ha tenido suerte. Si el coche que lo atropelló hubiera ido más rápido podría haber sido mucho peor —nos explican.

Dejo escapar un suspiro de alivio. Anoche temí de verdad por su vida.

—Debe descansar, así que tendrá que permanecer ingresado unos días más —dice un médico mientras anota algo en el historial clínico.

—¿Puedo entrar? —pregunto.

—Por supuesto —contesta sonriéndome.

Cuando abro la puerta de la habitación veo a mi amigo tumbado en la cama con la frente, un brazo y un tobillo vendados. Solo nota mi presencia cuando cierro la puerta y me acerco a él.

—Buenos días —susurra.

Oír su voz débil es como recibir un puñetazo en el estómago. No dejo de pensar que de no haber sido por mí él no estaría aquí.

—¿Cómo estás? —pregunto con voz trémula.

—Mucho mejor. —Sonríe y con un ademán me invita a sentarme en la silla que hay al lado de la cama.

Lo conozco y sé que en este momento está tratando de quitar hierro al asunto para que no me pese tanto. Siempre lo ha conseguido, pero hoy no.

Arrastro la silla para acercarme a él y me siento.

—Estás mal, ¿eh?

—Bah, solo son unos moratones. Si el coche no hubiera frenado habría sido mucho peor.

Callo y miro de nuevo los vendajes.

—No deberías haberlo hecho.

—Si no lo hubiera hecho quizá ahora tú estarías aquí, en mi lugar. Si no me hubiera interpuesto el conductor jamás habría frenado —afirma incorporándose un poco para mirarme a los ojos.

—Pero en ese caso tú no estarías en la cama de un hospital —digo sin poder contener por más tiempo las lágrimas.

—Eh… —Sonríe y me tiende una mano para aferrar la mía—. No llores.

—No te imaginas cuánto miedo he pasado. No sabía qué hacer. Tenía miedo de perderte —digo enjugándome las lágrimas.

—Pero eso no ha sucedido. Aún estoy aquí. Te prometí que te protegería de esa historia, ¿recuerdas? Que nadie te haría daño.

—¡Claro que me acuerdo! Pero…

—¡Nada de peros! Por primera vez en mi vida siento que he hecho lo que debía. No me arrepiento y volvería a hacerlo, así que asunto zanjado —dice sosteniendo mi mirada.

—No te imaginas cuánto te quiero —le susurro al oído a la vez que lo estrecho en un abrazo.

—Yo también, Cris.

Me aparto y me vuelvo a sentar sin soltar su mano.

—Así que era cierto que la historia de Carly se estaba repitiendo —dice bajando la mirada.

—Por lo visto sí.

—Supongo que esta vez tampoco se sabe quién conducía.

¿No reconoció el jeep? Bueno, lo cierto es que Trevor no hace mucho que vive en Miami, así que puede que no haya visto nunca el coche de Austin.

—La verdad es que sabemos quién fue.

—¿Qué? —pregunta incorporándose en la cama.

—Sí, fue Austin.

—¡¿Austin?! ¿El chico al que le gustabas? —pregunta asombrado.

—Ya, justo él.

—¿Por qué lo hizo? Quiero decir, parecía estar enamorado de ti, pero una persona enamorada no hace ciertas cosas.

—No lo sé. Por lo visto al final demostró ser lo que es: un psicópata. Creo que la situación le recordó la historia de Carly. Al igual que ella, yo me enamoré de Cam y él no soportó la segunda derrota —supongo.

—Pero ¿por qué te atacó a ti? ¿Por qué no fue contra Cameron? —pregunta.

—No tengo la menor idea y, la verdad, me da igual. Lo único que me importa es que estés bien.

—Bueno, pero, según parece, la historia de Carly sigue persiguiéndote. Puede que haya llegado el momento de aclarar las cosas.

—Tienes razón, pero es que también tengo un poco de miedo. En fin, que no estoy segura de querer saber qué sucedió de verdad —confieso.

—¿Por qué? —pregunta sorprendido por mi respuesta.

—Porque Cameron me dijo que, si descubría lo que hicieron él y los demás, podría querer separarme de ellos, y tengo miedo. Tengo miedo a perderlos.

—Bueno, depende… Puede que no sea tan grave y que a ti no te siente tan mal. En cualquier caso, debes correr el riesgo y buscar la verdad. No tiene sentido cerrar los ojos y hacer como si nada.

Tiene razón, como siempre.

Callamos unos segundos. Después oigo que se ríe.

—¿Qué pasa? —pregunto intrigada.

—Nada, pensaba cómo habría reaccionado Cass si estuviera aquí —responde sin dejar de sonreír.

—¿Recuerdas la vez en que acabé en el hospital porque me caí del columpio? Cass no dejaba de llorar y me suplicaba que no me muriera. Parecía fuera de sí, era inconsolable —digo recordando el episodio.

—Me acuerdo perfectamente. La echo mucho de menos…

—¿Molesto? —pregunta la señora Square entrando en la habitación.

He estado con Trevor casi media hora, creo que ha llegado el momento de dejarlo para que descanse.

—En absoluto. Estaba a punto de marcharme. Intenta descansar, Trevor, nos vemos esta tarde. —Le doy un beso fugaz en la mejilla y salgo de la habitación.

Apenas cierro la puerta veo a Sam, a Cloe y al resto del grupo en el pasillo.

—¡Cris! —Sam me abraza sonriendo—. ¿Estás bien?

—Sí —respondo retrayéndome un poco, pero Cloe se abalanza sobre mí y casi me hace caer al suelo.

—Nos hemos enterado de lo de Miller. Es increíble —explica Taylor mientras me aparto de mis amigas.

—Ya.

Bajo la mirada.

—Lo sentimos mucho por Trevor. ¿Cómo está? —pregunta Nash.

—Mejor, por suerte no tiene heridas graves.

—Aún no puedo creerme que Austin haya sido capaz… —tercia Sam.

—Ha sido una sorpresa para todos —añade Cloe.

—Para todos no.

Nos volvemos hacia Cameron, que camina hacia nosotros en compañía de Camila.

—¿Qué quieres decir, Cam? —pregunta Cloe.

—Camila sospechaba algo —explica él mirándola.

—¡¿Qué?! ¿Y por qué permitiste que lo hiciera? —pregunta Nash.

—Es una historia un poco larga.

—Estamos preparados para oírla.

—Sospechaba que Austin estaba tramando algo contra ti e intenté alejarte de él —dice Camila dirigiéndose a mí—, pero, por lo visto, no captaste mi mensaje.

—¿Qué? —pregunto confusa.

—Siempre te advertí que te alejaras de él, pero no me hiciste caso.

—Creíamos que estabas enamorada de Austin, que tenías celos de Cris —susurra Cloe.

—No, nunca he estado enamorada de él, pero le quiero mucho. Austin es una persona frágil y he intentado ayudarle. Es evidente que no lo he co ...