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MY DILEMMA IS YOU. ¿TE AMO O TE ODIO? (SERIE MY DILEMMA IS YOU 2)

Cristina Chiperi

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Fragmento

1

Ha llegado el gran día!

¡Hace menos de una semana que terminó mi «fuga» a Los Ángeles y hoy por fin podré salir de casa!

Esta mañana el sonido del despertador me parece una música celestial, tengo unas ganas increíbles de levantarme. Será porque no veo la hora de abrazar a Cameron o porque he estado encerrada entre estas cuatro paredes desde que regresé a Miami. Jamás habría imaginado que mis padres me impondrían de verdad el castigo con el que me habían amenazado, pero así fue. Estos cinco días metida en casa, sola y sin hacer nada, han sido deprimentes, pese a que, por suerte, Cameron ha entrado alguna que otra vez por la ventana de mi habitación para estar un poco conmigo. No obstante, siempre se ha quedado poco tiempo, porque si mis padres lo hubieran descubierto la situación habría empeorado.

Comprendo que mi comportamiento los decepcionara, pero pienso que despedirme por última vez de Cass, decir el último adiós a mi mejor amiga, era un motivo más que válido para hacer caso omiso de su prohibición, y nada me hará cambiar de idea. Mi madre, en especial, aún no me ha perdonado lo que ocurrió, y no creo que lo haga en breve…

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Salgo de la cama y me asomo a la ventana para ver qué tiempo hace y decidir qué voy a ponerme. El aire es fresco, pese a que el sol brilla en el cielo. Cojo un par de leggings y un suéter y salgo de mi habitación. En el pasillo veo a Kate caminando de una punta a otra con el móvil en la mano.

—Buenos días, hermanita. ¿Noticias de Hayes?

—No —responde en tono triste.

Desde que volvimos a casa después de la semana blanca Kate está aterrorizada, porque Hayes ha dejado de escribirle y ya no hablan tan a menudo como antes. Me produce una gran ternura, haría lo que fuera para devolverle la sonrisa.

—Habla hoy con él en el instituto.

—¿Y si luego piensa que soy una pegajosa que no lo deja ni a sol ni a sombra?

—Tienes derecho a saber qué le pasa, así que no temas —la tranquilizo.

Kate asiente con la cabeza y sonríe.

Después de desayunar salgo de casa y, apenas lo veo, mi corazón se acelera: Cameron me está esperando apoyado en el coche, mirando el móvil.

Cuando pienso en cómo fueron las cosas entre nosotros desde el día en que nos conocimos, me parece extraño que nuestra relación ahora vaya viento en popa. Pero lo cierto es que es así, y espero que este estado de gracia dure mucho.

Aprieto el paso y al llegar a su lado lo abrazo. ¡Pese a que llevo solo un día sin verlo tengo la impresión de que ha pasado una eternidad! Cam me estrecha contra su cuerpo y, como siempre, siento una maravillosa sensación de plenitud. Me aparto un poco y él me coge la cara para besarme.

—Te he echado de menos, pequeña.

Me pongo de puntillas y lo vuelvo a besar.

—Yo también —susurro.

—¿Cuándo piensas que terminará este estúpido castigo?

—No lo sé… Mi madre todavía está enfadada, así que supongo que aún durará un poco.

Se encoge de hombros.

—Eso significa que seguiré entrando por la ventana de tu cuarto.

Sonrío, pero la verdad es que añoro mi vida de siempre, mis costumbres, la libertad de salir cuando quiero y de estar con mis amigos, sobre todo con Sam y Nash. No he vuelto a verlos desde la cena de Nochevieja, solo nos hemos comunicado por SMS.

—Vamos o llegaremos tarde al instituto. —Abro la puerta y subo al coche—. ¿Y tú? ¿Cómo vas con tus padres? —le pregunto mientras arranca.

—Bueno, siguen pensando que fuimos unos irresponsables y me amenazaron con quitarme el coche. Pero, al final, todo ha ido como te dije: hice que se sintieran culpables y su rabia se evaporó como por arte de magia.

Aunque me cuesta reconocerlo, he de admitir que también esta vez Cameron tenía razón: ha sucedido justo lo que predijo.

—Así que, como ves, sigo disfrutando del amor de mi vida. —Me señala el coche guiñándome un ojo.

—¡Qué cínico! Pero gracias, no sabía que el coche ocupara el primer lugar. —Cruzo los brazos y frunzo el ceño. No estoy enfadada de verdad, sé que era una broma, pero quiero ver cómo reacciona.

Cam alarga una mano y la apoya en mi muslo.

—Vamos… ya sabes que tú eres mi único amor.

Me inclino hacia él y le doy un beso en la mejilla.

—Por esta vez te perdono.

Me regala una de sus maravillosas sonrisas. Me encanta verlo de buen humor. Cada vez que sonríe me quedo extasiada, tengo la sensación de estar en el paraíso.

Al llegar al instituto siento una punzada en el estómago. Acabo de caer en la cuenta de que ninguno de nuestros amigos sabe que Cameron y yo salimos juntos y me pregunto cómo reaccionarán, en especial cómo se lo tomará Susan. No estoy preparada para volver a la rutina en la que ella no hace otra cosa que insultarme y decirme cosas espantosas mientras yo trato de defenderme. Apuesto a que apenas se entere se pondrá hecha un basilisco y me declarará la guerra.

—¿Estás bien? —pregunta Cameron.

Acaba de aparcar y un grupito de chicos ya nos está mirando.

—Mmm… sí, eso creo.

Me agarra la barbilla y me obliga a volverme para que lo mire a los ojos. Veo que está preocupado.

—Si estás así por Susan, intenta quitártela de la cabeza. Mientras yo esté contigo no podrá hacerte nada. Haré todo lo posible para mantenerla apartada de nosotros, ¿ok? —Me da un beso en los labios—. Vamos.

Cruzamos el patio abriéndonos paso entre los estudiantes que aguardan a que suene el timbre. Cam me rodea los hombros con un brazo y noto con cierta crispación que todos nos están mirando.

Veo a lo lejos a Sam, a Nash, a Matt y a Taylor. Sam se vuelve y, apenas nos ve, sale corriendo a mi encuentro y me abraza. La he echado muchísimo de menos.

—¡No sabes cuánto te he echado de menos, Cris! Un día Nash y yo pensamos en plantarnos delante de tu casa con una pancarta enorme para protestar. ¡No pueden encerrarte en casa para siempre!

Me río al imaginar cómo reaccionaría mi madre si Sam y Nash organizaran una sentada en nuestro jardín, pero estoy segura de que ni siquiera así cambiaría de idea.

—Tarde o temprano recuperaré la libertad —la tranquilizo—. Vamos. Los demás nos están esperando.

Comparada con la Sam que conocí hace unos meses, la chica risueña que tengo ahora delante me parece otra persona: es más abierta, siempre está alegre y le gusta rodearse de gente. De cuando en cuando pregunto a Cameron si ha visto marcas de cortes en las muñecas de su hermana y él siempre me asegura que han desaparecido.

Sam me coge de la mano y nos acercamos a los demás.

Nash se dirige hacia mí y me abraza.

—¡Aquí está la prisionera!

Sonrío. Cuando veo a Matt, titubeo: no sé si abrazarle o saludarle sin más.

—Hola —digo al final. Él me sonríe guardando las distancias.

Taylor, en cambio, se acerca a mí y me da un fuerte abrazo. Hacía mucho tiempo que no veía a Tay, y, aunque es cierto que nunca hemos hablado demasiado, lo considero un buen amigo.

—Sí, ok, comprendo que hayáis echado de menos a Cris, pero tened cuidado —tercia Cameron cogiéndome de la mano. Adoro cuando parece celoso.

—Me he enterado de vuestra aventura —dice Tay.

Pero ¿es posible que todos sepan ya lo que ocurrió? Miro a Sam y ella asiente con la cabeza. Así que Nash o Cameron deben de haberles contado que nos fugamos a Los Ángeles.

—Bueno, yo no lo llamaría «una aventura»…

—Sea lo que sea, anoche teníamos pensado ir los cuatro juntos al cine y, como estás castigada, Cam vino solo —dice Sam.

—Lo siento. —Miro a Cameron, que, sin embargo, me sonríe.

—No te preocupes, pequeña. Me divertí de todas formas.

—Sí, de hecho… Por eso habría sido mejor que vinieras, Cris. Cam habría tenido algo en que pensar en lugar de dedicarse a incordiarnos a Nash y a mí mientras nos besábamos —explica Sam.

—¿Algo en que pensar? —Taylor la observa pasmado.

—Sí, cosas de novios —responde Nash.

Matt y Taylor se vuelven hacia Cam y hacia mí. ¿Tan extraño les parece que salgamos juntos? Pero ¿qué le pasa a todo el mundo?

—¿Estáis saliendo? —pregunta Matt con voz temblorosa.

Cam me ciñe la cintura con un brazo y me atrae hacia él.

—Sí.

Matt pone una expresión extraña, casi parece sorprendido y molesto por lo que acaba de decir Cameron. No entiendo por qué. Hace tiempo que rompimos y, además, él fue el primero que intuyó que Cam y yo sentíamos algo el uno por el otro.

El timbre me distrae de mis pensamientos.

—¡Nooo! ¡Maldita sea! —suelta Taylor.

—Voy a ordenar los libros en la taquilla. Nos vemos luego. —Me despido de los chicos. Cam me coge de la mano y entramos juntos. Al llegar a mi taquilla saco los libros de la mochila.

—¿Cuántos has traído? —pregunta él riéndose.

—Todos los que voy a necesitar hoy.

—¿Tenemos tantas asignaturas? —Parece sinceramente sorprendido.

Sacudo la cabeza. Sé que Cameron odia estudiar, pero no pensaba que ignorara incluso las clases a las que debe asistir hoy.

Se encoge de hombros.

—A fin de cuentas, sé todas esas cosas de memoria, no necesito libros. Incluso sin ellos soy un genio.

—Por supuesto, faltaría más. —Cierro la taquilla.

—¿Dudas de mi inteligencia?

—No, no, claro que no.

—Sabes que tengo razón. Solo que la envidia te impide reconocerlo —dice guiñándome un ojo.

Le doy un ligero puñetazo en el brazo. Él me coge de la muñeca y me atrae hacia sí.

—Cuando haces eso eres irresistible —susurra casi pegado a mis labios.

Me inclino y lo beso, indiferente a las miradas indiscretas de los estudiantes que abarrotan el pasillo. Tendrán que acostumbrarse a vernos juntos.

Cam me pone una mano en la mejilla y la otra en la cintura.

—¡Decidme que es una broma! —grita alguien detrás de nosotros.

2

Nos volvemos y al verla me estremezco. La expresión de su cara es espantosa: si pudiera, esta chica tendría valor para matarme.

—¡Dime que estás de coña, Cameron! ¡Dime que lo haces para darme celos o por otra razón igual de estúpida! —le implora Susan mientras se acerca a nosotros.

Cam resopla.

—No.

—¡¿Qué?! Tú… ¿con ella? ¿Dónde está el chico que me quería y que jamás habría salido con una tipa así?

Él da un paso hacia Susan.

—Desapareció cuando te convertiste en una capulla engreída.

—Siempre he sido la misma.

—No, la Susan de la que me enamoré no era tan egoísta ni trataba así a los demás.

Una lágrima surca la cara de Susan, que parece afligida. Pero luego me mira y su expresión vuelve a ser la de hace unos minutos, cuando me vio abrazada a Cameron.

—Juro que esta vez me la pagarás. —Se aproxima a mí—. ¿Por qué quieres robarme lo único que me hace feliz? —me grita deshaciéndose en lágrimas.

Esta vez está realmente fuera de sí, pero yo estoy cansada de soportar en silencio sus acusaciones infundadas.

—¡No te he robado nada! Cameron quería romper contigo desde hace tiempo, solo quería saber si yo sentía lo mismo por él. Además, esto no es nada comparado con lo que me has hecho tú.

—Deliras… ¡Yo no te he hecho nada!

—¡¿Nada?! Estás bromeando, ¿verdad? Aprovechaste la influencia que tienes sobre Matt para meterle en la cabeza un montón de tonterías sobre mí, lo convenciste para que saliera con Tamara y me engañara, mientras yo me estaba enamorando seriamente de él… ¡¿Te parece poco?! No puedes imaginar lo mal que lo he pasado. Pero, en el fondo, era de esperar: ¡las personas mezquinas solo saben hacer mezquindades!

La situación está degenerando. Cam se interpone entre nosotras para separarnos, esboza una sonrisa forzada y me da un beso en la frente.

—Es mejor que te vayas, pequeña. Déjame hablar con ella, ya verás como todo se arregla.

Mejor será que no oponga resistencia, porque estoy perdiendo los estribos, así que asiento y me alejo de Susan.

—¡Lo vas a pagar caro! ¡Ya lo verás! ¡Acabarás como Carly! —grita a mi espalda.

Aprieto el paso para no oír lo que pretende decirme, sea lo que sea. Desde que llegué a este instituto no ha hecho otra cosa que repetirme que tarde o temprano se iba a vengar de mí por todo lo que le he hecho, pero, por suerte, hasta la fecha sus amenazas no han pasado de las simples palabras, exceptuando un par de bromas retorcidas y los enredos con Matt para separarme de Cam. Sin embargo, esta vez noto algo distinto en su voz, como si de verdad tuviera intención de desquitarse...

Mientras me dirijo al aula tratando de desechar este pensamiento, el flash de una cámara fotográfica me deslumbra, y tengo que parpadear un par de veces para poder ver a la persona que tengo delante.

Ahí está Lexy con la cámara en la mano, seguida de otra chica: Lindsay Constancio, una especie de ayudante-mano derecha que va armada con un cuaderno y un bolígrafo.

—¿Tienes algo que decir sobre lo que acaba de suceder con Susan? Parecía destrozada… ¿Nos cuentas qué sucedió entre Cameron y tú? ¿Crees que sale contigo para dar celos a Susan? —me pregunta Lexy de un tirón.

Pero ¿qué clase de preguntas son esas? ¿De verdad espera que le responda?

Sin decir una palabra paso por delante de ellas y entro en clase. Cameron se reúne conmigo poco después.

—¿Y bien? —pregunto.

—Susan se ha tranquilizado y ha ido al baño a refrescarse un poco.

Lo que me preocupa es la reacción que pueda tener cuando me quede sola con ella, porque tarde o temprano sucederá y Cameron no puede estar siempre conmigo para defenderme.

—Vamos, no te hará ningún daño —susurra él acariciándome la mejilla.

Al cabo de unos minutos Susan entra en clase seguida de sus amigas. Su aspecto es terrible: se le ha corrido el maquillaje y tiene los ojos enrojecidos. Imagino cómo se siente en este momento, y en parte lo siento, pero yo no tengo la culpa.

Me mira furiosa y va a sentarse a su pupitre. Matt se acerca enseguida a ella y le apoya una mano en el hombro. Los dos están muy unidos, no entiendo cómo no lo comprendí enseguida.

Paso buena parte de la mañana combatiendo el sueño y el aburrimiento: las horas pasan lentamente, parecen interminables. El primer día de clase después de las vacaciones siempre es así: ritmos lentos, pocas ganas de concentrarse en las explicaciones, los ejercicios y los exámenes, y, por encima de todo, la cabeza, que aún está en las vacaciones que acaban de terminar… y en las próximas. De hecho, nos han dado una noticia maravillosa. El profesor de Lengua nos ha comunicado cuál será nuestro próximo viaje escolar: ¡una semana en Londres a principios de marzo! Será magnífico.

Cuando el timbre anuncia la pausa para comer Sam se reúne conmigo.

—¿Qué le ha pasado a Susan?

—Nos vio a Cam y a mí juntos y se puso hecha una furia. Me apuesto lo que quieras a que mañana apareceré en la primera página del periódico del instituto como la chica que le ha robado el novio.

—Ignórala, Cris. Cameron y tú salís juntos y sois felices, ¿me equivoco? —Asiento con la cabeza—. Eso es lo único que cuenta.

Tiene razón.

Mientras Sam se reúne con los demás en el patio, me pongo a la cola de las máquinas expendedoras. No tengo hambre, así que un poco de chocolate caliente me dará la energía que necesito para enfrentarme a la segunda parte de este día interminable.

—¡Hola! —dice alguien tras de mí. Apenas me vuelvo veo los maravillosos ojos verdes de Austin.

—¡Hola! ¡Me alegro de verte! —Nos abrazamos.

La máquina emite un extraño ruido y me vuelvo para coger el vaso.

—Me he enterado de que Dallas y tú salís juntos —dice mientras selecciona un té.

—Pues sí.

—¡Así que es cierto! ¡Guau! —También Austin parece sorprendido. Por lo visto todos tienen la misma reacción cuando se enteran de que salgo con Cameron. Pero ¿por qué?

—¿Guau?

—Sí, bueno… es raro pensar que sois novios, eso es todo. Me había acostumbrado a veros discutir.

Me encojo de hombros.

—Bueno, ahora debéis acostumbraros a vernos juntos.

Nos dirigimos hacia el patio.

—Solo te pido una cosa. —De repente, se para y me mira a los ojos—. Ten cuidado. En el pasado Cameron organizó unos cuantos líos y no quiero que te haga sufrir.

Sé de sobra a qué se refiere.

—Cam ha cambiado —replico.

—En cualquier caso, ten cuidado, por favor. Hasta ahora la única capaz de tenerlo a raya ha sido Susan, porque él estaba realmente enamorado de ella. Espero que no vuelva a comportarse como un cabrón.

Sus palabras me dejan boquiabierta. Saber que Cam sentía algo tan fuerte por Susan me inquieta, me hace sentirme insignificante al lado de ella.

—De acuerdo, Austin, pero ahora basta. Confío en él y sé que ahora es una persona diferente.

—Ok, como quieras. Te considero mi amiga y sentía que tenía que advertirte. Ahora debo ir a buscar a Camila. Hasta luego.

Cuando me quedo sola pienso en las palabras de Austin. No entiendo por qué mi relación con Cam causa tanto impacto. Todos parecen preocupados por mí y no alcanzo a comprender el motivo.

«No quiero que te haga sufrir… Hasta ahora la única capaz de tenerlo a raya ha sido Susan, porque él estaba realmente enamorado de ella».

Sacudo la cabeza para apartar de mi mente las palabras de Austin.

No. El chico al que se refería era otra persona.

Cameron ha cambiado y yo me fío de él.

3

Esta mañana me he despertado tan tarde que, apenas he abierto los ojos y he visto la hora en el móvil, he escrito a Cam para que fuera al instituto sin mí. ¡Y ahora estoy en el coche de mi padre, cruzando la ciudad a una velocidad espantosa!

Llegamos al instituto en diez minutos exactos y entro en clase con apenas un cuarto de hora de retraso. ¡Eres genial, papá! Casi me da algo, pero de no haber sido por él habría perdido la hora de Lengua.

¡El día aún no ha empezado y ya estoy agotada! Por suerte es viernes y, además de la primera semana de clase después de las fiestas navideñas, hoy finaliza también mi periodo de reclusión. ¡Viva! ¡El lunes regresaré a la vida! Podré salir después del colegio y también por la noche.

Me siento en mi pupitre y, apenas unos minutos después, Cam me lanza una bolita de papel. El profe no nos pilla por un pelo. No entiendo a qué se debe esta estúpida manía de las notitas.

«Buenos días, dormilona. ¿Comemos juntos? Te he echado de menos».

La verdad es que casi no hemos estado juntos esta semana y sus incursiones en mi habitación han sido menos frecuentes de lo que nos habría gustado. Mi madre no me quita ojo cuando vuelvo a casa del instituto. Quizá se haya olido algo…

«¡Claro que sí! Pero podrías habérmelo dicho en la pausa. ¡No me gustaría quedarme otra vez encerrada contigo en un trastero! ;-)».

«¡Sí que te gustaría! Y a mí también…».

Muevo la cabeza y sonrío. Es un arrogante incorregible, pero prefiero no contestarle, no quiero que nos pillen.

Al principio de la pausa del mediodía charlo unos minutos con el profe, y luego me reúno con Cam en el patio.

Sam, Nash, Matt y Carter están sentados en el banco con él. Hacía mucho tiempo que no los veía a todos juntos.

Con un ademán, Cam me invita a sentarme en sus piernas. Cuando llego a su lado me da un beso en la mejilla.

—¿De qué estáis hablando?

—De lo divertido que será ir de viaje contigo —dice Cameron guiñándome un ojo.

Enrojezco al imaginarnos a los dos en Londres.

—¡Una semana entera en Europa! ¡Todavía no me lo creo! Compartiremos las habitaciones con quien queramos y también podremos visitar solos la ciudad. Apuesto a que será estupendo —dice Sam emocionada.

Sí, será genial. ¡No veo la hora! Aún faltan dos meses y me gustaría que el tiempo volase.

Pasamos toda la hora imaginando lo que haremos en Londres, trazando el programa de la semana, día a día, hasta que suena el timbre y volvemos a clase.

Apenas me siento en mi pupitre, Austin se asoma por la puerta del aula y me pide que salga con él al pasillo.

—¿No deberías estar ya en clase? —le pregunto mientras me aproximo a él.

Se encoje de hombros y sonríe.

—No me apetece. Además, debo preguntarte dos cosas importantes.

—Dime —respondo un tanto preocupada.

—Dentro de dos semanas es el cumpleaños de Camila.

—¿Y?

—Uno: ¿quieres venir a su fiesta? Dos: ¡no sé qué regalarle! ¿Me ayudas a elegir el regalo? Es mi mejor amiga y me gustaría sorprenderla con algo bonito, pero no se me ocurre nada. Soy muy torpe para estas cosas.

Jamás me habría imaginado que me pediría algo así, y la verdad es que me siento aliviada, porque temía que quisiera hablarme otra vez de Cam.

—Claro que sí, pero ¿cómo lo has hecho hasta ahora? —pregunto intrigada.

—Le he regalado tazas.

—¡¿Tazas?! Es una broma, ¿verdad?

—No, es cierto. Sé que puede parecer estúpido, pero ¡a ella le gustan! Solo que este año me gustaría cambiar… Entonces, qué, ¿me acompañas? Podríamos ir mañana, o el domingo…

Nos reímos imaginando la cara que ponía Camila cuando, al abrir el regalo en cada fiesta de cumpleaños, encontraba una nueva taza que añadir a su colección.

—¡Claro que sí! No quiero que este año vuelva a recibir una taza. El problema es que no sé si voy a poder acompañarte este fin de semana. Mejor hablamos por teléfono.

—Muchas gracias, Cris. —Me da un abrazo.

—Pero ¡qué monos!

Me vuelvo y veo a Cameron apoyado en la puerta, aplaudiendo con una extraña sonrisa dibujada en la cara.

—Entonces nos ponemos de acuerdo por SMS, ¿ok? —dice Austin, y se va mirando a Cameron de través, sin saludarlo siquiera.

—¿Qué pasa? ¿Ahora sois amigos íntimos? —pregunta Cam entrando en el aula.

Me quedo boquiabierta.

—No empieces, por favor… Solo me ha pedido que lo ayude a elegir un regalo para Camila.

—¡¿Qué?!

Me paro y me vuelvo hacia él.

—Me ha pedido que…

—Sí, te he oído. No irás.

—Por supuesto que sí —replico en tono firme.

—No. Puedes salir con quien quieras: Nash, Carter… con quien coño te parezca, pero con Austin no.

—Somos amigos y haré lo que me ha pedido. Fin de la discusión.

Cam niega con la cabeza y pasa por mi lado para ir a sentarse en su pupitre. El resto del día sigue mostrándose irritado y me ignora. No entiendo a qué vienen esos estúpidos celos.

Las cosas entre nosotros van viento en popa, pero no acepto que me diga lo que debo hacer o con quién puedo salir, y no pienso ceder en este punto. Debería saber que entre Austin y yo no hay ni habrá nunca nada, porque lo quiero a él. Mmm… tengo la sensación de que su hostilidad oculta algo y quiero descubrir de qué se trata.

En el trayecto hacia casa intento hablar del tema con Sam, es mi mejor amiga y me fío de ella. Pero su respuesta es evasiva:

—Sé que Austin y Cam riñeron hace tiempo, pero no me preguntes por qué motivo… no lo sé. Puede que por eso Cameron no quiera que salgas con él.

Sam parece alterada, como si no me estuviera contando toda la verdad. No me queda más remedio que intentar averiguarlo hablando con los involucrados: Cam y Austin.

Cuando entro en casa oigo que me llama Kate. Su voz suena débil y triste y apenas me vuelvo para mirarla la veo acurrucada en el sofá, con el pelo revuelto y los ojos rojos e hinchados por las lágrimas.

—Eh, ¿qué te pasa?

Se precipita hacia mí llorando, no entiendo por qué. Me abraza con fuerza.

—¿Quieres contármelo?

Sorbe por la nariz, asiente con la cabeza y va hacia mi cuarto. Una vez allí, se sienta en la cama.

—Hoy en el instituto me he atrevido a hablar con Hayes, como me dijiste. Le pregunté si estaba enfadado conmigo y ¿sabes cómo reaccionó? Se dio media vuelta y se marchó con la idiota de Meredith, su mejor amiga. No sé qué le he hecho y no entiendo por qué se comporta de esa forma —dice rompiendo de nuevo a llorar.

Me siento a su lado y le estrecho la mano. Ver a mi hermanita en este estado me duele. ¡Ay, los chicos! No hacen otra cosa que confundirnos y desestabilizarnos. ¿Por qué las relaciones no pueden ser simples y lineales? No haría falta mucho, un poco de sinceridad y una pizca de valor cuando decimos lo que sentimos y lo que pensamos, en lugar de dejar que sean los demás los que lo comprendan.

—Intentaré hablar con Nash —la tranquilizo—, puede que sepa algo. Tú, entretanto, mantén la calma e intenta no preocuparte. Seguro que Hayes tiene un buen motivo para comportarse de esa forma. A ver si lo descubrimos juntas, ¿ok? Y ahora deja de llorar. Nadie se merece tus lágrimas. —Cojo un pañuelo y le limpio la cara—. Ve a tumbarte y descansa un poco. Ya verás como luego te encuentras mejor.

—¿Puedo quedarme contigo? No quiero estar sola.

Asiento con la cabeza y me ovillo en la cama a su lado. Le acaricio el pelo y la abrazo con fuerza. Sé lo reconfortante que es el calor de un abrazo en estas situaciones. Recuerdo cuando descubrí que Matt me engañaba… Cameron vino a mi habitación y me abrazó. Fue un momento fantástico: además de las palabras de consuelo, su abrazo fue el mejor bálsamo para mi corazón herido. Era justo lo que necesitaba.

Me vuelvo un instante para poner el despertador y, sobre todo, para ver si he recibido algún mensaje de Cam.

Nada.

Ninguna señal de vida.

Me muero de ganas de saber qué ocurrió entre él y Austin, pero sé que no será fácil convencerles para que hablen. Abrazo a mi tierna hermanita y en unos minutos me adormezco en un agradable duermevela que libera mi mente. Empiezo a soñar.

Estoy en un lugar oscuro y silencioso, que no reconozco. Camino sin saber adónde voy, solo entreveo una línea blanca, continua e infinita por la que avanzo paso a paso. De repente, delante de mí, aparece Susan, que grita y llora sin emitir ningún sonido; luego, dos luces deslumbrantes me obligan a cerrar los ojos. Cuando vuelvo a abrirlos, me rodea el vacío más absoluto.

Algo me acaricia la cara y me despierto sobresaltada, como si emergiera de un abismo. Apenas abro los ojos veo a Cameron. Pero ¿está loco?

—¿Qué haces aquí? —pregunto exhalando un suspiro de alivio.

—Yo también te he echado de menos. —Se ríe.

Sacudo la cabeza y veo que Kate ya no está a mi lado. ¿Adónde habrá ido?

—¿Por qué has venido? ¿No estabas enfadado conmigo?

Se encoge de hombros y se sienta en la cama.

—Lo estaba, pero luego pensé que eres lo suficientemente inteligente para comprender que salir con Austin es una tontería, y me tranquilicé.

—Bueno, te equivocas. Saldré con él, tanto si te gusta como si no.

Me mira con aire temible.

—Por el momento no puedes. Te recuerdo que estás castigada.

—Si quiero, puedo encontrar la manera de salir.

Esboza una sonrisa.

—No creo que puedas hacerlo si se lo digo a tus padres.

—¿Qué? ¿Me estás chantajeando? —pregunto alzando la voz.

—Llámalo como quieras.

Inspiro hondo.

—En cualquier caso, no deberías estar aquí. Vete.

—No.

—Sí. Ahora debes irte.

—¿Por qué? —No hace amago de marcharse; al contrario, se tumba en la cama, cruza los brazos bajo la cabeza y me mira esbozando una amplia sonrisa. Le encanta llevarme la contraria.

—Como quieras… —Cierro la puerta de la habitación para que nadie se dé cuenta de que está aquí. Si tiene ganas de jugar lo haremos de acuerdo con mis reglas—. ¿Qué ocurrió entre Austin y tú? —Estoy decidida a obtener las respuestas que busco.

—Ok, me marcho. —Se levanta y se acerca a la ventana.

—Vaya. ¿No querías quedarte a toda costa? —pregunto aproximándome a él.

—No. Será mejor que me vaya. Me estoy aburriendo. —Abre la ventana.

—¿Por qué no quieres hablar de Austin? ¿Qué sucedió entre vosotros?

—Es una historia pasada y enterrada de la que ni él ni yo te hablaremos nunca. Así que será mejor que te resignes.

—Lo descubriré, tanto si quieres como si no.

Mueve la cabeza de un lado a otro, me sonríe con aire burlón y, sin añadir nada más, se ma ...