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OJALá TE ENAMORES

Alejandro Ordóñez

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Fragmento

Prólogo

Querido lector:

¡Cuidado con el libro! Puede que te estés preguntando quién soy y por qué te digo que tengas cuidado. Pues bien, seguro que ya has oído hablar de mí con anterioridad: soy la chica de los ojos verdes de la que hablan tantos textos de Alejandro. Y quiero prevenirte, pues una vez que empieces a leer no podrás parar. Te quedarás atrapado entre sus hojas, igual que me quedé yo. Y no solo con el libro, también con el autor.

Le encontré cuando menos le buscaba, cuando menos quería encontrarle. Después de todo, ¿cómo volver a amar cuando tienes tanto miedo de romperte de nuevo? ¿Cómo arriesgarte una vez más?

Pero llegó para cambiarme la vida. Llegó y se quedó, aun sabiendo que no sería fácil, aun pudiendo marcharse.

Empezó siendo el chico agradable con el que podías hablar y reírte y terminó siendo uno de los pilares de mi vida. Para cuando quise darme cuenta, ya era demasiado tarde. No estaba preparada y, sin embargo, ya estaba perdida. Quiero decir... su sonrisa se volvió el mejor lugar para perderse. Sus besos cosieron mis heridas, cambió lágrimas por sonrisas. Hizo de su abrazo mi refugio.

Recibe antes que nadie historias como ésta

Consiguió crear un corazón nuevo con los pedazos que nos quedaban. Aterrizó en mi vida y no ha vuelto a despegar. Y, si de mi depende, no lo hará más.

Si todas las personas fuésemos como puzles y viviéramos tratando de encontrar la pieza que lo completa, nosotros somos las dos piezas perdidas de un mismo puzle que por fin se han reunido.

En este libro, encontrarás pedacitos de su alma. Recuerdos de sus batallas victoriosas, pero también de sus derrotas. En alguna de sus letras estaré yo. Él intentará convencerte de que cambié su vida, incluso jurará vivir un sueño desde que me conoció. No te dejes engañar, fue él quien cambió la mía. Te lo digo yo.

Tania Naredo

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Ojalá te enamores

Ojalá te enamores de alguien que sepa lo que vales, que a cada una de esas cosas que tú llamas «defectos» les ponga tu nombre y sueñe con abrazarlos cada noche. Alguien a quien no le importe la hora que sea cuando sienta la necesidad de decirte que te quiere, que te despierte con un beso de buenos días y te dé las buenas noches con uno de esos abrazos eternos que terminan solo cuando el sueño vence.

Ojalá te enamores de alguien que te diga cada día que eres preciosa, que no ha visto algo más bonito en toda su vida. Alguien a quien no le dé miedo decirte en voz alta que está loco por ti, que lo grite bien fuerte, bien alto, sin importar nada más que la sonrisa que te provoque saber que lo dice desde el corazón.

Ojalá te enamores y te amen como mereces.

Ojalá esa persona entienda que incluso en tus peores días, cuando más fría estés o menos ganas de hacer nada tengas, su abrazo será siempre la cura a todos tus males, sus besos calmarán las lágrimas y su mera presencia tendrá el poder de hacerte sentir bien.

Ojalá te enamores de alguien que, aunque cometa errores, se esfuerce cada día por amarte con todo lo que tenga. Así, cuando le mires sabrás que se vacía cada día, que lo da todo por mantener siempre en tu rostro esa sonrisa tuya que le hubo de enamorar un día.

Ojalá te enamores, ojalá no vuelvas a sufrir. Ten paciencia, un día llegará alguien capaz de besar las cicatrices sin abrir heridas nuevas.

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Querido yo

Hace tiempo que no hablamos. De tanto mirar al futuro a veces me olvido incluso de ti, del pasado y el presente, de lo que nos trajo aquí y a este punto en el que estamos. Me olvido de ti incluso al mirarme en el espejo, cuando cruzamos miradas y mi cabeza se pone a buscar defectos, a contar los peros que otros puedan encontrar.

Me escudo siempre en la falta de tiempo, en que vivo ocupado y no tengo ni un solo momento para ti. Miento. Siempre miento. Me sobra el tiempo y lo que me falta es valor para mirarte a los ojos y decir en voz alta todas esas dudas que me asaltan cuando al fin te enfrento.

Te tengo miedo. Miedo de mirarte y que no me guste lo que veo, miedo de haberte fallado, de no haberme convertido en aquel que un día prometí. Por eso me cuesta tanto hablarte y siempre acabo mirando al futuro, lanzando promesas de cambio sin llegar nunca a conocerte del todo.

Verás, me he dado cuenta de que sin ti no hay yo que valga, que la vida está vacía y nada llena ese desencanto en el que te guardé. Por eso estoy aquí, para enfrentar mis miedos y demostrarme que, después de todo, ser tú es bastante bueno.

Tal vez mis miedos sean infundados, las dudas sean absurdas y no haya nada malo en ser como eres. Tal vez lo bonito esté en lo diferente y yo esté exagerando al esquivarte en cada espejo. Será que me olvido siempre de esa perfecta imperfección que asoma en tu mirada, cuando al fin te miro a los ojos y comprendo que, después de todo, hay mucho bueno en ti.

Ya es hora de mirar dentro, de conocerme un poquito mejor.

Querido yo, volvamos a empezar: un placer conocerte de nuevo.

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Somos gigantes

A veces la vida aprieta y ahoga, empuja la alegría lejos y deja tras de sí únicamente regusto de amargura, regusto de pena, regusto de nada. Un vacío que no se llena y se oculta tras falsas sonrisas y breves palabras: «Estoy bien», «No es nada», «De verdad...».

A veces el mundo entero nos hace sentir pequeños, insignificantes. Miramos a nuestro alrededor y solo vemos la oscuridad que nos lanzan los horizontes y metas que se marcan los demás. Nos callan las voces ajenas, nos enmudece nuestro propio miedo a destacar, a volvernos foco de atención por un error, a ser objeto de risas por osar decir en voz alta aquello que pensamos.

El mundo es cruel, despiadado.

O eso dicen los que se dejan ensombrecer, los que callan cuando otros hablan, los que no derriban las puertas y abren de par en par las ventanas para volver a ver el sol. Eso dicen los que se quedan abajo, los que dejan que el miedo gane. Aquellos a los que les importa más las risas que provoque un fallo que las enseñanzas que de ese error se desprendan.

Eso dicen los que se dejan pisar, los que nunca salen de su zona de confort... o «in-confort» diría yo, ya que dudo mucho de la comodidad de la «in-felicidad» que esa situación les provoca, la ansiedad que se siente en el pecho cada día con el sonar del despertador, con la desesperanza de saber que comienza un nuevo día idéntico a tantos otros, a tantas otras mañanas que fueron dejando atrás mientras la vida pasa.

¡Por favor! ¡Vive!

Levántate y vive. Eres un gigante y no te das ni cuenta.

Todos lo somos. Todos podemos destacar, mirar por encima de cualquier horizonte sin que nadie ensombrezca nuestro paso. Todos podemos caminar sin pisar, hablar sin hacer callar.

Eres tan grande como te propongas serlo y puedes llegar tan lejos como te dé la gana. La vida es mucho más que vivir con miedo. La vida está hecha de lucha, de sudor y de esfuerzo.

Pero los gigantes no tienen miedo.

Respira hondo.

Levántate.

Persigue tus sueños.

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¡No te lo pienses más y disfruta del libro entero!

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