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OSCURO COMO MI CORAZóN (COLECCIóN #BLACKBIRDS)

Myriam Sayalero

5


Fragmento

 

El lápiz que dejaste mordisqueado me mira desde el escritorio como si fuera un animal abandonado en mitad de la nada. Sonrío triste al darme cuenta de que entonces te eché la bronca por llenarlo de babas, sin saber ni importarme si lo hacías distraído, inmerso en los deberes, o lleno de intención para provocarme. Ahora, ya ves, lo guardo en mi estuche como si fuera un tesoro que confiaras a mi custodia, lo toco con la fuerza del que tiene fe mientras cierro los ojos. Lo trato como si contuviera alguna peligrosa esencia, tremendamente inflamable.

Escondidos entre las páginas de mis libros, a veces me sorprendían los bocetos de tus cómics en plena explicación en clase. Estallaba en una carcajada que me costaba un montón contener, pero antes, cómplice y traviesa, te buscaba con la mirada y levantaba el anular en cuanto tus ojos se cruzaban con los míos. De alguna manera, quería mostrarme a tu altura antes de rendirme a tu genialidad. Esos momentos, ácidos y dulces como un caramelo efervescente, eran tan nuestros como los secretos que se cuchichean entre la multitud. Cualquiera podía ver que nos traíamos algo entre manos, sin sospechar siquiera qué podía ser. Lo cierto es que eres capaz de hacerme reír hasta cuando me quedo en blanco. Quiero decir, eras.

Recibe antes que nadie historias como ésta

Una vez me retaste, a sabiendas de que iba a aceptar el reto sin pestañear, sin tomar aire siquiera, por supuesto sin preguntar. Quería que supieses que, fuese lo que fuese, diría que sí. Qué mejor manera que seguirte sin más, sin saber a dónde, ni a qué, y sin importarme. Así que un domingo de octubre salí contigo a la calle en plena noche, con un enjambre de mariposas en el estómago y el corazón desbocado. Descargamos los aerosoles contra el muro del instituto. Aquel grafiti decía: Don’t disturb more, fuck you! No te lo dije, pero fui yo quien, días más tarde, convirtió la F en una D. Pensé que te reirías al verlo, era una genialidad de esas mías de las que tú te burlabas. Pero no nos dio tiempo. Te fuiste antes.

Es una mierda mirar hacia atrás en clase y ver tu sitio vacío. Quizá si alguien ocupara esa silla pasaría todo más deprisa. Pero eso sería como decir que no vas a volver, y nadie quiere creérselo.

Echo de menos los recreos en que me atormentabas con Juego de tronos, las horas y horas que podías estar hablando de ello, todo un friki. Yo era más de Modern Family, pero tú decías que era una pastelada de chicas pijas. Recuerdo la tarde que te presentaste en mi casa con dos Whopper y extra de patatas fritas. Dijiste: «Si no tienes Coca-Cola, me piro», y tuve que bajar al chino a por unas latas. Sin embargo, te tragaste conmigo la cuarta temporada de mi serie favorita, entera. Y antes de irte pusiste tu índice sobre la punta de mi nariz. Dijiste: «La próxima en mi casa, ya tengo las Coca-Colas, Winter is coming». Pero no nos dio tiempo. Te fuiste antes.

Recuerdo nuestros combates con las raíces cuadradas. Me acorralabas contra el radical y los renglones auxiliares, y entre bromas me hacías repetir la operación con la mano izquierda de un coach:

—Radicando, radical…

—Índice y pulgar —seguía yo.

Nos entraba la risa tonta. Enseguida retomabas la operación. Yo recitaba: Soy una negada / de la raíz cuadrada. Y tú respondías que era una poetisa, podía rimar hasta en matemáticas. Menos mal que en los exámenes me soplabas los resultados.

La foto en la que apretamos la cara contra el escaparate del Starbucks todavía está en mi perfil de FB.

La contraseña de tu móvil es una Y. Tardé unos segundos en descubrir que era 1583. Por primera vez, este año pasaste de ver la última edición de Gran Hermano. Trancas y Barrancas se pasan el día tumbados en tu cama, esperando sonrientes a que los lances contra la alfombra antes de dormir. Eres follower de El Mundo Today, y un incondicional de Rafa Nadal. Aunque nada de eso me importase entonces, ahora forma parte de mí.

Sigues siendo mi mejor amigo.

A pesar de haberte ido como lo hiciste, sin ningún motivo, sin avisar.

Aunque llevemos sin hablarnos desde entonces, hace tanto tiempo, sigues siendo mi mejor amigo.

He dejado que los días y las semanas se acumulen como capas de nieve.

He llenado tu espacio peleándome con el mundo entero.

He ahogado los recuerdos con risas histéricas, rabietas y gritos.

Nada ha funcionado. Cada día me siento más triste. Quiero caer en un profundo sueño, denso y espeso como una marea negra. Pero, cada vez que cierro los ojos, me ciegan las luces rojas de todos los semáforos de esta maldita ciudad.

Sin darme cuenta, te he metido cada vez más dentro de mi corazón, para no sentir el dolor de saber que ya no estás en ningún lugar, que solo puedes estar en mi memoria.

Esta noche en la tele he visto un número:

1.126

Enorme, llenaba toda la pantalla:

1.126

La voz del locutor ha entrado en mi cabeza, impregnando mis neuronas, agitándolas como un cubilete:

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