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RECUERDOS DE LA GUERRA DE ESPAñA (COLECCIóN ENDEBATE)

George Orwell

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Fragmento

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En relación con lo que acabo de decir, una nota al pie sobre el tema de las atrocidades.

Tengo poca evidencia directa sobre las atrocidades de la Guerra Civil española. Sé que algunas las cometieron los republicanos, y muchas más (que continúan) los fascistas. Pero lo que me impresionó entonces, y desde entonces sigue impresionándome, es que se dé o no crédito a las atrocidades únicamente sobre la base de las preferencias políticas. Todo el mundo se cree las atrocidades del enemigo y descree de las que habrían cometido los de su propio bando, sin preocuparse siquiera en tener en cuenta las pruebas. Recientemente redacté una lista de atrocidades cometidas durante el período que va de 1918 al presente: no ha habido ningún año en que no se haya cometido una atrocidad en un lugar u otro, y es difícil dar con un caso en que la derecha y la izquierda dieran crédito a la misma historia. Y lo que es más extraño: la situación puede invertirse de pronto, y las atrocidades probadas «más allá de toda duda» convertirse en mentiras ridículas, meramente porque el horizonte político ha cambiado.

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En la guerra actual nos encontramos ante la curiosa situación de que nuestra «campaña de difusión de atrocidades» tuvo lugar mucho tiempo antes de que la propia guerra empezara, y corrió a cargo de la izquierda, gente que normalmente se enorgullece de su incredulidad. En el mismo período, la derecha, los principales responsables de las atrocidades de 1914-1918, miraba hacia Alemania y simplemente rehusaba reconocer allí ninguna maldad. Luego, tan pronto como la guerra estalló, eran los pronazis del día anterior los que no paraban de repetir historias horribles, mientras los antinazis se descubrían a sí mismos dudando de si la Gestapo existía de veras. La causa de lo anterior no ha de buscarse tan solo en el pacto germano-ruso. Se debió, en parte, a que antes de la guerra la izquierda había creído erróneamente que Gran Bretaña y Alemania no se enfrentarían entre sí jamás, y se sentían por tanto en libertad de ser antialemanes y antibritánicos al mismo tiempo; y en parte también a que la propaganda oficial de guerra, con su hipocresía repugnante y sus pretensiones de superioridad moral, tiende siempre a hacer que la gente pensante simpatice con el enemigo. Parte del precio que pagamos por las mentiras sistemáticas del período que va de 1914 a 1917 fue la exagerada reacción progermana que vino a continuación. Entre los años 1918 y 1933, los círculos de izquierda se mofaban de cualquiera que se atrevía a sugerir que Alemania había tenido siquiera una mínima fracción de responsabilidad en el estallido de la guerra. Entre todas las denuncias del Tratado de Versalles que escuché durante aquellos años, no creo haber escuchado jamás mencionar, y no digamos ya discutir, la pregunta: «¿Qué habría ocurrido si Alemania hubiese ganado la guerra?». Pues lo mismo sucede con las atrocidades. La verdad, esa es la sensación general, se vuelve mentira si es tu enemigo quien la profiere. Recientemente descubrí que la misma gente que en 1937 se tragó todas y cada una de las horribles historias sobre los japoneses en Nanking, rehusaba creer otro tanto de lo mismo sobre Hong Kong e ...