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TODOS TENEMOS UN LADO (OSCURO) ROSA

Herrejón / Lili

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Fragmento

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¿Cómo empezó toda esta locura? Sería genial poder contaros una historia de dragones y mazmorras llena de emoción y novios y pizza y unicornios, pero… la verdad es que nos conocimos en un bar que ni siquiera era un bar, era un antro maloliente.

Por si no lo sabíais, nosotras empezamos haciendo vídeos de seis segundos en la aplicación Vine, en la que éramos cuatro gatos comparados con el océano de personas que utilizan YouTube. Siempre han existido mil grupos de WhatsApp en los que ibas conociendo a unos y a otros, así que nosotras ya habíamos hablado alguna vez. Como muchos éramos de diferentes puntos de España, organizábamos dos o tres quedadas al año para conocernos fuera de la pantalla, y en una de éstas fue cuando nos vimos por primera vez. Lili estaba sentada con su vestido de corazones cuando entró Herre buscando comida como un sabueso, y después de un abrazo nada más vernos empezó una amistad a distancia (Herre vivía en Valencia) que se consolidó pasando muchos fines de semana juntas, Navidades, cumpleaños y parte del verano.

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Y lo demás... Ya lo sabéis. Nos mudamos a una casa minúscula en el centro de Madrid en la que Herre se dedicaba a asustar a Lili y Lili se dedicaba a comer chocolate. Suerte que ya estamos viviendo en otro piso en el que somos infinitamente más felices con nuestra hurona adoptiva Lía.

 

LILI VISTA POR HERRE Y HERRE POR LILI

imagen Lili

Herre es una chica morena, 1,64 m de altura, ojos marrones… Nah, es broma. Todos sabéis cómo es Herrejón físicamente. Lo que no sabéis es que es una chica sensible a pesar de que se dedique a insultar a to kiski. Cuando la conocí, hasta me dio cosa acercarme a ella porque me pareció una persona cerrada. Qué equivocada estaba...

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Herre tiene una personalidad fuerte en todos los aspectos: si tiene que reírse lo hará a carcajadas y si tiene que llorar, sollozará hasta hiperventilar. Es de esas personas que calan a la gente nada más conocerla, y por eso confía en poca gente por quien darlo todo, pero cuando lo hace demuestra su generosidad y su buen corazón.

Lo que más me gusta de ella es que te dé su opinión más sincera aunque te pese. Si te tiene que decir que ese vestido te queda mal, te lo dice. Si el chico que te gusta le cae mal, no se calla. Eso es una virtud que no todo el mundo tiene, y es de las cosas que más hay que valorar en una amistad.

Somos muy diferentes en muchas cosas, pero eso no impide que nuestra amistad sea sólida, porque somos iguales en lo importante, en los valores y en la forma de ver la vida. Cuando veo cosas donde no las hay, me enseña que me estoy montando una película, y cuando ella no ve lo evidente, saco mi lado Herrejoniano y le hago espabilar.

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Le gustan las películas sangrientas, el color negro y básicamente todo lo contrario a lo que me gusta a mí. Le encanta la comida, sobre todo la pizza cuatro quesos y el fuet, pero adora más aún a su familia. O eso creo... Vivir con ella es lo más, no me imagino mi vida sin su apoyo.

imagen Herre

Lili para mí es como una manzana de caramelo. La ves, muy dulce, con su pelo rubio y sus ojos azules, parece un gatito, pero luego tiene su lado más ácido, como la manzana. Tiene carácter y es una persona fuerte.

Ella es todo lo contrario a mí en muchas cosas, pero en realidad nos parecemos mucho en otras. Somos, como bien habéis podido comprobar todas las personas maravillosas que nos seguís, como el día y la noche, pero por eso nos complementamos tanto. A mí Lili me aporta mucha tranquilidad y me complementa, es más sensible y soñadora.

Hay una cosa que personalmente me encanta de ella y es que cree en el romanticismo puro, en el amor de película; es una persona muy romántica y que no tiene miedo de perseguir algo que quiere aunque exista la posibilidad de que no salga bien. Eso es algo maravilloso, no se rinde nunca y si sale mal no le da miedo volver a intentarlo.

Yo me siento muy orgullosa de ella y para mí es muy importante porque llegó en un momento complicado y se convirtió enseguida en una parte de mí muy valiosa.

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Somos como un matrimonio y no se me ocurre nadie mejor que ella con la que compartir mi vida en Madrid.

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COSAS QUE NOS HACEN REÍR Y LLORAR

imagen Lili

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En general, todo me hace reír. Hasta los peores chistes me hacen gracia. Me río incluso cuando hablo sola, y eso ayuda mucho a ser feliz. ¡Deberíais probarlo! Pero además, hay una cosa que no falla nunca a la hora de sacarme una carcajada, y son los chistes que hacen Trancas y Barrancas en El Hormiguero. Son chistes tontos, humor sencillo y absurdo, y es justamente eso lo que me hace reír tanto.

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Otra cosa que siempre me hace reír son mis dos sobrinos. Con sus tonterías, sus chistes malos, sus bromas sin maldad (una Nochebuena, mi sobrino Nicolás puso pasta de dientes en todas las servilletas y todos nos pringamos la cara entera y estuvimos oliendo a menta toda la noche). Cuando les da por hacer el tonto no hay quien les gane, y eso me hace muy feliz.

Grabar es una de las cosas que nunca pensé que me fueran a parecer tan divertidas. Ya sea grabarnos haciendo el tonto o para subirlo a YouTube, cada vídeo implica mil risas, las que todos veis en el canal o en nuestras redes sociales y también las que no veis. Las cosas que se nos caen mientras grabamos, las frases que metemos sin sentido, los recuerdos y los momentos que pasamos me han hecho reír hasta llegar a las lágrimas mil veces.

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Me hacen reír series y películas, sobre todo las que yo misma me monto. Si me gusta un chico más de lo normal, pronto me imagino miles de situaciones que, aunque luego nunca acaban siendo así, me hacen reír y sonreír.

Pero sin duda, la mejor manera para reírme de un mal día es quedar con las amigas, con las que nunca te fallan, y anteponen tu bienestar a cualquier cosa. Por eso, cuando estoy de bajón tiro de ellas, pues simplemente con ser como son ya me hacen reír y olvidarme de todo lo malo.

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Pues la respuesta es sencilla: todo. Ya sea de alegría, de emoción o de tristeza, admito que soy una llorona, aunque el motivo por el que me saltan las lágrimas más a menudo es la emoción o la empatía. Me emocionan pelis, series e incluso anuncios.

imagen ¡Una vez lloró en mitad de la calle al ver un bebé recién nacido! (Herre)

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Me hace llorar la emoción de ir a un concierto de algún grupo que adore, las sorpresas o las historias de superación.

Aparte de todo eso, también puedo llorar si me siento mal, frustrada o agobiada. Cuando me veo impotente e inútil ante una situación mala para mí o para algún ser querido, me pone muy tensa no poder ser de ayuda, y todos sabemos que llorar libera tensiones. Soy muy partidaria de llorar cuando se necesita. No creo que demuestre debilidad, sino que tienes sentimientos, que te preocupas, que quieres.

Definitivamente, lo que más me hace llorar de forma absurda es la regla. Durante esos días, puedo llorar como mínimo tres veces al día por motivos de gran peso como que un vestido me quede mal, se me queme la comida o tenga calor. Sí, sí, todos estos ejemplos son reales. Las hormonas me vuelven loca y hacen que me sienta mal por mil razones sin sentido... Sé que algunas me entenderéis, os aconsejo que os encerréis en vuestra habitación a ver pelis de llorar y lo soltéis todo cuanto antes, no vaya a ser que os pille la llorera en el metro o en mitad de clase.

imagen Herre

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Bueno, son miles las cosas que me hacen reír, porque además yo soy fan del humor absurdo y sencillo. A mí me hacen gracia las cosas más estúpidas y ridículas y de vez en cuando me dan ataques de risa muy fuertes sin sentido. Algo que me hace reír mucho es asustar a Lili porque la forma en la que grita y reacciona es completamente fabulosa.

También solemos grabarnos haciendo el idiota y diciendo cosas sin sentido que luego acabamos repitiendo y terminan por ser frases o palabras de nuestro día a día que sólo nosotras entendemos. Tenemos muchos vídeos aleatorios de tonterías y sustos y yo los guardo como verdaderos tesoros para verlos cuando estoy triste, porque si hay algo que me anima es ver los snapchats absurdos que grabamos juntas.

También me hace muchísima gracia ver a gente caerse. Es cruel, lo sé, pero me hace tantísima gracia que no puedo controlarme. Las caídas tontas, los tropezones y la gente que choca con cosas por ir despistada me parece lo más divertido del mundo. Bien es cierto que me río porque yo hago todas esas cosas, ya que soy terriblemente patosa, así que no me siento tan mal cuando se me escapa la risa. Mi lema es; ríete, y luego pregunta.

Por último, algo que me hace reír mucho, y supongo que le pasa a todo el mundo, son las risas contagiosas. Mi hermana, por ejemplo, tiene una risa súper contagiosa, y yo me parto cada vez que la escucho. Aunque esté enfadadísima con el mundo, nunca falla: si ella se ríe, yo me río.

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Normalmente, las cosas que me hacen llorar son cosas que me enfadan. No suelo llorar cuando estoy triste, pero cuando algo me da mucha rabia y frustración, es cuando me salen las lágrimas. Pero sí que lloro cuando estoy más sensible porque también echo de menos a mi familia, y aunque estoy rodeada de mi segunda familia, una madre siempre es muy importante y se la echa mucho en falta.

También he llorado con alguna película pero más veces de felicidad que de pena. Aunque con las series es diferente. Cuando ocurre lo que llevas mucho tiempo deseando entre personajes que te gustan mucho, o cuando ves alguna trama que te entusiasma, sí que me he emocionado e incluso me he echado a llorar. Desde luego que las series que me han hecho llorar como una niña pequeña a moco tendido han sido F.R.I.E.N.D.S y The Walking Dead: ¡no había papel higiénico suficiente en el mundo para tanta lágrima y tanto moco!

imagen Doy fe de esto; ¡la oí llorar y sollozar desde mi habitación y me asusté pensando que le había pasado algo grave! (Lili)

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LOS MOMENTOS MÁS VERGONZOSOS DE CADA UNA

imagen Lili:

Uy uy uy... ¡mi capítulo preferido! Tengo tantos momentos ridículos que no sé ni por dónde empezar. Ojalá os haya pasado algo parecido y os sintáis identificadas conmigo, ¡y recordad que lo más importante es reírse de uno mismo! Aquí mi TOP 3:

A la primera historia la titularé "Adiós, biquini, adiós". Corría un caluroso verano de mi adolescencia cuando, sabiamente, me fui a bañar a la piscina con mis amigas. Todo era normal hasta que apareció el chico que me gustaba en ese momento, y al que había que sorprender (o eso pensaba yo). Me levanté, me quité el vestido y fui directa a tirarme de cabeza bien “estilosa" y bien divina. Pues me río en mi cara básicamente con el divineo, ya que nada más entrar en contacto con el agua, el biquini decidió que era mejor irse por su cuenta. Sí, sí, la parte de arriba se piró por un lado y la de abajo se me bajó tanto que se salió por los tobillos. Imagínate mi cara cuando sentí que estaba en bolas en una piscina llena de niños con gafas de bucear. Entonces entré en pánico y tomé la decisión más importante de mi corta vida: Si abría los ojos debajo del agua para buscar mi biquini, se me iban a caer las lentillas, pero si no los abría, tendría que salir a la superficie sin él. Así que fuck the police y adiós lentillas: me recoloqué la parte de arriba y encontré mi parte de abajo. Pero ahí no acaba todo… Cuando fui a salir de la piscina pensando que nadie se había percatado, me di cuenta (tarde, como siempre) de que llevaba la parte de abajo al revés y del revés, o sea, la parte de atrás por delante y el forro blanco por fuera. Aunque bueno, por lo menos al chico en cuestión le hizo gracia...

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Éste es todo un clásico, lo llamaremos "Estampamiento en el metro". Esta historia es breve y nos ha pasado a todos. Sales de clase, vas con prisa y oyes cómo se acerca el metro mientras estás bajando las escaleras. Decides correr en avalancha como en El rey león intentando no pisar a nadie y encontrar un hueco en algún vagón, y cuando lo encuentras y te decides con seguridad a entrar… se cierran las puertas en tu cara y te quedas fuera mientras todos miran cómo te estampas contra las puertas, como si fueras a abrirlas o algo. La gente del vagón te mira, la gente del andén también… ¿Sabes quién no te mira? El conductor del metro, que ha pasado de tu cara y de tu esprint de mayorista.

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Éste fue uno de los momentos más ridículos que he pasado en mi vida. Lo titularemos "El esguince de la niña del exorcista". Me encontraba yo infelizmente entrando en una sala de cine donde se iba a proyectar La niña del exorcista. Soy la persona más miedica de España y media Europa, imaginaos las ganas que tenía de ver esa película. ¿No os lo imagináis? Pues os lo digo yo: ninguna. Ninguna gana de ver eso. Pero bueno, iban todos mis amigos y no quería escuchar durante dos días historias de la peli y sentirme fuera porque no la había visto. Cómo he cambiado, ahora estás tú, que voy a ver eso... Prefiero escuchar hablar de ello durante un mes. Bueno, que me lío. El caso es que a mitad de la película yo estaba hasta mareada, me sentía fatal del asco que me estaba dando y me fui corriendo. Y aquí viene lo bueno: como no veía tres en un burro, me caí por las escaleritas y vi las estrellas. Me torcí el tobillo mogollón y del susto de la caída pegué un grito que poco más y paran la peli. Mis amigos me sacaron del cine llorando de la risa y estuve quince días con unas buenas muletas por culpa de esa película del inferno. No vuelvo.