Loading...

GIRL ONLINE 2

Zoe Sugg

0


Fragmento

20 de junio

Cómo sobrevivir a una relación a larga distancia cuando tu novio es un dios del rock que está buenísimo

1. Descárgate Skype, WhatsApp, Snapchat y todas las apps de comunicación que puedas encontrar. Mantente despierta toda la noche con tu pijama de oso panda, hablando con tu novio hasta que los ojos se te cierren solos y no te quede más remedio que dormirte.

2. Cada vez que te despiertes pensando en él, escucha «Lady Otoño» una y otra vez.

3. Instala en tu móvil una app que te diga la hora que es en el lugar donde él está, si no quieres despertarlo por error a las 3.00 de la mañana para hablar. (¡Creo que me ha pasado ya unas diez veces!)

4. Compra un calendario y cuenta los días que faltan para volver a verlo (por cierto, YA SOLO FALTAN CINCO DÍAS).

5. Arréglatelas para ganar la lotería y así poder dejar de estudiar y volar junto a él. De esa manera nunca más tendréis que estar separados tanto tiempo.

Recibe antes que nadie historias como ésta

6. Hagas lo que hagas, NI SE TE OCURRA ver en internet los vídeos de la superestrella del pop Leah Brown mientras baila alrededor de tu novio delante de millones de fans enloquecidas.

7. Y NO hagas una búsqueda con su nombre para ver todas las cosas guays que está haciendo mientras tú estudias para los exámenes.

Mis queridos lectores: aunque algún día me sintiera capaz de abrir de nuevo el blog, jamás lo haría.

Porque, en fin, no se me permite admitir que me siento insegura, no muy guapa y bastante celosa porque mi novio es el chico más tierno del mundo y no me ha dado ningún motivo para sentirme así, ¿verdad?

Decidme que estos sentimientos pasarán. No sé cómo voy a sobrevivir.

Girl Online desconectada... para no volver a conectarse xxx

imagen

Cinco días después

Debería ser ilegal que las aulas donde se hacen los exámenes tengan vistas al mar.

¿Es justo que estemos aquí metidos, con calambres en los dedos después de llevar dos horas escribiendo, mientras que ahí fuera el sol brilla sobre las olas y el día parece tan luminoso y relajante? ¿Cómo voy a recordar quién fue la cuarta esposa del rey Enrique VIII cuando los pájaros no paran de cantar y juraría que estoy oyendo la alegre musiquilla de un vendedor ambulante de helados?

Meneo la cabeza para librarme de la imagen de un cremosísimo cucurucho de helado con una barrita de chocolate Flake incrustada en la bola e intento hacer una conexión directa con el cerebro de Elliot, mi mejor amigo. Seguro que él no tiene ningún problema para recordar las fechas y datos del examen de historia. Le puse el mote de Wiki porque su cerebro parece contener tanto conocimiento como la Wikipedia, mientras que en mi caso los esquemas desaparecen de mi memoria tan deprisa como una imagen en Snapchat.

Suspiro y trato de concentrarme en la pregunta del examen, pero las palabras parecen flotar delante de mis ojos y no acabo de entender mi propia letra. Espero que quien lo corrija tenga más suerte que yo.

Haber elegido la asignatura de historia en Secundaria no fue una buena idea. En aquel entonces elegí en función de lo que hacían los demás. La única asignatura que tenía claro que debía estudiar era fotografía. La verdad es que no tengo la menor idea de lo que quiero hacer cuando acabe el instituto.

—Muy bien, dejad de escribir todos —dice el examinador desde la parte delantera del aula.

Se me seca la boca al instante. No sé cuánto tiempo llevo pensando en las musarañas, pero sé que no he acabado de responder a todas las preguntas. De estos exámenes dependen las asignaturas que podré coger el próximo curso y ya la he fastidiado. El sudor me humedece las palmas de las manos y ya no oigo a los pájaros cantar en el exterior. Solo oigo los graznidos de las gaviotas. Tengo la sensación de que están diciéndome al oído: «Suspenso, suspenso, suspenso». Se me revuelve el estómago y creo que a lo mejor acabo vomitando.

—Penny, ¿no vienes?

Alzo la vista y veo que mi amiga y compañera de clase Kira me espera junto a mi pupitre. El examinador ya me ha quitado el examen y yo ni siquiera me he dado cuenta.

—Sí, un segundo. —Cojo la mochila y me levanto de la silla.

Y en ese momento una sensación de alivio sustituye a las náuseas. Independientemente del resultado, ese era mi último examen. ¡El curso ha acabado!

Choco los cinco con Kira mientras sonrío como una tonta. Me siento más unida que nunca a mis compañeras de clase, sobre todo a las gemelas Kira y Amara. Todas me apoyaron a principios de curso, después de que pasara todo el follón. Su amistad fue como un muro protector contra el bombardeo continuo de noticias. La prensa se volvió loca cuando se descubrió que estaba saliendo con el cantante Noah Flynn y poco después encontraron mi blog. Desenterraron detalles íntimos de mi vida y me tildaron de robanovios, porque Noah supuestamente estaba saliendo con la superestrella del pop Leah Brown. Fueron los peores días de mi vida, pero mis amigos me ayudaron a capear el temporal. Y, cuando todo acabó, el desastre nos había unido.

Salimos al pasillo y Kira dice:

—¿Lo celebramos con unas hamburguesas en Gourmet Burger Kitchen? Hemos quedado todos allí antes de ir al concierto. Debes de estar muy emocionada por ver de nuevo a Noah.

Noto una punzada familiar en el estómago. Estoy emocionada, claro que lo estoy, pero también estoy nerviosa. No he visto a Noah desde las vacaciones de Pascua, cuando celebramos juntos mi décimo sexto cumpleaños. Ahora vamos a pasar dos semanas juntos. Y aunque es lo único que deseo (y lo único en lo que puedo pensar) no puedo evitar preguntarme si todo será igual.

—Os veo en el restaurante —digo—. Tengo que recoger unas cosas del aula de la señorita Mills y después iré a casa a cambiarme.

Kira me da un apretón en el brazo.

—¡Ay, Dios! ¡Yo también tengo que decidir lo que me pongo!

Sonrío brevemente mientras se va a la carrera, pero la alegría de haber acabado los exámenes ha desaparecido y ha dado paso a una nueva oleada de nervios. Del tipo: «¿Seguiré gustándole a mi novio?». Sé que debería tener claro que a Noah le gusto tal como soy, pero cuando tu primer novio es uno de los cantantes más famosos del mundo, es más fácil decirlo que sentirlo.

Los pasillos están casi vacíos y lo único que se oye son las pisadas de mis Converse, que rechinan sobre el suelo de linóleo. No me puedo creer que esta sea mi última conversación con mi profesora de fotografía, la señorita Mills. Tengo la sensación de que ha estado a mi lado muchas veces a lo largo del año. Seguramente es la única persona a la que le he contado lo que en realidad pasó en Navidad y en Año Nuevo, además de a mis padres. Hay cosas que ni siquiera le cuento a Elliot. Tener a alguien imparcial con quien hablar era una cosa que jamás había pensado que desearía... o que necesitaría.

Tampoco ayudó mucho que sufriera un ataque de pánico en el pequeño armario que la señorita Mills convirtió en un cuarto oscuro. Ocurrió unas semanas antes de que apareciera en internet información sobre mi relación con Noah. Normalmente el cuarto oscuro me resultaba relajante, pero ya fuera por los gases o por el reducido espacio (o por el hecho de que la foto que estaba revelando era un primer plano de la preciosa cara de Noah, una cara que no vería de nuevo en mucho tiempo), el caso fue que casi me desmayé por culpa de los ácidos. Por suerte, pasó después de que acabaran las clases, así que nadie vio a Penny la del Pánico de nuevo en acción, y la señorita Mills me preparó una taza de té y me dio unas galletas hasta que empecé a hablar y ya fui incapaz de parar.

Desde entonces me ha estado ayudando; sin embargo, tengo muy claro que hay otra cosa que me habría ayudado más: mi blog. Escribir en mi blog siempre me ha resultado muy liberador. Aunque he decidido que los futuros posts que suba a Girl Online sean privados después del último post «Del cuento de hadas al horror», no puedo pasar por alto el conocido cosquilleo que necesito aliviar; el deseo de compartir mis pensamientos con el mundo. Girl Online ha sido mi desahogo emocional y creativo durante un año, y lo echo de menos. Como también echo de menos a la comunidad de lectores a los que considero mis amigos. Sabía que si les hubiera pedido ayuda, los lectores de mi blog me habrían prestado su apoyo, de la misma manera que me apoyaron durante la primera fase de mi ansiedad.

Pero lo único que veo cada vez que cierro los ojos y sueño con actualizar mi blog es a toda esa gente llena de odio que, inclinada sobre el teclado espera para despellejarme. Aunque muchas personas me han demostrado su apoyo y se han portado muy bien conmigo, solo hace falta un comentario desagradable para enviarme de vuelta a una espiral negativa. Nunca me había sentido tan paralizada, tan incapaz de escribir. Normalmente las palabras fluyen de mis dedos como si fueran agua, pero ahora todo lo que escribo me parece artificial e inadecuado. Así que lo escribo todo en un diario, aunque no es lo mismo.

He intentado describirle todas estas emociones a la señorita Mills. En la espiral, todos esos internautas se convierten en payasos muy maquillados, que cuando sonríen dejan a la vista colmillos muy afilados. Son como monstruos, pero en vez de acechar en las sombras, están a la vista de todo el mundo. Son como mis peores temores todos juntos. Un millón de pesadillas. Hacen que me den ganas de preparar el equipaje y mudarme a la selva amazónica con una tribu perdida que piense que los aviones son espíritus malignos enviados por los dioses. Elliot me ha hablado de ellos. Seguro que nunca han oído hablar de Girl Online ni de Noah Flynn. Seguro que no saben lo que es Facebook. Ni Twitter. Ni los vídeos virales que parecen no desaparecer nunca.

Incluso estaría bien vivir en Brighton, Reino Unido. La mayoría de la gente de mi instituto ya se ha olvidado de mi «escándalo», de la misma manera que se ha olvidado del nombre del último ganador del Factor X. Mi padre dice que las noticias de hoy son el papel con el que envolverán mañana los fish-and-chips. Y tiene razón. La novedad que supuso el descubrimiento de mi blog, o incluso mi relación con Noah, ya es historia y está tan acabada como las rodillas de mis vaqueros preferidos. Pero no vivo ni en una selva remota ni tan siquiera en Brighton, Inglaterra. No, yo soy una ciudadana del planeta Internet, y ahora mismo es el peor lugar del mundo donde puedo estar; porque me preocupa que en internet nadie pueda olvidarlo jamás.

Al menos algo bueno ha salido de internet. Chica Pegaso y yo intercambiamos nuestras direcciones de correo electrónico después de que me apoyara, y ha pasado de ser una de las lectoras más fieles de Girl Online a convertirse en una de mis mejores amigas. Aunque todavía no nos hemos conocido en carne y hueso. Tras escuchar mis quejas por enésima vez sobre lo mucho que me gustaría que Girl Online siguiera existiendo, me dijo que podía cambiar la configuración del blog de manera que solo las personas que tuvieran una contraseña pudieran leer lo que yo escribía. Desde entonces solo ella, Elliot y la señorita Mills leen mis incoherencias, pero al menos eso es mejor que nada.

Veo a la señorita Mills a través del cristal de la puerta de su aula. El pelo castaño claro le tapa la cara porque está inclinada, corrigiendo exámenes. Doy unos golpes en el marco de la puerta y ella levanta la cabeza y me mira con una sonrisa.

—Buenas tardes, Penny. ¿Ya has acabado el curso?

Asiento.

—Ahora mismo he terminado el examen de historia.

—¡Genial! Pasa.

Espera hasta que me he sentado en una de las duras sillas de plástico. En las paredes del aula están expuestos los proyectos fotográficos de mis compañeros de clase, montados en cartón pluma y listos para la exposición de verano. En contra de los deseos de la señorita Mills, he solicitado expresamente que mis trabajos no se expongan. He completado todos los proyectos, pero no soporto la idea de enseñar mis fotografías a la gente. La mayoría de mis compañeros de clase también han subido sus álbumes a internet, pero yo dejé de subir mis fotos en Navidad. Me aterra que alguien las descubra y las utilice para reírse de mí. En cambio, he estado confeccionando álbumes en papel que le he ido entregando semanalmente a la señorita Mills. La actividad creativa ha sido muy terapéutica.

La señorita Mills coge mi álbum y me lo devuelve.

—Un trabajo fantástico, como siempre, Penny —me dice con una sonrisa—. Es la última vez que nos veremos durante una temporada, ¿verdad? Hace días que quiero hablarte de tu último post en el blog. Te aseguro que las cosas mejorarán.

Me encojo de hombros. Sobrevivir un día tras otro es lo máximo que puedo soportar.

Como si me hubiera leído el pensamiento, la señorita Mills sigue hablando:

—Creo que eres capaz de hacer mucho más, aparte de sobrevivir. Puedes florecer, Penny. Este último curso escolar has sufrido mucho. Me alegro de que hayas decidido seguir estudiando bachillerato, y sobre todo de que sigas con fotografía, pero no creo que debas angustiarte tanto por las opciones que se te presentan. No pasa nada malo si todavía no sabes qué quieres hacer.

Quiero creerla, pero es difícil. Parece que todo el mundo tiene la vida planificada menos yo. Es algo que a Elliot le resulta ajeno. Sabe que quiere estudiar moda y diseño y sueña con tener algún día su propia firma. Acabo de descubrir que Kira quiere ser veterinaria, así que ha elegido biología y matemáticas, para asegurarse de poder entrar en una buena universidad. Amara es una especie de genio de la física y siempre ha querido ser científica, así que lo tiene decidido. A mí solo me gusta hacer fotos y escribir posts en un blog que solo puedo publicar en secreto para un grupo de mis mejores amigos. No creo que pueda hacer una profesión de eso.

Sé que hay un mar de posibilidades ahí fuera, pero estoy varada en la orilla, incapaz de zambullirme.

—¿Siempre quiso ser profesora? —pregunto.

Ella se ríe.

—Pues no. Llegué a esto... de casualidad. ¡Quería ser arqueóloga! Hasta que me di cuenta de que la arqueología no consiste en aventuras al estilo de Indiana Jones y que en la mayoría de los casos implica la catalogación de fragmentos diminutos de huesos durante horas y horas. Me pasé mucho tiempo sintiéndome perdida.

—Así me siento yo —digo—. Perdida en mi propia vida. Y no sé cómo usar una brújula. ¿Hay GPS para la vida?

La señorita Mills se ríe.

—Da igual lo que te digan los otros adultos, yo voy a contarte un secretillo: no tienes por qué saberlo ahora mismo. Solo tienes dieciséis años. ¡Diviértete! Vive la vida. Dale la vuelta a esa brújula, maréala para que no sepa en qué dirección apuntar. Ya te he dicho que llegué a la enseñanza por casualidad, pero ahora mismo no me gustaría hacer otra cosa. —Se inclina hacia mí y me sonríe—. Bueno, ¿tienes ganas de ir al concierto de esta noche? Es lo único de lo que se habla hoy en las clases. ¿Noah es el telonero de los Sketch?

Sonrío, agradecida por el cambio de tema. La idea de ver a Noah otra vez me alegra el corazón. Hay un punto, cuando Skype y los mensajes de texto no son suficientes, y yo ya he llegado a ese punto. Además, va a ser la primera vez que lo vea actuar en directo, delante de miles de chicas enloquecidas.

—Sí, es el telonero. Significa mucho para él.

—Eso parece. Bueno, cuídate durante el verano. Y no te olvides de prepararte para el curso superior de fotografía. —Señala mi álbum—. ¿Estás segura de que no quieres participar en la exposición? Tienes algunas fotos sorprendentes ahí que merecen ser expuestas.

Niego con la cabeza. Ella suspira, pero sabe que es una batalla perdida.

—Bueno, pues solo te digo que sigas escribiendo en el blog, Penny. Ese es tu talento. Sabes cómo conectar con la gente y no quiero que lo pierdas. Esas serán tus tareas estivales por mi parte, además de las fotografías. Quiero un informe exhaustivo de tus viajes cuando regreses.

Sonrío mientras guardo el álbum de fotos en la mochila.

—Gracias por toda la ayuda que me ha prestado este año, señorita Mills.

Pienso en el proyecto de fotografía que nos ha encomendado la señorita Mills para el verano. Nos ha pedido que busquemos «perspectivas diferentes». El reto de ver las cosas desde otro ángulo. No sé lo que voy a hacer, pero estoy segura de que irme de gira con Noah me brindará un millón de posibilidades distintas.

—De nada, Penny.

Abandono el aula y regreso a los pasillos desiertos. Siento que mi corazón late más deprisa a medida que aprieto el paso, y al final acabo corriendo. Salgo en tromba por la puerta principal, estiro los brazos en cruz y giro varias veces antes de bajar los escalones. Me pongo colorada al darme cuenta de lo ñoño que debe de parecer, pero nunca me he sentido tan contenta de que acabara el curso. La libertad nunca me ha parecido tan maravillosa.

25 de junio

¡Los exámenes han acabado oficialmente! (Y cómo sobrevivir cuando haya que hacerlos de nuevo)

Por favor, redoble de tambores... ¡He acabado el curso! ¡Listo! ¡Finito!

No ha sido tan malo. Repito: no ha sido tan malo. Pero he contado con alguna ayuda (muchas gracias a Wiki, el mejor de mis amigos) a la hora de buscar estrategias para superar el bajón cuando sentía que lo único que hacía era estudiar..., estudiar... y ¡estudiar!

Si no escribo sobre ellas ahora, sé que las habré olvidado cuando, el año que viene, de nuevo llegue la hora de hacer exámenes. Por algún motivo, por más veces que me vea obligada a examinarme, me siguen provocando un pánico atroz.

Cinco maneras para sobrevivir a los exámenes (por alguien que ODIA los exámenes)

1. Repasa
Vale, algunos podéis decir que esto es obvio, pero este año he hecho un calendario especial con todas las asignaturas y he ido pegando estrellitas doradas cada vez que repasaba alguna materia una hora. Ha sido como volver otra vez a Primaria, pero lo cierto es que observar mis progresos (a modo de constelación dorada en el calendario) hacía que aumentara mi confianza en el hecho de ir preparada.

2. Soborna
¡No a tus profesores ni al examinador, sino a ti mismo! Cada vez que completaba una semana de repaso (ver el punto 1) me iba a la heladería y me comía un helado como recompensa. ¡Nada como usar las chucherías para motivarte!

3. Haz las preguntas difíciles primero
¡El consejo más importante de Wiki! Dice que es mejor concentrarse primero en las preguntas con más puntuación para que no te quedes bloqueado al final y te veas obligado a escribir cuatro tonterías.

4. Café
Ni siquiera me gusta el café, pero, según mi hermano, ayuda. Lo intenté, pero cada vez que bebía un sorbo me daba repelús, y me quedaba despierta toda la noche, temblando por culpa de la ansiedad. Así que a lo mejor después de todo no es un buen consejo.

5. Sueña con el verano
¡Recuerda que hay vida después de los exámenes! Esto ha sido básicamente lo que me ha permitido tirar. La certeza de que, muy pronto, estaré otra vez con Brooklyn Boy...

Girl Online desconectada... para no volver a conectarse xxx

imagen

De vuelta a casa, estoy tan emocionada... que casi entro bailando en la cocina. Parece lo más normal del mundo porque mi madre lleva un vestido muy brillante propio de Mira quién baila, y está marcándose una salsa con Elliot, y giran sobre el suelo blanco y negro. El novio de Elliot, Alex, está sentado en un taburete junto a la isla de la cocina, gritando la puntuación con el entusiasmo de Bruno Tonioli.

—¡Siete!

Una tarde normal en casa de los Porter.

—¡Penny, cariño, ya has vuelto! —exclama mi madre entre paso y paso—. No me habías dicho que Elliot fuera tan buen bailarín.

—¡Tiene muchos talentos!

Terminan el baile con una figura inclinada..., la de Elliot sujeto por mi madre.

Alex y yo nos ponemos a aplaudir con entusiasmo.

—¿Subimos? —les pregunto a Elliot y a Alex, que asienten con la cabeza casi en perfecta sincronía.

Verlos me provoca una punzada ya habitual en el corazón. Elliot y Alex forman la pareja perfecta... y no tienen que enfrentarse a las penas de la distancia como Noah y yo. Pueden verse siempre que quieren, sin tener que preocuparse por los husos horarios o por si el wifi es lo bastante potente para realizar una videoconferencia por Skype en condiciones. Están totalmente relajados uno delante del otro.

De hecho, pasan tanto tiempo juntos que mi familia les ha puesto un mote conjunto, como Brangelina o Kimve. Ellos son los Alexiot.

—¿Alexiot se quedan a cenar? —pregunta mi madre antes de que desaparezcamos escaleras arriba.

—No, ¡vamos a por unas hamburguesas a Gourmet Burger Kitchen antes del concierto! —le grito.

—¿En serio? —pregunta Elliot con una ceja arqueada.

Doy un respingo.

—Kira nos ha invitado. ¿Os parece bien?

Alexiot se miran entre sí, pero parecen llegar a un acuerdo.

—Sin problemas, Pennyncreíble —contesta Elliot. Extiende un brazo y coge a Alex de la mano, y yo sonrío.

Recuerdo el día que se conocieron, no mucho antes de San Valentín. Elliot me arrastró a una tienda de ropa vintage en una zona perdida de Brighton Lanes, aunque habíamos estado allí el día anterior y los dos sabíamos que no íbamos a encontrar nada distinto. Pero vimos a un chico nuevo apoyado detrás del mostrador. Tardé unos cuantos segundos, pero lo reconocí.

—¡Ay, Dios, Penny, es monísimo! —Elliot tiró de mí hasta colocarnos detrás de un perchero de ropa y se cubrió con una enorme boa de plumas.

—Es Alex Shepherd —dije—. Está en Bachillerato en el instituto. —Claro que lo conocía, pero más que nada porque Kira estaba coladita por él. Bajé la voz—: ¿Estás seguro de que es gay?

Elliot puso los ojos en blanco.

—¿Crees que te habría traído hasta aquí si no estuviera seguro? Hemos estado lanzándonos miraditas desde que empezó a trabajar aquí hace dos semanas.

—Tú le lanzas miraditas a cualquiera —repliqué al tiempo que le daba un codazo en las costillas.

—No así. —Me guiñó un ojo de forma exagerada y me arrancó una risilla tonta.

—Bueno, ¿por qué no le has tirado los tejos todavía?

—Lo haré. Tú dame... tiempo.

Kira se quedaría hecha polvo cuando descubriera que Alex era de la acera de enfrente, pero se le pasaría. El chico tenía un aspecto un poco más pulcro del que habría imaginado para Elliot, pero también tenía un brillo travieso en la mirada que derretiría a cualquiera. Me asomé desde detrás del perchero para mirarlo, y él seguía con la vista clavada en nosotros, así que levanté la mano y lo saludé.

—Penny, ¿qué haces? —El susurro de Elliot subió al menos una octava de tono.

En ese momento sonreí.

—Acelerando las cosas. Además, solo estoy siendo amable. Nos estaba mirando. Vale, viene hacia aquí..., dalo todo.

—¿Que está haciendo qué? —Elliot se quedó blanco por el pánico, pero se alisó el pelo—. ¿Qué pinta tengo? ¡Sabía que no tendría que haberme puesto el sombrero! Parezco demasiado formal, tendría que haberme puesto algo más deportivo.

—Elliot, se te va la pinza. —Nunca lo había visto tan nervioso. Le quité la boa para que no pareciera que tenía un animal peludo en la cabeza—. Además, tu sombrero es... —Pero antes de poder terminar la frase, Alex llegó a nuestro lado.

—¿Puedo ayudaros? —preguntó con una sonrisilla. No apartó los ojos de Elliot ni un instante.

—¿Te quieres casar conmigo? —masculló Elliot.

—¿Qué has dicho? —Alex frunció el entrecejo.

—No, nada..., solo me preguntaba si podrías ayudarme a encontrar un pañuelo que vaya bien con mi sombrero. —Era como si Elliot se hubiera transformado en otra persona. Los nervios parecían haber desaparecido por completo y volvía a ser la persona segura de sí misma de siempre.

—Claro. Tengo algo que te irá muy bien con ese aire a lo Gran Gatsby que tienes. —Alex se acercó a otro perchero de la tienda.

—¿Sabías que la mujer de F. Scott Fitzgerald se negó a casarse con él hasta que tuviera un contrato por un libro? —preguntó Elliot siguiendo a Alex.

—No lo sabía, pero sí sé que se le daba fatal la ortografía —contestó Alex sin pestañear siquiera.

Los observé alejarse, intercambiando anécdotas de un escritor del que yo todavía no había leído nada (y tampoco he visto la película basada en un libro suyo). Era como si se conocieran de toda la vida. En ese momento supe que tenía que dejar a Elliot solo. No quería aguarle la fiesta.

Pero, como solo me puede pasar a mí, retrocedí y choqué contra un expositor, haciendo que un montón de abrigos de piel y de estolas de estilo vintage se fueran al suelo. Me puse como un tomate y empecé a recoger los pesados abrigos y las pieles, pero estaba todo hecho un desastre. Si es que siempre tengo que fastidiarle el momento a Elliot.

Alex y Elliot volvieron junto a mí al instante.

—Ya lo recojo yo, no te preocupes —dijo Alex.

—Te ayudo —se ofreció Elliot.

Los dos se agacharon y recogieron un extremo opuesto de la misma estola de piel, y fueron tirando hasta que sus manos se tocaron. Casi pude sentir la electricidad en el ambiente. Era su momento albóndiga y espaguetis en plan La dama y el vagabundo, una película que sí había visto, cientos de veces, de pequeña. Me disculpé por lo bajo e intenté escabullirme de la tienda una vez más, pero en esa ocasión no se dieron cuenta. Están juntos desde entonces. Y a mí me gusta pensar que mi torpeza los ayudó un poquito.

En este momento, Alexiot tienen que ayudarme a contestar la pregunta definitiva: ¿qué me pongo para ver por primera vez a mi novio en persona después de dos meses? Subimos la escalera a toda prisa, hasta el último piso, donde está mi dormitorio. Alex sube los escalones de dos en dos gracias a sus largas piernas. Es mucho más alto que Elliot y que yo.

—Esto..., Penny, ¿no se supone que te vas mañana de gira? —pregunta Alex cuando llega al final de la escalera y está de pie delante de la puerta de mi habitación.

—¿A qué te refieres?

Pero sé exactamente a qué se refiere. Es como si un tornado hubiera arrasado mi dormitorio. Todas las prendas de ropa que poseo (incluidos todos los pañuelos, los cinturones y los sombreros) están amontonadas encima de la cama. Los apuntes están desperdigados por el escritorio, y también hay fichas tiradas por el suelo, donde monté mi trabajo final de fotografía.

El único sitio que queda libre en toda la habitación es el asiento acolchado de la ventana, donde he dejado un recorte de una revista del corazón con una foto en la que salimos Noah y yo, con su brazo por encima de mis hombros. El pie de foto dice: «Noah Flynn y su novia». Era la primera vez que salía en una revista y, aunque tengo el pelo hecho un desastre, la guardo de recuerdo. También hay un calendario que está casi cubierto por entero con estrellas doradas, y el día de hoy está señalado con un círculo rojo.

Elliot atraviesa de puntillas el caos.

—Madre del amor hermoso. Mar Bravo no sabe hacer el equipaje.

«Mar Bravo» era el nombre que se nos ocurrió a Elliot y a mí para mi álter ego, el que siempre invocaba cada vez que me comían los nervios, como Beyoncé cuando usaba «Sasha Fierce» como una protección en el escenario. Beyoncé ya no necesita a Sasha, y yo espero no necesitar a Mar Bravo algún día. Pero, de momento, me aferro al nombre como a un chaleco salvavidas que me mantendrá a flote durante los mares bravos de mis ataques de pánico.

Señalo mi cama.

—Esto..., sentaos. Si podéis.

Me siento sobre un montón de sudaderas que hay en la silla de mi tocador.

—Me preocupa un poco que estés ocultando el cadáver de Megan por aquí abajo —dice Elliot con la nariz fruncida.

Le saco la lengua.

—Que lo iba a dejar aquí...

Megan fue mi mejor amiga cuando empecé el instituto, pero cambió, transformándose en una chica muy exigente, egoísta y obsesionada por los chicos que me resultaba irreconocible. El año pasado se puso muy celosa por mi supuesta relación con Ollie, un chico por el que estuve coladita antes de conocer a Noah. No pasó nada entre nosotros, pero la simple posibilidad de que pudiera pasar bastaba para que Megan se pusiera como una loca. Fue Ollie quien descubrió el que por aquel entonces era mi blog anónimo y el que reconoció a Noah Flynn, y se lo contó a Megan. A su vez, Megan sumó dos más dos y se lo contó a la prensa, lo que me dejó expuesta a los medios de comunicación y al público en general.

De todas maneras, me vengué cuando Elliot y yo nos enfrentamos a Megan y a Ollie en una cafetería, un encuentro que terminó cuando les tiramos los batidos por la cabeza. No me he relacionado mucho con Megan desde el «momento batidos». El incidente, que sigue siendo la única vez en mi vida en que le he plantado cara a alguien, mi momentazo de valor, corrió por el instituto como la pólvora.

Sin embargo, las chicas como Megan no se quedan en el ostracismo mucho tiempo. Es como si la confianza que tiene en sí misma siempre se impusiera y los momentos malos o los vergonzosos acabaran resbalándole. Incluso bromea diciendo que el helado es el secreto de que tenga una piel tan blanca. Y ahora la han aceptado en la escuela de teatro más importante de Londres. Vuelve a ser intocable, a estar en la cima del mundo.

Incluso Ollie deja el instituto. Toda su familia ha decidido mudarse para ayudar a su hermano a que suba el siguiente peldaño en su carrera tenística. Me siento mal por él. Incluso después de lo que me hizo, no creo que sea un mal chico. Y ahora está atrapado a la sombra de su hermano. Mis dos némesis desaparecen del mapa, sin más. El único desafío que me queda es superar mis miedos.

Elliot da una palmada. Está en modo organizador en plan Monica, de Friends.

—Vale, ¿dónde tienes la maleta?

—Bueno..., creo que Alex se ha sentado encima.

Alex se levanta de un salto y mueve un montón de ropa. Por fin se puede ver el lateral de una maleta rosa debajo del montón desastroso que forman mis pertenencias.

—A ver, repíteme cuánto tiempo vas a estar fuera —me dice Alex mientras observa con ojo crítico mi abultadísima maleta.

—Va a estar fuera catorce días, tres horas y veinte minutos —contesta Elliot—. ¡Pienso contar hasta el último segundo!

—Creo que mis padres también van a hacerlo —digo con una sonrisa tímida.

—¿Les ha costado mucho hacerse a la idea? —me pregunta Alex.

—Bah, ¡solo los dos meses que han pasado desde que Noah lo sugirió en Pascua! La verdad es que yo tampoco estaba segura de poder hacerlo.

Acompañar a Noah durante la gira es algo monumental. Será la primera vez que voy a viajar absolutamente sola. Y, aunque hemos repasado con pelos y señales hasta el más mínimo detalle, sigue poniéndome muy nerviosa la idea de ir.

—Claro que puedes. Va a ser una experiencia increíble y yo estoy verde de la envidia. A ver, Penny, abre la maleta y enséñanos qué te llevas.

Sigo sus instrucciones y doy un respingo al ver la prenda que aparece en primer lugar. Elliot extiende la mano y saca la rebeca de lana más grande que hayas visto en la vida, con unas mangas bien anchas con las que puedo darme dos vueltas. Es de mi madre, que se la puso, según asegura, solo cuando estaba embarazada, y ni una sola vez antes ni después.

Elliot la saca y la sujeta delante de él. Le llega por debajo de las rodillas.

—Sabes que la gira es en pleno verano, ¿no? ¿Por qué no te llevas un rebaño entero de ovejas?

Se la quito de las manos.

—Es mi rebeca de seguridad. —Me la acerco a la cara e inhalo el perfume que desprende, el preferido de mi madre. Huele a mi casa— ...