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Nota del Editor

Como si fuera un ventrílocuo, Junot Díaz deja hablar distintas voces en sus libros. Mezcla lenguajes (incluido su mal uso), alta y baja cultura. Conviven el slang callejero de pandillas y las "categorías" de Tolkien. Experimenta con un inglés salpicado de castellano para contar sus historias de varios idiomas y varias generaciones. Su último libro es un conjunto de relatos de amor, pero que terminan mal, porque Yunior, el narrador de todos ellos (salvo uno), es un infiel incorregible. Esa variedad, sin embargo, está circunscrita a ciertos territorios físicos y cronológicos. Yunior también era el narrador de su primera colección de cuentos, Los boys (1996), y, aunque uno se entera ya bien adentrado en la novela, de La maravillosa vida breve de Óscar Wao (2007), con la que ganó el premio Pulitzer: la historia de un dominicano gordo, príncipe de los nerds , que quiere ser escritor. Yunior, con todo, es un personaje ambivalente, que puede provocar simpatía, ternura, también irritación. Así es como la pierdes da argumentos para esas impresiones. De amor y otras cosas Así es como la pierdes es un libro engañosamente delgado. Habla de amor (o más bien sexo) y desamor, pero también de historias familiares y culturales. Surge así el hermano mayor como una figura graciosa, aunque a menudo cruel. "Invierno", por ejemplo, es un cuento sutil y desolado sobre la inmigración: Yunior, junto a su madre y su hermano, han llegado a New Jersey desde Santo Domingo. Los trae el padre, al que apenas conocen. Como es invierno, papi no los deja salir, por el frío, o simplemente porque no quiere. Cuando papi trabaja, los hijos miran por la ventana o la televisión, practicando el inglés, repitiendo las palabras para su madre, quien no logra aprender... El estilo de Junot Díaz es a la vez preciso y frondoso. En "Miss Lora", Yunior adolescente tiene un amorío con una profesora, mucho mayor que él. Ella "era enjuta y nervuda como un alambre, cada fibra sobresalía con estrafalaria definición. En comparación, Iggy Pop parecía un gordito". Díaz escribe de una forma tan vigorosa y divertida, que permite que se mezclen expresiones fogosas y un áspero lirismo, a veces en la misma frase: "Tú, Yunior, tienes una novia que se llama Alma, que tiene un cuello de caballo tierno y largo y un culazo dominicano que parece existir en una cuarta dimensión, más allá de sus jeans". You not dejes de leer a Junot. Díaz nació en 1968 en Santo Domingo, y se fue -con su madre y hermanos- a Estados Unidos, donde su padre trabajaba, en 1974. Estudió en Rutgers y Cornell, y ahora es profesor en el MIT, en Boston. Responde desde San Francisco, donde tiene un taller para escritores jóvenes. -En sus libros, el narrador privilegiado es Yunior. ¿Cree que ellos son parte de una unidad mayor? -Claro. No hay duda. Yo veo los libros de cuentos Los boys y Así es como la pierdes como capítulos en una novela más grande. Una novela sobre la vida de este personaje, Yunior de Las Casas. -¿De cuándo es su primer cuento de Yunior? -El primer cuento es uno que se llama "Ysrael", que trata de un episodio en su vida en República Dominicana. Yo más o menos ahí empecé el trayecto de Yunior, el año 1995. -¿Por qué empezó a escribir? -Oh, bueno. Imagínate. Yo era un lector, pero te digo, un lector feroz. Para mí la lectura fue lo máximo. De niño estaba completamente enamorado del libro. Para mí, ser escritor fue parte de ese amor. Esa fue la mejor manera de mantenerme involucrado con los libros. Por otro lado, también había una ausencia tan grande sobre la actualidad de los dominicanos en Estados Unidos, sobre la experiencia de la diáspora dominicana, que yo reaccioné. Me dije, diablos, yo no quiero que mi pueblo, mis amigos, mis vecinos, mis familiares..., yo no quiero que ellos no existan. Fue un proyecto contra la invisibilidad. -¿Es lento para escribir, o para publicar? -Yo escribo porque quiero ser parte de una conversación. Como artista, es una cosa escribir tu obra o hacer tu trabajo, pero yo creo que la segunda parte es querer involucrarte en una conversación. No necesito que me publiquen editoriales grandes o prestigiosas; lo que yo quiero es que algunas personas me lean y, ojalá, quieran utilizar o ver el libro como un espacio para conversar sobre la cultura, sobre su propia experiencia. Yo escribo para eso, para la conversación que uno tiene con sus lectores. -¿Es fanático de los cómics y la ciencia ficción, como Óscar Wao? -Sí, de niño, eso fue parte de mi mundo. Hay gente que ha tenido el privilegio de que cuando piensa en su cultura tiene poesía, gran literatura, obras de arte, música clásica. Pero a mí no me criaron en ese ambiente. Para mí, los ladrillos para mi cultura, lo que yo tenía, fueron los cómics y las películas malas, y utilicé ese material como piezas de mi arte. -Le aconsejan a Yunior escribir una "Guía de amor para infieles", pero él es un mujeriego bastante torpe... -Sí, es muy tonto. Lo que pasa con Yunior es que él mismo es el problema. A él lo criaron con esta vaina del hombre latino, lo criaron con esa imagen, esa idea, de que un hombre latino tiene que ser muy macho, muy mujeriego. Pero, te digo, él no tiene mucho talento en eso. Él mismo no sé si está confundido o no está completamente de acuerdo. Hay una guerra dentro suyo con esta idea de cómo ser un hombre. Y entonces, sí, si hay una prueba por mujeriego, él se quema. -Una de las formas de seducción que aconseja es citar a Neruda. ¿Es una buena estrategia? -Un medio bruto como él trata de utilizar todos los estereotipos, ¿no es verdad? Eso para mí es una señal de su locura; él no ve las cosas muy claras. Eso me da una maldita risa. -En los cuentos las mujeres son vistas como objeto. ¿Es Yunior sexista? -Yo, como escritor, estoy tratando de representar una clase de hombre. No estoy diciendo que todos los hombres dominicanos sean así. Porque yo no creo que el problema que tiene Yunior tenga que ver con la dominicanidad ni con la latinidad. Yo creo que el problema que tiene Yunior tiene que ver, profundamente, con la masculinidad. Cuando Yunior está hablando de las mujeres (mira qué cuerpo, qué bella, etc.), yo estoy representando un hombre que se crió al interior de una cultura bien machista, súper machista, y entonces claro que Yunior tiene esos aspectos, pero también tiene otros aspectos como personaje que son interesantes. Yunior como escritor, como narrador, toma en cuenta muchas veces la violencia contra la mujer, es un testigo de los abusos contra ella en la comunidad latina. Lo veo como un personaje complicado. Él se ha dado cuenta de que toda esa violencia, todo ese sufrimiento, tienen en su base esa imaginación machista, esa masculinidad que ve a la mujer como un objeto. Y aunque él es muy crítico de esto, también lo practica. -En un cuento adopta la voz de una mujer. ¿Fue difícil? -¡Uf! De lo que yo conozco a hombres escritores, nosotros no tenemos mucho talento para capturar la voz de una mujer. Fue sumamente difícil. A mí me ayudó un grupo de mujeres, amigas mías, corrigiendo errores, pero creo que todavía no lo he hecho bien. -Yunior es profesor en Boston y él cree que hay allí un fuerte racismo. ¿Lo ve así usted? -Naaa. Lo que a mí me interesa de esa representación es que uno lee el libro entero y se da cuenta de que Yunior es parte de un sistema donde el racismo existe. Yunior dice muchísimas cosas racistas. No tiene ningún problema en decir "este tíguere es así o asá". Pero cuando ya su vida está fracasada, cuando todo le está yendo fatal, cuando ha perdido el amor, en ese momento, él se queja sobre el racismo. La pregunta no es si en Boston hay racismo, la pregunta que yo tengo para el lector es: "¿Has sido tú racista?". El racismo, que Yunior practica en los primeros cuentos, yo creo que es algo que forma parte de nuestra cultura, pero muchas veces es invisible, y nosotros nos damos cuenta de eso cuando somos sus víctimas. -A Yunior niño el padre lo rapa para ocultar su cabello afro, y, adulto, él mismo se rapa por un amor superado. ¿Tiene algo que ver con su propio estilo de corte de pelo? -Oh, no, man . De veras no sé cómo contestar. Imagínate, yo soy hijo de un militar; claro que yo tengo el pelo africano... Yo creo que estaba tratando de describir la experiencia de muchos de mis amigos. Bueno, mejor lo dejo ahí. -Por otra parte, él tiene problemas en la espalda por cargar mesas de billar. -Lo que pasó fue que yo estuve por más de siete años tratando de terminar ese cuento. En la primera versión tuvo problemas con el pie, después tuvo problemas con esto y con lo otro. Yo como que estaba tratando de desbaratar el cuerpo de Yunior. El último año, cuando por fin estaba terminando el cuento, yo tuve un gran problema, una mierrrda, con mi espalda. Y decidí darle ese mismo problema a Yunior. Desde el principio yo estaba acabando con su cuerpo, y como me cayó eso se lo pasé a mi narrador. -¿Puedo preguntar por algunas constantes? El hermano que murió de leucemia. Espero que no sea autobiográfico. -Yo diría, si tengo que darle un porcentaje a lo autobiográfico, que es la mitad. Yo saqué la mitad de mi propia vida. Yo tuve un hermano que sufrió de cáncer, pero mi hermano no se murió, era otra clase de cáncer y mi hermano reaccionó muy distinto al hermano de Yunior. Utilizo algunos elementos de mi vida como la semilla, pero la cosecha de la ficción es muy diferente, al punto que a veces uno no puede ni reconocer esa semilla. -Alguien sin cara figura en dos cuentos de "Los boys" y también en Óscar Wao. -Sí, sí. Esa puede decirse que es una obsesión mía, de veras. Cuando niño tuve una pesadilla sobre un hombre sin cara, y yo creo que me quedé con eso para la vida entera. Es algo que me interesa mucho, y no sé por qué. A veces uno tiene locuras. Una de mis locuras, uno de los grandes miedos míos, son los hombres sin cara. -¿Y qué hay de los miedos apocalípticos? -¡Ay, no! Los míos fueron mucho peores que los que sufrió Yunior. ¡Oh, man ! Yo nací en 1968, entonces yo tenía 11 años cuando ese president , Ronald Reagan, empezó su campaña y era, mira, no te puedes imaginar a un candidato hablando todos los días de que si esos soviéticos se quieren enfrentar con nosotros, entonces nosotros vamos a tirarles tres mil bombas atómicas. Ese fue un discurso profundamente terrible. Yo, como niño, estaba aterrado, tenía las mismas pesadillas que John Connor en la película "Terminator" sobre el fin del mundo. Para muchos de nosotros que nos criamos en esa generación eso formó parte de nuestra vida, y, sin embargo, ya casi se ha olvidado esa niñez tan apocalíptica. -¿Hay una distancia muy grande entre hablar una lengua y su reconstrucción por escrito? -Claro, man . Pero yo creo que es uno de los grandes retos del escritor. Es cómo nosotros podemos capturar esos ritmos, eso tan complejo que es la manera en que la gente se comunica. Todos los escritores tienen que bregar con eso. Hay escritores que tienen que tratar de representar cómo hablan los intelectuales u otros grupos. El proyecto mío es tratar de representar el idioma de los dominicanos en su diáspora, de esos jóvenes dominicanos que han crecido debajo de una doble experiencia, siendo dominicanos, pero también siendo gringos. -¿Ha tenido relación con los traductores de sus libros al castellano? -Sí, yo a Achy Obejas la veo muchísimo. Me gusta como escritora, pero también como traductora. Es muy talentosa. Cada vez que empieza a traducir mis libros, como que les saca lo mejor. Ella mejora mis libros. -Óscar Wao sueña que algún día lo reconozcan como el Stephen King dominicano y su hermana como el James Joyce dominicano. ¿Cuál denominación le gustaría más a usted? -¡Uyyy! Yunior, el narrador, quisiera ser ambos. Si hay opciones, Yunior siempre quiere todo. Como escritor, yo mismo, la única cosa que quiero es que mis libros sobrevivan un par de años después de que yo me muera. Eso es todo lo que uno puede esperar. La única cosa que yo quiero como escritor es ser leído.

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