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Nota del Editor

Si existe alguna manera de incentivar el amor por las historias y por la lectura entre los niños que aún no han aprendido a leer, esta es el cuento. Desde pequeños nos han acompañado antes de ir a dormir y, aunque quizás en aquel momento solo disfrutáramos de algún escenario, personaje o ilustración que, con la irreductible imaginación infantil, la hacíamos nuestra, a medida que hemos ido creciendo hemos cambiado nuestra manera de ver aquel cuento. A veces lo matamos cuando lo intentamos volver a leer desde una perspectiva adulta y racional, separando lo que es posible o creíble de lo imposible o inverosímil. Sin embargo, otras veces somos capaces de leerlos con la ingenuidad y sencillez de un niño, pero a la vez entendiendo sus metáforas y sentidos. Solo cuando somos capaces de hacer esto sentimos que el cuento ha crecido con nosotros, que aprendemos otra vez del suave vaivén que ya nos hizo volar cuando queríamos ser astronautas o princesas y nuestra imaginación no conocía límites. Cuando me enteré de que Ana María Matute, una de las escritoras más valoradas y apreciadas en España, había fallecido me avergonzó el hecho de que no había leído nada de ella. Así, al instante decidí ponerme a leer su obra empezando por su última obra incompleta, Demonios Familiares, y siguiendo por sus cuentos. Al menos en España hay dos maneras de leer sus cuentos. La primera es comprarlos uno por uno, disfrutando de las excelentes ediciones de Editorial Destino y las maravillosas ilustraciones de Albert Asensio que acompañan la narración, pero también de sus escalofriantes precios. La segunda es la opción práctica y la que mima más el bolsillo de los lectores. Se trata de una recopilación de los nueve cuentos de la escritora editada por Debolsillo por el estupendo precio de nueve euros, y cuando digo estupendo lo digo porque es menos de lo que vale un solo cuento de la primera opción. Yo, como ya habréis deducido, me decanté por la segunda opción. Hoy os traigo, pues, Todos mis cuentos, de Ana María Matute. En el primer cuento, El saltamontes verde, conocemos a Yungo, un niño huérfano al que al tercer día de nacer le robaron la voz. Aunque es adoptado por una granjera piadosa nadie cuenta con él porque todo el pueblo cree que es tonto por el hecho de no poder hablar. Un día Yungo salva a un saltamontes capaz de hablar de unos niños crueles que iban a ahogarlo y de ese encuentro nace una amistad inquebrantable. Juntos parten para encontrar la voz de nuestro protagonista. Empezamos con un cuento corto pero matón, con una moraleja clara y un final inesperado de los que dan que pensar... Lee la reseña completa en [url=http://www.trotalibros.es/2015/01/todos-mis-cuentos-de-ana-maria-matute.html]Trotalibros[/url]

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