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ANTIMANUAL DE AUTODESTRUCCION AMOROSA

Marita Alonso

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Fragmento

 

Hola, soy Santi Millán y después de leer este libro he descubierto que soy el Najwa Nimri del Kamasutra, un duracell del sexo. También me he dado cuenta de que ir al cine en una primera cita es un error. Sí, con la lectura de este antimanual he aprendido muchas cosas sobre mí y he podido confirmar que los tíos somos muy patéticos. Y es que, aunque inventemos nuevas formas y estrategias para relacionarnos con las chicas, nuestra finalidad siempre va a ser la misma: sexo. En cambio, las mujeres son diferentes. Por lo menos, la mayoría, porque compruebo con miedo que la autora ha descubierto nuestros más sucios secretos para ligar y ha escrito este libro para que las mujeres los sepan. Aunque creo que nos ha desenmascarado porque ella lleva toda la vida utilizando nuestras mismas estrategias para encontrar el amor o para llevarnos a la cama.

Atención, una mujer te puede invitar al cine con la única intención de ver la película. ¿Os lo podéis creer? Pues resulta que si un hombre invita a Marita a ir al cine y solo lo hace con fines cinematográficos, es más que posible que ella se enfade. Parece que hay dos tipos de personas: las que compran entradas para disfrutar del séptimo arte y las que lo hacen para magrearse en la oscuridad.

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Como el libro va de fracasos amorosos, os voy a contar una historia personal frustrante, pero por favor que no salga de aquí. Una vez conocí a una chica en una fiesta de cumpleaños de un colega. Estuvimos hablando toda la noche sobre cine, cuáles eran nuestras películas favoritas, qué géneros nos gustaban más, qué otros detestábamos, etcétera. En un momento dado, me dijo que acababan de estrenar una película y que le apetecía mucho ir a verla. Me pidió que la acompañara y por supuesto le dije que sí. Inmediatamente pensé dos cosas: uno, esta noche no me la follo; dos, me la follo mañana. Sí amigas, así de básicos y simples somos los tíos. ¡Qué le vamos a hacer!

La cuestión es que nos dimos los teléfonos de casa —aún no existían los móviles— y quedamos en llamarnos al día siguiente. Yo me hice un poco el duro y aguanté toda la mañana sin llamar. Eso sí, estuve pegado al teléfono por si lo hacía ella. Y así fue. A la hora de comer me llamó para quedar y me informó sobre la hora y el cine en el que proyectaban la película que quería ver. Pero, ¡oh sorpresa!, también me preguntó si se podría quedar a dormir en mi casa, porque después de la película ya no tendría forma de volver a la suya. Lo sé. Si eres tío estarás pensando lo mismo que pensé yo: ¡ve a comprar condones!

Durante la proyección no estuve muy pendiente de la película. No recuerdo el argumento. No recuerdo ni el título y no porque nos estuviéramos dando el lote, sino porque no podía dejar de imaginar que en unas horas estaría con ella metido en mi cama. Salimos del cine tarde y dimos un paseo hasta mi casa. Me puse un poco nervioso. Subimos al piso y, cuando entramos, ella se metió directamente en el baño con su mochila. Mi cabeza iba a mil por hora. Imaginé que quería un poco de intimidad y la visualicé quitándose la ropa de calle y poniéndose lencería sexi. Pues no, apareció con un pijama de Minnie Mouse, calcetines térmicos y me preguntó cuál era su cama. Me dijo que se iba a dormir porque estaba muy cansada y al día siguiente tenía que madrugar. Me dio las buenas noches y se metió en el sobre. Yo acabé en el sofá pensando que era un verdadero gilipollas.

Pues este es el tipo de cosas que me llama la atención del comportamiento de las mujeres. Hay veces que pienso que, aun hablando el mismo idioma, utilizamos el léxico de formas muy distintas. Para los hombres, «ir al cine» significa sexo. Para las mujeres, como pude comprobar esa noche, «ir al cine» significa ir al cine.

Ahora mismo estoy elaborando una especie de traductor mujer-hombre para poder entender mejor al sexo femenino. Si algún día pretendéis tener una relación estable, esta información os va a ser muy útil. Voy a poner algunos ejemplos para que entendáis de lo que estoy hablando:

• HOY ESTOY AGOTADA: Cuando oigas a tu pareja decir esta frase al entrar por la puerta de casa es que te está informando de que esa noche no hay sexo.

• ESTARÍA BIEN QUE: Aunque tenga apariencia de condicional, ella lo utiliza como una orden directa, un imperativo taxativo. Hazlo o pringas.

• MUY BIEN: No significa que esté contenta con lo que estábais hablando, lo que quiere decir es que la conversación o la discusión se ha acabado y que tú no tienes la razón.

• DE ACUERDO: ¡Ojo! Esta es peligrosa. Significa todo lo contrario. No está de acuerdo para nada, pero aún no ha decidido qué tipo de castigo te mereces.

• GRACIAS: Significa gracias, pero si no contestas con un «de nada cariño», puede haber consecuencias graves.

• MUCHAS GRACIAS: significa justo lo contrario que «GRACIAS». Quiere decir que está muy cabreada contigo por algún motivo. En este caso, responder «de nada» sería muy contraproducente. Mejor callar y bajar la cabeza.

• DÉJALO, NO TE PREOCUPES: Esta expresión se utiliza cuando ella te ha pedido que hagas alguna cosa, probablemente más de una vez, y tú te has olvidado de hacerla. Lo que significa es que la hará ella y que acabarás arrepintiéndote.

• ¿ESO TIENES QUE HACERLO AHORA?: Quiere decir «deja inmediatamente lo que estás haciendo y prepárate para recibir nuevas órdenes».

• TÚ MISMO / HAZ LO QUE QUIERAS: ¡Buf! Extremadamente peligroso. No quiere decir que respetará tu decisión decidas lo que decidas, sino que tendrías que saber lo que ella quiere que hagas, pero ella no piensa decírtelo.

• NO ME PASA NADA: En realidad significa «está claro que estoy cabreada contigo y deberías saber por qué». Ya vas tarde.

• ¿ME ESTÁS ESCUCHANDO?: No es una pregunta, es una pena capital. Si has llegado a este punto, reza lo que sepas.

• SIÉNTATE, TENEMOS QUE HABLAR: Fuego, destrucción, ¡holocausto nuclear!

Las relaciones sentimentales son complicadas, y la autora de este libro lo sabe bien. Las historias que nos cuenta en primera persona hablan de rotundos fracasos amorosos. Son historias duras, algunas con finales trágicos, experiencias que no desearías ni a tu peor ex. Pero cuando las lees no puedes evitar reírte. Y es que somos así de crueles, disfrutamos de los fracasos y las desgracias ajenas. Ver que hay gente peor que tú te hace sentir mejor. Somos así de cabrones. ¡Qué le vamos a hacer!

Una de las cosas que más me gusta de este libro es que no es un libro de autoayuda convencional. No os podéis imaginar cómo me dan tan por culo esos libros. En una ocasión me compré uno, más que nada por curiosidad. Se titulaba Consigue lo que te propongas o una mierda por el estilo y, como sospechaba, no funcionó. Me propuse que me devolvieran el dinero y lo único que conseguí fue un vale por el importe del libro. Bonita metáfora.

¡Ya está bien de libros de autoayuda! ¿Todavía no se han dado cuenta de que nadie aprende de los errores ajenos? Si la cosa funcionara así, nos entregarían un manual estándar al cumplir los 18 años donde se explicara detalladamente cómo hacer las cosas bien de por vida. Pero no nos lo dan, ¿verdad? Aunque intentarlo, lo han intentado. Desde las religiones hasta los políticos, pasando por los padres, se han empeñado en enseñarnos lo que es correcto y lo que no, lo que nos conviene y lo que no, lo que nos hace mejores personas y lo que nos convierte en seres odiosos. ¿Y el resultado? Hacer siempre, pero siempre, lo contrario a lo que pretenden enseñarnos.

Yo creo que el error está en intentar ayudarnos con un manual que ha escrito alguien que no nos conoce lo más mínimo. Es como intentar montar un televisor con el manual de instrucciones de una radio. Está claro que te van a sobrar piezas. Como mínimo, la pantalla.

Por eso celebro que Marita nos cuente sus historias sin ninguna pretensión evangelizadora, que simplemente lo haga con la sana intención de hacernos reír. Y estoy tan seguro de que lo va a conseguir que, si no os reís leyéndolo, yo mismo os devuelvo el dinero.

SANTI MILLÁN

 

He de aclarar, antes de presentarme, que jamás he leído un libro de autoayuda. Es más: cuando me compré por error el superventas ¿Quién se ha llevado mi queso?, lo hice creyendo que se trataba de una novela policiaca o, como mucho, de la autobiografía de Jordi Cruz. Jamás he creído en ellos. Me refiero a los libros de autoayuda, ya que tanto Jordi como los policías me parecen reales e increíblemente sexis. Si me hubiera leído Es fácil dejar de fumar si sabes cómo, estaría escribiendo este texto sobre papel de liar inhalando cincuenta cigarrillos postrados en mis labios. No se me da bien seguir instrucciones y siempre las entiendo al revés. No creo en los consejos ni en las lecciones de vida impresas sobre papel. Tampoco creo en los estúpidos carteles de Keep Calm. La tranquilidad es una utopía que se me escapa.

En definitiva, no pretendo escribir un manual, porque jamás he leído las instrucciones de absolutamente nada. Monto los muebles de Ikea a base de golpes, como un simio de 2001: Odisea en el espacio provisto de un martillo, dejándome guiar por mi —inexistente— intuición. Es más: gracias a mi capacidad para ignorar las reglas, sentarte en una silla de mi salón es jugarte la vida y el coxis. Ni siquiera he leído en toda mi existencia el prospecto de un medicamento. En mi cabeza todo se limita a ingerir pastilla / ingerir agua, la máxima de Chimo Bayo en sus mejores épocas.

Teniendo en cuenta semejante panorama, a estas alturas sabrás que has de tomar cada historia que cuento, cada anécdota que relato y cada consejo que doy con la certeza de que lo hago desde donde más se aprende: postrada en el más absoluto fracaso sentimental. Tienes que saber que mis palabras son totalmente dañinas, erróneas e incluso incoherentes, porque comprobarás que me quejo de algunas estrategias masculinas que termino por adoptar c ...