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CUCHILLO DE PALO (REFRANES, CANCIONES Y RASTROS DE SANGRE 2)

César Pérez Gellida

5


Fragmento

PERSONAJES

Personajes principales:

Ramiro Sancho. Inspector de policía del Grupo de Homicidios de Valladolid.

Erika Lopategui. Doctora en Psicología.

Ólafur Olafsson. Excomisario de policía de la Brigada de Homicidios de Reikiavik.

Jaap Keergaard. Arcángel Uriel de la Congregación de los Hombres Puros.

Álvaro Peteira. Subinspector de policía del Grupo de Homicidios de Valladolid.

Joseph Onazi. Gerente del club El Pensador.

Vincent Dare. Mano derecha de Joseph Onazi.

Solomon Akindele. Mano izquierda de Joseph Onazi.

Ike Bakare. Responsable de la red de trata de personas que suministra al club El Pensador.

Juliet Akide. Prostituta del club El Pensador.

Santiago Cabarcos. Camarero del club El Pensador.

Corteza de Roble. Gran Maestre de la Congregación de los Hombres Puros.

Vlade Ilić. Arcángel Miguel de la Congregación de los Hombres Puros.

Nikita Dzhelíev. Arcángel Rafael de la Congregación de los Hombres Puros.

La estatua de mármol. Arcángel Gabriel de la Congregación de los Hombres Puros.

Otros personajes:

Áxel Botello. Agente de policía del Grupo de Homicidios de Valladolid.

Daniel Navarro. Agente de la Unidad Motorizada.

Patricio Matesanz. Subinspector de policía del Grupo de Homicidios de Valladolid.

Sara Robles. Inspectora de policía del Grupo de Homicidios de Valladolid.

Santiago Salcedo. Jefe de la Brigada de la Policía Científica de Valladolid.

Aurora Miralles. Titular del Juzgado de Instrucción nº 1 de Valladolid.

Manuel Villamil. Médico forense.

Carlos Herranz-Alfageme, «Copito». Comisario de la comisaría de distrito de las Delicias.

Carmen Montes. Agente de policía del Grupo de Homicidios de Valladolid.

Carlos Gómez. Agente de policía del Grupo de Homicidios de Valladolid.

Azubuike Makila. Inspector General de la Interpol.

Connor Murphy. Miembro del Comité Ejecutivo de la Interpol.

Morgan Ekiang. Trabajador chadiano del polígono industrial A Granxa.

Peter Frei, «Alderamin». Guardián de la Congregación de los Hombres Puros.

Rosemarie Slosse, «Deneb». Guardián de la Congregación de los Hombres Puros.

Zoltán Szabó, «Altarf». Guardián de la Congregación de los Hombres Puros.

Cerbero. Custodio de la Congregación de los Hombres Puros.

Flegias. Custodio de la Congregación de los Hombres Puros.

Minotauro. Custodio de la Congregación de los Hombres Puros.

Anteo. Custodio de la Congregación de los Hombres Puros.

Pluto. Custodio de la Congregación de los Hombres Puros.

Gerión. Custodio de la Congregación de los Hombres Puros.

Efialtes. Custodio de la Congregación de los Hombres Puros.

Caronte. Custodio de la Congregación de los Hombres Puros.

Nasidio. Custodio de la Congregación de los Hombres Puros.

Karatu. Dogo argentino.

Txus. Gerente del restaurante Milagros.

Luis. Encargado del Zero Café.

Paco, «Devotion». Pincha del Zero Café.

PRÓLOGO

Tras leer Cuchillo de palo acudí al viejo rito que me acompaña al finalizar cualquier novela de Pérez Gellida; esto es, deambular silencioso en el trabajo y en el hogar con semblante de pasmo, cavilar largo y tendido mientras finjo cumplir con las rutinas y, en definitiva, ofrecerme un margen de tres o cuatro días algo nebulosos para que el impacto recibido pueda diluirse sin perjudicar mi equilibrio mental. Nada nuevo bajo el sol, pues. O todo nuevo, porque muy poco o nada tiene que ver lo que aún estoy digiriendo con la obra precedente de este ya consagrado artista noir.

Es esta, sin duda alguna, la novela de Ramiro Sancho. Ese castellano seco, austero y pelirrojo que nos distrae con sus refranes de Sancho Panza para golpearnos con ímpetu de Quijote. En esta ocasión, lo vamos a acompañar directamente a los infiernos tanto en lo personal como en lo profesional. Sospecho a estas alturas que su barba cobriza no es sino el símbolo de las abrasivas calderas del averno, y por eso, cuando se la mesa, está jugando no solo con el diablo, sino que también trata de apaciguar esos demonios interiores que nutren sus rincones oscuros. Sancho bebe, Sancho folla –cuando puede–, Sancho dispara, Sancho esnifa, Sancho sufre, Sancho investiga, Sancho busca, Sancho llora. Sancho es ese corcho que flota a duras penas entre la violenta espuma de nuestros días, fruto de sus tempestades de acero y fuego. Pero esta vez el corcho se hunde, y nosotros con él. Por eso amamos a Sancho. Por eso admiramos a Sancho. Y luego, el formidable elenco que lo acompaña; viejos conocidos como su inseparable amigo Peteira, el pasma gallego, expresión máxima de la camaradería, o ese otro madero nórdico, Ólafur Olafsson, que pelea contra su aulladora jauría al tiempo que nos regala reflexiones de corte existencialista, perlas negras dignas de coleccionar en la memoria. Y, cómo no, Erika Lopategui, un personaje femenino imposible de recrear en una mente masculina y paradójicamente tan real y trascendente. Tan gellidista.

Pérez Gellida, pertinaz y preñado de talento, continúa apretándonos las tuercas con notable furia. Ha forjado un universo tenebroso, cercano, cruel, salvaje, creíble y, sobre todo, perturbador, muy perturbador. En este vertiginoso Cuchillo de palo se machihembra el terrible poder de una sociedad secreta que nos inquieta precisamente porque intuimos que nosotros, los vulgares mortales, somos la carne de cañón para esas organizaciones criminales hoy llamadas grandes corporaciones, con la barbarie de ese otro mal más reconocible por cercano pero igualmente perverso: el de las mafias que trafican con mujeres para reconvertirlas en mera mercancía de taxímetro entre las ingles.

Como habrás supuesto, mi estimado e imprudente lector, en estas páginas te vas a enfrentar de nuevo al mal con mayúsculas representado en sus múltiples formas. Sin paños calientes, inmisericorde, ni falta que hace. Y permíteme añadir que si no estás dispuesto a ser partícipe del malévolo juego que propone Gellida, te has equivocado de novela. No es Cuchillo de palo una simple novela de buenos, malos y regulares. Va más allá. Hunde sus raíces en la lamentable condición humana que devasta a sus semejantes y florece en estas páginas que estás a punto de deshojar.

Querido lector, sumérgete en el papel o en tu pantalla y déjate arrastrar por la prosa gellidista hasta que te acuchille las meninges. Si al acabar la lectura precisas de varias jornadas para hacer la digestión es que aún tienes alma.

Ojalá sea así.

Ramón Palomar

Periodista y autor de Sesenta kilos (Grijalbo)

EL SUFRIMIENTO NO DISTINGUE ENTRE CULPABLES E INOCENTES

Residencia de Peter Frei

Gutach (Alemania)

Febrero de 2013

A esas alturas, colgado por los pies de la viga maestra, maniatado y amordazado, tenía la certeza de que iba a morir. Las únicas incógnitas que le faltaban por despejar eran cuándo y, sobre todo, cómo.

No eran asuntos menores.

Y esa insoportable presión craneal en aumento.

En tales circunstancias, la verdadera dificultad radicaba en exprimir su intelecto atendiendo a razones de índole espacial. Podría decirse que Peter Frei se encontraba en una posición comprometida. Y tanto era así que ni siquiera reconocía los muebles del salón. Su extraordinaria estufa de porcelana se había convertido en un vulgar armatoste blanco en el que la portezuela de hierro fundido era un gran bostezo; la mesa de nogal parecía estar custodiada por las sillas, presa, retenida en un injusto cautiverio. Como él. El plano invertido hacía que la decoración —ba

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