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EL áNGEL NEGRO

Laura Higuera

5


Fragmento

Contenido

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EPÍLOGO

NOTA DE LA AUTORA

AGRADECIMIENTOS

A Nacho


El sueño de la razón produce monstruos.

Grabado n.º 43 de la serie Los Caprichos.

FRANCISCO DE GOYA

1

El arte necesita soledad o miseria, o pasión. Es una flor de una roca, que requiere el viento áspero y el terreno duro.

ALEJANDRO DUMAS

Petrov Grunt trabaja deprisa en un amplio estudio a las afueras de Múnich. Se trata de un único espacio de doscientos metros cuadrados en el que apenas hay muebles, a excepción de una cama grande y eternamente deshecha que tapa una de las esquinas del piso, unos cuantos caballetes con trabajos a medias y una fila larga de lienzos apoyados en una de las paredes y dispuestos en orden de salida. El propio Petrov realiza personalmente cada uno de los envíos. Sin intermediarios.

Recibe los encargos de AOA, uno de sus mejores clientes, a través de e-mails escuetos y precisos. Y a pesar de que el misterioso personaje elige diferentes direcciones de correo para ocultar su rastro, siempre firma sus mensajes con las mismas tres siglas.

Y es que Grunt, a sus cuarenta años recién cumplidos, ha dedicado parte de los últimos a la pintura de trece cuadros —a razón de uno por año—, que no son sino copias de las obras de Goya pertenecientes a la penúltima etapa de su vida, justo antes de su exilio a Burdeos: las composiciones que el mundo entero lleva conociendo, desde hace ciento cincuenta años, como las Pinturas negras. El decimocuarto lienzo descansa ahora, siniestro y acabado solo en parte, en uno de los caballetes. Como en todos sus trabajos, Grunt se afana en conseguir un resultado sobresaliente: una copia idéntica del original.

AOA paga puntual y generosamente. Todos los años desde hace catorce, y siempre en primavera, le llegan los detalles del envío, cada vez a un lugar diferente, algo que Grunt no consigue explicarse. No fiarse de su discreción es una falta de respeto a su profesionalidad y un insulto a su inteligencia: revelar la identidad de uno de sus clientes sería como estar firmando su propio ingreso en la cárcel. Un lugar en el que por desgracia ya estuvo y al que no desea regresar de ninguna de las maneras.

Aun así, con el tiempo ambas partes adquirieron cierta confianza, un tipo de complicidad que hizo posible entre ellos una comunicación telegráfica pero eficaz. Incluso en una ocasión, siete años atrás, y para sorpresa de Grunt, AOA le había hecho partícipe de su agradecimiento por haber realizado un trabajo de tanta calidad y al que sumó, a modo de despedida «Un abrazo». Semejante exceso solo podía deberse al grado de excitación que debió de experimentar después de contemplar su espléndida copia del Perro semihundido. Lo cierto es que, en su opinión, no era para menos.

Las pinceladas rabiosas, cargadas de un entusiasmo solo apreciable cuando el falsificador se enfrentaba a un encargo de semejante envergadura, conferían a cada trabajo la misma fuerza con la que el autor original debió estampar sobre los muros de su última residencia en España —porque sí, para estar desquiciado hay que estarlo sin paliativos—, cada una de esas escenas macabras que parecían sacadas de una pesadilla.

De: AOA

A: PG

Asunto: Saturno

Fecha: Domingo, 9 de marzo de 2015. 01:15:51 a.m.

Quiero el Saturno. Rápido.

Por supuesto, no hacía falta especificar si se trataba del Saturno de Rubens o del de Goya. Y, aunque era cierto que los correos siempre eran telegráficos, nunca habían llegado a tal extremo. AOA parecía más exigente —¿más impaciente, tal vez?—de lo habitual.

El s

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