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EL MéTODO IKIGAI

Francesc Miralles / Héctor García

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Fragmento

LA AVENTURA DEL IKIGAI
Un viaje por las estaciones de la felicidad

Hace algo más de dos años, los autores de este libro completamos un proyecto que llegaría mucho más lejos de lo que habíamos podido soñar.

Todo empezó con una conversación en un parque de Tokio en la que compartimos nuestro deseo de visitar «la aldea de los centenarios», un pueblo rural al norte de Okinawa con el mayor índice de longevidad del mundo.

Decidimos viajar a ese insólito lugar y entrevistar a los más ancianos, que nos contaron sus secretos para vivir tantos años con motivación y energía.

El resultado de ese estudio fue el libro Ikigai: los secretos de Japón para una vida larga y feliz, que se centra en una de las claves de la eterna juventud: tener una «razón de ser» que nos procure la felicidad de estar siempre ocupados.

Para sorpresa de todo el mundo, el mismo día de su publicación fue ya número uno en España en la principal librería online. Dos meses más tarde se había vendido a treinta países, incluidos Estados Unidos, Rusia, China e incluso el mismo Japón.

Recibe antes que nadie historias como ésta

Recibimos cientos de mensajes y correos de lectores entusiasmados con las inspiraciones que obtenían de Ikigai, pero también nos preguntaban: ¿cómo encuentro mi ikigai? Sé cuál es mi pasión en la vida, pero estoy siempre tan ocupado con mis obligaciones que apenas tengo tiempo para mi ikigai. ¿Cómo puedo llevar adelante mi sueño?

Son preguntas que los autores también nos hemos hecho. Por eso nos propusimos que nuestro siguiente proyecto fuera totalmente práctico y que nos ayudara tanto a nosotros como a nuestros lectores a encontrar y empoderar todas las facetas de nuestro ikigai.

Sí, ese fue el objetivo. Dos años después, el libro que tienes en tus manos es la prueba de que hemos cumplido el desafío. Tenemos el placer de entregarte una herramienta que va a revolucionar tu futuro, ayudándote a entender tu pasado para vivir el presente como tú quieres.

Para darle forma emprendimos un nuevo viaje por Japón, el país que inspiró nuestra primera obra conjunta, en busca de lecciones esenciales para convertir tu ikigai en el centro de tu existencia y en un motor de cambios para cumplir tu misión en la vida.

IKIGAI

Escrito , ikigai es una palabra japonesa que no tiene una traducción exacta. El ikigai es el sentido de la vida o aquello que te hace levantarte con ilusión cada día.

La palabra se compone uniendo iki, , que significa «vida» o «estar vivo», y gai, , que significa «lo que vale la pena y tiene valor». Traducido literalmente sería, pues, «aquello por lo que vale la pena vivir».

Según los japoneses, todos albergamos un ikigai, o incluso varios, en nuestro interior, aunque aún no lo sepamos.

El efecto Shinkansen

Al investigar sobre el llamado «milagro japonés», que tuvo lugar entre 1960 y 1980, cuando Japón pasó de la devastación de la posguerra a ser la segunda economía mundial, descubrimos el efecto Shinkansen. Hasta ahora este concepto rompedor se había aplicado solo en la ingeniería y en las empresas niponas, pero estamos convencidos de que podemos aprovechar los mismos principios para acelerar nuestros éxitos personales.

Nuestro cometido en la primera parte de este libro es llevar el «milagro japonés», por vez primera, a la vida personal de cada lector para lograr el salto exponencial que lleva de lo imposible a lo posible en cualquier ámbito de nuestra existencia.

El concepto del efecto Shinkansen nos fascinó, pero no todo en la vida es hacer las cosas mejor y más rápidamente.

En el viaje que empezamos ahora hemos desarrollado técnicas para que nuestro pasado alimente nuestro presente y, a su vez, el presente ilumine nuestro camino hacia un futuro en el que cumplamos nuestros propósitos.

En oriente lo llaman aceptar el paso del tiempo, porque lo único que no cambia es el cambio. Y aquí es donde vale la pena indagar y comprender para tomar el control del tren de nuestra vida y saber cómo nos afectaron los cambios del pasado. Así estaremos preparados en el futuro cuando las vías se bifurquen y tengamos que tomar decisiones cruciales.

Aceptar el paso del tiempo como una oportunidad es esencial para ser felices y llevar adelante nuestros propósitos.

Nuestro ikigai se parece mucho al cambio: es una constante que nos acompaña siempre y va mutando según la fase de la vida en la que estemos. Nuestra «razón de ser» es diferente a los quince años que cuando tenemos setenta.

Es esencial estar en sintonía en cada etapa con nuestro ikigai. De lo contrario, sentiremos que nos hemos desviado de nuestro propio camino y que las fuerzas exteriores han tomado el control del día a día.

Nuestro ikigai es como una radiofrecuencia: cuanto mejor sintonicemos con él, mayor será la sensación de que nuestra vida tiene un sentido.

Este es un manual de ruta que nos ayudará a mantener la sintonía a lo largo de los inevitables vaivenes de nuestra siempre cambiante existencia, integrando pasado, presente y futuro para realizarnos cumpliendo nuestra misión personal.

En nuestro viaje por Japón elegimos tres localizaciones que nos ayudaron a organizar este libro en tres grandes bloques:

1. Viaje por el FUTURO: TOKIO

En la capital nipona tomaremos el tren bala apuntando a las estrellas mientras diseñamos nuestro futuro ideal. Aquello que podemos conseguir en la vida está limitado por el alcance de nuestra imaginación. Encontrarás ejercicios para proyectar el futuro con todo tu potencial, activando tu shinkansen interior.

2. Viaje por el PASADO: KIOTO

Visitaremos esta provincia con un trenecito que va lento, lo que nos dará tiempo a saborear el paisaje de la tradición y el pasado. La nostalgia de este tren nos ayudará a reflexionar sobre lo ya vivido para conocernos mejor. La respuesta al aforismo griego «Conócete a ti mismo» tiene mucho que ver con cómo reaccionamos ante los retos que se nos plantearon en el pasado. Interpretar las experiencias de forma positiva nos da salud emocional y mental. Ser conscientes de nuestro pasado da sentido a la historia de nuestra vida. Redescubrir nuestras pasiones de cuando éramos niños y adolescentes nos da pistas fundamentales para discernir cuál es nuestro verdadero ikigai.

3. Viaje por el PRESENTE: ISE

El santuario de Ise tiene más de dos mil años. ¿Debería ser algo del pasado? Los japoneses destruyen este edificio histórico cada veinte años y lo vuelven a reconstruir. Por eso el santuario de Ise vive en un eterno presente. Esta tradición nos ayudará a ver que no es bueno dejarse arrastrar por el peso del pasado, ya que somos libres de decidir lo que queremos ser y hacer en cada momento. Al pasearnos por el santuario de Ise, también visitaremos templos en los que aprenderemos a dibujar círculos enso y entenderemos el poder de disciplinas orientales como el tiro con arco para atraer nuestro espíritu al presente. También veremos que cualquier tipo de arte es una herramienta maravillosa para estar presentes y ayudarnos a entrar en estado de flow.

Este libro es más que un libro. Si lo lees con atención y aplicas a tu vida cotidiana las propuestas que encontrarás en él, te llevará a un lugar que quizá hasta ahora solo existía en tu imaginación.

Prepárate para vivir grandes cambios y sorpresas mientras disfrutas de un nuevo paisaje.

Respira y abre tu mente. El viaje está a punto de empezar.

Gracias por acompañarnos,

HÉCTOR GARCÍA & FRANCESC MIRALLES

 

PRIMERA PARTE

VIAJE POR NUESTRO FUTURO

El efecto Shinkansen y otras técnicas para crear grandes proyectos personales y desarrollar la disciplina interior para cumplirlos

Tokio

 

Nuestro punto de partida es la estación de Shinjuku, por la que pasan cada día entre tres y cuatro millones de pasajeros y está registrada en el Libro Guinness de los Récords como el nudo de transporte más concurrido del mundo.

Shinjuku es el epítome de lo que Japón es capaz de conseguir.

La primera dificultad aquí es lograr encontrarse, ya que tiene más de doscientas salidas y equivocarse puede resultar fatal. Para evitar problemas decidimos quedar en el New York Bar de la planta 52 del hotel Park Hyatt, el mismo donde fueron rodadas varias escenas de la película Lost in Translation.

Nuestra mesa está iluminada por velas y rodeada por una gran cristalera con vistas a la infinitud del mar de edificios de Tokio. La superficie de la ciudad brilla titilante como si deseara transformarse en un cielo estrellado.

Una banda de jazz toca música de Miles Davis en directo.

—Aquí en Tokio ¿no te da la sensación de estar en el futuro? —pregunta Francesc, mientras da un sorbo a su whisky Yamazaki.

—Esta es una de las razones por las que vivo aquí —responde Héctor—. La ciencia ficción, lo futurista, siempre me ha atraído.

—¿Y no te agobia? ¿No te parece esta obsesión por la perfección algo inhumano?

—A veces sí, podría pasarme horas contándote lo agobiante que es trabajar en un entorno empresarial tan perfeccionista, pero me gusta ver lo positivo.

—Dime algo positivo, Héctor... Si tuvieras que elegir una lección que has aprendido de Japón después de doce años viviendo aquí, ¿cuál sería?

—Ganbarimasu!

—¿Gambas? —replica Francesc riendo.

—¡No son gambas! Se dice ganbarimasu y significa «esforzarse al máximo para conseguir un objetivo». Es una palabra que usan los japoneses cuando se enfrentan a un reto, ya sea personal, deportivo o de trabajo. El ganbarimasu implica «no rendirse nunca», y esto es lo que más admiro de los japoneses.

—No se rinden aunque sea un objetivo aparentemente imposible... gracias al sorprendente efecto Shinkansen —apunta Francesc.

—Efectivamente, los objetivos aparentemente imposibles, ponernos metas personales muy altas, son la clave para activar el efecto Shinkansen en nuestro interior, pero si no lo combinamos con el poder del ganbarimasu, del esfuerzo continuo, nuestros sueños para el futuro se desvanecerán sin convertirse jamás en realidad.

—¡Prepárate a activar tu efecto Shinkansen, Héctor! Durante este viaje vamos a terminar este libro.

—Ganbarimasu!

Al salir del Park Hyatt, nos trasladamos a uno de los bares diminutos que se esconden en los callejones junto a la estación de Shinjuku.

Los neones y la continua actividad hace que aquí nunca parezca de noche. Junto con Shibuya, este es uno de los barrios de Tokio que nunca duerme. Un ritmo frenético que no da lugar al descanso, siempre acelerando en busca del máximo rendimiento y también del máximo disfrute después del trabajo.

En un bar donde solo caben tres clientes conocemos a un hombre que ha trabajado más de cuarenta años en el Ayuntamiento de Tokio. Tras un rato conversando ante la mirada de un joven extraño que lleva dos gatos en un cesto, nos acompaña hasta otro callejón. Después de subir varias plantas de un edificio cochambroso, terminamos en un restaurante okinawense donde un hombre toca música tradicional con el sanshin, un instrumento de cuerda de las islas sureñas.

Este ambiente nos hace recordar con nostalgia nuestro viaje a Ogimi para escribir nuestro anterior libro, Ikigai. Aquí terminamos nuestra primera noche en Tokio.

Al día siguiente nos subimos al mítico tren bala.

LA ALDEA DE LOS CENTENARIOS

En nuestro libro anterior, Ikigai – Los secretos de Japón para una vida larga y feliz, contamos nuestras aventuras en Ogimi, un pueblo de poco más de tres mil habitantes al norte de Okinawa que está considerado como el lugar más longevo del mundo. Y no solo viven muchos años, sino que también tienen los índices de cáncer más bajos de todo Japón, al igual que de otros tipos de enfermedades, como por ejemplo la diabetes.

Muchos científicos han ido a estudiar a los locales de Ogimi. Nosotros fuimos con la cámara al hombro y entrevistamos a más de un centenar de ancianos durante una semana. Les preguntamos sobre sus rutinas diarias, su dieta, su familia y amigos, también sobre su secreto para la longevidad con salud.

Y, por supuesto, también les preguntamos cuál era su ikigai.

Conviviendo con ellos nos dimos cuenta de que nadie estaba realmente jubilado. Todos estaban ocupados y muchos de ellos combinaban diversos trabajos.

«Desde que dejaste de llevar la contabilidad de la tienda de verduras has comenzado a perder claridad», le dice Akiko a un amigo de noventa y seis años, riñéndole por haberse relajado al dejar su labor. A sus noventa y dos años, Akiko combina su rol como jefa de comunidad de vecinos con la venta de bolsos hechos a mano en una tienda del pueblo. Sigue plenamente activa y dijo: «Si no haces nada, la muerte viene a por ti».

Una de las conclusiones a la que llegamos en nuestro estudio fue que los habitantes de la aldea de los centenarios han encontrado su ikigai estando siempre activos. Quizá el mayor secreto de la longevidad sea estar siempre ocupados dedicando nuestro tiempo a actividades que amamos.

1ª ESTACIÓN > SHINKANSEN
El pensamiento «tren bala»

Antes de que el tren ponga rumbo hacia nuevos horizontes, vamos a ver el origen del concepto en torno al que gira esta aventura. Para ello retrocederemos un cuarto de siglo en el tiempo y situaremos nuestro foco en un hombre llamado Jack Welch.

Tal vez no te suene el nombre de quien fuera el presidente de General Electric desde 1981 hasta 2001, considerado uno de los mejores ejecutivos del siglo pasado. Bajo su mando se introdujo un sistema de revisión trimestral de los objetivos y tareas de los empleados que aún se usa hoy en día en la mayoría de empresas de tamaño medio o grande.

Su sistema funcionó relativamente bien hasta que se dio cuenta de que ciertas divisiones comenzaban a perder rendimiento.

¿Qué estaba pasando?

La ley del mínimo esfuerzo

Al observar detenidamente los procesos, se dio cuenta de que los empleados de las distintas divisiones rellenaban la hoja de objetivos trimestrales proponiendo mejoras incrementales e incluso trivialidades. Es decir: escribían objetivos fáciles de cumplir, que estaban seguros de que iban a conseguir esforzándose lo mínimo. Vaya, lo que popularmente se llama la ley del mínimo esfuerzo.

Todos lo hemos vivido alguna vez: cuando en un proyecto ya hemos conseguido los objetivos principales, a continuación nos acomodamos y hacemos lo mínimo para que todo siga funcionando. Aceptémoslo: los seres humanos somos cómodos por naturaleza, pero si queremos superarnos y alcanzar nuevas cotas tenemos que luchar contra el conformismo y la falta de horizontes.

Esto no se limita a cuestiones empresariales. La ley del mínimo esfuerzo también prevalece en ámbitos tan diversos como:

• El cuidado del cuerpo y de nuestra salud personal.

• Nuestra relación de pareja y/o hijos.

• La gestión de las amistades y del tiempo libre.

• Objetivos intelectuales, artísticos e incluso espirituales.

Por pereza o por nuestro ritmo acelerado de vida, acabamos comiendo y durmiendo del mismo modo hasta que el cuerpo nos da un serio aviso, nos aletargamos en la pareja hasta que se produce una crisis, y así en todos los ámbitos de nuestra vida.

De vez en cuando hacemos pequeños retoques y mejoras, como los empleados en su revisión trimestral, pero son parches que no cambian la situación de forma significativa.

No siempre es cuestión de vagancia. A veces simplemente estamos ocupados en mantener aquello a lo que hemos dedicado tanto tiempo en construir y no nos queda tiempo ni energía para llevarlo al siguiente nivel.

¿O quizá es que nos da miedo el verdadero cambio?

El secreto de Mikawa

Jack Welch le dio muchas vueltas a este problema tan propio de la psicología humana: ¿cómo motivar a los empleados de las divisiones que ya funcionaban relativamente bien para que tomaran riesgos y siguieran innovando?

La solución la encontraría en un viaje que hizo a Tokio en 1993.

En su viaje se reunió con Eiji Mikawa, presidente de la subsidiaria japonesa de General Electric, especializada en tecnología médica.

Jack Welch quedó impresionado con la velocidad a la que llevaban a cabo avances, superando al resto de las divisiones de General Electric. La sucursal japonesa llevaba años lanzando al mercado las mejores y más rápidas máquinas de TAC (tomografía computarizada) del mundo.

Mikawa le explicó a Welch el secreto que ha inspirado el libro que tienes en tus manos:

«Si quieres que un tren vaya 10 km/h más rápido, simplemente añade más caballos de fuerza al motor. Pero si necesitas que pase de 150 km/h a 300 km/h tendrás que pensar en muchas otras cosas.

¿Hay que cambiar todas las vías y h ...