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LA SEMILLA DE LA BRUJA (THE HOGARTH SHAKESPEARE)

Margaret Atwood

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Fragmento

Esto es seguro: para el hombre que prepara su venganza, siguen abiertas ciertas heridas que, de otro modo, sanarían y curarían.

SIR FRANCIS BACON, De la venganza

[…] aunque en el teatro hay personas muy agradables, hay otras que harían que se te erizasen los cabellos.

CHARLES DICKENS

Otras islas florecientes habrá

en el mar de la vida y la agonía:

otros espíritus flotarán y volarán

sobre ese abismo.

PERCY BYSSHE SHELLEY,

Versos escritos en las colinas euganeas

Prólogo

Proyección

 

Miércoles, 13 de marzo de 2013

Las luces de la sala se atenúan. El público calla.

EN LA ENORME PANTALLA PLANA: Letras amarillas irregulares sobre fondo negro.

LA TEMPESTAD

de William Shakespeare

por

los Actores del Correccional Fletcher

EN PANTALLA: Un cartel escrito a mano, sujeto por el presentador, que lleva una capa corta de terciopelo púrpura. En la otra mano, una pluma.

CARTEL: UNA SÚBITA TEMPESTAD

PRESENTADOR: Lo que van a ver es una tormenta en alta mar:

el viento aúlla, los marineros chillan,

los pasajeros los maldicen, porque la situación empeora,

van a oír gritos, igual que en una pe-e-e-sadilla,

pero no todo es lo que parece,

no digo más.

Sonríe.

Ahora vamos a empezar la obra.

Hace un gesto con la pluma. Corte a: rayos y truenos en una nube en forma de embudo, imagen del canal Tornado. Imagen de archivo de las olas en el océano. Imagen de archivo de la lluvia. Sonido del aullido del viento.

La cámara hace un zoom sobre un barquito de vela de juguete que se balancea sobre una cortina de ducha de plástico azul con peces, debajo unas manos causan las olas.

Primer plano del contramaestre con un gorro de punto negro. Le echan agua desde fuera de plano. Está empapado.

CONTRAMAESTRE: ¡Virad deprisa o nos vamos a pique!

¡Moveos, moveos!

¡Virad, virad! ¡Cuidado, cuidado!

¡Hagámoslo,

vale más que os apliquéis,

bracead las velas,

combatid la tormenta,

a menos que queráis nadar con los peces!

VOCES EN OFF: ¡Nos ahogaremos!

CONTRAMAESTRE: ¡Quitaos de en medio! ¡No es momento para juegos!

Le echan un cubo de agua en la cara.

VOCES EN OFF: ¡Escuchadnos! ¡Escuchadnos!

¿Es que no sabéis que somos de sangre real?

CONTRAMAESTRE: ¡Cuidado, cuidado! ¡Eso a las olas no les importa!

El viento ruge, diluvia,

no os quedéis mirando ahí plantados.

VOCES EN OFF: ¡Estáis borracho!

CONTRAMAESTRE: ¡Sois idiotas!

VOCES EN OFF: ¡Estamos perdidos!

VOCES EN OFF: ¡Nos hundimos!

Primer plano de Ariel con un gorro de baño azul y unas gafas de esquí iridiscentes, maquillaje azul en la parte inferior de la cara. Lleva un impermeable de plástico translúcido con mariquitas, abejas y mariposas estampadas. Detrás de su hombro izquierdo se ve una sombra extraña. Se ríe sin ruido, señala hacia arriba con la mano derecha que está enfundada en un guante de goma azul. Resplandor de rayos, ruido de truenos.

VOCES EN OFF: ¡Recemos!

CONTRAMAESTRE: ¿Qué decís?

VOCES EN OFF: ¡Nos hundimos! ¡Nos ahogaremos!

¡No volveremos a ver al rey!

¡Saltad por la borda, nadad a la orilla!

Ariel echa la cabeza atrás y se ríe encantado. En cada una de las manos con guantes de goma azul sostiene una linterna muy potente que emite destellos.

La pantalla se queda en negro.

UNA VOZ DEL PÚBLICO: ¿Qué?

OTRA VOZ: Se ha ido la luz.

OTRA VOZ: Será por la ventisca. Se habrá caído un poste en alguna parte.

Oscuridad total. Ruidos confusos en la sala de al lado. Gritos. Se oyen disparos.

UNA VOZ DEL PÚBLICO: ¿Qué sucede?

VOCES FUERA DE LA SALA: ¡Cerrad las puertas, cerrad las puertas!

UNA VOZ DEL PÚBLICO: ¿Quién está al mando aquí?

Tres disparos más.

UNA VOZ DENTRO DE LA SALA: ¡Que nadie se mueva! ¡Quietos!

¡Bajad la cabeza! Quedaos donde estáis.

I

Negro reverso

1

Orilla del mar

Lunes, 7 de enero de 2013

Felix se cepilla los dientes. Luego cepilla los otros dientes, los postizos, y se los mete en la boca. A pesar de la capa de adhesivo rosa que les ha aplicado, no encajan demasiado bien; tal vez se le esté encogiendo la boca. Sonríe: es la ilusión de una sonrisa. Fingimiento, falsificación, pero ¿quién se va a dar cuenta?

En otra época habría llamado a su dentista para concertar una cita y habría ocupado el lujoso sillón de imitación de cuero, ante el rostro preocupado que olería a colutorio de menta y las manos hábiles que blandirían instrumentos brillantes. «Ah, sí, ya veo. No es preocupante, se lo arreglaremos.» Igual que llevar el coche a la revisión. Incluso le habría dejado escuchar música con los auriculares y tomar una píldora para atontarse.

Pero ahora no puede permitirse esos ajustes profesionales. Su seguro médico es barato, así que está a merced de sus poco fiables dientes. También es mala suerte, eso sí que sería el broche de oro: un cataclismo dental. «La fiezta ha tedminado. Loz actodez…» Si eso ocurriera, su humillación sería total; al pensarlo se le ruborizan hasta los pulmones. Si las palabras no son perfectas, si el timbre no es exacto y la modulación no está ajustada con delicadeza, el hechizo se rompe. La gente empieza a moverse en la butaca, tose y se va a casa en el descanso. Es como la muert

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