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NUEVA HISTORIA DE LAS GRANDES CRISIS FINANCIERAS

Carlos Marichal

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Fragmento

Cubierta Portada Dedicatoria Introducción Pasado, presente y teoría Capítulo 1. La primera globalización: las crisis financieras en la época clásica del capitalismo liberal, 1873-1914 La primera crisis financiera mundial: 1873 El despegue de la globalización financiera y el patrón oro La primera crisis de los mercados emergentes: las crisis de 1890-1891 La crisis de 1893 en Norteamérica Crisis de 1907 y 1914 Las crisis de 1914 y la creación del Federal Reserve Bank Capítulo 2. El colapso financiero de 1929: ¿Por qué hubo una gran depresión en los años 30? De la guerra a la paz inestable: La crisis de 1920-1921 Las reparaciones y la hiperinflación alemana de 1922-1923 El regreso al patrón oro: 1925-1928 El auge bursátil internacional de los años 20 El “crac” de Wall Street en 1929 y sus consecuencias Fracaso de la cooperación internacional y abandono del patrón oro Respuestas de la economía política a la crisis: El New Deal en Estados Unidos Consecuencias perversas de la crisis: El Nazismo en Alemania en los años 30 América Latina en los años 30: La crisis y la recuperación Capítulo 3. Las finanzas mundiales en la era de Bretton Woods, 1944-1971: ¿Por qué hubo tan pocas crisis? El diseño de un nuevo orden internacional en medio de las ruinas del anterior Bloques de poder y guerra fría: La estabilidad simétrica La época de oro del desarrollo económico (1950-1973) Inestabilidad monetaria en Europa y Estados Unidos en los años 60 Capítulo 4. Orígenes de la globalización contemporánea, 1973-1990: ¿Por qué hubo auge y crisis de la deuda externa de los países en desarrollo? Post mórtem de Bretton Woods, 1971-1973: La larga recesión y la estanflación de los años 70 El tobogán financiero internacional en los años 70: Los bancos se globalizan y los gobiernos se endeudan Préstamos para dictaduras y gobiernos autoritarios en América Latina, 1973-1982 El efecto Volcker: El pico de las tasas de interés en Estados Unidos y la crisis mexicana de 1982 La crisis internacional de las deudas desde 1982: Contagio y renegociaciones. ¿Se trataba de una crisis mundial? Renegociaciones, el plan Baker/Brady y las paradojas del fin de una década Capítulo 5. La globalización financiera a fines del milenio, 1990-2006: ¿Por qué se multiplicaron las crisis? El Big Bang: La globalización financiera se exporta de Londres al mundo Contradicciones políticas y económicas del despegue globalizador La multiplicación de las crisis financieras en los países emergentes entre 1994 y 2001 México: La crisis de los “tesobonos” (1995) y el rescate internacional Las crisis asiáticas y los nuevos colapsos financieros en Latinoamérica, 1997-2001 Lecciones de las crisis financieras de 1994-2001 Los felices años 90 se prolongan hasta 2006 en Estados Unidos Capítulo 6. La crisis financiera y económica de 2008-2009 Orígenes de la crisis en Estados Unidos, 2001-2007 La increíble dinámica del mercado hipotecario y los peligrosos créditos subprime Las señales de una tormenta inminente: 2006-2008 Las semanas negras de septiembre de 2008 Los rescates financieros en el Reino Unido y la Unión Europea Impactos y respuestas a la crisis en América Latina La crisis de 2008: Algunos contrastes con la Gran Depresión de los años 30 Epílogo. La Gran Recesión y las reformas de la arquitectura financiera internacional La Gran Moderación y los fracasos en la previsión de la Gran Crisis ¿Cambios en la regulación bancaria y en la arquitectura financiera internacional? Cambios en el sistema monetario internacional: ¿Fin del patrón dólar? El futuro de los organismos multilaterales como el FMI y el Banco Mundial Fiscalidad y deudas a raíz de la Gran Recesión: Contradicciones globales Notas Apéndice Bibliografía Agradecimientos Créditos Acerca de Random House Mondadori ARGENTINA

Introducción

Entre el 15 de septiembre y fines de octubre de 2008, las bolsas y los sistemas bancarios e hipotecarios de Estados Unidos y de gran parte del resto del mundo sufrieron el efecto de un verdadero tsunami financiero. Colapsaron con extraordinaria rapidez varios de los bancos de inversión más connotados de Nueva York, el mayor mercado de capitales del planeta, y estuvieron a punto de quebrar algunos de los principales bancos comerciales en Londres, el mayor mercado financiero de Europa. Siguió una cadena de pánicos bancarios y bursátiles que se extendió a escala mundial y que ha sido señalada como la peor crisis financiera en ochenta años.

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No pasa un día sin que se formulen nuevas preguntas en todo el mundo. ¿Cuáles fueron las causas de esta gran crisis y profunda recesión? ¿Por qué los banqueros no anticiparon los peligros y por qué no tomaron medidas para desinflar las inmensas burbujas financieras antes de su estallido? ¿Son suficientes y adecuadas las medidas de rescate adoptadas por los gobiernos y bancos centrales en el planeta para asegurar una recuperación económica duradera?

Los historiadores y economistas han dedicado importantes esfuerzos en los últimos dos decenios a analizar algunas de las grandes crisis financieras del pasado y proponer explicaciones de sus trayectorias. Pero desde los años noventa los expertos habían fijado más atención en las crisis financieras en los países en desarrollo —especialmente en Latinoamérica y Asia— que en las naciones más ricas, con los mercados financieros más profundos. Existía una especie de consenso de que no podían quebrar bancos de Nueva York y Londres, los dos centros financieros mayores y más globalizados.Y no había una conciencia suficientemente clara de las tendencias más peligrosas y más insidiosas que había generado la globalización en el propio corazón de los sistemas financieros más avanzados.

El gigantesco descalabro que estalló en el otoño de 2008 no sólo era inesperado sino que parecía inexplicable: ¿cómo pudo una crisis hipotecaria desatar un colapso financiero de escala sísmica? Esta misma pregunta fue la que inmediatamente se hicieron centenares de destacados economistas en Estados Unidos y alrededor del mundo. Uno de los prominentes analistas de las crisis —pasadas y contemporáneas—, el profesor Bradford De Long, de la Universidad de California en Berkeley, exclamó de manera cándida: “¡Ésta no era la crisis financiera que estábamos esperando!”. En pocas palabras, los académicos no habían comprendido la dimensión de la crisis hipotecaria, ni vislumbraban que el sistema de financiamiento de las viviendas, especialmente las hipotecas negociadas con sectores humildes en el país más rico del mundo, podía ser la mecha de una explosión financiera fenomenal. Que una serie de problemas sumergidos del mundo inmobiliario estadounidense pudieran emerger como una especie de dragón implacable con capacidad para devorar los bancos de inversión más reputados y poderosos de Wall Street parecía un cuento fantástico y terrorífico.

Mucho más grave era el hecho de que tampoco lo previnieron, con suficiente antelación, las personas responsables de supervisar la evolución de la banca y las finanzas, en particular los directivos del Federal Reserve Bank de Estados Unidos y del Fondo Monetario Internacional. Pero, en la medida que avanzaba el caos financiero y se extendía mundialmente, las preguntas se multiplicaban.Y también la urgencia de actuar para apagar un fuego que amenazaba con arrasar el sistema bancario y bursátil de Estados Unidos y de varios países europeos, especialmente de Gran Bretaña.

Una de las facetas más singulares del colapso financiero contemporáneo del bienio 2008-2009 es que un buen número de los principales responsables de las finanzas en Estados Unidos y Europa y en muchos otros países han actuado con plena conciencia histórica de los peligros de una nueva Gran Depresión. En este sentido, la historia se ha convertido en un actor central en el presente. Es más, puede sugerirse que este hecho posiblemente haya contribuido a evitar el derrumbe total de los mercados financieros mundiales, lo cual era una auténtica posibilidad en septiembre de 2008. Los rescates puestos en marcha por los gobiernos son enormes. En el momento actual, los sistemas financieros están todavía en la unidad de cuidados intensivos, y el diagnóstico sigue siendo reservado. No obstante, las noticias de la economía mundial en 2009 indican que la recuperación económica está en marcha en un número considerable de países. Por consiguiente, para muchos analistas, la expresión más adecuada para describir nuestra época puede ser la de “Gran Recesión”, ya que el desempleo a escala mundial probablemente se mantenga alto durante el año 2010 y posiblemente también en el año 2011. De todas formas, lo que debe quedar claro es que la crisis de 2008 y 2009 no es menor. Ha causado más bancarrotas y mayor desempleo que cualquier otra desde los años de 1930 a 1933. Además, los enormes volúmenes de deuda pública que acumulan los países más ricos para financiar los rescates bancarios no tienen precedentes históricos.

Con objeto de entender mejor la gran crisis contemporánea en términos comparativos, el presente libro ofrece una síntesis histórica de las grandes crisis financieras del pasado y de nuestra época. El enfoque que adoptamos consiste en situarlas en el contexto internacional, haciendo una distinción entre crisis menores y crisis financieras mayores, las cuales tienen un impacto global. Cuando éstas se producen, el resultado es un verdadero colapso de los mercados bancarios, bursátiles y financieros —de manera conjunta— en un alto número de países a la vez. Sin duda, tanto la Gran Depresión de los años 30 como la crisis de 2008-2009 entran en esta categoría, pero también pueden identificarse otros episodios que tuvieron un grave impacto en las finanzas globales.

En el esfuerzo por clasificar y diagnosticar las características de las crisis, resulta pertinente citar el reciente trabajo de los economistas matemáticos y teóricos Robert Barro y José F. Ursúa, que ha circulado desde marzo de 2008 y se titula Stock Market Crashes and Depressions. Estos investigadores han reunido información sobre 25 países y un total de 195 pánicos bursátiles y 84 depresiones a lo largo de poco más de un siglo, pero hacen énfasis en la necesidad de identificar aquellos momentos cuando se dio el mayor número de pánicos en un corto periodo y, por ende, los colapsos económicos más graves. Afirman:

Las principales crisis económicas mundiales en orden de importancia son la Segunda Guerra Mundial, la Primera Guerra Mundial, la Gran Depresión, las crisis de principios de los años de 1920, y una serie de eventos de la posguerra como las crisis de las deudas de Latinoamérica en los años de 1980 y las crisis financieras asiáticas (de 1997 y 1998).1

Evidentemente, las grandes guerras tienen características propias en tanto los mercados dejan de funcionar con libertad y son controlados por los gobiernos y/o muy dañados por los conflictos. No son, por lo tanto, enteramente comparables a crisis económicas como la Gran Depresión o el colapso de 2008-2009, pero no hay duda de que también constituyen mojones fundamentales en la historia de los regímenes monetarios y financieros del mundo en el último siglo y medio.

Es bien sabido que a lo largo del capitalismo moderno se han producido gran número de crisis bancarias y bursátiles en diferentes países, por lo general con una duración relativamente corta y sin convertirse en descalabros globales. La historia comparada nos habla de paralelos notables en las causas y consecuencias del estallido de las crisis: éstas suelen incluir una sucesión de burbujas y pánicos bursátiles o bancarios, la quiebra de empresas, la ruina de muchos inversores como resultado de su credulidad y/o avaricia pero también por las acciones de grandes especuladores y estafadores. El auge y el derrumbe también suelen verse afectados por el papel irresponsable de las agencias calificadoras, por los efectos de la prensa, por los rumores y el contagio, todo lo cual alienta la transmisión del pánico.2

Estas facetas de los mercados financieros pueden ser muy perjudiciales pero no necesariamente provocan un colapso económico a escala nacional o internacional. En cambio, las crisis mayores son terremotos financieros que requieren su propia escala de Richter para medirse: puede sugerirse que se colocan en el más alto nivel de peligrosidad y tienen un enorme potencial destructivo. Su desenlace depende de la capacidad de las elites financieras y políticas en los países más afectados para responder de manera rápida, enérgica y coordinada, así como de la confianza que el público deposita en tales respuestas. Es más, hoy en día queda muy claro —en medio de una crisis mayor— que los mercados no se autorregulan, como se venía pregonando en los últimos decenios. Cuando los sistemas bancarios y financieros colapsan en los centros neurálgicos del capitalismo, sólo pueden ser salvados por los gobiernos. Pero el rescate del sistema financiero y económico es de enorme complejidad, al igual que las nuevas propuestas e inevitables regulaciones para impedir un nuevo descalabro del sistema financiero mundial. Pues, en efecto, cada una de las crisis mayores suele marcar el fin de una época o el inicio de otra en lo que se refiere a los sistemas monetarios y financieros; es decir, una crisis mayor provoca un cambio fundamental en el diseño político de la arquitectura financiera internacional.

El hecho de que las grandes crisis suelen convertirse en bisagras entre una época y otra, sugiere que para entenderlas en toda su amplitud y en sus múltiples consecuencias es necesario ir más allá de un enfoque estrictamente económico. Estos eventos son tan complejos que su comprensión exige una atención especial a sus causas económicas pero también requiere mirarlos a través de los lentes de la política, de las relaciones internacionales y de la historia. De hecho, puede argumentarse que una crisis constituye un momento clave porque es cuando la economía se vuelve objeto de atención por parte de la opinión pública debido a sus múltiples y severos impactos sobre la sociedad. Es más, el colapso contemporáneo de los mercados financieros a escala global ha despertado innumerables preguntas acerca de porqué la inmensa mayoría de los economistas y banqueros fracasaron en prever la catástrofe. Esta situación no debe volver a repetirse en el futuro, dados los enormes costos humanos que implica. No es justo pensar que el sufrimiento y los desequilibrios planetarios que producen las grandes crisis son inevitables. Se requiere un mejor análisis y una mayor capacidad de previsión.

Por otra parte, no hay que presuponer que la interpretación de los grandes problemas financieros debe ser impenetrable o incomprensible para el ciudadano de a pie, quien suele sufrir, muy directamente, los efectos de las crisis. En este sentido es conveniente que se abra el debate sobre sus causas y consecuencias utilizando un lenguaje llano y claro que permita entender cómo se entrelazan las finanzas, la política y las relaciones internacionales en coyunturas claves. El presente libro tiene ese objetivo y, al mismo tiempo, el de sugerir la importancia de las grandes preguntas que plantea la literatura económica sobre las crisis financieras y su pertinencia para entender mejor la coyuntura contemporánea.

A lo largo del último siglo y medio, los economistas y los historiadores económicos se han planteado una y otra vez una serie de interrogantes fundamentales que siguen siendo motivo de investigación y debate porque tocan el corazón del funcionamiento del sistema capitalista, y en particular la esfera de las finanzas. Una de las preguntas clásicas consiste en saber si las crisis son cíclicas. Esta era una preocupación muy extendida antes de la Segunda Guerra Mundial, pero posteriormente perdió interés para la mayoría de los economistas hasta fines del siglo XX. Actualmente, vuelve a plantearse de una nueva forma.Vinculado a lo anterior, los economistas e historiadores económicos se han preguntado si las crisis financieras son similares o si cada una es distinta y singular. Sobre este tema volveremos una y otra vez a lo largo de esta obra. ¿Cuáles son los principales factores considerados responsables de desatar una crisis financiera? Este es un interrogante enorme, y como veremos más adelante, diversos autores y escuelas teóricas ofrecen interpretaciones divergentes. Otro conjunto de investigaciones analizan el fenómeno del contagio o transmisión de las crisis. ¿Cómo se transmite el pánico financiero? ¿Cuál es la naturaleza del pánico bancario y qué relación tiene, por ejemplo, con un desplome bursátil? Finalmente, cómo se resuelven los colapsos financieros y económicos. ¿Cuánto duran las recesiones o las más profundas depresiones? Y ¿cuál es el papel de los gobiernos y de los bancos centrales, y de aquella figura conocida como el prestamista de última instancia, en reducir el impacto de un descalabro financiero?

Todas estas preguntas han sido ampliamente debatidas en la literatura económica actual y de antaño. Las formas de analizarlas se vuelven cada más sofisticadas y complejas pero suelen ganar en profundidad si se pueden situar en un contexto histórico de largo plazo. En los distintos capítulos de este libro ofrecemos un primer acercamiento a algunos de estos debates y la forma en que se han ido incorporando a la reflexión histórica. Pues, no cabe duda de que la historia ofrece una de las formas más integrales para ampliar nuestro entendimiento de fenómenos tan complejos como las grandes crisis financieras y el modo en que han cambiado y están cambiando el mundo.

En el presente volumen estudiamos seis épocas consecutivas pero diferentes de la historia financiera y económica del último siglo y medio sobre la base de una amplia literatura de economistas e historiadores. Comenzamos con una revisión de las crisis financieras en la época de una temprana globalización económica, que se sitúa entre la debacle de 1873 y el estallido de la Primera Guerra Mundial en 1914. Pasamos después al análisis del periodo de entreguerras y el debate sobre las causas de la Gran Depresión de los años 30, haciendo referencia a la amplia polémica que sostienen los expertos sobre el tema y que continúa hasta nuestros días. En el capítulo tercero exploramos la discusión sobre un gran interrogante: ¿por qué no hubo crisis financieras importantes en los treinta años que siguieron a la Segunda Guerra Mundial? Es evidente que las posibles respuestas a esta pregunta no carecen de interés para el momento actual. A continuación, pasamos a considerar las paradojas del despegue de la nueva fase de globalización financiera y económica que puede fecharse en los dos decenios que van desde 1971, cuando se produjo el fin del sistema Bretton Woods hasta 1989, año de la caída del muro de Berlín. En el capítulo cinco analizamos el periodo de 1990 hasta 2006, años de globalización aún más intensa y peligrosa que la anterior, que se reflejó en la multiplicación de las crisis financieras en muchas naciones del mundo. Finalmente, en los dos últimos apartados se estudia el sorprendente colapso global de los años 2008-2009, haciendo hincapié tanto en sus causas como en las posibles consecuencias para el futuro relativamente próximo.

Nuestro relato se inicia en el primer capítulo con una síntesis de los eventos claves en la evolución económica y financiera del periodo de auge del capitalismo liberal a escala mundial (1870-1914), periodo muy similar, en muchos aspectos, al de nuestro tiempo. Resumimos algunas de las principales interpretaciones sobre la amplitud y las consecuencias de la crisis de 1873, que fue sin duda el mayor colapso financiero de su época, aunque se sigue debatiendo si provocó una depresión económica mundial. La evidencia histórica sugiere que la severidad de los pánicos bancarios y bursátiles de la época no impidió una recuperación bastante rápida. La expansión del comercio mundial y de los flujos internacionales de capitales desde mediados del decenio de 1870 en adelante impulsó no sólo a las economías de los países del centro sino también a las de la periferia, contribuyendo a un temprano y poderoso proceso de globalización económica. Por otra parte, tuvo lugar en tiempos del surgimiento del patrón oro, que llegó a funcionar como eje del sistema monetario internacional a lo largo de varios decenios. Bajo este régimen, se alcanzaron altas de crecimiento pese a un grado relativamente alto de volatilidad financiera. En este sentido, es necesario prestar atención a las características de una secuencia de burbujas y colapsos financieros, incluyendo la crisis de 1890 y los pánicos bancarios de 1893 y 1907, que reseñamos basándonos en nueva e importante literatura financiera.

Cerramos el primer capítulo con la crisis de 1914, directamente vinculada con el estallido de la Primera Guerra Mundial, la cual marcó el fin de más de treinta años de gran crecimiento económico mundial conocidos como la belle époque. Si bien no se considera a las guerras estrictamente como crisis financieras, en la práctica muchos conflictos internacionales tienen efectos devastadores y modifican profundamente el orden económico y financiero, nacional e internacional: en el caso de la Gran Guerra (1914-1918), un reciente libro de Niall Ferguson así lo demuestra, ya que reúne los resultados de una amplia reflexión sobre esta problemática.3 En efecto, este enorme conflicto debilitó de manera importante al régimen del patrón oro en su fase más brillante a escala internacional, aunque no implicó su muerte definitiva, pues tuvo un breve renacer a mediados de los años 20.

Sin duda, la mayor crisis financiera del capitalismo moderno ocurrió a partir de 1929 y se convirtió en la Gran Depresión, aunque vale la pena subrayar que no todos los países del mundo sufrieron este colapso con igual intensidad. Éste es el tema de nuestro segundo capítulo, pero debe resaltarse que hay un gran debate sobre la causalidad del derrumbe. Para muchos, aunque no para todos los autores que lo han estudiado, el desplome bursátil y los subsiguientes pánicos bancarios asfixiaron a las economías y desencadenaron la caída más pronunciada del comercio exterior mundial que se conozca en la historia del capitalismo moderno. A su vez, provocaron una caída de la producción industrial y agrícola en numerosas naciones, con el resultado de que decenas de millones de personas perdieran sus empleos durante años. Estas circunstancias propiciaron un nacionalismo económico rampante y detonaron una carrera armamentista que habría de concluir de manera trágica. Los dirigentes políticos de nuestra época están viviendo en la sombra de aquel suceso que desembocó en la más devastadora guerra mundial de la historia de la humanidad.

De acuerdo con la visión tradicional, los orígenes de la Gran Depresión se derivan del “crac” de Wall Street, el 24 de octubre de 1929, y subsiguientes desequilibrios en los mercados financieros en Estados Unidos. Pero ¿por qué se transmitieron con tal rapidez a gran parte del mundo? Hoy se sigue debatiendo cuáles fueron las causas de este espectacular colapso bursátil y la multiplicidad de pánicos bancarios entre 1930 y 1933 con el consiguiente hundimiento de las economías reales, durante el periodo de la Gran Depresión. La vasta literatura económica e histórica sobre esta problemática refleja la amplitud de las discusiones y de su complejidad. Como ha señalado Ben Bernanke (actual gobernador del Federal Reserve Bank) en una obra titulada Essays on the Great Depression (2000), las causas domésticas se vinculaban con las internacionales. Nuestro resumen pone el acento en la interconexión entre la trayectoria descendiente de las economías y el rígido manejo del sistema monetario y bancario internacional a fines del decenio de 1920 y los primeros años de la década del 30. Aquí es ineludible la referencia a un gran experto en historia monetaria, Barry Eichengreen, quien a partir de su gran obra Golden Fetters: The Gold Standard and the Great Depression (1992) ha formulado la explicación más influyente de la relación entre la historia económica y la política internacional de la época: en especial hace énfasis en el desempeño desigual del patrón oro en diferentes países en los decenios de 1920 y 1930 y su relación con el derrumbe posterior y los procesos muy diversos de recuperación económica.

En suma, la crisis de 1929-1933 fue una combinación de pánicos bancarios y bursátiles, agudizados por crisis monetarias y deudas soberanas. La caída en el crédito provocó amplios y profundos efectos sobre aspectos concretos de la economía real: industria, agricultura, minería, construcción y comercio. El derrumbe económico fue especialmente desgarrador en Estados Unidos y Alemania, pero afectó a casi todos los países del mundo. Para entender las ramificaciones internacionales del colapso es fundamental remitirnos, entre otras obras, al estudio clásico de Charles Kindleberger sobre la Gran Depresión, que fue clave en impulsar el campo de la historia económica comparada.4 En este sentido, es importante señalar que después de un fuerte impacto inicial en la economía mundial, se produjo una recuperación desde 1932 en varias regiones: así fue en el caso de Japón, la mayoría de los países del viejo imperio británico en Asia y África, y la mayor parte de los países latinoamericanos. Esto confirma un fenómeno común a todas las crisis, en tanto se observa que éstas afectan de manera diferenciada a las naciones y a las economías. De lo que no hay duda es de que la Gran Depresión provocó cambios radicales en la arquitectura financiera internacional que incluyeron, en primer lugar, el abandono del patrón oro y, después, el hundimiento más o menos veloz del orden financiero existente, para entrar en una etapa del más craso y agresivo nacionalismo económico, político y militar.

Los historiadores siguen discutiendo en qué medida la prolongada crisis financiera y económica de los años 30 fue el factor decisivo para crear las condiciones que favorecieron el estallido de la Segunda Guerra Mundial (1939-1945).También debaten si la Gran Depresión terminó con la guerra o si su finalización debe fecharse antes. Es claro que el comercio internacional se recuperó desde 1933 en adelante, impulsado por un incremento en las tasas de inversión y de crecimiento económico en muchas naciones. Si bien es cierto que en muchas de las economías industriales el aumento del gasto público en los ejércitos es considerado un elemento clave en la salida de la crisis, ello no implicaba un regreso a la normalidad financiera. Esto no fue posible hasta el cese del conflicto mundial. No obstante, ya desde 1944 comenzó a ponerse en marcha un plan para el reordenamiento de la regulación y organización financiera global, conocido en la jerga de los economistas como el sistema de Bretton Woods. Este sistema consistió en la creación y adopción de una serie de reglas e instituciones multilaterales que sentaron las bases de una nueva arquitectura y dinámica financiera internacional, que —en buena medida— se mantuvo en pie al menos hasta 1971.

Durante la posguerra y a lo largo de un cuarto de siglo, hubo pocos pánicos bancarios, escasos desplomes bursátiles y ninguna crisis financiera sistémica. ¿Qué explica el éxito del sistema de Bretton Woods? Éste es un interrogante central de nuestro capítulo tercero. Más específicamente cabe preguntar: ¿por qué hubo tan pocas crisis financieras internacionales en la posguerra? Una respuesta respaldada por muchos investigadores es que se debió al fuerte y sostenido crecimiento económico que se experimentó a escala mundial desde fines de los años 40 hasta los 70. Otra respuesta complementaria es que la estabilidad monetaria y financiera estaba estrechamente vinculada al sistema de relaciones internacionales en la posguerra. Este enfoque es pertinente para esa época pero también para nuestros días. Nosotros argumentamos que la Guerra Fría tuvo efectos paradójicos. Pese a la constante puja durante más de treinta años entre Estados Unidos y la Unión Soviética para lograr la hegemonía, en la práctica se mantuvo un equilibrio de poderes.Y por ello, tanto en el ámbito del socialismo real como en el del capitalismo, se sostuvo una relativa estabilidad monetaria y financiera. De hecho, no sería hasta después del abandono del sistema de Bretton Woods en 1971, bajo la administración de Nixon y durante la guerra de Vietnam, que se acentuaría la inestabilidad monetaria y financiera. Posteriormente, a lo largo de los decenios de 1970 y 1980, arrancó una nueva fase de globalización financiera, cada vez más desregulada, que por etapas ganó fuerza hasta concluir con el fenomenal estallido de 2008.

En el cuarto capítulo de este libro se analiza el auge del endeudamiento de los países latinoamericanos en la década de 1970 que precedió al colapso de las deudas soberanas en el decenio de 1980, lo cual amenazó con cimbrar el sistema bancario mundial. De hecho, el concepto moderno de crisis de deuda puede fecharse a partir de agosto de 1982, cuando el gobierno mexicano anunció a sus acreedores extranjeros que estaba al borde de la bancarrota. Las implicaciones de esta noticia resultaban tan ominosas que tanto los mayores bancos internacionales como el propio gobierno de Estados Unidos y el Fondo Monetario Internacional se vieron obligados a actuar rápidamente para evitar un pánico generalizado. Luego siguieron las suspensiones de pagos de casi todos los gobiernos latinoamericanos y una serie de prolongadas recesiones en los países de la región. A todas luces, esta serie de colapsos puede calificarse como un conjunto de crisis de deudas soberanas con impacto global, sobre todo porque durante algún tiempo amenazaron a los principales bancos de Estados Unidos, Japón y Europa. En este sentido, un interrogante importante es: ¿por qué los grandes desplomes de las deudas externas de los años de 1980 se dieron de manera casi simultánea?

En el quinto capítulo reseñamos las paradojas financieras de la década del 90. Cabe recordar que tras la mengua de la crisis de la deuda externa de los países en desarrollo a fines de los años 80, se produjo un aumento enorme de los flujos de capitales a escala global. Ello era resultado, en buena medida, de la creciente liberalización de los mercados financieros que, en el caso específico de Londres, se conoció como el “big bang”. La globalización financiera, sin embargo, tuvo efectos contradictorios. Por una parte, generó una recuperación económica y un extraordinario auge de las bolsas en Estados Unidos y —en menor grado— en Europa desde aproximadamente 1994 hasta finales del decenio. En cambio, en este periodo diversos países latinoamericanos volvieron a experimentar graves problemas financieros, en particular México (la crisis financiera de 1995), Brasil (las crisis de 1997 y 2001) y la Argentina (2001-2002). Al mismo tiempo, entre 1997 y 1998 estallaron gravísimas crisis financieras en cinco países asiáticos —Tailandia, Indonesia, Malasia, Filipinas y Corea del Sur—, que provocaron el hundimiento de sus economías y requirieron la organización de enormes rescates del Fondo Monetario Internacional, entre otros organismos.

Para economistas como Paul Krugman, premio Nobel de 2008, tanto la prolongada crisis financiera en Japón durante los años 90 como los colapsos en los llamados “mercados emergentes” de Asia en 1997 anticipaban problemas globales más serios. Pero, curiosamente, los expertos financieros no prestaron una atención suficiente a los desequilibrios que se estaban generando junto con el impresionante auge de los dos mayores mercados financieros internacionales: Nueva York y Londres. La pregunta central es: ¿por qué no hubo mayor clarividencia con respecto a los peligros que presentaban las más importantes burbujas financieras de la historia del capitalismo moderno?

Esta problemática nos lleva, en el capítulo sexto, a una consideración de la enorme crisis, cada vez más globalizada, que arrancó en 2008 y que se ha profundizado en 2009.Todo el mundo se ha preguntado si el colapso contemporáneo es equivalente a los mayores descalabros del pasado.También se debate si podría ser un momento definitorio de cambios trascendentales en la economía mundial.5 Sin duda, una de las razones por las que el derrumbe financiero contemporáneo ha sido tan desgarrador tiene que ver directamente con el colapso de los mercados de capitales y bancarios en Estados Unidos. Cuanto más grandes sean las economías y los mercados financieros donde comienza una crisis, mayor será su impacto.

También es importante considerar el grado de interrelación de los mercados financieros a escala internacional, factor que ayuda a explicar el fenómeno de contagio y transmisión y la posibilidad de que se genere una crisis sistémica. Es por eso que en este libro se plantea el estudio de las grande ...