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PROMETO PERDER

Pedro Chagas Freitas

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Fragmento

Traducción: Paula Vicens

1.ª edición: septiembre, 2017

© 2017 Pedro Chagas Freitas

© 2017, Sipan Barcelona Network S.L.

Travessera de Gràcia, 47-49. 08021 Barcelona

Sipan Barcelona Network S.L. es una empresa
del grupo Penguin Random House Grupo Editorial, S. A. U.

ISBN DIGITAL: 978-84-9069-802-0

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Maquetación ebook: emicaurina@gmail.com

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Para Bárbara. Por todo

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Piensa: ¿desde cuándo soportas lo que no aguantas?

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Somos todos unos apasionados y unos locos, valga la redundancia.

Eso le dijo ella, con aquel aire casi inconsecuente con que lo decía casi todo.

Somos todos apasionados y locos, valga la redundancia.

Él seguía sin entenderla. No la conocía en absoluto pero, no obstante, allí estaba, en medio de la calle, escuchando a una desconocida a la que le apetecía abrazar (me casaría contigo ahora mismo, maldita sea, ¿qué pasaría si lo hiciera?, yo qué sé quién eres, pero me casaría contigo ahora mismo, te lo juro).

Han sido los locos y los apasionados quienes han cambiado el mundo, ¿sabes?

Él asintió con la cabeza (es tan guapa, cómo la quiero y no sé quién es, cómo se llama ni qué rayos quiere de mí, es tan guapa que me casaría con ella ahora mismo), quiso empezar una frase pero lo interrumpió.

Ya he hablado con el señor cura y me caso contigo hoy a las cuatro, ¿vienes?

Él farfulló (sí, sí, claro que sí, y ya, ahora, inmediatamente, y ya tardamos, si quieres que te lo diga), la piel se le puso de un color que tiraba bastante a rojo tórrido, solo consiguió preguntar por qué, aunque para eso tardó sus buenos diez segundos, quizá más, porque nunca una palabra tan corta había parecido tan interminable.

Detesto las explicaciones, prefiero las sensaciones. Te quiero desde que te vi por primera vez. Hace unos dos minutos, por lo tanto. Motivo suficiente para casarse, ¿no crees? Uno se casa por amor y yo te amo. A mí me basta. ¿Y a ti?

Él se quedó sin respuesta (tus ojos, tu boca, tus manos, tu voz, quiero todo eso para siempre, ¿qué otro motivo puede haber para casarse con alguien sino el de querer esos ojos y esa boca y esas manos y esa voz para siempre?), pero actuó: la agarró del brazo y se la llevó a la iglesia, no sin antes pagar unas monedas a unos mendigos para que asistieran a la ceremonia (si para algo sirve el dinero es para ayudar a amar, para eso lo crearon, en realidad: como instrumento de amor, ¿para qué si no?).

Sí, con locura.

Respondió cuando el cura le preguntó si quería casarse con aquella mujer (vas a ser mía, qué suerte, vas a ser mía, ¿a quién tengo que agradecer la suerte de que seas mía?, dímelo que voy, ¿a quién tengo que agradecer la suerte de que seas mía?) cuyo nombre acababa de saber.

Cuando me vuelva normal intérname en un manicomio.

Él dijo que sí, claro. Los dos mendigos soltaron una lágrima, no se supo si de enfado o de emoción. Y el cura ordenó el beso de rigor.

3

Prometo perder.

Prometo a veces flaquear, a veces caer, a veces ser incapaz de ganar. No siempre conseguiré dominar, no siempre conseguiré ir por delante. No siempre seré capaz de ir tan lejos como tú me pidas, de darte exactamente lo que merecerías que te diese. Lo que desesperadamente te quiero dar. No siempre conseguiré sonreír, tampoco.

Prometo perder.

Prometo además seguir vivo después de cada derrota, resistir el peso insostenible de cada imposibilidad. Habrá momentos en que sin querer te haré daño, momentos en que sin querer hurgaré en la herida. Pero no desistiré solo porque perdí, no pararé solo porque es más fácil, no cederé solo porque duele construir, eso nunca.

Prometo perder.

Porque solo quien ama corre el riesgo de perder; los demás corren apenas el riesgo de continuar perdidos.

Prometo perder.

Porque solo quien nunca ha amado nunca ha perdido.

4

(la inutilidad de la perfección)

Nos hicimos adultos antes de tiempo.

Ayer te eché de menos. Otra vez te eché de menos. Había una niña saltando en el jardín y quise decirte que podía muy bien ser la nuestra. La niña que nunca tuvimos. Si nos hubiésemos arriesgado habría sido así, estoy seguro. Una niña con tu cara de ángel y esa cabeza tan bonita. De mí habría heredado la responsabilidad. Solo espero que no hubiese heredado el orgullo. El miserable orgullo.

Alguien sobra en una pareja cuando el orgullo la separa.

Podría llamarte y decirte que sí. Que tenías razón. Tenías siempre razón. La mujer de la verdad. Y la tenías. La verdad es que la tenías. Y yo siempre en este pulso en el que ambos perdíamos. En que ambos nos perdemos.

Hay una pareja que se dobla con cada pulso que echa.

Podría hablarte de las noches inacabables. Son siempre las noches, ¿verdad? De día hay gente, está el trabajo (Joana de recepción habla todos los días de ti, quiere saber cómo estás y yo solo le digo que estarás bien, que estarás muy bien, al menos eso quiero creer, o tal vez no, tal vez quiero creer que no estás bien como no lo estoy yo, ¿cómo puedo estar bien si llego a casa y no estás?), la luz ayuda a tapar la sombra que dejaste en mí, después alguien cuenta un chiste, otro revela un secreto y la vida sigue. Qué ironía, ¿verdad? Yo, que nunca quise ir tirando, que siempre rechacé lo que todos los demás tenían («ay de nosotros si caemos en la rutina, cuando eso pasa nos mata inmediatamente, por favor»: y tú mataste, y tú mataste), contentarme con este más o menos feliz, este más o menos vivo.

Hay un menos de más en cada más o menos que se vive.

Pero luego llega la noche, como te decía. La noche no pasa. Se alarga. Me consume. El médico me ha dado unos medicamentos para aguantar. E incluso así te cuelas en mis sueños, cierro los ojos y estás, los abro y estás. Éramos tan felices, ¿o no? Me queda ir tirando, solo eso. Creer en que un día vas a darte cuenta de que solo nos faltó olvidar la madurez.

Hay demasiada razón cuando una pareja se olvida a veces de perder la razón.

Fuimos adultos antes de tiempo, criaturas serias, niños jugando a casarse. Y el orgullo. ¿Ya te he hablado de él? Te hablaré otra vez. Voy a explicártelo otra vez. Basta que te pongas al teléfono. Va, solo una vez más.

5

Amar sin ser correspondido es fatal; pero amar y ser amado es una catástrofe.

Cuando te conocí era capaz de amar a alguien pa­ra siempre, siempre que no me amara del mismo modo: siempre que no me amara tan profundamente. El amor impide cualquier tipo de eternidad... precisamente por eso es eterno. Amar al ser amado es imposible. O amas en la medida de lo posible o es imposible que ames. Ninguna vida resiste un amor.

«Si no te amase te haría feliz», dijo él, mirándola a los ojos. Y luego se levantó, encendió un cigarrillo y le explicó con toda la calma del mundo: «si no te amara podría hacerte feliz, darte lo que tanto deseas. Podría ser comprensivo, tranquilo, pacífico, buscar el equilibrio entre nosotros, una relación saludable incluso. Pero la mierda es que te amo. La mierda es que te amo. Te amo y lo único que no consigo es ser comprensivo, tranquilo, pacífico, y mucho menos equilibrado. El amor puede ser muchas cosas pero no es nada de eso. El amor no puede ser nada de eso. Te amo y por eso no consigo amarte. Eso es. En el fondo era esto lo que tenía que decirte. Que te quiero en mí veinticuatro horas al día, que te busco como se busca el pan, que te deseo como se desea la vida entera. Y eso me inquieta, me desasosiega, me impide darte lo que me pides, ser lo que me pides que sea. Me pides que te ame con calma, pero ¿qué carajo tiene que ver la calma con el amor?», le preguntó, unos segundos antes de pedirle disculpas por el lenguaje soez. «Es el amor, otra vez es el amor que me hace hablar así», se justificó. Ella no reaccionó. Por lo menos su cuerpo no reaccionó. Se mantuvo serena, mirándolo. Él prosiguió, con las maletas hechas junto a la puerta. «Sé que no vas a entenderme. Sé que no vas a perdonarme. ¿Cómo se perdona una cosa así? ¿Cómo se cree en alguien que nos dice que nos ama así y que después nos abandona de este modo? Me llamarás mentiroso, cabrón, hijo de puta, traidor, y te agradeceré cada palabra. Sé que ni todas las palabras bastan para un dolor así. Me duelen partes imposibles del cuerpo, partes que nunca pensé que pudiesen doler. Te dejo para dejarte vivir. Para permitirme una conciencia limpia por haberte liberado de mí. Quién sabe si un día otra persona te amará menos y por eso te amará como mereces», se preguntó, esta vez sin esperar respuesta. «Hay quien desfallece en amores enfermizos, en amores que se necesitan demasiado. Yo solo me pregunto cómo se puede decir que un amor es demasiado si solo por el hecho de ser demasiado puede llamarse amor. Te pido el desasosiego por mucho que la edad me pida la paz. Quédate para protestar siempre o vete ya», fue la decisión que ella dejó en manos de él, los dos quietos, de pie, uno delante del otro, los ojos y las lágrimas. Entonces sucedió lo impensable.

6

Lo más doloroso no es saber que te acuestas con otro. Por si quieres saberlo, eso me importa realmente poco. Lo más doloroso es saber que tienes otro hombro donde apoyar la cabeza; lo más doloroso es saber que ahora hay otra persona que te ve llorar. No hay mayor intimidad que la de las lágrimas. Es en la fragilidad donde se produce la conexión. Y ahora hay otra persona que llora contigo, otra persona que ve tus carencias, otra persona que intenta llenar los espacios vacíos de lo que no consigues ser.

Lo que une a las personas es lo que no se consigue ser: lo que no llegamos nunca a ser.

Fuimos felices muchas veces. Jugamos, inventamos, reímos como locos durante horas. Y nos amamos. ¡Nos amamos tanto! En todas partes, de todas las maneras. Negando los límites siempre pero sin rebasarlos nunca.

Lo que une a las personas es negar juntas los límites pero sin rebasarlos nunca.

Fuimos felices muchas veces, ya te lo he dicho. Sin embargo, cuando miro hacia atrás, entiendo con claridad que lo que más queda, lo que más nos queda, es la dificultad y lo que hicimos con ella. Fue cuando algo faltaba que nunca nos faltó nada. Cuando duele lo que no se consigue solo se consigue amor.

Lo que une a las personas es aquello que se consigue cuando duele lo que no se consigue.

Amar también es una cuestión de confianza: de la confianza que nos da amar. Alguien que se siente amado, verdaderamente amado, es alguien indestructible. Si ...