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TODAS LAS MAñANAS CONTIGO (COFFEE LOVE 2)

Xuso Jones

5


Fragmento

1

Olivia

El día que el mundo se te cae encima no se oye ningún ruido de cristales rotos. Tampoco de corazones que estallan, ni de esperanzas que se desvanecen como el humo que dejan tras de sí los fuegos artificiales. Olivia aprendió que cuando toda tu vida se derrumba lo único que se percibe es un silencio atronador que duele en lo más hondo del alma. Y en medio de ese silencio lo único que ella escuchaba, una y otra vez, reverberando, eran las últimas palabras que Paulo le había dicho: «He pasado la noche con Vanessa». Ni mil puñales le habrían hecho más daño.

Él intentó hablar con ella numerosas veces: la llamó, le escribió suplicándole que volvieran..., pero Olivia tuvo claro desde el primer momento que solo tenía una opción: alejarse lo máximo posible de Paulo y rehacer su vida, cortar por lo sano.

Después de que sus dos novios de la universidad la engañasen había sentido rabia y quizá algo de tristeza, pero tras dos semanas de cervezas nocturnas con sus amigas y maratones de capítulos repetidos de Friends y Cómo conocí a vuestra madre había recuperado fuerzas, unas fuerzas que le permitieron trasladarse hasta Colombia durante un año para realizar allí un curso y decidir no relacionarse más con infieles y egoístas. Y ahora, de repente, se encontraba exactamente en la misma situación. ¿Cómo podía haberse equivocado tanto con Paulo?

No era experta en reponerse de rupturas, pero sí en reponerse de las hostias de la vida. Las heridas han de cicatrizar de dentro hacia fuera si no quieres que vuelvan a abrirse. Y si eso había que aprenderlo a guantazos, pues se aprendía. Eso sí: no estaba dispuesta a que NADIE la viera hundida en la miseria (y mucho menos él). Eso era relativamente fácil: se trataba de echarse una sonrisa a la cara cada mañana y tirar p’alante. «Dientes, dientes...» y a por ello. Era fácil porque la gente no suele fijarse en cómo están realmente los demás. Pero, claro, Raquel no era la gente. Raquel era su hermana y, a veces, juraría que en lugar de en el pueblo, vivía dentro de su cabeza...

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Olivia ya está de vuelta en la ciudad, pero la verdad es que echa de menos a su hermana y la tranquilidad del pueblo. Después de la traición de Paulo se había refugiado en casa de ella como si fuera el último lugar seguro en el mundo. Y, en cierto modo, lo es para ella porque cuando cerró la puerta de su apartamento con la maleta en la mano le estaba dando portazo también a un capítulo de su vida, el que compartía con Paulo, su vecino, su socio y (tonta ella por creérselo) su alma gemela. Ahora él es un extraño, alguien con quien no desea que le una nada, ni tan solo un recuerdo.

No quería saber nada de él, ni de su proyecto, ni de los hilillos de queso de la pizza... Solo quería poder llorar hasta depurar toda la tristeza que tenía dentro, dejarla escapar como si fuera una presa cuyas compuertas se abren de golpe, deshacerse del puño invisible que le aferra la garganta.

Su he

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