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TRANSFORMA TU SALUD

Xevi Verdaguer

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Fragmento

Nota del autor

Este libro puede cambiarte la vida. Y el protagonista eres tú.

Transforma tu salud es un libro que nace con el propósito de acercar los conocimientos científicos más actuales a todo tipo de lectores y ofrecer nuevas soluciones a problemas de salud que antes pensábamos que eran crónicos y que, por lo tanto, no tenían remedio.

Mi experiencia y los conocimientos adquiridos a lo largo de más de veinte años de dedicación en el ámbito de la salud están ahora en tus manos. Aquí encontrarás las claves para mejorar tu bienestar físico y emocional.

El objetivo principal de este libro es que todo el mundo sea capaz de aplicar los conocimientos aprendidos de manera inmediata, respetando siempre el consejo del médico o del especialista en medicina integrativa. De ahí que, en muchas fases de la redacción, he simplificado los conceptos más complejos —aquellos que tanto les gusta estudiar a los profesionales médicos y sanitarios— y he intentado hacerlos más comprensibles para el público en general.

Recibe antes que nadie historias como ésta

Al final del libro encontrarás la bibliografía en la cual he basado la información de cada capítulo. Como verás, las referencias científicas no aparecen citadas de manera metodológica, como si se tratase de un trabajo de doctorado, porque el contenido de estas páginas no está dirigido a los profesionales, sino a gente como tú y como yo. Ahora bien, siempre que quieras, podrás consultarlas para profundizar en algo que hayas considerado irresistible.

XEVI VERDAGUER

Introducción

Mi corazón tiene prisa por compartir los secretos de la ciencia que transformarán tu salud. Tiene prisa por explicarte cómo funcionamos y enseñarte qué es lo mejor para ti. Es muy importante que aprendas a escucharte y que entiendas cómo funciona tu cuerpo y las señales que te envía. Una vez asimilado esto, podrás decidir de manera libre qué quieres hacer a partir de ahí para disfrutar de una buena salud.

A lo largo de estas páginas, te ofreceré información rigurosamente científica. Mi ilusión es ayudarte a alcanzar tus objetivos y proporcionarte las claves para que mejores, recuperes o mantengas el equilibrio físico y emocional. La esencia de este libro es llegar a todos aquellos que quieren transformar su vida y están dispuestos, con los conocimientos adquiridos, a abrir los ojos y a tomar decisiones responsables en su vida cotidiana.

Sin darte cuenta, sentirás un impulso inspirador e incontenible de compartir lo que vas aprendiendo en cada capítulo. Sin embargo, es probable que si eres una persona muy estricta y obsesiva contigo misma o con los que te rodean, de entrada tengas la sensación de que avanzas muy poco a poco y de que no consigues transformar tu salud de manera radical como tú quisieras. Tienes que pensar que cada pequeño cambio es un paso adelante. Por lo tanto, debes tener paciencia.

De forma casi inmediata, desde el momento en que empezamos a introducir cambios en nuestros hábitos, notamos los beneficios. Pero resulta interesante comprobar que no todo el mundo es capaz de mantenerlos con regularidad. Quizá cambies tu desayuno preferido —que creías que era bastante sano— o empieces a hacer deporte con el deseo de incorporar hábitos más saludables a tu vida, pero, si bien notarás mejoras, ¿serás constante?

Estoy escribiendo en el despacho de mi clínica y me pregunto: «¿Qué puedo hacer para que seas más constante, fiel y respetuoso contigo mismo? ¿Por qué hay gente que no tiene suficiente fuerza de voluntad?».

A menudo me doy cuenta de que no enciendo a todos por igual la lucecita que tenemos en el corazón para cuidarnos y amarnos. Es curioso lo que voy a contarte. En 2016, la investigadora Claire Robertson, de la Universidad de Aberdeen, publicó un metaanálisis en el que explicaba los motivos por los cuales alguien puede tener «poca fuerza de voluntad». Hay personas que siguen una dieta para perder peso de forma estable y continuada sin ningún problema, o que dejan de fumar y no recaen, mientras que otros no son constantes: fracasan y reinciden en las adicciones que tanto les gustaban pero que tantos problemas les comportaban.

Se ha comprobado que la fidelidad a una nueva dieta, o sea, la continuidad y la constancia en unos nuevos hábitos de vida, es distinta en hombres y mujeres. ¿Por qué? Las hormonas tienen mucho que decir al respecto. A diferencia de los hombres, en las mujeres, el éxito y la constancia a largo plazo de un cambio o un reto que introducen en su vida dependen del momento en que lo hagan. No todos los días son buenos para decidir cuándo realizar algo nuevo como practicar deporte, decidir que «a partir de ahora comeré kéfir cada día» o que «hoy voy a leer este libro que me transformará para siempre».

La clave para conseguir los cambios que nos proponemos y mantenerlos a la larga está en saber escoger el momento adecuado para introducirlos, porque, sin duda, como al inicio serán un factor estresante en nuestra vida, ¡deberemos hacerlos en el momento idóneo!

¿Y cuál es ese momento para las mujeres? Las hormonas femeninas condicionan tu buena voluntad, y existe un momento idóneo de tu ciclo hormonal para que afrontes el reto, efectúes el cambio y tengas más constancia en lo que te propongas. Resulta curioso escuchar lo que nos indican las hormonas. El momento idóneo y más eficaz para introducir un cambio en tu vida, que te hará más resiliente, es la fase lútea del ciclo menstrual, durante los últimos 14 días antes de la menstruación.

Un estudio realizado en 2016 por el equipo de Jessica Hallam, del Departamento de Psicología y Psiquiatría de la prestigiosa Universidad de Yale, concluye que el momento del ciclo hormonal en que las mujeres deciden modificar algún elemento de su vida es fundamental para alcanzar el éxito. Este estudio demuestra que las mujeres que realizan cambios durante la fase folicular del ciclo menstrual (los primeros 15 días, desde el sangrado hasta la ovulación) no son tan constantes, no tienen tanta fuerza de voluntad y suelen conllevar recaídas. En cambio, si introducen dicho cambio durante los días de la fase lútea, desde la ovulación hasta la menstruación, la resiliencia es mucho mejor, probablemente por la influencia hormonal de esos días del ciclo menstrual, en los que predominan la progesterona y la actividad del receptor GABA en el cerebro, un neurotransmisor ansiolítico, tranquilizante y relajante.

Estás leyendo el libro que quizá cambie tu vida. ¿Eres una mujer en edad fértil? ¿En qué día de tu ciclo menstrual crees que te encuentras? Compruébalo, porque dependiendo de en qué día estés, creo que es mejor que esperes un poco. Te recomiendo que leas el libro y empieces a aplicar los cambios que necesitas durante la fase lútea, en cualquier mes del año.

En cambio, si eres un hombre, o una mujer embarazada o posmenopáusica, puedes empezar a leer en cualquier momento. Ahora mismo.

LA MEDICINA DEL FUTURO

La PsicoNeuroInmunoEndocrinología (PNIE) no es una terapia alternativa, es un modelo de medicina multidisciplinaria o medicina integrativa, que se complementa perfectamente con la medicina convencional que todos conocemos.

La PNIE se basa en la investigación científica rigurosa y se ocupa de estudiar el mecanismo por el cual enfermamos, para resolver los problemas desde el origen, desde la raíz. Insisto en que se complementa con la medicina alopática, que tan buenos resultados nos da y tanto avanza día a día.

Las líneas de investigación del posgrado de especialización en PsicoNeuroInmunoEndocrinología que dirijo van encaminadas a estudiar los beneficios que podemos sumar a los tratamientos médicos actuales. Juntos podemos elaborar tratamientos más eficaces y, por consiguiente, ayudar más a las personas.

Con un equipo de grandes profesionales, en Kenzen Formación divulgamos los conocimientos de la PNIE con el apoyo de la Universidad de Barcelona. Médicos, nutricionistas, fisioterapeutas, farmacéuticos, psicólogos, biólogos, endocrinos, etcétera, trabajamos juntos para desarrollar una medicina transversal.

A los profesionales de la PNIE nos interesa buscar el origen del problema que nos lleva a consumir medicamentos para aliviar el sufrimiento del síntoma, pero que no lo resuelven de manera definitiva. Se trata de una nueva visión de la medicina que hace partícipes a las personas de su propio bienestar, proporcionándoles herramientas para entender cómo funcionan y qué deben hacer para mejorar y transformar su salud.

Esto significa que:
TODOS
SOMOS RESPONSABLES DE NUESTRA SALUD, DE ENCONTRARNOS BIEN O MAL.

La PNIE pretende prevenir, mejorar y resolver los mecanismos que conducen a no encontrarse bien. Estudia los hábitos de vida, desde la alimentación, el ejercicio físico y el descanso nocturno, hasta la salud emocional y las predisposiciones genéticas. Partiendo de la base de que todos somos diferentes, es evidente que la medicina debe ser personalizada, y de ahí lo complicado de escribir este libro: no puedo ser tan preciso sin conocerte.

Aunque no tengo recetas milagrosas, si me acompañas te indicaré el camino para encontrar lo que necesitas y aprenderás cómo hacerlo posible. Cuando estamos vivos, todas las células de nuestro cuerpo saben cómo ayudarnos, y la transformación que eres capaz de conseguir puede parecer un milagro. Ya verás, ¡es alucinante!

¿Sumamos juntos?

¿Cuántas cosas serás capaz de sumar para mejorar?

Hablaré de la importancia del primer cerebro, del segundo cerebro o intestino y de nuestras hormonas sexuales. Estoy enamorado de las hormonas, del funcionamiento del cerebro y del intestino, porque he comprobado que los tres se hallan interrelacionados y uno influye en el otro.

Necesitamos que los tres sistemas —hormonal, intestinal y cerebral— se encuentren en equilibrio, y no podemos esperar una buena salud de uno de ellos si cualquiera de los otros dos no está equilibrado. Si no es así, formularemos una acusación: el que se siente triste o ansioso suele tener problemas para ir de vientre (estreñimiento, bolitas, heces pastosas, gases...), la mujer que padece dolores premenstruales o el hombre con grasa acumulada en los pechos seguramente tendrá problemas de ansiedad, nerviosismo o alergias.

Cuando te vas de vacaciones a un lugar que tu cerebro no conoce, sufres estreñimiento durante unos días. Pero durante la menstruación sí que vas a diario o quizá las heces sean más pastosas.

Las evidencias científicas nos dicen a gritos que hay que poner en orden nuestra salud hormonal. ¡A gritos! Existen numerosos estudios epidemiológicos que demuestran que, con más frecuencia que los hombres, las mujeres sufren enfermedades autoinmunes, dolor de cabeza o migraña, colon irritable, ansiedad y depresión, dolores crónicos o dolor en la mandíbula; todos ellos trastornos asociados a un desequilibrio de las hormonas femeninas, especialmente los estrógenos.

Los estrógenos afectan con rapidez al intestino, al cerebro y a la modulación del dolor y la inflamación. Las mujeres que toman anticonceptivos, ya sea para evitar un embarazo o para aliviar los dolores premenstruales, la jaqueca o el acné, desarrollan una alteración de la estructura y la función del cerebro a causa de las hormonas que contienen estos medicamentos. Cuando ingerimos hormonas sexuales exógenas, es decir, las hormonas procedentes del exterior de nuestro cuerpo —por ejemplo, por medio de anticonceptivos, dispositivos intrauterinos, tóxicos ambientales que tienen una función hormonal o a través de una dieta con alimentos que poseen la capacidad de producir un efecto estrógeno—, se altera el equilibrio hormonal y, por consiguiente, el equilibrio de nuestro intestino y el funcionamiento de nuestro cerebro, ya que las hormonas afectan tanto al primero como al segundo cerebro.

Investigaciones dirigidas por Belinda Pletzer, de la Universidad de Salzburgo, publicadas en el año 2010 en la prestigiosa revista de neurociencia Brain Research, constataban que los cambios hormonales que experimentan las mujeres durante el ciclo hormonal y también medicamentos como los anticonceptivos, alteran la estructura de diferentes regiones del cerebro. Sí, has leído bien, ¡las hormonas cambian la anatomía, la estructura real y la función de tu cerebro!

¿Has pensado alguna vez cómo querrías que envejeciera tu cerebro?

Las mujeres que toman hormonas cada día tienen un futuro incierto, porque alterar los niveles hormonales repercute en el intestino y en el cerebro. Por ejemplo, las mujeres que toman anticonceptivos presentan una menor actividad de la amígdala cerebral (no las amígdalas de la garganta), la parte del cerebro que controla las emociones negativas y la intensidad de las emociones. Y suelen decir: «Soy distinta desde que tomo las pastillas». Ríen y lloran menos. Viven la vida de puntillas. Pierden la libido. ¡Increíble!

Lo mismo les ocurre a las personas que toman antidepresivos o ansiolíticos de manera habitual, que verán afectada su salud hormonal e intestinal; o a las personas que maltratan las bacterias sanas del intestino abusando de los antibióticos, por ejemplo. También eso les afecta hormonal y emocionalmente.

Por eso, en este libro te ayudaré a poner en orden los tres sistemas.

Es curioso observar cómo la medicina actual se centra en eliminar los síntomas de los problemas y, a menudo, los especialistas nos ofrecen tratamientos para aliviar el sufrimiento, el síntoma, sin resolver los mecanismos que provocan el desequilibrio, cuyo protagonista es uno mismo. Esta forma de enfocar el tratamiento hace que, con el tiempo, algunas patologías se cronifiquen. Antiinflamatorios, anticonceptivos, antidepresivos, antihistamínicos, antigases, anti..., anti... Algunas personas presumen de utilizar remedios naturales, mientras que otras recurren a los alopáticos o convencionales. ¿Quién dirías que toma una decisión más acertada para su salud? ¿El que trata los síntomas con suplementos naturales o el que lo hace con medicamentos químicos? En mi opinión ninguno, ninguno de los dos. Para encontrarte bien, ¿crees que has nacido con déficit de algún medicamento «anti»?

Es evidente, y lo sabes perfectamente, que no tendrías que depender de ningún medicamento químico ni natural para estar mejor.

¿Te has planteado alguna vez tratar el origen del problema?

¿Quieres transformar tu salud?

Si buscas resultados distintos, no hagas siempre lo mismo. Transformar tu salud hormonal equivale a transformar el funcionamiento de tu cerebro y de tu intestino y, por consiguiente, también tu vida.

A medida que vayas leyendo, te resultará imposible no compartir lo que vas aprendiendo con la gente que te rodea, porque, sencillamente, te darás cuenta de que todo lo que te digo ¡es alucinante!

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Los dos cerebros

El cerebro es uno de los órganos más sorprendentes que tenemos. Presenta una gran demanda metabólica, requiere más energía que ningún otro tejido de nuestro cuerpo y, sin embargo, no posee ninguna reserva energética. Es un órgano caro de mantener y su abastecimiento depende, exclusivamente, de los nutrientes que obtenemos de la alimentación.

Según la comunidad científica, existe un desarrollo paralelo entre la maduración del cerebro y la del ecosistema bacteriano del intestino (microbiota). A lo largo de la evolución del ser humano, los intestinos han ido empequeñeciendo, una reducción que, paradójicamente, ha coincidido con una capacidad mayor para sintetizar los aminoácidos esenciales, productos derivados de la fermentación de los carbohidratos, y de una extracción de energía más eficaz. Estas observaciones apuntan a su vez a una coevolución de la microbiota que habita en nuestro intestino, la cual se ha adaptado para generar más energía debido a la demanda superior del cerebro.

La comunidad de microorganismos que vive en nuestro segundo cerebro incluye tanto la microbiota (o bacterias intestinales) como los hongos, virus, protozoos y arqueobacterias que residen en nuestro cuerpo y que tienen un papel fundamental tanto en la salud como en la enfermedad. Juntos son diez veces más numerosos que las células que contiene nuestro organismo. La información genética de cada una de estas bacterias intestinales (conocida como «microbioma») es ciento cincuenta veces mayor que la del genoma humano. Unas cifras impresionantes y un futuro esperanzador.

Este gran repertorio genético tiene un enorme potencial metabólico, inmunológico y endocrino. Los animales que no cuentan con ningún microorganismo, denominados «axénicos» en la literatura científica, han permitido descubrir el papel esencial de las bacterias intestinales en el desarrollo del cerebro y sus funciones.

El eje intestino-cerebro representa un sistema de comunicación bidireccional gracias a nuestros directores de orquesta, las bacterias intestinales o microbiota. Ellas facilitan la integración entre el sistema inmunitario, el metabolismo y las señales endocrinas, al tiempo que optimizan la absorción de los nutrientes que provienen de la alimentación y previenen la infección por patógenos.

El intestino y el cerebro se envían señales directas e indirectas a través de los sistemas inmunitario, neural, endocrino y metabólico para influir en la función de otros tejidos.

Las bacterias que habitan sobre las vellosidades de nuestro intestino se sientan a la mesa esperando que les sirvamos la comida. Un día les daremos hidratos de carbono, otro, grasas o proteínas, y ellas metabolizarán lo que ingiramos produciendo, en el colon, unas sustancias que servirán para fabricar hormonas relacionadas con la saciedad o la ansiedad por comer y que nos ayudarán a regular la conducta y el equilibrio energético.

Nuestro intestino alberga unas células especializadas en fabricar hormonas que actúan en el sistema nervioso central (cerebro) y en el sistema nervioso entérico (intestino), y que se encuentran determinadas directamente por nuestra composición bacteriana.

Además, las bacterias interactúan con las células del sistema inmunitario del intestino, modificando el tipo de mensajeros celulares (citoquinas) que afectarán la función cerebral y el comportamiento.

Las bacterias de nuestro intestino provocan la activación de determinados circuitos neurales de nuestro hipotálamo que controlan el hambre o la saciedad. Estos péptidos u hormonas que libera nuestro intestino pueden alterar la composición de las comunidades de bacterias, así como la liberación de citoquinas en el sistema inmunitario de las mucosas. Las señales del cerebro afectan la salud intestinal de manera global.

¿CUÁNDO EMPIEZAN LAS BACTERIAS A DESEMPEÑAR LA FUNCIÓN DE DIRECTORAS DE ORQUESTA?

La comunicación intestino-cerebro, facilitada por las bacterias intestinales, comienza con la primera colonización de bacterias que recibe el feto durante la vida intrauterina, concretamente de las bacterias procedentes de la boca de la madre. La salud bucal materna es pues muy importante para el futuro del feto, ya que la flora de la zona orofaríngea materna condiciona las bacterias que empiezan a colonizar el futuro bebé.

Si estás embarazada y te sangran las encías (gingivitis), te recomiendo que visites a tu periodoncista para que te explique cómo tratar esta inflamación y alteración de las bacterias bucales, ya que no solo te afecta a ti.

La alimentación, la edad, el sexo, los tóxicos y algunos medicamentos afectan a la composición de las bacterias intestinales o microbiota y su ADN (microbioma), así como las partículas más pequeñas de los alimentos posdigestión (los metabolitos), necesarias para una buena salud intestinal y general.

Estudios recientes han evidenciado que el desarrollo del cerebro, la evolución de la microbiota y las funciones de su ADN se producen de forma paralela. A medida que crece el niño, las demandas metabólicas de su cerebro están correlacionadas con la microbiota y el microbioma, debido a que ambos responden a dichas demandas.

¿Y si os digo que las bacterias del intestino de hombres y mujeres son distintas?

El eje de la microbiota intestino-cerebro difiere según el sexo, y esta distinción de la composición bacteriana es un factor biológico importante que explica los diversos requerimientos energéticos y las demandas nutricionales para cada sexo durante el crecimiento, el desarrollo y la etapa reproductiva.

La microbiota de las mujeres no es la misma que la de los hombres, ya que tienen un eje intestino-cerebro diferente que afecta a su sistema endocrino e inmunitario.

Cuando las mujeres pierden la diversidad bacteriana que caracteriza su microbiota, pueden aparecer enfermedades endocrinas como ovarios poliquísticos, acné, hirsutismo (crecimiento excesivo de pelo), etcétera. Además, tendrán problemas hormonales y mayor probabilidad de sufrir enfermedades intestinales como colon irritable, estreñimiento o enfermedades autoinmunes.

Asimismo, las mujeres que no tienen una buena salud hormonal e intestinal suelen padecer enfermedades autoinmunes como artritis reumática o tiroiditis de Hashimoto, y también presentan peores respuestas ante situaciones de estrés, infecciones o dolores crónicos, que mejoran cuando se equilibra la flora intestinal. Más adelante veremos cómo resolverlo.

Las hormonas sexuales pueden alterar el equilibrio de los microorganismos que viven en nuestro intestino y provocar un desequilibrio en las bacterias que aloja (disbiosis intestinal). En abril de 2016 Yangjie Guo publicó un artículo en el que exponía cómo el Síndrome del Ovario Poliquístico (SOP) está asociado con una microbiota particularmente alterada. A menudo atendemos a mujeres con estas alteraciones endocrinas, como el SOP, que provocan problemas graves de fertilidad, causados —o cuando menos, agravados— por un desequilibrio en las bacterias del intestino. Es evidente, entonces, que todo está relacionado.

Para recuperar la salud hormonal será necesario, pues, poner orden en las bacterias del intestino, recuperar el equilibrio.

Hay enfermedades típicamente masculinas y otras típicamente femeninas que están condicionadas por la microbiota diferente de cada género. Estos datos revolucionarios nos ofrecen una visión innovadora de cara al tratamiento de distintas enfermedades.

La interrelación entre el intestino y el cerebro es recíproca y constante, y las hormonas sexuales, masculinas y femeninas, son las que señalan el camino. El equilibrio entre el intestino y el cerebro y entre los estrógenos y la testosterona provoca cambios en las conexiones neuronales y también condiciona la composición bacteriana del intestino.

La testosterona hace que el hipotálamo y la amígdala sean más grandes, mientras que los estrógenos proporcionan un mayor volumen del córtex frontal y paralímbico. A partir de la pubertad, se crean estas diferentes conexiones cerebrales que hacen que las mujeres tengan una mayor habilidad para la interacción social, muestren más empatía y sepan planificar mejor. ¿Te has preguntado alguna vez por qué hay muchas más universitarias que universitarios? Desde el punto de vista morfológico, el cerebro femenino es distinto del masculino y esto condiciona su funcionamiento y la conducta humana.

Las bacterias intestinales de los hombres (o de las mujeres con más testosterona) son muy distintas de las bacterias intestinales de las mujeres (o de los hombres con más estrógenos). Los estrógenos propician una mayor diversidad bacteriana en el intestino. Es curioso observar que las mujeres, en general, siguen una dieta más variada que los hombres e ingieren más fruta, verdura, cereales o legumbres, es decir, alimentos que incrementan la diversidad bacteriana. En los hombres, en cambio, encontramos una diversidad bacteriana menor y un predominio de Bacteroides y Prevotella, bacterias que proliferan con el consumo de proteínas animales. Por eso les apetece comer proteínas más a menudo y menos fruta y verdura. ¿Te has preguntado alguna vez por qué los hombres, en general, suelen comer más carne que las mujeres? Habrás comprobado, por ejemplo, que en una cena de amigos la mayoría de los hombres piden filete, y las mujeres, pasta o arroz como segundo plato para acompañar la ensalada.

Esta interacción entre las hormonas sexuales y la microbiota se ha constatado gracias a estudios realizados con ratas (Markle et al., 2013). En resumen, las ratas hembra con más testosterona presentan una microbiota más escasa y menos diversa que aquellas con niveles normales de estrógenos. En la misma línea, se ha establecido que si se elimina la microbiota, por ejemplo con antibióticos, baja el nivel de testosterona de los machos, mientras que en el caso de las hembras aumenta; el efecto contrario al deseado. Y eso mismo ocurre con muchos de nuestros pacientes.

A menudo vemos a hombres con poca testosterona que tienen escasa libido, poca resistencia física, que engordan con facilidad y les falta vitalidad. Y vemos a mujeres con exceso de testosterona que tienen ovarios poliquísticos, acné, hirsutismo y caída del cabello en la zona central de la cabeza, debido a una disbiosis intestinal.

¿Estas personas deben seguir un tratamiento hormonal? No necesariamente. Se ha comprobado que ingerir suplementos de Lactobacillus acidophilus, Lactobacillus rhamnosus y Lactobacillus casei mejora la disbiosis intestinal, reduce los niveles de testosterona en las mujeres con ovarios poliquísticos y regula el ciclo menstrual, sin necesidad de otro tratamiento.

Las hormonas sexuales siempre condicionan el funcionamiento del primer cerebro y del segundo, el intestino. Por consiguiente, los dos cerebros también se interrelacionan entre sí.

Etapa prenatal

En esta fase de desarrollo del bebé tenemos la posibilidad de influir en su evolución en el futuro. Las bacterias de la madre y su microbioma transmiten al feto algunos nutrientes indispensables para su neurodesarrollo. En cada fase del embarazo, la microbiota intestinal de la madre experimenta cambios para adaptarse a las necesidades del embrión, que se van modificando según los requerimientos gestacionales.

Etapa posnatal

El intestino del recién nacido carece de sistema inmunitario innato y adaptativo porque la microbiota todavía se está instaurando. La correcta colonización conllevará una buena programación del sistema inmunitario y la maduración del intestino, modulando el balance energético y la ...