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25 CUENTOS CLáSICOS PARA LEER EN 5 MINUTOS

Marc Donat Balcells   Ricard Zaplana Ruiz  

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Fragmento

Desde muy pequeño, lo que más le gustaba a Martín eran los libros. De bebé se los llevaba a la boca como si fueran un chupete. Luego, al salirle los primeros dientes, los mordía para aliviar el dolor y ya empezaba a fijarse en los dibujos llenos de colores y en aquellas cosas llamadas letras que tanto le gustaban y que aún no sabía que servían para leer.

Mientras algunos de sus amigos se pasaban las tardes jugando al escondite, a la comba, trepando a los árboles, peinando a sus muñecas, montando en bicicleta o desordenando la habitación, Martín se tumbaba en la cama al llegar del cole y miraba libros y más libros. Y no paró hasta que aprendió a leer él solito.

A los seis años Martín ya sabía escribir. Llenaba hojas y hojas de dibujos y palabras que guardaba en su habitación. Y soñaba con escribir sus propios cuentos. El día en que cumplió siete años, sus padres le regalaron un cuaderno y un bolígrafo como los de los escritores de verdad. ¡Ya estaba preparado!

Al día siguiente, después de merendar, Martín abrió su cuaderno nuevo y se preparó para escribir su primer cuento. Pero entonces se dio cuenta de que no sabía cómo empezarlo. No se le ocurría ninguna historia.

Su padre lo encontró muy serio, mirando su cuaderno.

–¿Qué te pasa, Martín? –le preguntó.

–Que no tengo

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