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ABRáZAME (TRILOGíA STARK 7)

J. Kenner  

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Fragmento

1

Miro por la ventana los cuidados jardines que bordean la ancha calle. Viajo en un suntuoso y lujoso clásico Rolls Royce Phantom, un coche tan elegante y mágico que no puedo evitar sentirme una princesa en un carruaje real.

La carretera está sombreada por hileras paralelas de enormes robles, cuyas ramas se alargan hacia los árboles de la acera contraria para formar un frondoso toldo arqueado. La luz de la mañana se abre paso entre las hojas, arrojando dorados haces en los que el polvo brilla y danza, como si lo hiciera al ritmo de una melodía festiva, sumándose a la ilusión de que nos movemos en un mundo de cuento de hadas.

En definitiva, es un momento perfecto.

Salvo que no lo es. En realidad, no. O cuando menos no para mí.

Porque en cuanto a mí respecta, esta no es una historia para niños.

Esto es Dallas. Este es el barrio en el que crecí. Y eso significa que no es un cuento de hadas. Es una pesadilla.

Las ramas no son imponentes; son amenazantes. Tratan de cogerme. De retenerme por la fuerza. De atraparme.

El toldo no señala un regio pasaje que conduce a un castillo. Lleva a una celda. Y no es la Danza del hada de azúcar lo que se oye de fondo, sino un réquiem fúnebre.

El mundo al otro lado del coche está sembrado de trampas, y si no me ando con cuidado, me tragarán. Destruida por la oscuridad que se oculta tras las falsas fachadas de estas casas señoriales. Rodeada no por un luminoso cuento infantil, sino por una película de terror, atraída por la promesa de la belleza y atrapada después para siempre, destruida poco a poco, desgarrada en pedazos por los monstruos que acechan en la oscuridad.

«Respira —me digo—. Puedes hacerlo. Solo tienes que acordarte de respirar.»

—Nikki. Nikki.

La voz de Damien me devuelve a la realidad con un sobresalto y me yergo de golpe, recurriendo a la postura perfecta para espantar a los fantasmas de mis recuerdos.

Su tono de voz es suave, muy dulce, pero al mirarlo veo que sus ojos se han clavado en mi regazo.

Me siento confusa durante un momento, pero luego me doy cuenta de que me he subido la falda y con la yema del dedo estoy recorriendo despacio la violenta cicatriz que tengo en el interior del muslo. Un recuerdo de la profunda y desagradable herida que yo misma me infligí hace una década, cuando estaba desesperada por encontrar una manera de liberar toda la ira y el miedo acumulados que se arremolinaban dentro de mí como una falange de demonios.

Aparto la mano de golpe y me vuelvo para mirar por la ventana, sintiéndome extraña y estúpidamente avergonzada.

Él no dice nada, pero el coche se aproxima a la acera y se detiene. Al instante, los dedos de Damien se entrelazan con los míos. Aprieto, sacando fuerza, y cuando cambio de posición para mirarlo mejor veo la preocupación impresa en los duros ángulos de su rostro perfecto y reflejado en sus excepcionales ojos de dos colores.

Preocupación, sí. Pero el resto de lo que veo es lo que me quita el aliento. Comprensión. Apoyo. Respeto.

Sobre todo veo un amor tan feroz que tiene la capacidad de derretirme, así que me deleito con su poder para tranquilizarme.

Damien es el mayor milagro de mi vida, y hay momentos en los que sigo sin poder creerme que sea mío.

«Damien Stark.» Mi marido, mi amante, mi mejor amigo. Un hombre que dirige un imperio con mano firme y dominante. Que no acepta órdenes de nadie y que sin embargo hoy está haciendo de chófer para poder darme su apoyo mientras me enfrento a mi pasado.

Durante un momento me limito a empaparme de él. De su fuerza, visible en su postura dominante y las líneas largas y fibrosas de su atlético cuerpo. Su apoyo se refleja en esos ojos que me ven a un nivel tan íntimo que con los años han descubierto todos mis secretos.

Damien conoce hasta la última cicatriz de mi cuerpo, así como la historia que hay detrás de cada una de ellas. Conoce la profundidad de mi dolor y sabe lo lejos que he llegado. Lo lejos que su amor me ha ayudado a llegar.

Sobre todo, sabe cuánto me ha costado regresar a Texas. Recorrer estas calles. Contemplar este barrio tan lleno de dolor y oscuros recuerdos.

Con un leve estremecimiento, libero mi mano para poder rodearme con ella.

—Oh, cielo. —La preocupación que trasluce su voz es tan grande que casi puedo tocarla—. Nikki, no tienes por qué hacer esto.

—Sí, he de hacerlo. —Mis palabras suenan entrecortadas, ya que las lágrimas no derramadas me anegan la garganta hasta el punto de impedirme hablar con normalidad.

—Cariño…

Espero a que él continúe, pero Damien guarda silencio. Veo la tensión en su rostro, como si no supiera qué decir ni cómo decirlo, pero Damien Stark nunca duda. Ni en los negocios. Ni acerca de sí mismo. Ni sobre mí.

Y sin embargo, ahora mismo está dudando. Me está tratando como si fuera algo frágil que puede romperse con facilidad.

Una inesperada oleada de ira me atraviesa. No está dirigida a él, sino contra mí misma. Porque tiene razón, maldita sea. En este momento soy más frágil que nunca y no es agradable ser consciente de ello. He luchado mucho para ser fuerte, y con Damien a mi lado lo he logrado.

—Tú crees que venir aquí es un error —afirmo con amargura, pero no estoy irritada con Damien, sino que lo estoy conmigo misma.

—No. —No vacila, y me reconfortan la rapidez y la firmeza de su respuesta—. Pero me pregunto si este es el momento más adecuado. Puede que sea mejor venir mañana. Después de tus reuniones.

No hemos venido a Texas para que yo pueda torturarme atravesando en coche mi viejo barrio con el objetivo de visitar a mi madre, que es una extraña para mí, sino porque estoy compitiendo para conseguir un contrato con una de las mejores empresas de desarrollo de páginas web del país. El propósito es lanzar una serie de aplicaciones de uso interno entre sus empleados y externo para sus clientes.

Presenté una propuesta y ahora soy una de las cinco únicas empresas invitadas a venir a Dallas para presentarla, y la mía es de lejos la más pequeña y la más nueva. Claro que sospecho que la razón de que recibiera la invitación se debe en parte a que estoy casada con Damien Stark y que mi pequeño emporio ya ha concedido la licencia para la utilización del software a Stark International.

Hace un año eso me habría molestado.

Hoy no. Soy muy buena en lo que hago, y si mi apellido me abre las puertas, que así sea. Me da igual cómo se presente la oportunidad, porque sé que mi trabajo es de primera, y si consigo el contrato el mérito será de mi propuesta y de mi presentación.

Es una grandísima oportunidad y no quiero fastidiarla, sobre todo porque mi objetivo para los próximos dieciocho meses es aumentar mis ingresos, contratar a cinco empleados y adueñarme de la planta entera del edificio en el que se encuentra mi oficina.

Dediqué meses a diseñar mi plan de negocios, y la noche que se lo entregué al amo del universo y brillante empresario que tengo por marido para que lo revisase era un manojo de nervios. Cuando este le puso el sello de aprobación de Damien Stark casi me desmayé de alivio. Mi plan para expandir el negocio no depende de que consiga este trabajo, pero lograrlo significará que puedo ampliar todas las fechas límite en seis

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