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ADIóS MUCHACHOS

Sergio Ramírez  

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Fragmento

Índice

Portadilla

Índice

Dedicatoria

Cita

La sombra del caudillo, prólogo del autor

Introducción

1. Confesión de parte

2. Vivir como los santos

3. La edad de la inocencia

4. El cisne sobre las brasas

5. La edad de la malicia

6. La cadena y el mono

7. El destino manifiesto

8. El probable número trece

9. El paraíso en la tierra

10. El año del cerdo

11. Los ríos de leche y miel

12. ¡Al fin, en palacio!

13. Las fauces de Saturno

Epílogo

Cronología básica 1979-1990

Algunos nombres y siglas usados en este libro

Agradecimientos

Créditos

A Dora María Téllez

La canción de gesta fue un periódico que se llevó el viento...

ERNESTO CARDENAL
Oráculo sobre Managua

La sombra del caudillo

Cuando se publicó originalmente este libro habían pasado veinte años desde el triunfo de la revolución sandinista en 1979, uno de los hechos claves de la historia de América Latina en el siglo XX. Ahora, al salir esta nueva edición, he creído que merece un comentario inicial, dado que el Frente Sandinista está de nuevo en el poder, tras la victoria electoral de Daniel Ortega en las elecciones de noviembre de 2006.

La revolución tomó una década de ilusiones y enfrentamientos, que culminó con la derrota en las urnas del mismo Daniel en 1990, a quien yo acompañaba entonces como candidato a vicepresidente. Ganó esas elecciones Violeta de Chamorro, en medio de las circunstancias de una guerra que llegaba a su fin, y desde entonces Daniel siguió presentándose de manera persistente como candidato, derrotado por el caudillo del Partido Liberal Arnoldo Alemán en 1996, y luego por Enrique Bolaños, también del mismo Partido Liberal, en 2001. Hasta esta cuarta oportunidad en la que por fin pudo salir adelante. Desde fuera de las fronteras de Nicaragua puede resultar fácil ver este triunfo como parte de la ola de izquierda que ha llegado a diversos países de América Latina tras el fracaso del modelo neoliberal impuesto al final de la guerra fría, final que, de paso, coincidió con el de la revolución sandinista. Pero las cosas vienen a resultar bastante diferentes en el caso de Nicaragua, aunque tampoco puede alegarse ningún modelo homogéneo en las experiencias que se viven en Brasil, Argentina, Uruguay, Venezuela, Bolivia o Ecuador.

Daniel resistió las sucesivas derrotas cobijado en una intransigente bandera de lucha a favor de los más pobres y marginados, sin ceder en su retórica más que cuando era aconsejado de bajar el tono, o guardar silencio, por los estrategas de sus campañas electorales; y al mismo tiempo supo ir articulando al Frente Sandinista a su alrededor en base a lealtades personales más que a las lealtades ideológicas de antaño, mientras se deshacía de sus adversarios, sobre todo de aquellos que amenazaban su liderazgo, por medio de purgas periódicas. Pero nada de eso hubiera sido suficiente sin el pacto político con Arnoldo Alemán, el caudillo liberal condenado a veinte años de prisión por lavado de dinero en 2003, según actos ilícitos cometidos durante su presidencia.

Este pacto, que implicó reformas profundas a la Constitución Política introducidas en 2000, y luego en 2005, fue concebido para ejecutar una repartición de poder, y el control sin fisuras de las entidades del Estado. Facilitó la sumisión de los tribunales de justicia a la voluntad personal de ambos firmantes, lo mismo que la sumisión del sistema electoral y de la Contraloría de Cuentas, y facilitó también el clientelismo político, basta citar el ejemplo de la Corte Suprema de Justicia ampliada a diecisiete miembros, un número escandaloso para un país pobre de apenas cinco millones de habitantes, con el único objeto de repartir cargos entre incondicionales.

Los pactos políticos entre caudillos no son una novedad en la historia de Nicaragua. Por razones parecidas, el general Anastasio Somoza García, fundador de la dinastía, firmó en 1950 en nombre del Partido Liberal el «pacto de los generales» con el general Emiliano Chamorro, que lo firmó en nombre del Partido Conservador. Además de la repartición de cargos y curules, aquel pacto amparó una reforma constitucional que permitió a Somoza presentarse como candidato a la reelección en 1956, cuando fue muerto a tiros por el joven poeta Rigoberto López Pérez.

Mediante el pacto de 2000, Daniel logró conseguir mediante una reforma de la Constitución que el número de votos suficientes para ganar en primera vuelta fuera reducido al 35%: ganó las elecciones de 2006 con el 38%, frente a una oposición inducida a la f

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