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AISLADOS (EXTRAñOS 2)

Kimberly McCreigh  

5


Fragmento

Cubierta

Aislados es la segunda novela de «Extraños», una serie trepidante de intrigas, traiciones y secretos con el ritmo de La chica del tren y la acción de la «Trilogía Divergente».

«Entender tus propias emociones es complicado.

Entender las de los demás como si estuvieras en su cabeza..

...puede ser muy peligroso.

Wylie tiene ese poder. ¿Sabrá cómo usarlo?»

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Para todas las chicas a las que les han dicho

que eran demasiado sensibles.

Para todas las mujeres que han aprendido solas

a no serlo

La vida es un sueño. El despertar es lo que nos mata.

VIRGINIA WOOLF, Orlando

Nota de la autora

Esta es una obra de ficción. Lo que leáis aquí no ha ocurrido. Al menos, no todavía.

Prólogo

Permanezco de pie e inmóvil en la oscuridad, descalza y con frío, al borde de las rocas escarpadas, mientras contemplo la vasta superficie de agua negra que se extiende frente a mí. Y me pregunto si de verdad conseguiré llegar hasta el pequeño punto de luz del puerto que se ve a lo lejos. Parece demasiado lejano, imposible de alcanzar, y el mar está tan sereno que da miedo, como si estuviera esperando a alguien lo bastante loco para intentar cruzarlo.

No soy muy buena nadadora, o por lo menos no soy lo bastante buena para hacer algo así. Nunca he recorrido una distancia como esta. Tampoco he nadado nunca totalmente vestida, ni en la oscuridad. Cruzando aguas desconocidas, con todas las ilusiones ópticas que un punto de luz en el horizonte puede crear, ¿quién sabe qué podría pasar? Pero no tenemos otra alternativa. Vienen a por nosotros. A por mí, en realidad. Ya están aquí. Las voces que se oían a lo lejos están cada vez más cerca, y dan miedo. Es solo cuestión de tiempo.

Pero… ¿cuál es la auténtica locura? Que, a pesar de esta terrible realidad, en el fondo de mi corazón, me creo capaz de nadar el kilómetro y medio de distancia que aproximadamente separa este lugar del puerto. La verdad es que lo sé. Quizá eso es lo único que importa. Porque si he aprendido algo en estas últimas semanas, es que «fuerza» no es más que un sinónimo de «fe». Y el auténtico valor reside en la capacidad de aferrarse a la esperanza.

Ahora mismo, estoy a solas con mis dudas en el borde del agua. Sé que no debo permitir que esto pueda conmigo. Lo que necesito de verdad es confiar en mi instinto.

Así que tomo aire con fuerza antes de dar un paso al frente y fijar la mirada en el horizonte lejano. Y entonces empiezo a nadar.

1

Estoy en el recibidor de nuestra casa leyendo el mensaje que acaba de enviarme Jasper. Esa única palabra: «Corre».

Durante un minuto. Durante una hora. Siempre.

Me palpita el corazón con fuerza en el pecho mientras mantengo la vista gacha. Los seis agentes —agente Klute, agente Johansen, agentes no sé qué y agentes no sé qué más— están hablando. «Corre. No corras. Corre. No corras.» Les oigo decir cosas como: Departamento de Seguridad Nacional. Descartar una amenaza para la seguridad del país… Lo demás son solo ruidos sin sentido.

«Corre. No corras. Corre. No corras.»

«Corre.»

Me vuelvo de golpe hacia la escalera sujetando el móvil como si fuera una granada de mano.

Primero, echa a correr. Luego ya habrá tiempo para las preguntas. Quentin me enseñó eso.

—¿Wylie? —me llama mi padre a gritos. Se ha quedado de piedra. Confuso. Preocupado—. Wylie, ¿qué estás…?

Oigo voces, oigo un alboroto detrás de mí cuando salgo disparada hacia la escalera. «No mires atrás. No te pares. Sigue subiendo. Sigue subiendo. Sigue y sube.» Es lo único que necesito.

Pero ¿por qué estoy subiendo? ¿No debería correr hacia la puerta trasera en lugar de adentrarme más en la casa? Arriba, el baño de la segunda planta tiene el techo inclinado y una ventana tipo tragaluz. Eso es. Una vía de escape. Me sujeto a la barandilla cuando resbalo.

—¡Señorita Lang! —me llama uno de los agentes. Está tan cerca que casi puedo notar su aliento.

—¡Alto! ¡Déjenla en paz! —mi padre grita tan enfadado que apenas reconozco su voz. Muchas otras voces contestan a gritos. Oigo jadeos, empujones: una pelea—. ¡No pueden entrar de esta manera en nuestra casa!

—¡Doctor Lang, tranquilícese!

—¡Oye! ¡Para! —Es la misma voz que me ha gritado antes. Ahora está incluso más cerca.

Me lanzo hacia delante en cuanto llego al descansillo del segundo piso.

El baño. Debo llegar al baño como sea. «Céntrate. Céntrate. Más rápido. Más rápido.» Antes de que ese tipo me atrape. La puerta no está lejos. Y solo necesitaré un segundo para abrir la ventana y salir por ella. Después de saltar a toda prisa para aterrizar sobre el suelo, haré lo que ya he hecho antes. Correr. Correr como si me llevaran los demonios.

Salgo disparada por el descansillo mientras sigo oyendo las fuertes pisadas pegadas a mis talones.

—¡Wylie! —vocifera el hombre, aunque lo hace con un tono forzado, como si le costara reconocer que tengo nombre.

—¡Esta es nuestra casa! —vuelve a gritar mi padre.

Ahora parece que se encuentra más cerca de la escalera.

—Doctor Lang, ¡no se mueva de aquí!

Tengo la vista clavada en la puerta del baño que está al final del pasillo. Ahora parece lejísimos. El pasillo infinito. Pero debo llegar hasta esa puerta. Trepar hasta la ventana. Salir a través de ella. Paso a paso. Tan rápido como pueda.

—¡Señorita Lang! —vuelve a chillarme la voz, esta vez mucho más cerca. Demasiado cerca. Y el hombre está nervioso. Está lo bastante cerca para agarrarme, pero tiene demasiado miedo de hacerme daño—. ¡Venga ya! ¡Para! ¿Qué estás haciendo?

Después de la primera puerta a la derecha. Me quedan dos más para llegar.

Pero meto el pie

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