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AMANTE OSCURO (LA HERMANDAD DE LA DAGA NEGRA 1)

J.R. Ward  

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Fragmento

Glosario de términos y nombres propios

 

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doggen. Miembro de la clase servil en el mundo de los vampiros. Los doggens mantienen las antiguas tradiciones de forma muy rigurosa, y son muy conservadores en cuestiones relacionadas con el servicio prestado a sus superiores. Sus vestimentas y comportamiento son muy formales. Pueden salir durante el día, pero envejecen relativamente rápido. Su esperanza de vida es de quinientos años aproximadamente.

 

las Elegidas. Vampiresas destinadas a servir a la Virgen Escribana. Se consideran miembros de la aristocracia, aunque de una manera más espiritual que temporal. Tienen poca, o ninguna, relación con los machos, pero pueden aparearse con guerreros con objeto de reproducir su especie si así lo dictamina la Virgen Escribana. Tienen la capacidad de predecir el futuro. En el pasado, eran utilizadas para satisfacer las necesidades de sangre de miembros solteros de la Hermandad, pero dicha práctica ha sido abandonada por los hermanos.

 

esclavo de sangre. Vampiro hembra o macho que ha sido sometido para satisfacer las necesidades de sangre de otros vampiros. La práctica de mantener esclavos de sangre ha caído, en gran medida, en desuso, pero no es ilegal.

 

hellren. Vampiro que elige a una hembra como compañera. Los machos pueden tener más de una hembra como compañera.

 

Hermandad de la Daga Negra. Guerreros vampiros entrenados para proteger a su especie contra la Sociedad Restrictiva. Como resultado de una cría selectiva en el interior de la raza, los miembros de la Hermandad poseen una inmensa fuerza física y mental, así como una enorme capacidad para curarse de sus heridas con rapidez. La mayoría no son propiamente hermanos de sangre. Se inician en la Hermandad a través de la nominación de uno de sus miembros. Agresivos, autosuficientes y reservados por naturaleza, viven apartados de los humanos y tienen poco contacto con miembros de otras clases, excepto cuando necesitan alimentarse. Son objeto de leyendas y muy respetados dentro del mundo de los vampiros. Sólo se puede acabar con ellos si se les hiere gravemente con un disparo o una puñalada en el corazón.

 

leelan. Término cariñoso, que se puede traducir de manera aproximada como «lo que más quiero».

 

el Ocaso. Reino intemporal donde los muertos se reúnen con sus seres queridos durante toda la eternidad.

 

el Omega. Malévola figura mística que pretende la extinción de los vampiros a causa de un resentimiento hacia la Virgen Escribana. Existe en un reino intemporal y posee grandes poderes, aunque no tiene capacidad de creación.

 

periodo de necesidad. Época fértil de las vampiresas. Generalmente dura dos días y va acompañado de unos intensos deseos sexuales. Se presenta aproximadamente cinco años después de la transición de una hembra y, a partir de ahí, una vez cada década. Todos los machos responden de algún modo si se encuentran cerca de una hembra en periodo de necesidad. Puede ser una época peligrosa, con conflictos y luchas entre machos, especialmente si la hembra no tiene compañero.

 

Primera Familia. El rey y la reina de los vampiros, y los hijos nacidos de su unión.

 

princeps. Grado superior de la aristocracia de los vampiros, sólo superado por los miembros de la Primera Familia o la Elegida de la Virgen Escribana. El título es hereditario, no puede ser otorgado.

 

pyrocant. Se refiere a una debilidad crítica en un individuo. Dicha debilidad puede ser interna, como una adicción, o externa, como un amante.

 

restrictor. Miembro de la Sociedad Restrictiva. Se trata de humanos sin alma que persiguen vampiros para exterminarlos. A los restrictores se les debe apuñalar en el pecho para matarlos; de lo contrario, son eternos. No comen ni beben y son impotentes. Con el tiempo, su cabello, su piel y el iris de sus ojos pierden pigmentación hasta convertirse en seres rubios, pálidos y de ojos incoloros. Huelen a talco para bebés. Tras ser iniciados en la Sociedad por el Omega, conservan un frasco de cerámica dentro del cual ha sido colocado su corazón después de ser extirpado.

 

rythe. Forma ritual de salvar al honor. Lo ofrece alguien que haya ofendido a otro. Si es aceptado, el ofendido elige un arma y ataca al ofensor, que se presenta ante él sin protección.

 

shellan. Vampiresa que se ha unido a un macho tomándolo como compañero. En general, las hembras eligen a un solo compañero debido a la naturaleza fuertemente territorial de los machos apareados.

 

Sociedad Restrictiva. Orden de cazavampiros convocados por el Omega con el propósito de erradicar la especie de los vampiros.

 

transición. Momento crítico en la vida de los vampiros, cuando él o ella se convierten en adultos. A partir de ese momento, deben beber la sangre del sexo opuesto para sobrevivir y no pueden soportar la luz solar. Generalmente, sucede a los veinticinco años. Algunos vampiros no sobreviven a su transición, sobre todo los machos. Antes del cambio, los vampiros son físicamente débiles, sexualmente ignorantes e indiferentes, e incapaces de desmaterializarse.

 

la Tumba. Cripta sagrada de la Hermandad de la Daga Negra. Usada como sede ceremonial y como almacén de los frascos de los restrictores. Entre las ceremonias allí realizadas se encuentran las iniciaciones, funerales y acciones disciplinarias contra los hermanos. Nadie puede acceder a ella, excepto los miembros de la Hermandad, la Virgen Escribana o los candidatos a una iniciación.

 

vampiro. Miembro de una especie separada del Homo sapiens. Los vampiros tienen que beber sangre del sexo opuesto para sobrevivir. La sangre humana los mantiene vivos, pero su fuerza no dura mucho tiempo. Después de su transición, que generalmente sucede a los veinticinco años, son incapaces de salir a la luz del día y deben alimentarse de la vena regularmente. Los vampiros no pueden «convertir» a los humanos con un mordisco ni con una transfusión sanguínea, aunque, en algunos casos, son capaces de procrear con la otra especie. Pueden desmaterializarse a voluntad, pero tienen que buscar tranquilidad y concentración para conseguirlo, y no pueden llevar consigo nada pesado. Son capaces de borrar los recuerdos de las personas, siempre que sean a corto plazo. Algunos vampiros son capaces de leer la mente. Su esperanza de vida es superior a mil años, y en algunos casos incluso más.

 

la Virgen Escribana. Fuerza mística consejera del rey, guardiana de los archivos vampíricos y encargada de otorgar privilegios. Existe en un reino intemporal y posee grandes poderes. Capaz de un único acto de creación, que empleó para dar existencia a los vampiros.

Capítulo
1

 

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Darius miró a su alrededor en el club, y se dio cuenta, por primera vez, de la multitud de personas semidesnudas que se contorsionaban en la pista de baile. Aquella noche, Screamer’s estaba a rebosar, repleto de mujeres vestidas de cuero y hombres con aspecto de haber cometido varios crímenes violentos.

Darius y su acompañante encajaban a la perfección.

Con la salvedad de que ellos eran asesinos de verdad.

—¿Realmente piensas hacer eso? —le preguntó Tohrment.

Darius dirigió su mirada hacia él. Los ojos del otro vampiro se encontraron con los suyos.

—Sí. Así es.

Tohrment bebió un sorbo de su whisky escocés. Una sonrisa lúgubre asomó a su rostro, dejando entrever, fugazmente, las puntas de sus colmillos.

—Estás loco, D.

—Tú deberías comprenderlo.

Tohrment inclinó su vaso con elegancia.

—Pero estás yendo demasiado lejos. Quieres arrastrar contigo a una chica inocente, que no tiene ni idea de lo que está sucediendo, para someterla a su transición en manos de alguien como Wrath. Es una locura.

—Él no es malo..., a pesar de las apariencias. —Darius terminó su cerveza—. Y deberías mostrarle un poco de respeto.

—Lo respeto profundamente, pero no me parece buena idea.

—Lo necesito.

—¿Estás seguro de eso?

Una mujer con una minifalda diminuta, botas hasta los muslos y un top confeccionado con cadenas pasó junto a su mesa. Bajo las pestañas cargadas de rímel, sus ojos brillaron con un incitante destello, mientras se contoneaba como si sus caderas tuvieran una doble articulación.

Darius no prestó atención. No era sexo lo que tenía en mente esa noche.

—Es mi hija, Tohr.

—Es una mestiza, D. Y ya sabes lo que él piensa de los humanos. —Tohrment movió la cabeza—. Mi tatarabuela lo era, y no me ves precisamente alardeando de eso ante él.

Darius levantó la mano para llamar a la camarera y señaló su botella vacía y el vaso de Tohrment.

—No dejaré que muera otro de mis hijos, y menos si hay una posibilidad de salvarla. De cualquier modo, ni siquiera estamos seguros de que vaya a cambiar. Podría acabar viviendo una vida feliz, sin enterarse jamás de mi condición. No sería la primera vez que sucede.

Tenía la esperanza de que su hija se librara de aquella experiencia. Porque si pasaba por la transición y sobrevivía convertida en vampiresa, la perseguirían para cazarla, como a todos ellos.

—Darius, si él se compromete a hacerlo, será porque está en deuda contigo. No porque lo desee.

—Lo convenceré.

—¿Y cómo piensas enfocar el problema? Puedes acercarte por las buenas a tu hija y decirle: «Oye, ya sé que nunca me has visto, pero soy tu padre. Ah, ¿y sabes algo más? Has ganado el premio gordo en la lotería de la evolución: eres una vampiresa. ¡Vámonos a Disneylandia!».

—En este momento te odio.

Tohrment se inclinó hacia delante; sus gruesos hombros se movieron bajo la chaqueta de cuero negro.

—Sabes que te apoyo, pero pienso que deberías reconsiderarlo. —Hubo una incómoda pausa—. Tal vez yo pueda encargarme de ello.

Darius le lanzó una fría mirada.

—¿Y crees que podrás regresar tranquilamente a tu casa después? Wellsie te clavaría una estaca en el corazón, y te dejaría secar al sol, amigo mío.

Tohrment hizo una mueca de desagrado.

—Buen argumento.

—Y luego vendría a por mí. —Ambos machos se estremecieron—. Además... —Darius se echó hacia atrás cuando la camarera les sirvió las bebidas. Esperó a que se marchara, aunque el rap sonaba estruendosamente a su alrededor, amortiguando cualquier conversación—. Además, son tiempos difíciles. Si algo me sucediera...

—Yo cuidaré de ella.

Darius dio una palmada en el hombro a su amigo.

—Sé que lo harás.

—Pero Wrath es mejor. —No había ni un atisbo de celos en su comentario. Sencillamente, era verdad.

—No hay otro como él.

—Gracias a Dios —dijo Tohrment, esbozando una media sonrisa.

Los miembros de su Hermandad, un cerrado círculo de guerreros fuertemente unidos que intercambiaban información y luchaban juntos, eran de la misma opinión. Wrath era un torrente de furia en asuntos de venganza, y cazaba a sus enemigos con una obsesión que rayaba en la demencia. Era el último de su estirpe, el único vampiro de sangre pura que quedaba sobre el planeta, y aunque su raza lo veneraba como a un rey, él despreciaba su condición.

Era casi trágico que él fuera la mejor opción de supervivencia que tenía la hija mestiza de Darius. La sangre de Wrath, tan fuerte, tan pura, aumentaría sus probabilidades de superar la transición si ésta le causaba algún daño. Pero Tohrment no se equivocaba. Era como entregarle una virgen a una bestia.

De repente, la multitud se desplazó, amontonándose unos contra otros, dejando paso a alguien. O a algo.

—Maldición. Ahí viene —farfulló Tohrment. Agarró su vaso y bebió de un trago hasta la última gota de su escocés—. No te ofendas, pero me largo. No quiero participar en esta conversación.

Darius observó cómo aquella marea humana se dividía para apartarse del camino de una imponente sombra oscura que sobresalía por encima de todos ellos. El instinto de huir era un buen reflejo de supervivencia.

Wrath medía un metro noventa y cinco de puro terror vestido de cuero. Su cabello, largo y negro, caía directamente desde un mechón en forma de uve sobre la frente. Unas grandes gafas de sol ocultaban sus ojos, que nadie había visto jamás. Sus hombros tenían el doble del tamaño que los de la mayoría de los machos. Con un rostro tan aristocrático como brutal, parecía el rey que en realidad era por derecho propio y el guerrero en que el destino lo había convertido.

Y la oleada de peligro que le precedía era su mejor carta de presentación.

Cuando el gélido odio llegó hasta Darius, éste agarró su cerveza y bebió un largo sorbo.

Realmente esperaba estar haciendo lo correcto.

 

 

Beth Randall miró hacia arriba cuando su editor apoyó la cadera sobre el escritorio. Sus ojos estaban clavados en el escote de Beth.

—¿Trabajando hasta tarde otra vez? —murmuró.

—Hola, Dick.

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