Loading...

AMAR UNA SOLA VEZ (SAGA DE LOS MALORY 1)

Johanna Lindsey  

0


Fragmento

Título original: Love Only Once

Traducción: Estela Canto

Ante la imposibilidad de contactar con el autor de la traducción, la editorial pone a su disposición todos los derechos que le son legítimos e inalienables.

 

1.ª edición: junio 2011

© 1985 by Johanna Lindsey

© Ediciones B, S. A., 2011

para el sello Zeta Bolsillo

Consell de Cent, 425-427 - 08009 Barcelona (España)

www.edicionesb.com

Depósito Legal:  B.15631-2012

ISBN EPUB:  978-84-9019-121-7

Todos los derechos reservados. Bajo las sanciones establecidas en el ordenamiento jurídico, queda rigurosamente prohibida, sin autorización escrita de los titulares del copyright, la reproducción total o parcial de esta obra por cualquier medio o procedimiento, comprendidos la reprografía y el tratamiento informático, así como la distribución de ejemplares mediante alquiler o préstamo públicos.

Contenido

Portadilla

Créditos

 

1

2

3

4

5

6

7

8

9

10

11

12

13

14

15

16

17

18

19

20

21

22

23

24

25

26

27

28

29

30

31

32

33

34

35

36

37

38

39

40

41

42

43

1

 

Los dedos que sostenían la botella de brandy eran largos y delicados. Selena Eddington estaba orgullosa de sus manos. Las lucía en cuanto se presentaba la ocasión, como en este momento. Alcanzó la botella a Nicholas, en lugar de servirle enseguida el brandy. Esto, además, le permitía ponerse de pie ante él que estaba recostado en el sofá tapizado de azul; el fuego de la chimenea que estaba a sus espaldas marcaba provocativamente su figura a través de la tenue muselina de su vestido de baile. Incluso un calavera empedernido como Nicholas Eden debía ser capaz de apreciar su bello cuerpo.

Un gran rubí refulgía en su mano izquierda, que temblaba ligeramente, cuando sujetó su vaso, y sirvió el brandy. Su anillo de bodas todavía lo exhibía con orgullo, aunque hacía más de dos años que era viuda. Más rubíes rodeaban su cuello, pero ni siquiera las espectaculares gemas lograban desviar la atención de su escote, excesivamente pronunciado, que dejaba lugar sólo a unos escasos centímetros de tela antes de la alta y ajustada cintura a la moda del primer imperio, desde donde caía el resto del vestido en líneas rectas hasta sus bien torneados tobillos. El vestido era de un color oscuro, profundo, y armonizaba maravillosamente con los rubíes y Selena.

—¿Me escuchas, Nicky?

Nicholas tenía aquella irritante expresión pensativa que cada vez era más frecuente. No escuchaba ninguna de las palabras que ella decía: estaba profundamente sumergido en pensamientos en los que seguramente Selena no estaba incluida. Ni siquiera la había mirado cuando servía el brandy.

—De verdad, Nicky, no es muy halagadora la manera en que te vas y me dejas cuando estamos solos en la habitación. —Se mantenía firme sin ceder terreno ante él, hasta que Nicholas levantó la vista y la miró.

—¿Qué pasa, querida? —A ella le brillaron de ira sus ojos color avellana. Si hubiera sido capaz de demostrar su mal humor, incluso hubiera pataleado. ¡Él era tan provocativo, tan indiferente, tan... imposible! Pero también era un partido muy bueno.

Procurando guardar la compostura, ella contestó, con voz suave:

—El baile, Nicky. He estado hablando del baile, pero tú no has prestado atención. Si quieres, cambiaré de tema, pero sólo si prometes que vendrás a buscarme temprano mañana por la noche.

—¿Qué baile?

Selena contuvo el aliento. Él no estaba fingiendo: verdaderamente no sabía de qué estaba hablando ella.

—Mejor que no me provoques, Nicky. El baile de los Shepford. Ya sabes cuánto deseo ir.

—Ah, sí —dijo él secamente—. El baile que superará a todos, aunque es apenas el comienzo de la temporada.

Ella fingió no percibir el tono.

—Además, sabes muy bien cuánto he esperado una invitación de la duquesa de Shepford a una de sus reuniones. El baile será, al parecer, el más importante que ha dado en años. Sencillamente todos los que son «alguien» estarán presentes.

—¿Y qué?

Selena contó lentamente hasta cinco.

—Que moriré si me pierdo un solo minuto.

Los labios de él se curvaron con la consabida sonrisa burlona.

—Te sientes morir con demasiada frecuencia, querida. No deberías tomar tan en serio el mundanal ruido.

—Debería ser como tú...

Hubiera retirado la frase, en caso de poder hacerlo. Su furia estaba a punto de estallar y eso sería desastroso. Sabía que él deploraba todo exceso de emoción en cualquiera, aunque él mismo se permitiera dar rienda suelta a su mal humor, lo que podía llegar a ser muy desagradable.

Nicholas simplemente se encogió de hombros.

—Puedes decir que soy un excéntrico, querida, una de esas personas a las que les importa un comino los demás.

Ésta era una gran verdad. Ignoraba, incluso insultaba, a quien le daba la gana. Se hacía amigo de quien le caía en gracia, incluso de reconocidos canallas despreciados por la sociedad. Y nunca, nunca se sometía a nadie. Era tan arrogante como la gente decía. Aunque también podía ser extraordinariamente encantador... cuando quería serlo.

Selena contenía milagrosamente su ira a punto de estallar.

—Recuerda, Nicky, que has prometido acompañarme al baile de los Shepford.

—¿De veras? —dijo él con aire cansado.

—Sí, lo hiciste —dijo con tranquilidad—. Y prométeme que no te retrasarás, ¿quieres?

Él se encogió otra vez de hombros.

—¿Cómo voy a prometer algo así, querida? No puedo prever el futuro. Nadie puede saber si mañana no surgirá algo para retrasarme.

Ella casi lanzó un grito. Nada iba a retenerlo como no fuera su pérfida indiferencia, y ambos lo sabían. No lo podía soportar.

Selena tomó una rápida decisión y dijo como al descuido:

—Está bien, Nicky. Como es tan importante para mí y no puedo contar contigo, buscaré otra escolta, aunque espero que vayas al baile. —Los dos podían jugar al mismo juego.

—¿En tan poco tiempo? —preguntó él.

—¿Dudas que lo logre? —contestó provocándole.

Él sonrió y la recorrió con la mirada con ternura.

—No, desde luego creo que te costará muy poco reemplazarme.

Selena le dio la espalda antes de que él pudiera notar cómo le había afectado esa frase. ¿Había sido un aviso? ¡Oh, él estaba tan seguro de sí mismo! Se merecía que ella rompiera la relación. Ninguna de sus amantes lo había hecho jamás. Siempre era él quien terminaba. Siempre era él quien dirigía. ¿Cómo reaccionaría si ella lo dejaba? ¿Iba a enfurecerse? ¿La forzaría? Debía meditarlo seriamente.

Nicholas Eden se sentó cómodamente en el sofá y vio que Selena tomaba su copa de jerez y después se tendía en la tupida alfombra de piel frente al fuego, dándole la espalda. Los labios de él se curvaron sardónicos. La pose de ella era muy tentadora, y ella lo sabía. Selena siempre sabía lo que estaba haciendo.

Estaban en la ciudad, en la casa de Marie, tras disfrutar una excelente comida con Marie y su amante de turno, de haber jugado al whist durante una o dos horas y de haberse retirado al fin a este cómodo saloncito. Marie y su ardiente enamorado se habían ido

Sigue leyendo y recibe antes que nadie historias como ésta