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AMOR EN TIEMPOS DE REPLúBLICA

Ian Gibson  

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Fragmento

ESPAÑA OTRA VEZ

A principios de julio de 1930, Lorca regresa a Granada después de su ausencia de un año. El ex dictador Primo de Rivera ha muerto en el exilio de París, Alfonso XIII ha nombrado al general Dámaso Berenguer para tomarle el relevo, y hay expectación de elecciones generales, de tiempos más libres, de más justicia. Se siente venir el cambio, aunque habrá que esperar todavía. Podemos estar seguros de que la situación del país es tema de conversación permanente aquel verano en la familia del poeta y en las reuniones con sus amigos granadinos. Los republicanos están convencidos de que llegará pronto su momento. Fernando de los Ríos ocupa una posición clave dentro de la oposición a la monarquía, y cabe la suposición de que, debido a su ya estrecha amistad con el catedrático socialista, los García Lorca se enteraran del acuerdo que alcanzan, el 17 de agosto, los distintos grupos políticos decididos a trabajar juntos por la caída del régimen. Se trata del llamado Pacto de San Sebastián.[1]

Lorca escribe por estas fechas a Rafael Martínez Nadal. La carta, solo reproducida por el recipiente en 1992, sesenta y dos años después, y ello parcialmente, confirma que entre los dos había una complicidad tan honda que uno se pregunta si no tenía, por parte de Nadal, un componente gay nunca admitido o reconocido después en sus múltiples escritos y comentarios sobre el poeta. En efecto, numerosos amigos del poeta con quienes he hablado a lo largo de mis investigaciones no dudaban en expresar su convicción de que Nadal era bisexual. Entre ellos, los pintores Santiago Ontañón y José Caballero.

La publicación por Nadal de dicho fragmento de la carta supuso un gigantesco paso adelante, de todas maneras, para nuestro conocimiento de Lorca. Con su amigo no le hace falta ocultar nada, porque lo sabe todo y lo entiende todo. El registro es jocosamente camp:

Queridísimo Rafael de mi corazón, amigo mío de siempre y primor de los primores de Madrid:

Como no me contestastes a New York, ya no te he escrito más, aunque puedes pensar que recordarte te he recordado todos los días de mi largo y espléndido viaje. ¡Ay Ay Ay Ay Ay! ¡que me muero! Tengo las carnes hechas pedacitos por la belleza americana y sobre todo por la belleza de la Habana ¡Ayyyy comadre! ¡Comadrica de mis entretelas! Yo no puedo hablar. U

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