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ANTES DE SEPTIEMBRE

Mario Escobar  

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Fragmento

Las heridas más profundas tardan en sanar y siempre duelen. El frío las reaviva y nos ayudan a identificar los cambios. El Muro de Berlín fue una de las más grandes y duraderas de Europa. Los Países Aliados querían infringir un castigo ejemplar a los alemanes, dividieron su país, y la capital en cuatro sectores. Aquella división artificial se mantuvo, al menos en dos sectores, durante treinta y cuatro años.

Me acerqué a la historia del Muro de Berlín con recelo, no quería hablar de los grandes conflictos políticos o la tensión política, necesitaba reflejar la vida y sufrimiento de los millones de berlineses corrientes, que sufrieron las políticas de sus respectivos gobiernos.

Antes de septiembre es un homenaje a las personas comunes, cuyos nombres no suelen salir en los libros de historia, pero que se rebelaron a un sistema injusto y cruel. Albañiles, amas de casa, mecánicos o estudiantes, se enfrentaron al sistema y, en cierto sentido, lo derrotaron, aunque su victoria tardó varias décadas en hacerse efectiva.

Europa logró estrechar lazos gracias a la Unión Europea, que convirtió a enemigos irreconciliables en socios y países amigos. Hoy esa construcción se encuentra en peligro, de nuevo los ciudadanos tendrán que unirse para frenar las olas de capitalismo extremo, populismo y neofascismo que amenazan el continente.

La historia de los protagonistas, un albañil y un contrabandista, nos mostrará que más allá de los obstáculos y los impedimentos, la verdadera fuerza que mueve al ser humano es el amor. Esta es la historia de uno de aquellos túneles, pero sobre todo es la historia de nuestro pasado colectivo y de cómo las decisiones de los políticos nos afectan en nuestra vida cotidiana.

El destino de los hombres es la historia de Stefan, Derek, Johann, Volker, Zelinda, Ilse y Giselle, los protagonistas de esta novela, que se convertirán en héroes a pesar suyo, por el simple hecho de no renunciar a las personas que amaban y a enfrentarse a un sistema injusto.

Nota a los lectores

Algunos nombres y situaciones han sido cambiados, pero la historia está inspirada en la dramática vida y en los acontecimientos protagonizados por Siegfried Noffke, un albañil de veintidós años, ciudadano de la zona soviética en Berlín, pero que a finales de 1950 decidió emprender una nueva vida en la zona occidental y se trasladó al barrio berlinés de Kreuzberg. Se casó con Hannelore en mayo de 1961, con la que tuvo un hijo, mientras ella seguía viviendo en el Berlín Oriental. Siegfried esperaba la autorización para trasladar a su familia al Berlín Occidental cuando comenzó la construcción del muro, pero las autoridades denegaron la salida de su esposa y su hijo. Su amigo Dieter Hoetger, que se encontraba en una situación similar, decidió ayudarle a construir un túnel para rescatar a sus familias y llevarlas al otro lado del muro. Los dos hombres arriesgarán sus vidas para tratar de reunirse con sus esposas e hijos y llevarlos a la zona libre. Este libro es un homenaje a las más de seiscientas personas que murieron al intentar cruzar aquella terrible barrera y a los millones que sufrieron durante más de veintisiete años aquella división humana de Europa.

Juntos estuvimos frente al Muro, nos

sentamos a orillas del río Spree y

observamos las heridas más viejas de

Europa. Lloramos escuchando las historias

de los supervivientes y decidimos ser

felices. Gracias por compartir toda una

vida conmigo.

A las generaciones que no conocieron la

Guerra Fría y el Telón de Acero, para que

sean más sabias que la nuestra.

Hace dos mil años el alarde más orgulloso era civis romanus sum. Hoy, en el mundo libre, el mayor orgullo es decir: Ich bin ein Berliner. ¡Agradezco a mi intérprete la traducción de mi alemán! Hay mucha gente en el mundo que realmente no comprende, o dice que no comprende, cuál es la gran diferencia entre el mundo libre y el mundo comunista. Decidles que vengan a Berlín. Hay algunos que dicen que el comunismo es el movimiento del futuro. Decidles que vengan a Berlín. Y hay algunos pocos que dicen que es verdad que el comunismo es un sistema diabólico, pero que permite nuestro progreso económico. Lasst sie nach Berlin kommen (Decidles que vengan a Berlín).

Discurso en Berlín de JOHN F. KENNEDY,

25 de julio de 1961

Nosotros somos el pueblo (Wir sind das Volk).

Mensaje de casi un millón de personas

que se manifestaron en 1989 en Leipzig,

para que Alemania Oriental abriera

las puertas del Muro de Berlín

No olvides la tiranía de este muro... ni el amor a la libertad que lo hizo caer...

Autor desconocido de un grafiti

en el Muro de Berlín

¡Berlín espera algo más que palabras! ¡Espera acciones políticas!

WILLY BRANDT, alcalde de Berlín en 1961

No es una solución bonita, pero un muro es muchísimo mejor que una guerra.

Declaraciones de JOHN F. KENNEDY

a sus colaboradores el 14 de agosto de 1961

El Muro seguirá existiendo dentro de cincuenta y de cien años si las condiciones que se dieron para que se erigiera no se combaten.

ERICH HONECKER, 19 de enero de 1989

Prólogo

«Cuando el odio crea muros, el amor construye túneles.» Al menos eso fue lo que me dijo Hanna Reber la primera vez que nos conocimos. Yo era un joven periodista de Der Spiegel interesado en historias del Muro de Berlín y ella una señora de algo más de sesenta años, con una belleza marmórea y melancólica que me recordaba a las estatuas clásicas sumergidas en el fondo del océano. Sus ojos grises parecían sufrir un eterno invierno, petrificados en los muros que dividieron el mundo en dos durante algo más de veintiocho años; sus cabellos grises con tonos dorados se asemejaban a los campos secos del verano, cuando comienzan a cubrirse con las primeras heladas otoñales. Sus modales eran delicados; pero sus manos delataban una existencia difícil, una vida ajena, extraña, impuesta por el destino.

—¿Por qué dice eso? —me atreví a preguntar como si estuviera profanando el lugar más sagrado de la memoria.

Hanna me miró con indiferencia, como lo hacen los sabios ante las palabras inoportunas de los indoctos, pero, antes de que sus ojos me escrutaran de nuevo, su sonrisa infantil le dulcificó el gesto.

—Éramos muy jóvenes, creíamos que teníamos derecho a cambiar el futuro. Nos sentíamos libres a pesar de la realidad. Berlín se asemejaba a un patio de recreo repleto de descampados cubiertos de musgo que apenas disimulaban las cicatrices de la guerra. Nuestro país no nos pertenecía, parecíamos ermitaños, huérfanos en búsqueda constante de un pasado triste y deshonroso, como las familias que ocultan una afrenta o un hecho vergonzoso, pero no cambiaría mi juventud por nada del mundo. La juventud significa el asombroso descubrimiento de uno mismo, el espejo de la consciencia que nos permite convertirnos en adultos. Por eso un túnel escondido bajo el Muro de Berlín en el fondo es como el Bifröst, el puente del arcoíris ardiente que une Midgard y Asgard, el reino de los hombres y el reino de los dioses. Nosotros, querido Roland, nacimos y vivimos al Este del paraíso, pero soñábamos con regresar de nuevo al Edén.

Al oírla pronunciar mi nombre sentí un escalofrío,

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