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ARRIéSGATE CONMIGO (UNIDOS POR EL AMOR 3)

Fernanda Suarez  

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Fragmento

Prólogo

—¡Basta, Cassandra! Es una orden, deja de molestarme con algo tan insignificante, tengo muchos deberes y no quiero perder el tiempo contigo —gritó furioso el duque de Windsor a su hija; era un hombre despreciable al que solo le interesaba el dinero, su esposa había muerto al dar a luz a Cassandra, su única hija mujer, aunque poco le importaba, si tan solo hubiera tenido otro varón, su muerte habría valido la pena, pero ni eso pudo hacer esa insignificante mujer.

—Pero no es justo, padre, esta es apenas mi segunda temporada y tengo varios posibles pretendientes, no puedes decirme algo así. —Eduardo suspiró frustrado y dejando a un lado los documentos que tenía en sus manos, se levantó de su escritorio y caminó hacia ella en una sutil amenaza.

—¿Qué parte no entendiste, Cassandra? Si no encuentras un esposo en esta temporada, yo mismo me encargaré de buscártelo, ya sabes las condiciones, por lo menos debes tener claras las más importantes: debe ser un hombre adinerado, con un título acorde al de nuestra familia, todo un caballero, las demás ya las sabes, no me importa la edad o si es agradable para ti, agradece que te estoy dando la oportunidad de presentarme opciones, la última palabra solo la tengo yo, si no fuera porque suelo estar muy ocupado, yo mismo te habría buscado esposo y ya estarías casada. —La joven miró a su hermano, suplicándole ayuda, pero Alfred simplemente esquivó su mirada, poco o nada era lo que él podía hacer, miles de veces había intentado hablar con su padre, pero temía empeorar la situación, por ahora lo único que podía hacer era apoyar a su hermana desde las sombras.

—¿Y si me enamoro del hombre incorrecto? —preguntó ella en un susurro; la verdad era que siempre había soñado con encontrar al amor de su vida, un hombre que la amara, que se dedicara a hacerla feliz, alguien con quien tener una familia, un futuro.

—¿Amor? —preguntó su padre burlonamente—.No existen ese tipo de estupideces.

—Pero no es lo que quiero, padre —gritó la joven Cassandra fuera de sí, le costaba mantenerse callada cuando se veía directamente afectada por esto, pero su padre estaba cerca de perder la paciencia, no le daba lo que merecía porque tenía bailes a los que acudir.

—No es mi problema lo que quieras, Cassandra, es una decisión tomada, agradece que te estoy dando una última opción —dijo con furia, estaba harto y su hija no estaba ayudando en nada a sus nervios.

—Papá… —susurró Alfred cansado de ver el sufrimiento de su hermana, pero la mirada de su padre lo hizo callar de inmediato.

—Es mi hija y seré yo el que decida, que agradezca que le estoy dando la oportunidad de elegir, tiene desde hoy hasta que se termine la temporada, si no, la próxima la empezara como mínimo comprometida, no me sirve tenerla aquí, tiene una buena dote, un apellido importante y una familia reconocida, es hermosa, le será sencillo elegir. —La joven se sentía derrotada, las opciones empezaban a agotársele, todos los caballeros que había conocido cumplían con las condiciones de su padre, pero no con lo que ella quería para su vida.

—Es muy poco tiempo —susurró ella, era su última esperanza.

—No es mi problema, pero para que veas que soy un buen padre, en el siguiente baile te presentaré a los caballeros que me gustan, tú podrás elegir, si es que eres capaz de conquistarlos, si no, pues al final yo elegiré y punto. —La tomó del brazo con demasiada fuerza y prácticamente la arrastró fuera de su despacho—.Ahora, no me molestes. —Cerró la puerta de un portazo dejándola con la palabra en la boca y un millón de lágrimas a punto de mojar sus mejillas.

La joven subió a su habitación y se encerró a llorar, siempre pensó que si era buena hija y hacía lo que se le pedía, tendría libertad de elegir lo único que quería: un esposo, uno que la amara de verdad, ella no quería ser una moneda de cambio más, pero ahora sus sueños se veían frustrados por su padre.

Perosin imaginárselo, esa misma tarde, llegaba a Londres Nicholas Weasley en el carruaje de su familia, quien miraba curioso por su ventana; no era la primera vez que venía a Londres, pero es que esta vez

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