Loading...

ASESINATO EN EL PARQUE SINALOA

Elmer Mendoza  

0


Fragmento

1

Maté al pendejo de tu novio. ¿Escuchó bien o eran los whiskies ingeridos? Me pidieron que te avisara. El pistolero había cerrado la puerta tras él y Larissa lo miró atentamente. ¿Es un regalo de quien creo? Era noche cerrada y estaban en la sala de su casa, Sin Bandera a bajo volumen, la pistola del asesino en su cintura, fuera de la camisa azul cielo, con una ligera mancha negra en una manga. Supo que el tipo no le diría más sobre eso. Mucho tiempo anheló escucharlo, Pedro Sánchez era un maldito estorbo que la había colmado hacía tiempo; era tan idiota que al toparse con el Grano Biz en el lugar y el momento equivocados, es decir, en esa misma sala y cuando estaba con ella, no hizo lo que toda persona sensata habría hecho: largarse a ver qué puso la puerca. Larissa vestía una falda floja y una blusa holgada sin brasier, ambas blancas, leía un documento sobre los derechos sexuales de las mujeres. Por el contrario, el imbécil provocó al Grano hasta que un sicario, así de flaco como éste, lo sacó a patadas. Vivió aterrorizado por unos días hasta que concluyó que nada le pasaría y que podría regresar a Culiacán tranquilamente, con más pena que gloria; sin embargo, Pedro era un hombre poco inteligente y pésimo a la hora de prever.

¿Cómo está el más cabrón de los seres hermosos? El jefe, feliz, parece que su nueva conquista está embarazada y vive celebrando. Algunas plantas reales, un librero con libros y cuadros originales en las paredes hacían la estancia más habitable. Para una mujer que tiene un novio estúpido y se convierte en amante de un narco poderoso es fácil explicar la vida, aunque a veces perciba las puertas del infierno. Sobre la mesa de centro dos vasos vacíos.

Una noche de ésas en que no paraba de sonar su celular el Grano lo sentenció: Voy a matar a ese hijo de la chingada, me tiene hasta la madre, se cree tu dueño, el puto. Es pendejo, ya te dije, todos los días le doy gas y no agarra la onda. Pues voy a hacer que la agarre, y apaga esa chingadera que ya me tiene hasta los huevos; si insiste no amanece el cabrón, y no quiero que lo veas, ¿entendiste? Manifestó esto tres semanas antes, y ellos se siguieron encontrando porque cortar a un imbécil requiere de exageradas dosis de crueldad que ella no practicaba, aunque era dura y vocinglera. ¿Te refieres a miss Municipio? Es la que rifa ahora. Me alegro por él, aunque esos niños tendrán la madre más puta de Sinaloa. El sicario, un hombre delgado que olía bien, la miró a los ojos. Verdes. El pedo es que estás en la polla, mi reina. Percibió el rictus de su boca, la volcadura de su corazón, el hierro en la sien. ¿Y mi niña, quedará completamente sola? Reflexionó. Valiendo madre, el Grano fue muy claro: Si sigues con ese cabrón a ti también te va a cargar la chingada, pinche puta; luego agregó: Desde chiquito, cuando prometo algo, lo cumplo, sea lo que sea, y si amenazo, olvídate de que me eche para atrás o se me olvide. Aunque estés echa bolas, nada te salvará, mi reina: irás directo al infierno, añadió el sicario con voz segura.

Una lámpara iluminaba el sillón donde se encontraba, el resto de la sala se hallaba en penumbras. Lo tenía claro. Pinche Pedro, hasta ella resultó atropellada por su estupidez. ¿Qué tenía que hacer yo con este idiota?, ¿nomás porque era simpático? Ni siquiera era bueno en la cama, y lo peor, el Grano tampoco, ¿qué les pasa a los hombres de ahora?, ¿por qué nos dejan morir solas?

¿Es la orden que tienes? Is barniz. Ni hablar, el Grano era hombre de palabra, ¿valdría la pena coquetear un poco con el flacucho? Es el recurso femenino de la dignidad. ¿Me vas a matar? Vieras cómo me da pena. ¿Qué pregunta era esa, Larissa? Quien juega con fuego se quema, lo sabes. Naranja dulce, limón partido, dame un abrazo que yo te pido. Si no tiene rem

Sigue leyendo y recibe antes que nadie historias como ésta