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BAJO EL EDREDóN

Marian Keyes  

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Fragmento

Lo mejor que me ha pasado en la vida

Parecía un sueño hecho realidad. Mi amiga Aoife había sido nombrada redactora jefa de una revista femenina irlandesa. Después de felicitarla, le dije:

—Podrías darme un trabajillo como columnista de be—Vale —contestó ella.

La miré fijamente y exclamé:
—¡Ja, ja, ja!

A lo que ella respondió:
—Hablo en serio. —Y durante un breve instante el mundo dejó de girar sobre su eje—. Hablo en serio —repitió—. Iba a proponértelo pero te has adelantado.

Y esa noche me fui a casa pensando: soy la persona más afortunada del planeta.

La idea era que yo tuviera mi propia página en la revista, donde debía probar seis o siete marcas de un producto concreto y puntuarlas del uno al diez. Generalmente, cuando emprendo una tarea nueva me pongo nerviosa y dudo de mi capacidad para hacerla bien, pero esta vez fue diferente. Había nacido para eso. Conocía el tema al dedillo. Podía defenderme en cualquier debate sobre radicales libres o algas marinas. Podía distinguir entre el brillo de labios de Stila y el brillo de labios de Bobbi Brown con solo mirarlos.

un montón de relaciones públicas de belleza para decirles que me enviaran sus productos. De modo que al día siguiente ya estaba esperándolos. Me pasé la semana frente a la ventana de la sala, pegada la nariz al cristal, esperando, esperando…

Los días pasaban sin que me llegaran cosas gratis y, justo cuando empezaba a pensar que todo había sido una broma, el camión de Lancôme se detuvo delante de mi puerta. (Mirándolo ahora, probablemente era el cartero montado en su bici, pero mi entusiasmo hizo que adquiriera cualidades míticas.)

Él Mismo abrió la puerta y, a renglón seguido, me colocó un grueso sobre acolchado en los brazos. Con m blorosas, lo abrí, vertí el contenido sobre la cama y casi vomité de emoción. Me habían enviado la última crema
—cara y fabulosa—, pero lo mejor era la selección de cosméticos para el otoño. Comprendía un colorete, cuatro sombras de ojos combinadas, una barra de labios, un esmalte de uñas el colmo de los colmos, un nuevo tono de Juicy Tube. ¡Nunca lo olvidaré!

Obligué a Él Mismo a jugar a la «Señorita Lancôme» conmigo. A veces él hacía de clienta que entraba en la tienda para conocer los tonos de la nueva temporada y yo hacía de Señorita Lancôme que se lo enseñaba todo. Otras veces yo era la clienta y él la señorita al otro lado del mostrador. Jugamos alegremente durante horas. Lo obligué a ello. Incluso cuando me suplicaba que paráramos.

Entonces llegó mi hermana para compartir nuestra dicha, pero cuando vio el Juicy Tube la cosa amenazó con ponerse fea, sobre todo cuando se enteró de que tardaría seis semanas en llegar a las tiendas.

—Te lo compro ya —dijo. Pero ni todo el oro del mun

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