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BELLEZA FATAL

Mona Chollet  

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Fragmento

Introducción

¿Escribir un libro para criticar el deseo de ser hermosa? «¡Pero si no hay nada malo en querer ser hermosa!», me dijeron algunas veces al mencionar el proyecto de este ensayo. No hay nada malo, en efecto: quisiera incluso defender este deseo (véase cap. 2). El problema es que hacerlo equivale, en cierta medida, a decirle a un alcohólico al borde del coma etílico que un vaso de vez en cuando nunca le ha hecho daño a nadie.

Por lo tanto, hay que admitirlo: en una sociedad donde lo que importa es, ante todo, la venta de productos, donde la lógica consumista se extiende a todos los ámbitos de la vida, donde la desaparición paulatina de los ideales deja el campo libre a las neurosis, una sociedad en la que reinan, simultáneamente, la fantasía de ser todopoderosos y un odio muy antiguo al cuerpo (sobre todo al cuerpo femenino), es casi imposible disfrutar de los cuidados asociados a la belleza en ese clima de serenidad idílica que nos vende la ilusión publicitaria. Sin embargo, incluso si cada tanto protestamos contra esas normas tiránicas, la realidad que subyace tras las preocupaciones estéticas de las mujeres es objeto de una negación sorprendente. La imagen de la mujer equilibrada, plena, activa, seductora, y que además se esfuerza por no perder ninguna de las oportunidades que le ofrece nuestro mundo moderno e igualitario, constituye una suerte de verdad oficial a la que nadie parece querer renunciar.

Mientras tanto, y sin que nos diéramos cuenta, nuestra visión de la feminidad se redujo cada vez más a una serie de clichés desabridos y conformistas. En parte debido a una época tan dura para la mujer, es grande la tentación de replegarse dentro de las vocaciones tradicionales: embellecerse y comportarse de modo maternal (véase cap. 1). El cine está gangrenado por el fenómeno de las «musas», actrices que han sido contratadas por empresas de perfumes, o de bolsos, o por una marca de cosméticos, y que están más preocupadas por cuidar su imagen de perchero escuálido impecablemente vestido que por enriquecerse intelectualmente. El éxito de los blogs de moda o belleza también es testimonio de un horizonte mental saturado de cremas y de trapos (véase cap. 3).

Más allá de la belleza de las imágenes, la omnipresencia de modelos inalcanzables provoca en gran cantidad de mujeres un odio hacia sí mismas

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