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BELLEZA Y VENGANZA (ROSA BLANCA 2)

Laura A. López  

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Fragmento

CAPÍTULO 1

Londres, finales de 1836.

Lady Emma se encontraba en su habitación con su doncella.

— Celia, voy a salir a ver a Rain —afirmó Emma decidida.

—Pero, milady, está oscureciendo —replicó la doncella.

—No importa, hoy en todo el día no la vi.

—Milady, es peligroso, una muchacha como usted no debe salir sola a estas horas.

Emma era la más hermosa y prometedora jovencita de catorce años, rubia de ojos grisáceos, su madre y su hermano estaban orgullosos de su belleza y encanto, en tres años más debutaría en la sociedad.

—No me va a pasar nada, Rain está lastimada, quiero saber si es muy grave.

—Pregúntele a su hermano, milady.

—Mi querida e ingenua Celia, mi hermano jamás me diría algo horrible y lo sabes, debo averiguarlo por mí misma.

—Es que la adoran, milady, y no los culpo, yo también la adoro.

—Celia, eres una atrevida —dijo entre sonrisas—, me pondré una capa y saldré por donde está el establo, ahora ya sabes por dónde estaré.

—No me gusta, milady, creo que es una mala idea.

—Deja de ser aguafiestas, por favor, ¿cuántas veces lo hice y no ocurrió nada? ¡Me voy!

En la biblioteca, Arthur, duque de Lancaster, hermano de Emma, se encontraba despidiendo a uno de sus mozos de cuadra.

—Max, estás despedido.

—No, excelencia, ¿por qué?

—He tenido quejas de ti por todas partes en esta casa, las criadas se quejan de que las acosas y manoseas, y para colmo de males, no cumples con tu trabajo en las caballerizas, están sucias y ahora la yegua de Emma está lastimada por una piedra que le entró en una pata.

—¡Pero, excelencia!

—¡Pero nada! Recoge tus cosas y te vas de aquí, no voy a mantener vagos y degenerados, no te contraté para eso.

—Excelencia, llevo toda la vida sirviendo a su familia, mi familia los ha servido desde siempre.

—Pero tú no has hecho honor a tu familia, ellos trabajaban duro, tú eres un holgazán, no haces nada útil, lárgate ya y toma tu liquidación, es un buen dinero hasta que encuentres otro trabajo.

—Se arrepentirá de esto, excelencia —amenazó.

El mozo salió con deseos de venganza y fue a recoger sus cosas de su cuarto.

—Hiciste bien, querido —dijo la duquesa viuda.

—No lo quiero un día más aquí, estaba harto.

—Yo lo sé, solo lo aguantaste por el hecho de que toda su familia trabajó para nosotros.

—Ellos eran gente honesta y decente, este no creo que lleve su misma sangre.

—Bueno, hijo, ya no importa, se irá.

—Bien, me calmaré porque estoy esperando a lord Brandon Waldow, tengo negocios con él.

—Ese calavera, hijo, no sigas su mismo ejemplo, y piensa también en casarte.

—Madre, basta con ese tema, sabe que soy muy joven, déjeme disfrutar unos años más de mi soltería.

—Tu padre moriría nuevamente al oírte decir eso.

—Padre era igual, se casó muy viejo con usted.

—¿Y eso quieres? ¿Dejar a una familia sola por ser un anciano?

—Madre, es usted extremista.

—Menos mal que tu hermana no caerá en las garras de un mujeriego.

—Claro, ya que la comprometieron al nacer, con un desconocido.

—Es el hijo de un conde, son gente de bien.

—Claro, para comprometer a su hijo de casi ocho años con un bebé, claro que son gente de bien —dijo con sorna.

—Deja el sarcasmo, Arthur.

—No puedo, está en mi —replicó sonriendo.

Emma salió sigilosamente por la puerta de servicio y fue hasta Rain.

—No te ves mal, Rain, me preocupé mucho por ti, sabes que eres mi compañera, dime ¿qué te ha pasado?

La yegua relinchaba como contestándole.

—¿Es en serio? Pobre de ti, amiga, pronto estarás bien y saldremos a pasear por el parque.

El mozo resentido salió por la puerta trasera y vio a la bella damita. Max estaba

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