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BEZIMENA

Nina Bunjevac  

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Fragmento

background imagebackground imagebackground imageJADEANDO, LE DIJO: «AY, BEZIMENA, ALABADO SEA EL SEÑOR, ¡POR FIN TE ENCUENTRO!ESTÁN INCENDIANDO NUESTROS TEMPLOS, PROFANANDO A NUESTROS ÍDOLOS… ¿CESARÁ ALGÚN DÍA MI SUFRIMIENTO? HE LLORADO TANTO… QUE YA NO ME QUEDAN LÁGRIMAS QUE DERRAMAR».AL VER QUE ANTE TAL CALAMIDAD BEZIMENA PERMANECÍA SERENA Y QUE NO PARECÍA INMUTARSE CON SU ANGUSTIA, LA SACERDOTISA LE REPROCHÓ: «¿CÓMO PUEDES QUEDARTE TAN INDIFERENTE A MI DOLOR? ¿ACASO NO TIENES CORAZÓN?». background imagebackground imagebackground image background imagebackground imagebackground imageENTONCES, SIN PREVIO AVISO, BEZIMENA SE INCORPORÓ, AGARRÓ A LA MUJER DEL CABELLO Y LE SUMERGIÓ LA CABEZA EN EL AGUA. background imagebackground imagebackground image background imagebackground imagebackground imageEN AQUEL MOMENTO LA SACERDOTISA DEJÓ DE EXISTIR… background imagebackground imagebackground image background imagebackground imagebackground image

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