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CIERRA LOS OJOS Y LáNZATE (OSHO HABLA DE Tú A Tú)

Osho  

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Fragmento

PRIMERA PARTE

El sonido que te roba el corazón

El sonido Om solo se escucha cuando la mente está completamente en silencio,
cuando trasciendes el lenguaje,
cuando trasciendes el pensamiento, cuando solo hay silencio absoluto, cuando no hay ninguna alteración.

De repente, empiezas a oír una música.

No hay ningún instrumento que la toque.

Es como el latido mismo de la existencia.

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Estar vivo es estar iluminado

Hay un antiguo dicho, Hari Om Tat Sat: «El sonido divino – que es la verdad». Y cuando hablas puedo oír el sonido de la verdad resonando en mi interior; sin embargo, no estoy iluminado. ¿Cómo puedo reconocer algo que no conozco?

Hari Om Tat Sat: el sonido divino – que es la verdad... Este es uno de los mahavakyas, uno los grandes dichos grabados en los corazones de los místicos desde la eternidad. No es una cuestión teórica o filosófica, es una cuestión existencial. Las personas que se han inmerso en su interior siempre han oído un extraño sonido, y solo se puede decir que es el sonido de la existencia misma. Es difícil sintetizar este sonido en palabras. Por eso, desde hace muchos siglos, tantos como podamos retroceder en el tiempo, el sonido Om ha sido representado por un símbolo y no por una palabra alfabética.

Este símbolo está por encima de cualquier alfabeto. No pertenece a ningún idioma. Por eso puede ser utilizado por los tibetanos y las personas que escriben en sánscrito. Puede ser utilizado por Mahavira, que usaba un idioma llamado prácrito; lo utilizaba Buda, que hablaba un idioma llamado pali. En todo el mundo no hay ningún otro símbolo, que sin pertenecer a ningún idioma, simbolice una determinada experiencia que puede suceder a cualquier persona.

¿Por qué no lo han reducido a una forma lingüística? Por el siguiente motivo: el sonido Om solo se oye cuando tu mente está en silencio absoluto, cuando has trascendido el idioma, el pensamiento, y no se produce la menor alteración. De repente, oyes una música. No hay ningún instrumento tocándola. Parece simplemente el latido mismo de la existencia. Por eso no importa que seas budista, hinduista o jainista. No depende de tu filosofía o de tu religión, sino de la profundidad del alcance que tengas a tu propio centro interno. Ahí, de repente, te inunda.

No es exactamente Om, pero Om es la expresión que más se aproxima a ese sonido. Y este sonido ha recibido el nombre de «el sonido divino» porque no ha sido creado por el hombre. Está aquí y ahora eternamente. Quien desee entrar en la corriente de la existencia eterna, estará destinado a escucharlo. No dice nada, pero vibra en tu interior con una alegría, una celebración y una danza que jamás habrías soñado experimentar.

Hari es una de las palabras que se usan para referirse a Dios. No quiero mencionar a Dios; quiero evitarlo del todo porque Dios siempre comporta muchos tipos de mentiras. Nadie ha experimentado a Dios. No hay ninguna evidencia, ninguna prueba, ningún argumento que lo sustente. Es una hipótesis absolutamente inútil, y no solo es inútil, sino enormemente perjudicial, porque en el nombre de Dios se ha derramado mucha sangre. Es hora de olvidar esta palabra y empezar a usar una nueva.

La palabra hari contiene otro significado mucho más hermoso que la palabra «Dios». En sánscrito hari significa ladrón. Y el sonido Om, cuando te familiarizas con él, demuestra claramente que es el rey de los ladrones porque te roba para siempre tu corazón. Entonces te conviertes en parte de la existencia y dejas de ser un individuo separado. Tú ya no existes, existe la existencia.

Decididamente, esto solo puede hacerlo el rey de los ladrones: te roba por completo, te rapta sin dejar rastro. Quienes han usado las palabras Hari Om dirán que es el «sonido divino». Yo prefiero decir que es el sonido del rey de los ladrones que ha robado millones de corazones. Pero, digas lo que digas, hay algo indiscutible: Tat Sat. Tat significa eso, y sat significa verdad.

Este sonido Om es tu propia verdad, tu propio ser. Estamos compuestos de él. Toda la existencia vibra, y de las distintas vibraciones de este sonido surgen las diferentes cosas, pero solo cambian las vibraciones. Una vibración determinada crea un árbol, otra vibración crea un pájaro, otra vibración crea un hombre. Según los místicos, toda la existencia está compuesta de sonido. Evidentemente, este sonido es el más sagrado, el más divino, porque no hay nada que sea tan hermoso ni extático. Cuando lo has escuchado, aunque sea tan solo un atisbo en la lejanía..., no vuelves a ser la misma persona.

Lo que buscamos con las meditaciones no es otra cosa que este rey de los ladrones. Buscamos dentro de nuestro ser: qué clase de danza, qué clase de música se produce en el centro vital de tu existencia. Y, curiosamente, todos los que han profundizado en su interior han encontrado, sin excepciones, la misma respuesta: Hari Om Tat Sat.

Tú dices: «Cuando hablas, puedo oír que resuena el sonido de la verdad en mi interior; sin embargo, no estoy iluminado. ¿Cómo puedo reconocer algo que no conozco?».

Este pequeño fragmento de tu pregunta contiene muchas cuestiones.

Cuando me oyes hablar, estás oyendo la existencia misma, del mismo modo que oyes cómo sopla el viento entre los pinos, o el sonido del agua que corre. Yo no tengo nada que decirte, ¡por eso no he dejado de hablar desde hace muchos años! Si tuviera algo que decir, ya lo habría dicho. Pero, puesto que no tengo nada que decir, puedo seguir hablando eternamente.

Cuando oyes mi sonido y la verdad empieza a resonar en tu interior, se tiende un puente entre el maestro y el discípulo. Si lo que proviene de mí se ha originado en la existencia misma, y si estás enamorado, confías en mí y te sientes uno conmigo, esa verdad que me convierte en un vehículo empezará a resonar en ti. No es necesario que seas alguien especial, basta con que tengas un corazón amoroso, un corazón que confíe y abra las puertas para no impedir la entrada de la brisa, para que la fragancia que fluye pueda embargarte y rodearte y abrir tu corazón como una rosa que despliega sus pétalos. Pero tu problema es: «¿Cómo puede ser si no estoy iluminado?».

¿Quién te ha dicho eso?

Todos los días te digo que estás iluminado, pero eres tan testarudo que, a veces, yo mismo empiezo a pensar que es mejor unirme a ti y dejar de estar iluminado. ¿Para qué seguir manteniendo esta separación? O bien tú te iluminas, o yo dejo de estar iluminado. ¡Todo tiene un límite! No sé quién está extendiendo ese rumor de que no estás iluminado. ¿De dónde surge esa información?

Sé que llevan miles de años diciéndote que no estás iluminado. Quienes afirmaban tal cosa se creían el centro del universo, creían que ellos estaban iluminados y tú no; ellos lo habían logrado, pero tu viaje será muy largo, y posiblemente dure muchas vidas. Su propósito es crear una enorme distancia entre tú y ellos para sentirse así superiores a ti. Ellos son divinos, son la encarnación de Dios, están iluminados, son los mensajeros, son los mesías, pero tú... tú solo eres un pobre ignorante que va de vida en vida, siempre cargado con un fardo de ignorancia que aumenta con cada vida.

Estas personas han insultado a toda la humanidad. En lo que a mí respecta, no solo quiero decirte que estás iluminado, sino que todos los árboles lo están, todos los ríos, las montañas y las estrellas. Es la única posibilidad. Quiero que te quede absolutamente claro: estar vivo es estar iluminado. Dondequiera que haya vida, dondequiera que haya amor, podrás ver que subyace la iluminación. Es posible que no la percibas, pero mi propósito es ayudarte a reconocerla.

Todas las meditaciones son simplemente un intento para que sientas tu iluminación, puesto que ya está ahí; da igual que la sientas o no. Si la sientes empezarás a festejarlo, y tu vida se convertirá en una danza constante, llena de gloria y majestad, gracia y gratitud. Si no la reconoces, seguirás siendo infeliz y preguntando a todo tipo de idiotas y estafadores: «¿Cómo puedo iluminarme?».

Ha habido maestros como Bodhidharma. Si le preguntas cómo iluminarte, te dará una bofetada que hará que te despiertes inmediatamente, y digas: «Lo siento, me había quedado dormido. Estoy iluminado». En esa época no había ningún inconveniente en que el maestro abofeteara al discípulo; era una maravilla. Ahora la gente se ha olvidado por completo de esos bellos momentos, de esos fantásticos días y de esas maravillosas personas.

Se dice que cuando Chuang Tzu entró por primera vez en la choza de Lao Tzu, su futuro maestro, este le mir

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