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CóMO SEDUCIR A UN MILLONARIO (AMANTES REALES 3)

Megan Mulry  

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Fragmento

1

—ENTONCES ¿SIGUES SIENDO LESBIANA O NO? —preguntó Max por pura curiosidad.

Abby estuvo a punto de escupir el whisky que tenía en la boca directamente a la cara de su hermano mayor. En vez de eso tragó audiblemente y preguntó:

—¿Y qué quieres decir con eso?

—Ya sabes lo que quiero decir. No estoy intentando encasillarte, ni tampoco quiero ser estrecho de miras, por así decirlo… Es que no tengo suficiente información para comprender los parámetros.

—¿Y tú quieres a tu mujer?

—Pero ¿qué pregunta es esa? Claro que quiero a mi mujer. Estoy loco por ella. ¿Qué tiene eso que ver con lo que estamos hablando?

—Mucho. Tiene mucho que ver. —Abby intentó no crisparse demasiado, pero cuando Max decía ese tipo de estupideces, ella sentía la necesidad de ponerlo en su sitio, era como una especie de responsabilidad fraternal—. Mira, yo quería a Tully. Probablemente siempre la querré. Ella lo ha sido todo para mí durante diez años… No puedo pasar página y dejarlo todo atrás como si no fuera más que una «fase pasajera». Pero, para serte sincera, nunca consideré nuestra relación como algo fundamentalmente gay… Es difícil de explicar.

—Inténtalo. —Su hermano enarcó una ceja, retándola.

—Sobre todo es difícil explicárselo a tu hermano mayor.

Ella también levantó una ceja en un gesto exacto al de su hermano y después se arrellanó en la mullida tumbona.

—Está bien… Y esto solo te lo digo a ti, por cierto. No tengo intención de convertirme en una especie de adalid de la bisexualidad, candidata ideal para el suplemento dominical de The Guardian, ¿eh?

—Vale. —Max sonrió.

—Creo que entiendo lo que me estás preguntando y la respuesta es… que no hay respuesta. O tal vez es que no creo que tu necesidad de entender sea razón suficiente para forzarme a dar una respuesta que suponga un encasillamiento cultural artificial. Lesbiana, bisexual, pansexual… Por favor. No me voy a poner una etiqueta simplemente para que te sientas mejor.

Max inspiró hondo.

—Solo lo decía por… ¿Crees que ya es el momento de empezar a salir con otras personas? ¿Te gusta alguien?

Había alguien, pero no tenía intención de admitirlo delante de Max cuando casi no lo podía admitir ni ante sí misma.

—No es eso lo que me estás preguntando y lo sabes. Pero obviamente me vas a estar dando la lata hasta que te ofrezca datos sobre el tema. Eres un obseso de las estadísticas.

—Cierto. Así que continúa.

Abigail suspiró. Ese tema no le estaba resultando tan engorroso como debería. De alguna forma, Max simplemente la estaba obligando a precisar algo a lo que llevaba seis meses dando vueltas.

—Tully era la mejor. Era… Bueno, ya la conoces. Es genial. De verdad que lo tenía todo: era guapa, cariñosa, sexy… Yo he querido mucho a Tully… como persona. —Abby continuó en voz un poco más baja—. Pero la cosa se fue desgastando no sé por qué.

—Lo entiendo.

Abby se incorporó ligeramente e inspiró hondo.

—Pero no quiero ponerme sensiblera después del fin de semana tan espectacular que hemos pasado. La boda de Devon y Sarah ha sido preciosa, ¿verdad?

—No te estás poniendo sensiblera. —Max ignoró su intento de alejar de ella el foco de la conversación—. No hace falta que seas siempre la que va por ahí animando a todo el mundo, ¿sabes? Creo que es fantástico que quisieras tanto a Tully, pero eres lo bastante fuerte para poder aspirar a algo… más. Eres muy valiente, Ab. Una verdadera aventurera.

Ella se encogió de hombros. No tenía agallas para decirle que estaba empezando a sentirse muy cobarde en lo que respectaba a cierto hombre.

—Entonces si quisiera organizarte una cita a ciegas… hipotéticamente, claro… —Max volvió a la carga tras dar un sorbo a su whisky—. ¿Tendría que ser con un hombre o con una mujer?

—¡Max! —Abby rió—. ¡Basta ya! Cuando lo sepa, te lo diré, ¿qué te parece?

—Oh, claro. No quiero entrometerme…

—¡Claro que sí! Eso es lo que hacen los hermanos mayores, ¿no?

—Vale, lo admito. Me estoy entrometiendo, y a la fuerza incluso. Es que últimamente estás un poco rara. Casi siempre eres muy extrovertida y estás tan comprometida con todas tus… «cosas».

—Oh, Dios, Max. Eres adorable. Soy activista. Existe una palabra para todas esas «cosas».

—Lo sé, lo sé. —Agitó una mano en el aire como si «activista» fuera una de esas palabras modernas que nadie sabe muy bien qué significan—. Abigail, la activista.

Lady Abigail Elizabeth Mar

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