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COMER PUEDE MATAR

Isabelle Saporta  

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Fragmento

¿Se acuerdan de los Shadoks?* Esos extraños pájaros que se pasaban la vida bombeando, bombeando, bombeando e inventando máquinas cada vez más absurdas para solucionar sus problemas… ¿Les parecen ridículos? Pues bien, los Shadoks somos hoy nosotros, o más bien nuestra agricultura. Derrochadora de agua y de pesticidas, contaminante, onerosa, sacrifica a los campesinos y pone en peligro su salud y la nuestra. A pesar de su coste prohibitivo —el presupuesto de la política agrícola común fue de 57.000 millones de euros en 2010, esto es, el 44 por ciento del presupuesto de la Unión—,1 la agricultura actual no respeta ni el pacto social que la vincula a los campesinos, ni el pacto ambiental que la vincula a las generaciones futuras, ni siquiera el pacto de salud pública que la vincula a todos nosotros. Los agricultores no saben qué hacer. El agua se derrocha, se contamina. A diario encontramos en nuestros platos dosis de pesticidas y otros restos de medicamentos. Se ha perdido la confianza. El agricultor es denostado injustamente, cuando en realidad no es más que el chivo expiatorio de un sistema que él mismo padece.

P

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