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DARINGHAM HALL. EL RETORNO (TRILOGíA DARINGHAM HALL 3)

Kathryn Taylor  

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Fragmento

Contenido

Prólogo

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Epílogo

Para Erik.
Sin tu ayuda tal vez
jamás habría cumplido mi sueño

Prólogo

Nueva York

Cuando se abrieron las puertas del ascensor y Ben salió de la cabina al amplio pasillo, una abrumadora sensación de familiaridad se apoderó de él. No tenía ni idea de cuántas veces había recorrido aquel noble suelo de mármol oscuro hasta llegar al mostrador de recepción situado al fondo; en todo caso, las suficientes para ni siquiera fijarse en el logotipo de la empresa, Sterling & Adams Networks, que resaltaba en la pared con luz indirecta detrás de la recepción. Sin embargo, aquel día lo vio, incluso le impresionó de verdad, como si fuera algo que reconocía pero que observaba con una nueva distancia interior.

Por supuesto, seguía siendo su empresa, y se sentía orgulloso de haberla llevado tan lejos junto con Peter, que ahora pudieran permitirse tener empleados y un lugar en la décima planta de una elegante torre de oficinas en el centro de Manhattan. Aun así, al volver después de tanto tiempo, la sensación era distinta de la que esperaba. O tal vez él era una persona diferente...

—¡Señor Sterling! —La joven asiática de la recepción se levantó de un respingo, sorprendida de ver a Ben. Era obvio que Peter no había anunciado su llegada.

—Hola, Chen Lu —la saludó al pasar por su lado, y el gesto que hizo con la cabeza la sacó de su asombro.

—¡Bienvenido! —exclamó ella con una sonrisa radiante, mientras Ben atravesaba la puerta de cristal que conducía a los despachos de dirección.

Todo estaba exactamente igual que antes: las fotografías de Peter y él recibiendo premios de reconocimiento, el moderno vestíbulo que precedía a sus despachos. Sin embargo, de pronto, a Ben le parecía extraño.

—¡Ben! —Sienna Walker estaba sentada en su escritorio del vestíbulo y, a diferencia de Chen Lu, debía de contar con su llegada porque no parecía en absoluto sorprendida. De todas formas, esbozó una sonrisa comedida, lo que seguramente significaba que Peter ya le había informado del motivo de su viaje.

Sienna se dispuso a decir algo, pero primero Ben quería tener una conversación con su socio y señaló el despacho de Peter.

—¿Está ahí? —preguntó, escueto.

Sienna asintió y Ben llamó un momento a la puerta antes de entrar.

Peter estaba sentado tras su amplio escritorio, casi oculto por las dos pantallas de ordenador y los montones de papeles y carpetas que tenía esparcidos alrededor. También era una imagen conocida, pero Peter no lucía una sonrisa en el rostro, ni hizo amago de levantarse. Además, el caos no era ni de lejos tan grande como el que estaba acostumbrado a ver en el escritorio de Peter.

—Has ordenado —afirmó, sorprendido.

—Y tú has perdido la cabeza —contestó Peter con rabia, y se levantó de la silla. Se inclinó sobre la mesa con un brillo de furia en los ojos—. Para que te quede claro desde el principio: ¡la respuesta sigue siendo no!

Ben respiró hondo. Sabía que Peter se opondría, incluso lo entendía. Sin embargo, su amigo tendría que aceptar su decisión.

—No te estoy pidiendo permiso, Peter —le recordó—. La decisión está tomada.

Peter se quedó callado un rato, luego negó con la cabeza.

—Es culpa de esa chica, ¿verdad? ¡Esa veterinaria! ¡Te ha sorbido los sesos, no piensas con claridad!

Ben pensó en Kate, que le esperaba en su apartamento, y suspiró sin querer.

—Pienso con mucha claridad, Peter, créeme. Y también sé que ha sido un poco repentino. Aun así...

—¿Un poco repentino? —le interrumpió Peter, furioso, y se desplomó de nuevo en su silla, como si le fallaran las piernas—. ¿Un poco repentino? ¿En serio? Por el amor de Dios, Ben, el domingo me aseguraste que estabas ansioso por irte de Daringham Hall y alejarte de los Camden. No querías saber nada de tu elegante familia inglesa y estabas casi sentado en el avión de regreso a Nueva York. Y al cabo de unas horas me dices que has cambiado de opinión y que quieres renunciar a todo lo que hemos construido juntos durante todos estos años para invertir todos tus bienes en una casa vieja que está

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