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EDUCAR CON SERENIDAD

Patricia Ramírez  

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Fragmento

Introducción

Este libro no está basado en las leyes de aprendizaje de los niños y los adolescentes. Si buscas información sobre cómo aprenden y qué hacer para entenderlos y educarles mejor, puedes leer el blog de Marisa Moya, licenciada en Psicología por la Universidad Autónoma de Madrid y certificada como entrenadora de Disciplina Positiva y neuropsicoeducadora, o el libro El cerebro del niño explicado a los padres del Dr. Bilbao. Esta obra ha nacido de una necesidad que he detectado en los muchos talleres que imparto por toda España.

En la consulta y en los talleres me he dado cuenta de que los padres se toman la educación muy en serio. Y no me malinterpretes. La educación es algo muy muy importante, pero debemos despojarla de ese tono solemne, serio, rancio. Debemos dejar de copiar antiguos modelos para empezar a innovar, ser creativos y pensar que existe otra educación sin recurrir a los gritos y a la figura de autoridad. Está claro que no todos los niños responden igual, pero puedo asegurar que la mayoría de ellos responden mucho mejor cuando respetamos sus tiempos, les dejamos su espacio y los tratamos con el máximo respeto, como lo haríamos con un igual.

Esto no tiene nada que ver con dejar que hagan lo que quieran, ni mucho menos. Si hay algo que no podemos pasar por alto en la educación de nuestros hijos, alumnos y deportistas es ponerles límites y enseñarles valores, como la disciplina, el trabajo, el esfuerzo o la responsabilidad. Pero el dilema está en cómo ponemos esos límites y cómo educamos en valores. Aquí es donde yo quiero echarte una manita. Una manita fruto de mi experiencia. Llevo veinticuatro años trabajando como psicóloga y también imparto un taller que se titula «Educar con serenidad», que da título a este libro, en el que contemplo tus inquietudes, miedos, debilidades, errores, culpas… Y siempre te diré que, en general, todo puede ser más sencillo.

Además, en casa tenemos cuatro maravillosos adolescentes, dos por parte de mi marido y dos por mi parte. Por ahora, educar con serenidad nos ha funcionado. Y no podemos echarnos flores como si todo lo bueno que tienen fuera resultado únicamente de la educación. Que un chaval sea respetuoso, responsable y buena persona depende no solo de los padres, también influyen muchas otras variables del entorno, como la educación que reciben de los abuelos y familiares, de los maestros, tutores, entrenadores y, sobre todo, de sus iguales. Y ahora también tenemos que incluir en estas variables cómo les afectan las redes sociales, las nuevas tecnologías y los medios de comunicación.

Este libro no está pensado para solucionar grandes problemas como los que podríamos ver en Hermano mayor de la mano de mi amigo y queridísimo Jero García. Es un libro que te ayudará a lidiar con los conflictos cotidianos cuando tienen que ducharse, obedecer, ser más responsables, menos contestones, más obedientes, más empáticos, menos nerviosos, mejores comedores… También te ayudará con todas esas etiquetas que inconscientemente colgamos a nuestros hijos y que nos llevan a verlos como difíciles, caprichosos, maleducados, holgazanes, y que puede derivar en que acabemos gritando, desesperados y perdiendo los papeles.

Las dinámicas y los juegos que vas a encontrar en Educar con serenidad se basan en los distintos aprendizajes del ser humano y están respaldados científicamente. Pero lejos de perdernos en leyes y teorías, mi objetivo es convertir esa ciencia en creatividad, en ideas que a veces no se nos ocurren a los padres, bien porque no encontramos tiempo, bien porque caemos en la de

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