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EL ARTE DE VIVIR EN EL NUEVO MILENIO

Dalai Lama  

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Fragmento

Prólogo

Después de haber perdido mi patria cuando tenía dieciséis años de edad, y después de convertirme en un refugiado político a los veinticuatro, he afrontado infinidad de dificultades en el transcurso de mi vida. Cada vez que me paro a considerarlas, comprendo que muchas de ellas fueron imposibles de superar: no solo fueron inevitables, sino que también fue imposible hallarles una resolución favorable. No obstante, en lo que se refiere a mi propia paz de espíritu y a mi salud física, puedo afirmar con seguridad que me ha ido razonablemente bien. De resultas de ello, he sido capaz de enfrentarme a la adversidad con todos mis recursos mentales, físicos y espirituales. No podría haberlo hecho de ninguna otra manera. De haberme dejado abrumar por la ansiedad y la desesperación en algún momento, mi salud habría resultado muy perjudicada y habría tenido una muy reducida libertad de acción.

Cuando miro a mi alrededor, veo que no solo los refugiados tibetanos y los miembros de otras comunidades desplazadas y exiliadas hemos de enfrentarnos a las dificultades. En todas partes, en todas las sociedades, las personas soportan el sufrimiento y la adversidad, incluidas las que gozan de libertad y de prosperidad material. En realidad, tengo la impresión de que gran parte de la infelicidad que hemos de soportar los seres humanos es debida a nuestros propios actos. Por consiguiente, en principio es al menos evitable. También me he dado cuenta de que, en general, los individuos cuya conducta es éticamente positiva son más felices y están más satisfechos que los que descuidan la ética e incluso actúan de manera contraria a ella. Y esto confirma mi creencia de que si podemos reorientar los pensamientos y las emociones, y reordenar nuestro comportamiento, no solo podremos aprender a soportar el sufrimiento con mayor facilidad, sino que también podremos impedir que gran parte de ese sufrimiento llegue incluso a presentarse en nuestra vida.

En este libro trataré de mostrar qué es lo que entiendo al hablar de «conducta ética positiva». De entrada, reconozco que es sumamente difícil generalizar con cierto éxito o ser absolutamente preciso en todo lo relacionado con la ética y la moralidad. Rara vez llega a presentarse una situación que se puede contemplar total y exclusivamente en blanco y negro. Tal vez nunca sea así. Un mismo acto tiene distintos matices y grados de valor moral en función de las circunstancias. A la vez, resulta esencial que alcancemos un consenso respecto de lo que constituye una conducta positiva y una conducta negativa, de lo que es correcto y lo que es erróneo, de lo apropiado y lo inapropiado. Antiguamente, el respeto que se tenía por la religión implicaba que la práctica de la ética se mantenía en una mayoría de personas, fieles de tal o cual religión. Las cosas ya no son así; por lo tanto, hemos de hallar algún otro medio de establecer los principios éticos elementales.

No debe suponer el lector que, en cuanto Dalai Lama, dispongo de alguna solución especial que puedo ofrecerle. En estas páginas no hay nada que no se haya dicho antes. Desde luego, entiendo que las preocupaciones y las ideas que aquí se expresan son patrimonio compartido por muchos de los que piensan para hallar soluciones a los problemas y al sufrimiento que afrontamos los seres humanos. En respuesta a la sugerencia que me han hecho algunos amigos, y al ofrecer este libro al público en general, tengo la esperanza de ser en cierto modo el portavoz de esos millones de personas que, al no tener la oportunidad de manifestar sus opiniones en público, siguen siendo miembros de lo que considero una mayoría silenciosa.

Sin embargo, el lector debiera tener en mente que mi formación y mi aprendizaje han sido de carácter íntegramente religioso y espiritual. Desde mi juventud, mi principal terreno de estudio, al que todavía sigo dedicado, es el de la filosofía y la psicología budistas. En particular, he estudiado las obras de los filósofos religiosos de la tradición Geluk, a la que pertenecen por tradición propia los Dalai Lamas. Por ser un firme creyente en el pluralismo religioso, también he estudiado las obras principales de otras tradiciones budistas. En cambio, he tenido un contacto relativamente escaso con el pensamiento moderno y laico. Con todo, este no es un libro de religión. Menos aún es un libro sobre el budismo. Mi intención ha sido apelar a un enfoque de la ética que se base en principios más universales que estrictamente religiosos.

Por esta razón, escribir un texto destinado al público en general ha sido una tarea llena de retos, y este libro es el resultado de un trabajo en equipo. Uno de los problemas específicos que ha planteado ha sido la enorme dificultad de traducir a las lenguas modernas una serie de términos tibetanos que parecía esencial emplear a lo largo de estas páginas. De ningún modo constituye este libro un tratado filosófico; por eso he procurado explicar dichos términos de tal modo que pudieran ser fácilmente captados por un lector no especializado, amén de ser traducidos con claridad a otras lenguas. A lo largo de ese proceso, y al intentar comunicarme sin ambigüedad con los lectores cuyas lenguas y culturas pueden ser muy diferentes de la mía, cabe la posibilidad de que se hayan perdido ciertos matices de sentido propios de la lengua tibetana, y también es posible que se hayan añadido otros que en principio no estaban previstos. Tengo la confianza de que el esmerado trabajo de los editores del libro sirva para minimizar este problema. Si alguna de estas posibles distorsiones sale a

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