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EL CAMINO DEL ARTISTA

Julia Cameron  

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Fragmento



Índice

Portadilla

Índice

Agradecimientos

Dedicatoria

Introducción a la edición del décimo aniversario de “El camino del artista”

Introduccion

Electricidad espiritual. “Principios básicos”

Las herramientas básicas

Semana 1. Recuperar una sensación de seguridad

Semana 2. Recuperar una sensación de identidad

Semana 3. Recuperar una sensación de poder

Semana 4. Recuperar la sensación de integridad

Semana 5. Recuperar una sensación de posibilidad

Semana 6. Recuperar una sensación de abundancia

Semana 7. Recuperar una sensación de conexión

Semana 8. Recuperar una sensación de fortaleza

Semana 9. Recuperar una sensación de compasión

Semana 10. Recuperar una sensación de autoprotección

Semana 11. Recuperar una sensación de autonomía

Semana 12. Recuperar una sensación de fe

Epílogo

El camino del artista. Preguntas y respuestas

Guía de racimos creativos

Apéndice. Mezcla de rastros

Lecturas recomendadas

Notas

Sobre la autora

Créditos

Grupo Santillana

Agradecimientos de mi camino de artista

En este momento más de un millón de personas han contribuido a El camino del artista. Es un verdadero movimiento. Sin embargo, hay personas sin las cuales no habría gozado de tanta seguridad ni habría crecido tanto. Deseo dar las gracias aquí a algunas de ellas.

Jeremy Tarcher, por publicar mi trabajo, por editarlo y por cuidar de él con tanto mimo, con su característica visión y su brillantez.

Joel Fontinos, por nutrir y proteger el corpus de mi obra, cultivando no sólo mi trabajo, sino también lo más profundo de mi corazón y de mis sueños con claridad y fortaleza.

A Mark Bryan, mi gratitud por haber peleado para proteger y defender mi obra, por su pensamiento innovador y visionario y por su capacidad para comprender y perdonar el hecho de que nuestros caminos hayan sido, por fuerza, tan a menudo divergentes.

A mi hija Domenica Cameron-Scorsese, por compartir a su madre y por soportar la doble presión de sufrir una fama de segunda generación gozando de un talento de primer orden. Mi gratitud por ser siempre el tipo de artista y de persona para quien quiero escribir libros buenos y útiles. Con admiración por su astucia, ternura y puras «agallas» creativas.

A Emma Lively, con gratitud por su fuerza visionaria y por trabajar con una convicción tan audaz y osada, tanto con mi música como con mis libros. Es una amiga verdadera, no sólo de mi creatividad sino también de mis sueños y deseos. Nos conocimos a través de El camino del artista y de mi musical Avalon, y hemos disfrutado de la combinación de nuestros caminos de artista como colaboradoras musicales en los últimos cuatro años.

A Susan Schulman, con gratitud por sus largos años de devoción y compromiso con El camino del artista, con admiración por su visión y con humildad ante su coraje frente a difíciles tribulaciones paralelas a las mías.

Con gratitud a Pat Black y compañía, por mantener un rumbo fijo mientras El camino del artista, y yo misma, crecíamos a trompicones.

Con gratitud a David Groff, por su buena escritura y su pensamiento. a Johanna Tani, por la elegancia y agudeza de su edición. Y a Sara Carder, por su diestra y cuidadosa ayuda, muy por encima de lo que exige el deber. Gracias a estas tres almas creativas.

James Navé, por su lealtad y generosidad como compañero en estas clases durante tanto tiempo.

Y a Tim Wheater, un «gracias» especial por su brillantez musical y como compañero en estas clases y creador a lo largo de múltiples años y proyectos.

Gratitud también a Mauna Eichner y Claire Vaccaro, por su inspirado y meticuloso trabajo de diseño, en el que recuerdan siempre que la forma está en función del fondo, de tal modo que los libros den cuerpo a la fórmula del artista: «La belleza es la verdad y la verdad es la belleza».

Gratitud también, siempre, para mi hermana y frecuente colaboradora, Libby Cameron, cuyo ingenio y fantasía me permitieron crear herramientas adicionales en apoyo de El camino del artista. Ella conoce bien la verdad de que la risa es la mejor medicina y me ayudó a la hora de administrar primeros auxilios creativos con una cucharada de azúcar para que el remedio entrara bien. Mi más profundo agradecimiento por su inspirado trabajo en The Artist’s Date Book, God is Dog Spelled Backwards y el próximo libro, How Not To Make Art, así como en cualquier otra cosa que merezca la pena.

Mi gratitud a Sonia Choquette y Larry Lonergan, por su amor y por la claridad de su visión mientras yo luchaba por sacar fruto de pequeñas semillas en forma de grandes sueños.

A Edmund Towle y Robert McDonald, por su creatividad y caballerosidad cuando ambos me protegieron y me inspiraron para llevar a cabo mi trabajo creativo en todas sus formas.

Finalmente, quisiera dar las gracias a quienes me han precedido y me han enseñado el camino, muy especialmente a Julianna McCarthy, Max Showalter, John Newland y todos aquellos que iluminan nuestros caminos de artistas con un farol espiritual, con su arte y con su generosidad.

Este libro está dedicado a Mark Bryan. Mark me urgió a escribirlo, me ayudó a darle forma y lo usó conmigo para dar clases. Sin él no existiría.

Introducción a la edición del décimo aniversario de
El camino del artista

El arte es una transacción espiritual.

Los artistas son visionarios. Nuestra práctica habitual se basa en la fe: vemos con claridad un objetivo creativo que resplandece en la distancia y nos movemos hacia él a pesar de que, por visible que sea para nosotros, quienes están a nuestro alrededor no lo ven. Aunque sea difícil recordarlo, es nuestro trabajo lo que crea el mercado, no el mercado lo que crea nuestro trabajo. El arte es un acto de fe y el modo de practicarlo es haciendo arte. A veces nos obliga a hacer peregrinajes y, como muchos peregrinos, dudamos de haber sentido la llamada al tiempo que respondemos a ella. Porque no hay duda de que respondemos a ella.

Estoy escribiendo sobre una mesa china lacada en negro que mira al oeste, más allá del río Hudson, hacia América. Estoy en el extremo de la orilla occidental de Manhattan, que es un país en sí mismo y donde resido en la actualidad, trabajando en la adaptación de espectáculos musicales del papel al escenario. En Manhattan están los cantantes. Por no hablar de Broadway. Estoy aquí porque el «arte» me trajo hasta aquí. Y, como soy obediente, vine.

Es posible que Manhattan tenga una densidad de artistas per capita más alta que ninguna otra zona de Estados Unidos. En mi barrio del Upper West Side los violonchelos son tan frecuentes y aparatosos como las vacas en Iowa. Aquí son parte del paisaje. Tecleando en mi máquina de escribir yo también soy algo que Manhattan conoce muy bien. Escribo una melodía al piano a diez manzanas de donde Richard Rodgers, un adolescente desgarbado, subió los escalones de un portal para encontrarse con un joven bajito que se convertiría en su compañero de una vida, Larry Hart[1]. Juntos soñaron a través de sequías y riadas.

Mi apartamento está en Riverside Drive. En este extremo estrecho de la isla, Broadway está apenas a una manzana a mi espalda según miro al oeste hacia el otro lado del río, ahora mismo negro como la tinta, bajo una puesta de sol de cintas de colores. Es un río ancho, no sólo oscuro, y en un día ventoso, de los que hay muchos, el agua se agita, salpicada de crestas blancas. Remolcadores de color rojo cereza, resueltos como escarabajos, embisten con la proa contra las olas, cavando un sendero que sube y baja por el río, empujando barcazas con el morro. Manhattan es un puerto de mar y un lugar donde amarran los sueños.

Manhattan está abarrotado de soñadores. Todos los artistas soñamos y llegamos aquí portando esos sueños. No todos vestimos de negro, ni seguimos fumando y bebiendo alcohol a palo seco, ni vivimos enamorados del romance hortera y de la vida dura en pisos diminutos sin ascensor llenos de esperanza y cucarachas, en unos barrios tan cutres que hasta las ratas se han mudado. No: igual que las cucarachas, los artistas andan aquí por todas partes, desde las casas de vecindad hasta los grandes áticos; en mi propio edificio no sólo vivo yo con mi piano y mi máquina de escribir, sino también una cantante

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