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EL CóDIGO ARETUSA (CRIPTONOMICóN 3)

Neal Stephenson  

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Fragmento

Título original: Cryptonomicon

Traducción: Pedro Jorge Romero

1.ª edición: mayo, 2015

© 2015 by Neal Stephenson

© Ediciones B, S. A., 2015

Consell de Cent, 425-427 - 08009 Barcelona (España)

www.edicionesb.com

Depósito Legal: B 14383-2015

ISBN DIGITAL: 978-84-9069-130-4

Diseño de colección: Ignacio Ballesteros

Maquetación ebook: Caurina.com

Todos los derechos reservados. Bajo las sanciones establecidas en el ordenamiento jurídico, queda rigurosamente prohibida, sin autorización escrita de los titulares del copyright, la reproducción total o parcial de esta obra por cualquier medio o procedimiento, comprendidos la reprografía y el tratamiento informático, así como la distribución de ejemplares mediante alquiler o préstamo públicos.

Contenido

Portadilla

Créditos

 

Presentación

Origen

Gólgota

Seattle

Roca

El mayor número de cigarrillos

Navidad 1944

Pulso

Buda

Pontifex

Glory

El primario

Diluvio

Detención

La batalla de Manila

Cautiverio

Seducción

Buen juicio

Caída

Metis

Esclavos

Aretusa

El sótano

Akihabara

Proyecto X

Números pseudoaleatorios

En tierra

Goto-sama

R.I.P.

Regreso

Ganchos

Cayuse

La Cámara Negra

Pasaje

Liquidez

Apéndice

El autor

Presentación

Para no verme obligado a repetir casi todo lo que ya dije en la introducción a la primera y a la segunda de las tres partes de este sin par CRIPTONOMICÓN, por una vez y sin que sirva de precedente voy a recurrir a palabras ajenas.

El haber publicado el libro en tres volúmenes permite que antes de la aparición del tercero existan ya, incluso en España, reseñas críticas del mismo. Como sea que Luis Fonseca ha leído ya las tres partes del libro y ha glosado brillantemente el carácter excepcional de esta obra, me parece de lo más adecuado traer aquí su comentario crítico aparecido en EL ARCHIVO DE NESSUS.

EL ARCHIVO DE NESSUS es un entrañable rincón de la web que se presenta, con excesiva modestia, como «una web de libros». Incluye muchas más cosas que la reseña de CRIPTONOMICÓN, y a la red les remito (http://www.archivode nessus.com). Pero, por si no disponen de ADSL o no están en horas de tarifa plana, aquí tienen el texto con el que Luis Fonseca comenta este irrepetible libro de Neal Stephenson, tras valorarlo con las cinco estrellas que son la calificación máxima que se puede otorgar a una obra en EL ARCHIVO DE NESSUS.

Muy comentado en los corrillos de la cf, Cryptonomicon es, como dijo John Updike de la novela Todo un hombre de Tom Wolfe, «un libro que desafía a no leerlo». No pierdo el tiempo en decir que al respecto recomiendo el enfoque de Oscar Wilde, según el cual la mejor forma de combatir una tentación es sucumbir ante ella.

Llegados a este punto este servidor lamenta haber sido generoso con los adjetivos a lo largo de su «carrera» como reseñador. Aunque tampoco hay que rasgarse las vestiduras. Por un lado, cuando uno reseñaba en el pasado no podía imaginarse que Stephenson llegara a escribir algo como esto, y por otro lado, Cryptonomicon escapa a la adjetivación más común. Así pues, agotados o inadecuados los adjetivos, me limitaré a endosarle sólo uno: este libro es sencillamente inconmensurable, y no lo digo sólo por su dilatadísma extensión.

Desde luego, entre los diferentes aspectos que cabe mencionar de este libro se encuentra el de su extensión: no puede acusarse a su autor de ir al grano. Más de novecientas páginas en versión original (un buen pellizco más en castellano, de forma que se ha publicado por entregas) hacen de cualquier libro un libro objetivamente largo, aunque en descargo del presente éste rara vez lo parece.

Volviendo a la ciencia ficción, difícilmente podríamos encuadrar Cryptonomicon en este género. Arriesgando un segundo calificativo lo describiría como «mainstream asimilado». Asimilado con gusto por la comunidad de la ciencia ficción, sin duda, en recompensa por los servicios prestados por la corta, pero intensa obra de Stephenson (Zodiac, La era del diamante y, especialmente, Snow Crash).

El apelativo de «mainstream», sin embargo, quizá no haga justicia a esta novela, ya que su autor, en evidente estado de gracia, lejos de participar de ninguna corriente va camino de constituir una especie aparte con un único ejemplar. No en vano su forma de novelar deja a los escritores habituales de best sellers a la altura de esforzados escribanos y, tras leer este libro, la posibilidad de que uno se eche a la cara una trama más rica y más compleja es menor que la de encontrar agua en el desierto con la ayuda de dos palitos.

Por supuesto, huelga decir que es difícil hacer un resumen completo de esa trama sin recurrir a la escritura de un libro mediano, así que simplemente diré que en esta novela se reúnen (como poco) dos libros en uno, la trama de uno ellos anterior a la del otro, aunque relacionados por el parentesco de determinados personajes. Las dos historias se van a desarrollar bastante independientemente, salvo por pequeños puntos de encuentro dosificados como las pistas de un crimen.

En la primera asistimos a los esfuerzos de personajes reales e imaginarios del bando aliado para romper los códigos secretos del Eje durante la Segunda Guerra Mundial, lo que trae como consecuencia el levantar la liebre de un suculento e inusitado botín en las Filipinas. La caza del tesoro va a ser la finalidad última, aunque no la primera, de una segunda trama más actual, plagada de unos personajes con los que hoy en día nos toparíamos más frecuentemente si no se hubiera desinflado la burbuja.com. Auténtica Nueva Economía.

El libro es tan largo y su autor tan bueno que hay espacio suficiente para que Stephenson salpique la novela con abundantes digresiones de la trama. Algunas de ellas dan lugar a escenas antológicas, como el ataque de Pearl Harbor o el reparto de la herencia familiar. Otras son auténticas travesuras literarias, como los párrafos dedicados a describir cómo deben comerse los cereales con leche, o la escenificación científica de la relación entre lo salido que se encuentra un personaje dado y su rendimiento intelectual rompiendo códigos.

Hay, por último, un tercer tipo de digresiones que en este libro alcanza la categoría de obra maestra, y que configura la aviesa o traviesa, pero muy eficaz, forma de hacer divulgación científica de Stephenson, con un sabroso uso del lenguaje y con conocimientos de este amplio campo. De este tipo de digresiones también pueden extraerse innumerables ejemplos, como el uso de la cadena y de los piñones de la bicicleta de... Alan Turing (pionero de las ‘matemáticas’ de los ordenadores) para mostrar un determinado tipo de código secreto, o la bienhallada y tácita equiparación del funcionamiento de un órgano y el de una memoria electrónica.

Pero lo mejor de todo es que ese espíritu impregna buena parte del libro y así, miga a miga, Stephenson va repartiendo por su trama esos lugares comunes del saber científico y tecnológico, y a la vez marcando el camino que va de la inteligencia del autor a la del lector informado. Definitivamente, si uno está en este tipo de onda, le va a parecer que este libro está escrito para él y le hará alcanzar el nirvana (o «nerdvana» en el original).

Ese inusitado sustento neuronal no es lo único de lo que uno disfruta a lo largo de la lectura de este libro. El sentido del humor, en su variante inteligente y hasta mordaz, es otro aspecto del que está generosamente dotado. Esta forma de humor emparenta directamente con su último libro publicado entre nosotros, Snow Crash.

Menos pirotécnico, pero igual de vívido y adrenalítico, Cryptonomicon también tiene otras cosas en común con la anterior obra. Por ejemplo, en ambos libros Stephenson reflexiona sobre determinados mitos antiguos y los pone en relación con aspectos de la sociedad moderna, lo que a este hábil autor le confiere además la categoría de ente pensante. En Snow Crash los mitos eran sumerios y se les sa

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