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EL CORDERO QUE CONQUISTó PARíS

Catherine Siguret  

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Fragmento

Todas las noches, decenas de corderos titilaban en la bóveda negra del techo de mi dormitorio, una obsesión que me tenía el corazón abierto, como un nenúfar sobre un estanque una mañana de primavera, los ojos abiertos, la boca abierta; y valoraba cómo la gente se pasa un poco cuando recomienda contar ovejas para dormir, porque las ovejas también se mantienen

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