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EL CUADERNO DE PAULA (COLECCIóN @BETACOQUETA)

Sara Ballarín  

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Fragmento

PRÓLOGO
 
PÁGINAS LLENAS DE VIDA

Que cómo llegó El cuaderno de Paula a mis manos? Es una historia en la que no puedo negar que intercedió el destino. Cuando empecé a leer su manuscrito Sara Ballarín y yo no nos conocíamos aún en persona y desde el primer momento sentí una conexión especial con el personaje de Paula y con la persona que hablaba a través de ella… su escritora. Tanto es así que tuve la necesidad de acercarme a Sara: conocerla, ponerle cara y hablar con ella sobre todas aquellas cosas que empujan a una a sentarse a escribir. Un vínculo había nacido entre las dos sin apenas conocernos.

Sara y yo tenemos tantas cosas en común que, si nunca nos hubiéramos cruzado en la vida, habríamos perdido la oportunidad de sentirnos comprendidas, cómodas y felices en algunos momentos de nuestra vida. Y puedo decir que si no hubiera caído en mis manos su libro, me hubiera perdido una de esas lecturas que te atrapa y te hace sentir.

El cuaderno de Paula son páginas llenas de vida. Eso fue lo que me enamoró de esta historia y de la pluma de Sara Ballarín. Sus personajes son de carne y hueso y sus sentimientos también lo son, tanto es así que al leerlos nos parecen casi nuestros. Me sentí identificada con Paula desde la primera página, porque piensa como nosotras, habla como cualquier chica de su edad y sus miedos son los nuestros. Da igual cómo haya sido nuestra vida, porque la de Paula es tan real, se materializa de una manera tan gráfica frente a nuestros ojos mientras la leemos, que es difícil no sentir que forma parte de nosotras.

Como lectora cuando sostengo entre las manos un libro que todavía no he leído me pregunto qué encontraré entre sus páginas. Imagino que tú, coqueta, te sientes igual en este momento. No voy a adelantarte nada, porque este libro debe descubrirse paso a paso, saboreando cada página, pero sí te diré que contiene emociones intensas, carcajadas, amistad, amor en mayúsculas y con purpurina, grandes consejos, destino, tragedias personales y superación personal. Contiene una historia de amor y dos personajes principales de los que dicen sin hablar y que te cuentan qué esperan, qué desean y qué temen sin necesidad de palabras, porque es posible conocerlos por sus actos. Me gustan los libros en los que me enamoro irremediablemente de aquellos personajes que no tienen la necesidad de definirse porque son sus actos y sus diálogos los que lo hacen por sí solos.

Si algo tiene Paula es vida. Además, vida de la de verdad. Ríes con ella, incluso te sirves una copa de vino para que no beba sola y brindas mentalmente por su futuro: También le gritas a las páginas, te enamoras de Iñigo, del sentido del humor de Paula y de cada uno de los personajes. Es fácil venirse arriba con sus escenas íntimas y abajo con sus lágrimas; te enfadas, comprendes y te enterneces. Y todo esto en menos de nada, porque El cuaderno de Paula se lee solo. Este libro que tienes entre las manos es una experiencia en sí mismo.

Sara Ballarín es una mujer excepcional. Inteligente, divertida y empática. Ha empapado esta historia de todas esas sensaciones que se tienen cuando se charla con ella de la vida y se arregla el mundo con una copa de vino en la mano. Es uno de esos libros que, cuando terminan, dejan un vacío. Porque has vivido tan cerca todo lo que les sucede a sus personajes que, cuando los dejas marchar, duele. Duele porque cuesta darse cuenta de que no son reales por más que los sientas como tus amigos. Y debes decirles adiós con una sonrisa.

No leas este libro si no tienes ganas de enamorarte, de sonreír, de lanzar una carcajada en pleno transporte público. No lo leas si no quieres acuñar alguna de sus frases como tuya y si no quieres sentirte comprendida e identificada con un personaje. No leas este libro si no quieres descubrir a una escritora alucinante cuyas palabras se convierten en una especie de película que se proyectará en tu cabeza hasta hacerte soñar.

Bienvenida a El cuaderno de Paula. Entre sus páginas te esperan tantas cosas que quizá debas tomar unas cuantas precauciones antes de empezar. Apaga el teléfono, cierra el pestillo y pon a tu alcance unos cuantos víveres, porque cuando tus ojos acaricien las primeras letras, estarás perdido y nadie te encontrará hasta finalizar la historia. Buen viaje. Ojalá yo no lo hubiera leído aún para volver a comenzarlo.

ELÍSABET BENAVENT

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UN DÍA CUALQUIERA

Día: 4 de febrero

Lugar: Cafetería Arándanos

Hora: 10.35

Entra un hombre medio calvo, pelo grasiento, marcas de viruela por toda la cara. Aspecto andrajoso y sucio, pero no mendigo. Gafas de culo de vaso y maletín lleno de papeles que sobresalen. Desordenado. Caótico. Sucio.

Idea 1: Exalcohólico, abandonado por su mujer y enajenado. Demasiado fácil.

Idea 2: Superdotado. Cerebro con patas que es tan listo que se ha pasado de cabeza.

En el maletín lleva un sinfín de fórmulas químicas que una multinacional le ha pedido para un nuevo proyecto que está relacionado con la Interpol. Ole.

Definitivamente, es un personaje que me resulta interesante.

Hora: 10.45

Sale del baño una chica joven, universitaria con carpeta. Tiene cara de marranilla chupatodo. Es rubia teñida, pelo ondulado, delgada. No es despampanante, pero sí guapa. Sobre todo es sexi. Viste vaqueros elásticos claros y camiseta de tirantes ajustadísima. Se tiene que estar helando… Lleva unos horrendos plataformones y parece que va pisando huevos.

Idea 1: Es una universitaria metida en el mundo de la prostitución de alto standing. Su chulo la magrea y la engaña todo lo que puede, pero ella es feliz con sus cuatro mil limpios al mes. Acaba siendo una yonqui y se suicida.

Idea 2: Es una universitaria robanovios que se mete en medio de la tormentosa relación entre X e Y. Pero al final X se quedará con Y, por muy bien que la universitaria la chupe.

Hora: 10.46

Un chico alucinantemente guapo y con aire rebelde está en la barra. Parece sacado de un anuncio de colonia de Navidad. Gira la cabeza cuando ve a la universitaria y le da un repaso, deteniéndose en el culo respingón. La universitaria le guiña un ojo y él sonríe. El chico está… tremendo. Igual hasta es el tío más guapo que he visto nunca. Sí, lo es. Va vestido con pantalones grises de franela y camisa blanca remangada. Trabaja cerca, está en su rato del café. Es moreno, con el pelo corto pero un poco más largo y revuelto en la parte de arriba; parece un emperador romano recién levantado. Barba de tres días, ojos azul oscuro y sonrisa perfecta. Musculoso. Muy alto y fuerte. Atlético. Despide masculinidad, sexo y seducción por todos sus poros. Lo huelo desde aquí. Madre de Dios.

Idea 1: Es X.

Idea 2: Chico solitario, aunque vaya de ligón. No le interesan las mujeres más que para el sexo porque no ha encontrado una que comparta sus inquietudes por lo místico. Atormentado. Guarda un gran secreto.

Idea 3: Es un mojabragas de manual y culpable del calentamiento global. Vacío por dentro y solo se mira el ombligo. Que le den.

Idea 4: Idea personal, al margen del libro. Viene, me sonríe, me estampa un beso con lengua que me deja temblando. Me arranca la camiseta, me baja el pantalón, me arranca las bragas, me lo come entero y me embiste como un miura encima de esta misma mesa hasta que me corro como una diosa. Madre del amor hermoso, qué calores me han entrado. En cuanto llegue a casa destenso mis muslos.

¡Joder, qué tarde! ¡Mierda, Nero me va a matar!

Cojo mi móvil, no hay llamadas ni mensajes. Cojo el fular, las gafas de sol y voy corriendo a la barra. Estratégicamente me coloco al lado del guapérrimo. Se gira levemente. A mí no me sonríes, patán. Pago y me largo pitando. Nero esta vez me echa.

Marco su número.

—Zorra.

—Nero; Nero, perdóname. Estoy metida en un atasco.

—Paulita.

—Nerito.

—Acaba lo que sea que estés haciendo y ven de una puta vez, que necesito que vayas a la casa de los Basona. Quieren wengué en el salón y papel pintado ocre.

—El wengué ya no se lleva y se ve el polvo. De verdad que me hacen tener unas tragaderas…

—Ven de una jodida vez si no quieres que te patee el culo y lo ponga en la calle.

—Deja mi culo en paz, Nero, eres mi jefe y hablar de mi culo es acoso.

Meto la mano en el bolso y saco el paquete de tabaco y el mechero. Me paro en seco. Aquí falta algo.

—Cállate y ven ya, tocapelotas.

—Espera. ¡Joder!

Sigue leyendo y recibe antes que nadie historias como ésta