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EL DEFENSOR

Víctor Gay  

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Fragmento

Índice

 

Portadilla

Índice

Nota del autor

Índice de personajes

Primera parte. Todo sucede por algo

Capítulo 1

Capítulo 2

Capítulo 3

Capítulo 4

Capítulo 5

Capítulo 6

Capítulo 7

Capítulo 8

Capítulo 9

Capítulo 10

Segunda parte. Las leyes de los hombres

Capítulo 11

Capítulo 12

Capítulo 13

Capítulo 14

Capítulo 15

Capítulo 16

Capítulo 17

Capítulo 18

Capítulo 19

Capítulo 20

Capítulo 21

Capítulo 22

Capítulo 23

Capítulo 24

Capítulo 25

Capítulo 26

Capítulo 27

Capítulo 28

Capítulo 29

Capítulo 30

Capítulo 31

Capítulo 32

Capítulo 33

Capítulo 34

Capítulo 35

Capítulo 36

Capítulo 37

Capítulo 38

Capítulo 39

Capítulo 40

Capítulo 41

Capítulo 42

Capítulo 43

Capítulo 44

Capítulo 45

Capítulo 46

Capítulo 47

Capítulo 48

Capítulo 49

Capítulo 50

Capítulo 51

Capítulo 52

Capítulo 53

Capítulo 54

Capítulo 55

Capítulo 56

Capítulo 57

Capítulo 58

Capítulo 59

Capítulo 60

Tercera parte. La ley de la vida

Capítulo 61

Capítulo 62

Capítulo 63

Capítulo 64

Capítulo 65

Capítulo 66

Capítulo 67

Capítulo 68

Capítulo 69

Capítulo 70

Capítulo 71

Capítulo 72

Capítulo 73

Capítulo 74

Capítulo 75

Capítulo 76

Capítulo 77

Capítulo 78

Capítulo 79

Capítulo 80

Capítulo 81

Capítulo 82

In memoriam

Álbum fotográfico

Agradecimientos

Sobre el autor

Créditos

Nota del autor

 

 

 

Todo comenzó en casa de mis abuelos. Allí descubrí la historia, o quizás se podría decir que la historia me descubrió a mí.

Sucedió un día cualquiera, habíamos terminado de comer y con la intención de buscar algo de tranquilidad me dirigí a la biblioteca. La estancia, de amplios ventanales y vistas al jardín, está situada en la segunda planta. En ese lugar, decorado con mobiliario de los siglos XVIII y XIX, se esconden infinidad de libros, legajos y retratos antiguos que proceden de Ca N’Aguilera, antigua residencia de verano de mi familia cerca de Piera (Anoia, Barcelona).

En cuanto puse un pie en aquel templo de la historia y la literatura, un rayo de sol que atravesaba uno de los ventanales captó mi atención. Este iluminaba directamente una caja metálica que estaba escondida en una de las estanterías. Sentí curiosidad y me dirigí hacia la caja. Parecía muy antigua. Estaba cubierta de polvo. Por un momento dudé de si debía inspeccionar su contenido. Respiré y la abrí.

Estaba repleta de fotos en blanco y negro que parecían haber sido tomadas a principios del siglo xx. Se me cerraron los orificios de la nariz y empecé a toser; soy alérgico al polvo. De entre todas las instantáneas, la imagen de un soldado llamó mi atención. Entre tosido y tosido, tomé aquella foto y cerré aquella caja.

Cuando me recuperé del ataque de tos, centré toda mi atención en aquel retrato. El personaje tenía algo que lo hacía atractivo. Parecía alto y delgado. Dirigía hacia la cámara una carismática mirada. Debía de tener poco más de veinte años. Una media sonrisa dejaba entrever sus dientes. La imagen de aquel soldado resultaba entrañable. Le di la vuelta a la fotografía. En el dorso, solo había una palabra escrita: «COLUBÍ».

Aquel apellido me generó todavía más preguntas: ¿Quién era aquel soldado? ¿Qué vida habría tenido? ¿Seguiría vivo? Me guardé la foto en el bolsillo y me fui. La rutina me hizo olvidar aquel asunto.

Tres días más tarde leí en un conocido periódico un artículo que rememoraba el aniversario del fusilamiento de Lluís Companys, president de Catalunya, en Barcelona en octubre de 1940. En la letra pequeña se citaba a un tal Colubí como el militar que lo había defendido. En ese mismo momento busqué desde mi teléfono móvil fotos de aquel Colubí en la red. Después, las comparé con la fotografía de la biblioteca de mis abuelos. Si bien en mi instantánea aún era joven, no había duda: el defensor de Lluís Companys i Jover y aquel soldado de la foto eran la misma persona.

El nombre completo del militar era Ramon de Colubí y de Chánez. Y según descubrí había participado de forma activa en la sublevación militar conservadora de finales de julio de 1936 en Barcelona contra Lluís Companys y la República, que a nivel nacional desembocó en la cruenta Guerra Civil española (1936-1939). Colubí procedía de una familia tradicional, de derechas y militar. Por su perfil ya se puede imaginar el lector que era el «perfecto» defensor para un presidente catalán famoso precisamente por ser de izquierdas, republicano y catalanista.

Pero otras dudas me rondaban por la cabeza, por ejemplo: ¿por qué guardaban aquella foto en la biblioteca? Mi abuelo me desveló el interrogante: la abuela de Colubí y su abuelo eran hermanos y su otra abuela (mis bisabuelos eran parientes) era prima hermana del padre de Colubí. Un doble parentesco con el defensor. Pero ¿quién fue realmente aquel primo lejano? ¿Qué papel desempeñó en aquellos años? ¿Cómo es posible que un militar de derechas que había participado en el golpe contra Companys lo acabara defendiendo?

Con la intención de dar respuesta a todas y cada una de estas preguntas investigué durante más de dos años en los archivos del Ministerio de Justicia, del Arxiu Nacional de Catalunya (ANC), el Archivo Histórico Nacional (AHN) y los archivos comarcales y parroquiales de Tárrega, entre otras fuentes. Me entrevisté en varias ocasiones con Maria Lluïsa de Colubí Recoder, hija del defensor, y con Mariona Companys Huguet, sobrina nieta del president Companys. Seguí sus huellas en algunos de los lugares más significativos de su vida, como Tárrega, El Tarròs, La Vajol, París, Madrid y Barcelona.

Gracias a esa búsqueda pude reconstruir su historia y como premio adicional a este trabajo encontré un hecho relevante de la relación entre defendido y defensor que ha pasado inadvertido a biógrafos e historiadores. Quizás incluso ni los propios afectados lo supieran. O tal vez fueron ellos quienes lo quisieron esconder. Este hecho está documentado en las siguientes páginas.

La Guerra Civil y la posguerra que vivieron nuestros bisabuelos y abuelos siguen hoy día presentes en nuestro inconsciente colectivo. Y en ningún caso los relatos de un bando y de otro suelen coincidir. La mayoría de esas historias se dividen en «rojos» y en «nacionales», las víctimas y los verdugos cambian dependiendo de quién las relate. Pero la historia es más compleja que una mera división entre buenos y malos. La frontera entre el bien y el mal no viene marcada por algo externo, sino que va intrínseca en nuestra naturaleza. ¿Dónde anidan las vilezas más repugnantes y las gestas más grandes y generosas? En nuestro interior. En lo más profundo de nuestro ser.

El defensor es una obra de ficción basada en hechos reales. Todos los datos sobre la vida de Lluís Companys que se aportan a continuación han sido contrastados en todas las fuentes disponibles. Las de la vida de su defensor también. Pero, como el lector podrá imaginar, entre los hechos probados siempre existe un espacio para la ficción. De todas formas, algunos dicen que la historia, del mismo modo que el futuro, es siempre una gran ficción contada desde el presente. Por lo que podríamos concluir diciendo que este relato lo integra una serie de hechos ficcionados basados en algo que sucedió. Os invito a disfrutar de los hechos ficcionados y de la ficción de los hechos de esta historia.

 

VÍCTOR GAY ZARAGOZA

Índice de personajes

 

 

 

Ramon de Colubí y de Chánez: militar catalán conservador que participó en la s

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