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EL DIABLO TIENE OJOS AZULES (TRAVIS 2)

Lisa Kleypas  

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Fragmento

Título original: Blue-Eyed Devil

Traducción: Albert Solé

1.ª edición: noviembre 2008

© 2008 by Lisa Kleypas

© Ediciones B, S. A., 2008

para el sello Javier Vergara Editor

www.edicionesb.com

 

Depósito legal: B.8250-2012

ISBN EPUB:  978-84-9019-004-3

Todos los derechos reservados. Bajo las sanciones establecidas en las leyes, queda rigurosamente prohibida, sin autorización escrita de los titulares del copyright, la reproducción total o parcial de esta obra por cualquier medio o procedimiento, comprendidos la reprografía y el tratamiento informático, así como la distribución de ejemplares mediante alquiler o préstamo públicos.

 

 

 

A mi marido, Greg,

un caballero y un hombre bueno.

Te querré siempre,

L. K.

Agradecimientos

 

Son muchas las personas a las que tengo que agradecer todo lo que han aportado a mi trabajo y mi vida, durante lo que ha acabado siendo un año complicado pero lleno de alegrías.

A Mel Berger, un hombre con recursos y sentido común, y un agente literario como hay pocos.

(Y gracias a Evan Goldfried por su paciencia, su eficiencia y su gran sentido del humor.)

A Jennifer Enderlin, que es una gran persona y un auténtico sueño de editora.

A Sally Richardson, Matthew Shear, Sara Goodman, John Karle, George Witte, Matt Baldacci, John Murphy, Dori Weintraub, y el resto de mis amigos en St. Martin’s Press, que me han ayudado a lograr que mis sueños se hagan realidad.

A mis suegros Ireta y Harrell Ellis, por su amor incondicional, su sabiduría y toda la felicidad que aportan a nuestras vidas. Y por ser los abuelos perfectos.

A mi hermano Ki, que siempre sabe entender, y tiene un hombro tan fuerte en el que apoyarse.

A Christina y Scott por ser maravillosos en todos los aspectos.

A Christina, Connie, Mary, Terry y Liz... os llevo a todas en mi corazón, siempre. (Ya sé que he repetido tu nombre, Xtina, pero es que te mereces una segunda mención.)

A la junta directiva de la Romance Writers of America, no sólo por la maravillosa labor que llevan a cabo en favor del género romántico, sino también por haberme dado ocasión de hablar en el simposio del año pasado; fue toda una experiencia. Así que un gracias enorme a: Jill Limber, Sherry Lewis, Kelley St. John, Stephanie Feagan, Terrir Brisbin, Michelle Monkou, Peggy Emard, Dorien Kelly, Linda Howard, Linda Winstead Jones, Karen Fox, Terry Reed, Geralyn Dawson, Donna Grant, Teresa Carpenter, Diane Pershing, Nicole Burnham, Julie Hurwitz y Trish Milburn.

Y gracias a todo el personal administrativo de la RWA, por ser el grupo de mujeres más encantadoras, concienzudas y trabajadoras que quepa imaginar: Allison Kelley, Nicole Kennedy, Judy Scott, Erin Fry, Stephani Fry, Dionne Cockrell, Kathleen Adey, Paula Levron y Aronika Horne.

A Geralyn y Susan por ser fantásticas y unas amigas muy queridas.

A Sheila Clover y Michael Miller, y a Circle of Seven Productions, por la maravillosa labor que llevan a cabo con los avances promocionales de mis libros.

A Michelle Buonfiglio, que es guapa, comprensiva y lista en todo.

A Cindy Blewett y Truly Texan por sus fantásticos diseños en la Red, y por ser una persona absolutamente fabulosa.

A Rick Kittinger por sus consejos técnicos y por habernos encontrado la nueva casa ideal, y, junto con su esposa Amy, por su amistad. Gracias anticipadas de Greg y mías por todos los recuerdos que llegaremos a crear para el futuro.

A Sybil Cook, Jane Litte y Kristie Jenner por un almuerzo especial que siempre significará muchísimo para mí.

Y por encima de todo, a mi hijo y a mi hija, por tener tantísima paciencia conmigo mientras estoy trabajando, por darme los mejores abrazos y besos del mundo, y simplemente por ser quienes sois. Da igual adónde vayáis o lo que hagáis, estoy orgullosa de vosotros. Vuestra madre que os quiere.

Contenido

Portadilla

Créditos

Dedicatoria

Agradecimientos

 

1

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Epílogo

1

 

La primera vez que lo vi fue en la boda de mi hermano Gage, al fondo del pabellón que habían levantado para dar cabida a los invitados. Estaba de pie en un rincón, apoyado contra el poste con la postura entre insolente y desgarbada de alguien que preferiría estar pasando el rato en un salón de billares. Aunque iba bien vestido, era evidente que no se ganaba la vida sentado a la mesa de una oficina. Ningún traje de Armani podría quitarle aristas a aquella clase de cuerpo fornido y armonioso. Sus largos dedos, delicadamente curvados alrededor de una copa de champán, podrían haber hecho trocitos el cristal como si tal cosa.

Me bastó con mirarlo para saber que me hallaba ante un hombre al viejo estilo, de esos que van de caza, juegan al fútbol y al póquer, y aguantan muy bien la bebida. No son mi tipo. Yo estaba interesada en algo más.

Aun así, me atrajo su porte y su buena planta. Era apuesto, incluso guapo si pasabas por alto el irregular puente de la nariz, que parecía haber sufrido una rotura en alguna ocasión. Llevaba un corte de pelo —castaño oscuro, tan reluciente y tupido que recordaba el pelaje de un visón— en finas capas escalonadas. Pero fueron los

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