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EL DILEMA DE ELSA

Begoña Gambín  

5


Fragmento

1.ª edición: noviembre, 2017

© 2017, Begoña Gambín

© 2017, Sipan Barcelona Network S.L.

Travessera de Gràcia, 47-49. 08021 Barcelona

Sipan Barcelona Network S.L. es una empresa
del grupo Penguin Random House Grupo Editorial, S. A. U.

ISBN DIGITAL: 9788490699171

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Maquetación ebook: emicaurina@gmail.com

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A todos aquellos que me han dedicado una

palabra de aliento y se han alegrado por mí.

No tengo palabras suficientes para agradeceros

el ánimo y la fuerza que me habéis transmitido.

Contenido

Portadilla

Créditos

Dedicatoria

 

Capítulo 1

Capítulo 2

Capítulo 3

Capítulo 4

Capítulo 5

Capítulo 6

Capítulo 7

Capítulo 8

Capítulo 9

Capítulo 10

Capítulo 11

Capítulo 12

Capítulo 13

Capítulo 14

Capítulo 15

Capítulo 16

Capítulo 17

Capítulo 18

Capítulo 19

Capítulo 20

Capítulo 21

Epílogo

Agradecimientos

Promoción

Capítulo 1

Elsa se encontraba tras los cristales de la ventana de su habitación. Miraba, sin ver, el paisaje tranquilo de su ciudad natal. Sabía que iba a añorarlo pero, aun así, no conseguía concentrarse en este para que su retina lo grabase para siempre.

Los últimos acontecimientos ocurridos en su vida conseguían distraerla y, a través de sus ojos, solo alcanzaba a ver las imágenes dolorosas que habían provocado su situación actual.

Ella era una mujer fuerte y decidida, y cuando tomaba una decisión, no daba marcha atrás. Su vida, hasta ahora, había transcurrido de forma plácida, mientras conseguía año tras año, lo que se proponía: deseó conquistar al chico más guapo y solicitado del instituto y lo logró; luego quiso diplomarse en enfermería y lo hizo como número uno de su promoción; se empeñó en trabajar en el mejor hospital de su ciudad y allí había estado trabajando hasta ese día; ahora se había propuesto dar un giro a su vida y se disponía a ello.

No sabía lo que el destino le depararía fuera de su confortable hogar, pero necesitaba poner tierra, mar y aire de por medio. No quería encontrarse con Luis en cualquier esquina de la ciudad.

Había que tener en cuenta que llevaban diez años frecuentando los mismos lugares y relacionándose con los mismos amigos. No. No podía continuar viviendo allí, por lo menos por ahora…

Su instinto le hizo enfocar los ojos y fijarse en una silueta que acababa de cruzar la cancela de la casa de sus padres. Era inconfundible para ella. Cerró los ojos, apoyó la frente en el cristal y lanzó un suspiro tan profundo que empañó de vaho el cristal.

De inmediato le vino a la mente la imagen que más odiaba recordar en esos momentos: había adelantado su llegada a la casa que compartía con Luis desde hacía cinco años debido a que habían tenido una larga, dificultosa y exitosa operación en el hospital, y el cirujano jefe había decidido que todo el personal que había colaborado en esta se fuese de inmediato a descansar a sus respectivas casas. Había entrado cansada y con un fuerte dolor de cabeza, y se había dirigido hacia su habitación para quitarse la ropa y darse una reconfortante ducha.

Cuando traspasó la puerta entornada del dormitorio, se había encontrado con una escena dantesca: Luis intentaba ponerse los pantalones haciendo equilibrios sobre un solo pie y con el cuerpo desnudo por completo, mientras miraba con fijeza la entrada al cuarto. Al otro lado de la cama, Carla, una de sus amigas, en cueros, recogía con precipitación todas sus prendas esparcidas por el suelo y luego las apretaba con fuerza contra su cuerpo sin dirigir la mirada hacia donde acababa de aparecer Elsa.

—¡Elsa! —gritó Luis.

La joven se había quedado helada en el quicio de la puerta con los ojos desorbitados.

—Luis… Carla… —susurró.

Sus ojos se anegaron de lágrimas. Luis consiguió ponerse los pantalones y se dirigió hacia ella.

—¡No te acerques! ¡Ni me toques! —gritó con energía a la vez que alzaba los brazos con las palmas levantadas para impedir el avance de Luis.

El joven se detuvo con brusquedad y Elsa, que había perdido de golpe toda su fuerza, giró con lentitud y, arrastrando los pies, se dirigió hacia la salida de la casa. Cuando se encontró en la calle, no sabía qué hacer. Quería meterse en un rincón a llorar, pero acababa de dejar atrás su zona de confort, donde ella se encontraba a salvo de todo y donde su, hasta ese momento, novio la reconfortaba cuando tenía algún momento malo. Avanzó por la calle sin saber hacia dónde dirigirse, sin poder pensar con coherencia. Solo podía ver las imágenes que le habían traspasado el corazón como una puñalada. Su novio y su amiga Carla… ¿desde cuándo? ¿Cómo había podido hacerle eso Luis? Su novio era toda su vida. Estaba enamoradísima

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